<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886</id><updated>2012-01-15T16:31:42.123-03:00</updated><title type='text'>Pedro Lemebel</title><subtitle type='html'>Blog sobre el autor chileno</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>158</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-116294747385585793</id><published>2007-02-13T13:30:00.000-03:00</published><updated>2007-02-07T13:14:34.168-03:00</updated><title type='text'>Hacer como que nada, soñar como que nunca (Acerca del video La venda, de Gloria Camiroaga)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De frente, el rostro testimoneado en la pantalla de este grupo de mujeres que lograron sobrevivir al subterráneo del horror, es apenas el porcentaje oral que en el murmullo nervioso del relato, intenta dar cuenta de la ciénaga oscura donde fueron sumergidas aquellos días tan difíciles de recordar, pero al mismo tiempo, indelebles en algún lugar donde la memoria cobija su humillado ardor. Y esta dualidad que hace pestañear intermitente la zona crispada del recuerdo, parece ser la única entrada a cierta intimidad temblorosa, aún sobresaltada en la vocalización confesional del video testimonio. Tal vez el registro de estas conversaciones multiplique una sumatoria de voces que durante muchos años guardaron estos hechos calladamente, como quien se niega a reconocer en sí misma la brutal evidencia. Como quien no quiere sentir nunca más el roce del guante militar que timbró sus carnes con los hematomas dactilares del sello patrio. Como quien por fin deja traslucir ante una cámara el triste emblema amoratado de sus llagas, que emergen una y otra vez desde las tinieblas para documentar la historia no contada de la tortura en este país. La historia traspapelada del vejamen oficial que no aparece evaluada en ningún juicio. La historia mordida, aún amordazada por la indiferencia y el trámite democrático.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Habría que decir mil veces esto ocurrió, esto pasó en algunos barrios, cerca de aquí mismo, frente a la placita donde un abuelo les da de comer a las palomas. Cerca de la iglesia donde un curita, bien peinado, hace gárgaras por la reconciliación. Más allá del kindergarten, donde el mismo torturador despide a su niño con un beso sucio en la mejilla. En esa misma casa, tan igual a otras casas con olor a peste que rezuma desde el subterráneo. Casas de familia, vecinas de esas otras moradas del espanto, donde se amohosan los enchufes que evocan la náusea de un indefenso escalofrío. Murallas silenciosas, bambalinas rasguñadas donde incluso aún se pueden leer rayados de «Lagos a la presidencia».&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Esto ocurrió bajo este cielo que pinta de cochino azul su monserga de hermanos. Esto ocurrió a los pies de la cordillera tan blanca, tan orgullosamente blanca y pálida como un muerto. Esto ocurrió, y pareciera que con decirlo no se dice nada. Pareciera que en este aire renovado, estos testimonios desmembrados por la evocación se adosaran a un deletreo ficticio que amortigua, blanquea y despolitiza la costra húmeda de su memoria. Esto ocurrió, fue tan cierto como lo gritan empañados estos ojos femeninos en el video. Fue cierto, y a quién le interesa si medio país aún no cree. Medio país prefiere no saber, no recordar alguna noche que en la casa vecina una garganta de mujer trinaba a parrillazos los estertores de su desespero. Medio país se resiste a creerlo, y quiere dar vuelta la página, mirar al futuro, hacer como que nada, soñar como que nunca. Medio país sabe porque no quiere saber, porque se hace el leso. Y aunque duela decirlo, la cercanía compinche llamada compatriotas, la complicidad familiar de una esposa, hermana o madre que oculta a su hijo torturador, la complicidad cultural extasiada por el arte esos días de trapo negro, la farra incestuosa de la televisión y la prensa miliquera brindando con la borra fascista; todo eso tejió la venda de individualismo que le dio visa de ciudadano legal al monstruo torturador.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Lo que muestra el video, es lo que se puede mostrar oralizado por las voces desnudas de sus protagonistas. Apenas un retazo menstruado en el vacío abyecto de su narración. El resto, lo que sigue o lo que queda, ninguna emoción solidaria puede ahondar en el descalabro de estos hechos, sin volver a mirar al país simuladamente democratizado en que se vive, sin volver a sentir qué parte importante de su población, por miedo, inseguridad o indiferencia, se tapó los oídos, cerró los ojos y asumió la venda como reemplazo a un cielo arañado por los ecos huérfanos de su torturada contorsión.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-116294747385585793?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/116294747385585793/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=116294747385585793' title='25 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294747385585793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294747385585793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/11/hacer-como-que-nada-soar-como-que.html' title='Hacer como que nada, soñar como que nunca (Acerca del video &lt;em&gt;La venda&lt;/em&gt;, de Gloria Camiroaga)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-116294737639733393</id><published>2006-12-13T13:02:00.000-03:00</published><updated>2006-12-13T12:55:04.956-03:00</updated><title type='text'>Carta para Andrés (O «tu silencio ya me dice adiós»)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Y quizás más allá de la última nube que oscureció el cielo de tu ocaso, me atrevo a escribirte sin saber realmente dónde volarán estas letras preñadas de vacío. Porque ya no estás, porque va no vuelves, porque decir nunca más, querido Andrés, resulta tan inútil como imaginarte nuevamente pintando la ciudad con el campanear tecnicolor de tu teatro circo. Por eso te escribo, tal vez desde aquella última vez que me encontré con Rosita Ramírez en el hospital San fosé, en esos pasillos fétidos a cloroformo y desinfectantes, y al preguntarle cómo estabas, una sombra gris entristeció el optimismo de su respuesta. Está un poco mejor, le escuché decir, y después de dejarte una breve nota, me fui más tranquilo pensando que aún teníamos Andrés Pérez para rato, que por fin habías logrado burlar la siniestra mano de la plaga que se llevó a tantos amigos nuestros. Quise pensar que pronto volvería a encontrarte recuperado y sonriente, porque no era justo que te fueras en la plenitud creativa de tu juventud. Pero no fue así, y un día, un telefonazo nos abofetea la dorada mañana de tu des pedida. Y sin creerlo todavía, asistí como un espectador más al teatro Providencia, donde, se presentó como una obra póstuma el montaje carnavalero de tu alegre funeral. Pero a pesar de tanto público que llenaba la sala, esforzándose por transformar la tristeza del sepelio en homenajes festivos, a pesar de que en el escenario relampagueaban las coronas, los inciensos, y es taba presente el arcoíris piojo de tu estética escenográfica, a pesar de la manga de travestis que llegó a las tres de la mañana para homenajearte con la música de Madonna y el famoso «Resistiré», de Gloria Gaynor, a pesar de las plumas y el retumbar de los tacoaltos maricuecas que hacían tambalear el ataúd con la fiebre disco, a pesar de todo eso, querido, una honda pena marchitaba la pirámide de rosas rojas, claveles amarillos y azucenas lagrimeras donde tú eras aquella noche la Cleopatra dormida de su teatral reino. Difícil resulta contarte cómo fue todo aquello; el desfile de figurines de teleserie con gafas oscuras que llegaban derramando una lágrima cosmética por la partida del genial maestro. Después un choclón de políticos que entre pésame y pésame, cacareaban con sus celulares colgados a la oreja. También creí ver algún representante del gobierno que traía los saludos presidenciales con un dejo de remordimiento. El testo, tus amigos, tus amores, tus admiradores, brindamos embriagados por la tristeza hasta que llegó el alba con su equipaje de colores. Nada más, ninguna música de circo que alterara la rutina aburrida de este caluroso Santiago. Ni siquiera tu rostro estampado en las portadas de los diarios podía revivir el carnaval patiperro de tu inagotable fiesta. Por eso, al nombrarte me cuesta tanto escribir nunca más.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-116294737639733393?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/116294737639733393/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=116294737639733393' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294737639733393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294737639733393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/12/carta-para-andrs-o-tu-silencio-ya-me.html' title='Carta para Andrés (O «tu silencio ya me dice adiós»)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-116294730717633626</id><published>2006-11-30T14:41:00.000-03:00</published><updated>2006-11-30T14:34:58.926-03:00</updated><title type='text'>Sola Sierra (O «uno está tan solo en su penar»)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y fue hace tanto que la conocí, recién se había efectuado una gran marcha en el aniversario del Informe Rettig por la Alameda, repleta de organizaciones sociales, sindicatos y federaciones universitarias que apoyaban el mitin. Y en ese contexto el recién inaugurado Movimiento de Liberación Homosexual (Móvil) pidió autorización a los convocantes para sumarse al grito de la justicia. Pero tal vez por la inexperiencia política de los homosexuales y el oportunismo de un conocido militante, el ramillete de locas en procesión se había pintado y engalanado como si fuera a un carnaval. Todo el folclor maricueca se dio cita esa tarde de marzo para desfilar por una Alameda vociferante que gritaba «justicia, justicia, queremos justicia». Por cierto, el grupo de homosexuales y travestis enfiestados era un claro contrapunto con los familiares de detenidos desaparecidos que sobriamente portaban en su pecho las fotos del dolor. Y era claro que la prensa convocada al acto se vio seducida por el zoológico coliza que distorsionaba la seriedad de la manifestación gritando: «Rispeto-rispeto-quirimos rispeto.» Al otro día todos los diarios le dieron cobertura a la marcha homosexual que tapó con su escandalera la denuncia sobre la impunidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por ese tiempo, yo escribía en la desaparecida revista Página Abierta, y ante la distorsión de publicidad que ocasionaron los homosexuales en la marcha del Informe Rettig, tal vez por cierta decepción que tenían las madres y familiares de detenidos desaparecidos con el incidente, la directora de la revista me propuso entrevistar a Sola Sierra para conocer su opinión. Así, una tibia mañana de otoño, me encaminé por la Alameda hacia Las Rejas, hasta el domicilio de Sola. Y después de recorrer calles y pasajes que caracolean las poblaciones del Santiago poniente, después de esquivar algunas patotas de volados que a esa hora se fumaban su «mañanero», luego de preguntarle a alguna vecina del barrio que regaba cardenales con una tetera, me encuentro frente a la sencilla casita de Sola, custodiada solamente por una pesada puerta de reja, que ella abrió con un tintineo de llaves. «Es por seguridad», me dijo. «Una nunca sabe qué puede pasar en este país.» Al entrar al pequeño living, observé la foto de su esposo desaparecido que coronaba la escena. Un conjunto de muebles simples, una radio, un televisor y algunos adornos multicolores y artesanales que seguramente ella había recibido de regalo. Ése era el habitar de Sola Sierra en este Santiago que tantas veces fue testigo de sus caminatas pidiendo justicia. En eso consistía su pequeño nido doméstico donde ella me invitó a sentarme, y luego de ofrecerme una taza de té, nos pusimos a conversar de la situación del país, del nuevo fraude para los derechos humanos llamado democracia, de la reciente marcha por el Informe Rettig y de lo apenada que estaba porque en esa fecha la prensa había utilizado la demanda homosexual para invisibilizar la causa de los detenidos desaparecidos. «Quisieron hacer risa de nuestro dolor», me dijo. «Nosotros con buena fe, aceptamos que los homosexuales se incorporaran a la marcha porque no estamos de acuerdo con ninguna discriminación. Pero después toda la prensa sólo mostró esa parte y a nosotros nadie nos entrevistó.» Un grave silencio se interpuso entre Sola y yo. Y sin saber qué contestarle, tuve la intención de darle explicaciones, decirle que no era culpa de los homosexuales, que la prensa era así, pero ya no importaba porque todo había pasado y poniéndome de pie, me dispuse a marcharme. «Ojalá que usted como escritor sea respetuoso de todo lo que le dije», me insistió antes de despedirme y cerrar la puerta de fierro que protegía su aflicción. Ya era mediodía cuando salí por el pasaje de Las Rejas, pensando que tal vez en el futuro no iba a necesitar preguntar por el domicilio de Sola, porque quizás ese pasaje llevaría su nombre.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al pasar los años, muchas veces me encontré con ella en otras marchas, en otros actos, en múltiples lugares de Santiago donde era necesario aunar voces contra la violación de los derechos humanos. Nunca más conversé con ella del asunto, pero su notoria distancia con la cuestión homosexual se fue evaporando por la costumbre de encontrarnos tantas veces en lo mismo. La última vez que la saludé sentí en su mano un calor especial, cuando me dijo que le había gustado algo que yo había escrito. Y me quedó chispeando en el aire su risa cansada de activista pobladora. Me quedó sonando su último discurso en el estadio Nacional, que se alargaba demasiado y la cabrería de la galera empezaba a intranquilizarse. Entonces pensé, recordando la Sola de aquella lejana entrevista, qué manera de crecer esta mujer a lo largo de su lucha. Cómo fue que desde aquella simple señora que me recibió en su casa, ella se hizo tan grande como un discurso musicalizado por el eco de su constancia. Ahora, después de que la muerte temprana la invitó a dormir con su cuerpo agotado, cuando su grandioso funeral quedó estampado en la retina patria, recién me entero de que a ella le gustaba el tango, cuando uno de los organizadores del homenaje que se le rindió en el estadio Nacional, me pidió que le escribiera algo, unas palabras, un verso, una pequeña carta-tango que nunca le llegó, que por algún imprevisto nunca se leyó en ese apoteósico acto. Pero no importa, aquí van en su memoria algunas rezagadas letras.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Y si era el tango la campanada musical que alegraba los ojos de nuestra Sola. Si era ese ritmo añejo lo único que lograba abrir la cortina enlutada de su corazón. Si en su pecho de pobladora, abuela, militante, ella supo cargar con amor el corazón disecado de tantos muertos, y en su batallar por la justicia, fue sembrando la ausencia de esos nombres en el jardín pisoteado de la patria. Si la historia la eligió como era, con esa sencillez de provincia, con esa infatigable porfía de llevar a los desaparecidos anclados en su memoria. Aquí y ahora, junto a todos los que faltan, invocamos tu nombre Sola Sierra para flamearlo como una bandera contra el silencio. De aquí y para siempre, brillarán como estrellas las cuatro letras de tu nombre. Eternamente Sola, pero nunca más solitaria, querida amiga, porque la ética de tu presencia en nuestra historia será el abrazo generoso a todos los oprimidos, a todos los hambrientos de justicia. Pero más que nada, a la sombra extraviada de nuestros desaparecidos, a quienes el crimen oficial les quebró la voz.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-116294730717633626?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/116294730717633626/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=116294730717633626' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294730717633626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294730717633626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/11/sola-sierra-o-uno-est-tan-solo-en-su.html' title='Sola Sierra (O «uno está tan solo en su penar»)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-116294718414843903</id><published>2006-11-16T13:51:00.000-03:00</published><updated>2006-11-16T13:53:40.123-03:00</updated><title type='text'>Mi amiga Gladys («El amor a la libertad es imparable»)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Desde qué lugar se podrá perfilar el peregrinaje de esta mujer, sobrevivida a las brasas históricas que aún humean el ocaso del pasado siglo. El tránsito biográfico de Gladys Marín por esta geografía, a veces toma el rumbo de una lágrima turbia que, en su porfiado rodar, fue marcando de lacre utopía el largo esqueleto del flaco Chile. Tal vez son varios los pasajes en la vida de ella que puedan activar su presencia en esta crónica, a modo de chispazos, de violentos y obligados traslados, de reclusiones, golpizas e instantáneas nómadas que, a pesar de su brusco acontecer, no marchitaron su enamorado ardor por la justicia y el desamparo de clase.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás hay algo de frescor en la inagotable porfía de su discurso que reflota el sueño proletario en estos días de negociada transición. Algo de ella la perdura en el recorte primavero de aquella estudiante de provincia, que emigró a la capital para entrar a la Escuela Normal de Profesores, cuando todavía el mistraliano afán de la vocación pedagógica enamoraba niñas simples, muchachas sencillas deseosas de entregarse al simbolismo parturiento de la educación popular. Desde antes, las gloriosas feministas interceptaban el poder falocéntrico con sus discursos emancipatorios y panfletos militantes. Años jodidos para tantas mujeres que torcieron su destino doméstico, y en el desafío de la participación política liberaron su voz. Tiempos álgidos para una izquierda prófuga, fichada y abortada tantas veces por la exclusión. Días de borrasca para estas causas, siempre envueltas en la tensa demanda que encauzaba su tránsito de justicia social. «Su imparable amor a la libertad», siempre obstaculizado por los escollos conservadores y la rémora burguesa. Y ésa fue la atmósfera que enrieló el corazón de Gladys por la senda de un azaroso comunismo. El perseguido Partido Comunista de Chile, en el que tampoco era tan fácil para una mujer sumarse con dignidad a la biblia varonil de los próceres y al verbo del enérgico catecismo militante. Marchas, movilizaciones y plazas repletas de bravo pueblo eran el empuje de un multitudinario clamor. Y en esa apuesta, Gladys Marín se jugó la vida en verso y lucha, sangre y esperanza, represión y reacción armada; pulsiones populares bajo el cielo oprimido que alboraba el ilusorio tinte de un «rojo amanecer».&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De todo aquello, quedaron restos de fogatas y fantasmales ecos que todavía resuenan en las manifestaciones callejeras del descontento. Sin embargo, en esos gritos, en esas consignas amortiguadas por el apaleo de la repre democrática, es en el único lugar donde la dignidad de la memoria anida inagotable. En esas explosiones de desacato, mujeres, estudiantes, jóvenes y obreros suman el sagrado derecho a la desobediencia, al desenfado con un gobierno que traicionó la adhesión popular que en el plebiscito le dio su apoyo. Aquellas movilizaciones que encabezó la izquierda en los ochenta, fueron el motor social que más tarde produjeron el cambio. El atentado a Pinochet nos hizo creer que el tirano no era invulnerable. Y fueron muchos lo que celebraron el desafío, por desgracia hoy esas figuras políticas, entonces de izquierda, en el traslado de estación se renovaron el pelaje. Los mismos que en el acomodo parlamentario se deshacen del ayer como si cambiaran de terno. Por cierto, tanta metamorfosis caradura no los sostiene, no sustenta sus discursos hermanados con el guante golpista. Cada gesto, cada visaje de coquetería con el amarre blindado de esta democracia, los caricaturiza, los desinfla fofos en la blanda papada de la negociada reconciliación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Estas líneas adhieren cariñosamente a Gladys por cicatrices de género, por marcas de clandestinidad y exilio combatiente. Por ser una de las numerosas mujeres que capitalizaron ética en el rasmillado túnel de la dictadura y su fascistoide acontecer. Estas letras minoritarias se complicitan con ella en el develaje frontal del crimen impune y el mal aliento del tufo derechista que minimiza la tragedia. Pero acaso, bastaría con una sola imagen biográfica de Gladys. Tal vez visualizar su retrato de juventud, perseguida después del golpe, teniendo como telón de fondo la acuarela memorial del amado amante desaparecido, extraviado, perdido para siempre en la última imagen de ver pasar caminando la muda figura de Jorge frente a la embajada que a Gladys le había dado asilo. Y esa enorme distancia, ese abismo de vereda a vereda, esa zanja de apenas veinte metros, imposible de llenar por el tacto impalpable del abrazo imaginado, del abrazo pendiente, soñado mil veces en la noche inconclusa de la abrupta separación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez bastaría con el aire de esa espera para concluir este texto, o para alargarlo hecho bandera de oxígeno, pañuelo de tantas causas de derechos humanos que esperan justicia y castigo a los culpables. El pasado y el futuro son presente en el río arterial de los pueblos, como un caudal subterráneo que corre sin freno, carcomiendo los andamios de la pirámide neoliberal. Pero más que aguas desbocadas que perpetúan una sola dirección, son voces, arrullos, gritos, discursos, como el de Gladys, que en su polifonía oprimida esperan llegar al mar.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-116294718414843903?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/116294718414843903/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=116294718414843903' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294718414843903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294718414843903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/11/mi-amiga-gladys-el-amor-la-libertad-es.html' title='Mi amiga Gladys («El amor a la libertad es imparable»)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-116294707795782176</id><published>2006-11-10T11:00:00.000-03:00</published><updated>2006-11-10T11:07:27.663-03:00</updated><title type='text'>Carmen Soria (o la eterna lucha de un ético mirar)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;A Carmen, la conocí en el litoral central, entre Costa Azul y El Tabo, por esos arenales playeros donde uno estira los huesos bajo el tibio sol de noviembre. Y al ver a esta joven trigueña, que conducía un auto viejo hecho un peo culebreando las cuestas, al verla reír desmadejada por el viento salino del océano, al escuchar su voz ronca por el cigarro que colgaba de su fresca sonrisa, me costó un poco relacionarla con el personaje público, que por más de veinte años, había confrontado al Poder Judicial, interrogando a los hieráticos magistrados por el esclarecimiento del crimen de su padre, Carmelo Soria, diplomático español, masacrado por la garra uniformada de la DINA a comienzos de la dictadura.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Carmen Soria, después de tanto batallar, aún se ve muy joven en su altanera figura que por mucho tiempo ha recorrido juzgados, cortes internacionales y agrupaciones de derechos humanos, incansable tras la esquiva huella de la justicia. Apenas tenía 16 o 17 años entonces, cuando por macabra coincidencia, el día de todas las Carmenes, encontraron el cadáver de su padre, ovillado de mugres, flotando en las negras aguas del canal El Carmen de El Salto. Y luego de verificar su identidad y constatar el mapa de torturas que salvajemente desgarró su cuerpo, el caso de Carmelo Soria pasó a formar parte de los «casos emblemáticos» que salieron a la luz pública cuando aún gran parte del país dudaba de estos hechos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás este golpe para una adolescente que transitaba su pasar estudiantil a principios del setenta en el liceo Manuel de Salas, pudo inmovilizar para siempre su alegría castaña de pendeja ñuñoína, de chica aguda que eligió hacer de su vida un ético rodar. Sobre todo, cuando al crimen de su padre, se le suma la desaparición de Pedro Godoy, hijo de su empleada y compañero de juegos en la infancia de Carmen, tan querendona de aquella mujer humilde que la crió, y que el aciago destino borró clases sociales colocándolas juntas en la misma paralela del horror. Y el día que encontraron a Pedro, esa mañana que reconstruyeron sus huesos y despojos sobre una camilla de lata para ser identificado, allí estaba la vieja empleada de los Soria, muda y descalabrada, tratando de relacionar el cuerpo tibio de su niño con ese rompecabezas óseo en su rígida palidez de espanto. Y a su lado estaba Carmen, mirando a la mujer inmóvil que recorría con sus nublados ojos la rigidez abollada de esa clavícula, el fémur trizado de su pierna futbolera, las falanges calcáreas en crispado reposo. Allí estaba Carmen hermanada con su empleada en el rito mordido de la identificación. Allí mismo la pequeña huérfana Soria fue testigo del único gesto de su nana al estirar la mano para acariciar las zapatillas de su hijo Pedro. Y Carmen compartió ese gesto, como si toda la pesantez del mundo cargara esa mano, ese tacto suave de yemas maternas que en la larga espera del encuentro, sólo reconocen el calzar oxidado de un interrumpido palomillar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para muchos, los llamados «casos emblemáticos» del crimen impune y la desaparición de persona en Chile (Soria, Letelier, Prats, etcétera) formarían parte de una élite que por clase social, estatus político o diplomático, habrían obtenido mayor visibilidad pública y apoyo internacional, como si hasta en la cruel uniformidad de la razia criminal, se impusieran los privilegios de clase. Para Carmen Soria, estos privilegios son parte de la misma lacra de la injusticia, y en una entrevista suya la aclara con vehemencia: «El crimen de mi padre tiene la misma importancia que el de todos los ejecutados y desaparecidos, y en mi lucha por esclarecerlo están todas las víctimas, y especialmente los menos garantizados, los más desaparecidos por su anonimato.» Es posible que este mismo desplante que Carmen lleva con hermosa soltura, la haya individualizado como vital activista por la defensa de los derechos humanos en nuestro país. Desde aquella primera vez en que conocí a Carmen, confrontando la fría brisa playera con su rostro limpio de cara al mar, supe que a esta mujer la tragedia no la había vencido, y que en ella, el dolor se hizo rabia, y el perdón había transmutado su oleaje difunto en la marea espumosa de una indomable canción.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-116294707795782176?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/116294707795782176/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=116294707795782176' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294707795782176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294707795782176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/11/carmen-soria-o-la-eterna-lucha-de-un.html' title='Carmen Soria (o la eterna lucha de un ético mirar)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-116294674593304761</id><published>2006-11-07T21:42:00.000-03:00</published><updated>2006-11-10T11:07:03.613-03:00</updated><title type='text'>Sybila Arredondo (o una chilena en el exilio peruano de la sombra)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De ella poco se sabe en su destierro «al este del paraíso». Tampoco las cartas son aves bienvenidas para la brutal prohibición que tiene de leer o escribir en su mudo castigo. Cada año, el seco invierno limeño escarcha de polvo la pequeña cuenca enrejada de su ventana penal, amenazando derribar el temple de su pensar libertario. Pero ha pasado en manadas el tierral de las décadas y ella sigue sin volver, enjaulada en esa fría celda como un pájaro peligroso, mientras la eterna espera mutila el tedio de su orgullosa soledad. Y es que de siempre, Sybila fue así, ya de niña remarcada en el perfil de su desmelenado gesto, ya de joven fresca y en su alborotado afán de creer en un mundo justiciero y novelesco, ya de mujer cuando los verdes años le revoloteaban en las páginas de los libros, conviviendo con la literatura, alternando día a día con los grandes personajes que visitaban su casa. Los amigos de su madre, Matilde Ladrón de Guevara, escritora y yunta de Pablo Neruda con Matilde Urrutia. Tal vez por eso, la literatura fue un reino paralelo que espejeaba su cotidiano, un sueño de mundo posible, discurseado en la lírica ebria de los poetas. Una utopía de mundo impulsada por los versos de Jorge Teillier, susurrados en su oído en los eructos del alba. Y así el amor la encadenó al corazón de ese joven sonámbulo de trenes, el lánguido poeta Teillier, un adolescente flacuchento cargando pesados libros que contrapesaban el culebreo etílico de su pendejo vaivén. Y quizás, para Sybila, ese primer matrimonio enmarcó de rosas sepias su primer enlace con la literatura, cuando de tan jóvenes, las tardes de domingo campaneaban en los brindis con Enrique Lihn, y tantos amigos de la pareja que retozaban los almuerzos en la mesa del patio, en esas doradas tardes riendo y jugando con Sebastián y Carolina, los pequeños hijos que resultaron de esa florida pasión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Algún eco de esas risas vuelve a retratar a la Sybila de ese tiempo, castaña y altiva con un chispazo de gallarda ética en su mirar risueño. Ese mismo gesto que descubrió José María Arguedas, el escritor peruano, cuando la conoció en una conferencia que vino a dictar en la Universidad de Chile. Por entonces, ya el matrimonio con Jorge Teillier había sucumbido y Sybila trabajaba en la Librería Universitaria, a un costado de la casa de Bello, por esa Alameda de marchas y mítines obreros, entre Arturo Prat y San Diego. «Por esa veredita de oro con luz de luna o de sol», llegaba José María a buscar a Sybila, bastante más joven que él, para pololearla con el fulgor mestizo de su bella pluma. Él ya era famoso y reconocido entre los grandes de las letras latinoamericanas. Pero junto a Sybila, al fuego vital de su indómita presencia, Arguedas se acurrucaba como un tímido zorro falto de cariño.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así la pareja decidió anudar las cintas lacres de sus vidas en la dupla amorosa y americanista que desde ese momento embanderaría su destino. Juntos partieron a Lima donde establecieron su hogar y su trabajo cultural en la ciudad de los virreyes. Pero esa Lima de entonces, con calles de adoquines y «sonrisas con rubor», una ciudad tajeada por el crudo contraste social de indígenas a medio cubrir por los harapos y pituquines del embeleso limeño, los soberbios paseantes del Miraflores palogrueso y tradicional, esa clase que se sentía dueña del talento de Arguedas por haberle entregado las claves de la literatura occidental. Esos limeños de tez clara, descendientes del yugo español, nunca aceptaron que una chilena se casara con Arguedas, su mayor escritor, y menos que lo fuera politizando hacia lugares tan extremos que incluían la revolución armada y la confrontación social.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y es que este país ya está confrontado, ya está escindido por la injusticia, le comentaba Sybila a José María mientras caminaban por los verrugosos callejones de la Lima criolla. Mira esta ciudad de esclavos y niñeras incas de uniforme, sirviéndoles el té a toda esa clase patricia de lisuras intelectuales y aristócratas, le repetía ella con una brasa de rabia en sus ojos de fuego azuceno. Aquí la gran masa de indios y pobres es humillada y explotada por unas cuantas familias burguesas. Tú eres un cholo, y sólo te aceptan como indio ilustrado.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y no pasó mucho tiempo hasta que los pasos de Sybila se encaminaron junto a la bronca indigenista de la izquierda peruana. Eran épocas de nacimientos y desates armados, de guerrillas y brotes insurrectos en toda la América plebeya. Y Sybila se sumó a ese derrame como ayudista, correo y protectora de jóvenes, estudiantes y mujeres indígenas que militaban en el proscrito Sendero Luminoso. Una guerrilla con tendencia maoísta, el movimiento revolucionario más fuerte y numeroso organizado en Perú, y que durante mucho tiempo puso en riesgo la estabilidad conservadora de esa nación. Y fueron varios los personajes políticos e intelectuales que adhirieron a esa causa, principalmente del ámbito académico, de la Universidad de San Marcos en Lima, donde Arguedas ejercía su labor docente. El escritor, ya bastante mayor, y afectado de una oscura depresión, visitaba continuamente Chile para atenderse con la psiquiatra Lola Hoffman, pero aun así, nunca logró salir de ese negro pozo que más tarde lo llevaría al suicidio en la misma casa de Chosica que compartía con Sybila.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;A la muerte de Arguedas, Sybila esperaba un hijo de un militante de Sendero, hecho afectivo y quizás compartido por José María, que el tribunal peruano utilizó suciamente en su contra cuando fue presa y condenada duramente por su participación en la guerrilla. Desde allí el cielo se nubló para Sybila Arredondo, condenada por traición a la patria, ya que ella había adoptado la nacionalidad peruana al casarse con Arguedas. Luego de varios años, la solidaridad de conocidos escritores latinoamericanos que abogaron por Sybila, logró su libertad, pero pronto volvió a caer presa al descubrirse sus contactos con antiguos amigos de Sendero Luminoso. Sybila no supo entonces que era vigilada por los perros de la inteligencia militar y sin saberlo, contribuyó a la captura de varios senderistas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde ese momento, tal vez por la dura represión que recibió Sendero Luminoso, su accionar se tornó más violento, más explosivo, al incendiar la sierra peruana con su senda dinamitera. Y en esa escalada suicida cayeron inocentes, muchos campesinos que fueron pasados por el paredón tras el paso acosado de la guerrilla. Y en Lima, los continuos bombazos dejaron una estela trágica de niños y mujeres reventados por la pólvora. Y sin duda, el glorioso movimiento maoísta que alguna vez hizo soñar a las multitudes proletarias e indigenistas, decepcionó incluso a muchos que en los inicios habían apoyado y participado de esa armada ilusión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por hoy, la suerte de Sybila Arredondo no ve futuro, ni siquiera cuando la presión de su madre ante el gobierno de Aylwin logró que Fujimori le concediera la expatriación a cambio de que ella renunciara a la nacionalidad peruana. Pero Sybila se negó y eligió prolongar su condena en esa polvorienta prisión de Chorrillos, cerca de Lima. Y ahí está todavía, su larga trenza nevada se ilumina de sol media hora cada día, el único tiempo que le permiten salir al patio para ver el sol, y en esos contados 30 minutos de vigilancia extrema, Sybila enseña francés y filosofía a sus compañeras de prisión. Pero el sol cruza fugaz, como un cometa navideño para ella, y luego la retorna a la oscuridad de su mazmorra, donde borda el silencio de su injusta relegación. Así transcurre su larga noche tras las rejas en el desolado paisaje de Chorrillos, esperando como una niña el regalo mezquino de esa tajada de sol que le otorga la justicia peruana. El tiempo lento se desplaza como una cuncuna enferma por el desierto horizonte que ven los ojos de Sybila envejecida, pero aún de pie, aún resistente tras los altos muros de esa cárcel para presos políticos de Perú, otro socavón sin alma donde la crueldad judicial deja amohosarse el esqueleto vivo de Sybila Arredondo; una flor cautiva, una amapola canosa, privada del mundo en ese mortal escalofrío de tinieblas y desamor.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;NOTA: Sybila Arredondo fue liberada en el 2003, cinco años después de que se publicara por primera vez esta crónica en la revista &lt;em&gt;Punto Final&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-116294674593304761?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/116294674593304761/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=116294674593304761' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294674593304761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/116294674593304761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/11/sybila-arredondo-o-una-chilena-en-el.html' title='Sybila Arredondo (o una chilena en el exilio peruano de la sombra)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466273289067098</id><published>2006-10-19T00:29:00.000-03:00</published><updated>2006-10-19T00:32:01.580-03:00</updated><title type='text'>"Chocolate amargo"</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Paseando la tarde por Bellavista en compañía del fotógrafo Álvaro Hoppe, después de recorrer el tranco disparejo de sus veredas tibias por el relumbro añoso del ocaso, luego de evocar sin nostalgia el tiempo vertiginoso de los ochenta y la dictadura, cuando Hoppe sudaba la gota espesa del aire lacrimógeno sacando fotos en medio de la trifulca callejera. Justo cuando le pregunto con relajo democrático: «¿Extrañas la agitación peluda de aquellos días?» Y Alvaro casi no me alcanza a responder, por el vibrante aleteo de un helicóptero que zumba sobre nuestras cabezas y pasa directo al puente Pío Nono, donde una multitud de curiosa agitación se arremolina en las barandas del Mapocho, corriendo, cruzando la esquina con luz roja, empujándonos hasta el río lleno de pacos y patrullas aullando con el relámpago de sus linternas también rojas. Cientos de ojos mirando las aguas, gritando: Allá se ve. Allá viene flotando un zapato, un pie, una pierna, una mano y una cabeza que se asoma en la corriente mugrosa y luego se hunde en la bocanada del chocolate amargo. Es un hombre. Es un niño. No, es una mujer, dice el público cuando los bomberos y los pacos en un acto de rescate, sacan ese cuerpo lacio y lo suben al puente donde un improvisado equipo de salvavidas procura arrebatárselo a la muerte, dándole respiración boca a boca, estrujándole el pecho para que expulse el agua, subiéndole y bajándole sus brazos que se derrumban en la vereda exhaustos. Allá viene otro. Allá reaparece un momento como una marioneta que el agua baila, y pasa sumergido bajo el puente y todos nos trasladamos de baranda para ver el zangoloteo de un zapato infantil que lo chupa el caracolear del torrente. En la otra acera, la mujer ha muerto, y las mujeres policías, de traje pantalón, acordonan la escena con esas cintas de emergencia que encuadran el cadáver cubierto de plástico funerario. En la multitud, aglomerada en el puente, un ánimo festivo y cruel murmura: Esto se parece al 73. Gana premio quien descubre un muerto. Son saldos de las Torres Gemelas. A lo lejos los bomberos intentan detener los destartalados bultos, que raudos, se pierden en la mortaja rizada del Mapocho. Y sólo entonces me acuerdo de que tengo que realizar un trámite, y me despido de Álvaro Hoppe, quien se queda un minuto más extasiado por el acontecimiento.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En la noche, al regresar a mi casa y prender la tele, la noticia apresurada no alcanza a ser conmoción, se la tragan los últimos comunicados desde Afganistán y la captura del psicópata que en el norte chileno asesinó a siete niñas. La voz, profesionalmente afectada de la conductora del TV noticias, dice que una mujer de nombre Nadia Retamal Fernández se arrojó a las aguas del Mapocho junto a sus dos pequeños hijos Daniela y Brian. Los tres habrían fallecido por inmersión. Vamos a una pausa comercial y continuamos con las noticias. Entonces un mareo de situaciones me nubla la pantalla, y creo haber percibido en la voz televisiva una condena moral sobre la decisión suicida de esta mujer, de aquel cuerpo desinflado que vi en la tarde y ahora conozco su nombre: Nadia Retamal Fernández, quizás joven, tal vez arrastrando un saco de penas que no la dejó titubear al momento de dar el salto. Y es posible que en ese último segundo quiso ver una ráfaga de futuro para detener el impulso. Un imaginario y tibio porvenir que cerrara la boca hambrienta de Daniela y Brian, sus hijos. Tal vez, en ese filo del abismo, no quiso escuchar los ecos del discurso presidencial, hablando del despegue económico y las migajas económicas que la patria reparte a la pobreza. Quizás en ese fin de ruta, abrazó a sus niños y lo único que se llevó de ellos fue la nerviosa agitación de sus corazoncitos. Y es posible que cualquier juicio que se emita sobre el infanticidio que cometió esta mujer, no alcance a imaginar sus motivos y menos aún tocar su desesperanza, que como una bandera de naufragio, se hundió en la tarde ribereña un minuto antes de que el fulgor patrio ocultara el sol.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466273289067098?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466273289067098/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466273289067098' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466273289067098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466273289067098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/10/chocolate-amargo.html' title='&quot;Chocolate amargo&quot;'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466264628290559</id><published>2006-10-13T00:30:00.000-03:00</published><updated>2006-10-13T12:34:09.363-03:00</updated><title type='text'>Los secretos de la naturaleza (o el optimismo del santo remedio)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y tan viejos como el tiempo en que las culebras andaban paradas, los secretos de naturaleza subsisten en la medicina casera o la receta bruja que corre como un recado entre mujeres, entre viejas que promueven este otro saber, tan incierto y poco científico que la medicina tradicional mira con desdén los secretos curanderos de la farmacia doméstica.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Hay algo de magia, de ritual, de encomendarse a la fe ciega de estos tratamientos que como condición fundamental, exigen el rezo de alguna manda: «Si usted no cree, no lo haga»; «Dios sabe más y averigua menos»; «La fe mueve montañas», y otros clichés populares sustentan los hilos invisibles de esta medicina piñufla, que siempre acompaña como familiar pobre al científico saber. Así, los secretos de naturaleza despliegan su eficacia solamente en quien se entrega de corazón al masaje del «sana, sana, potito de rana», y luego con la fe ciega como estandarte, usted verá aliviado su dolor. Al igual que la mano que se esconde con vergüenza ocultando esa enorme verruga, no hay mejor remedio que amarrar el grano con un crin de caballo hasta cortarlo y desaparece para siempre. Y si no resulta, pínchela con una aguja desinfectada y empape la sangre de la verruga con una miga de pan que luego tirará a los perros. Santo remedio. Y si usted sufre de ciática, y esos dolores de ríñones no lo dejan sentarse, amarre a su cintura una lana de color rojo hasta que se alivie. Ahora que si usted sufre de calambres en las piernas por la noche, lo mejor es dar vueltas los zapatos con las suelas hacia arriba. Santo remedio. Si por desgracia, le viene una hemorragia nasal, tome la llave de la puerta y póngala en su hombro izquierdo si la sangre fluye por la fosa derecha; invierta el proceso si es al revés. Santo remedio. Si ese dolor de cabeza no lo deja pensar, recurra a las rodajas de papas pegadas en la frente, se verá como un extraterrestre, pero santo remedio. Ahora, si usted quiere echar a esa visita pegote que se instala todo el día en su casa, ponga la escoba detrás de la puerta con las ramas hacia arriba. Santo remedio. Y si desea que no vuelva más, sin que este paracaidista se dé cuenta, tírele tres veces sal por la espalda. Cuide que no la pillen porque usted puede quedar con un ojo en tinta. Para que los perros dejen de aullar en la noche, repita tres veces: «Santa Ana parió a María, Santa Isabel a San Juan, por estas cuatro palabras los perros se han de callar.» Santo remedio. Si su casa es un infierno, y desde la mañana empiezan los dimes y diretes, y las mochas y peleas no dejan vivir en paz a su familia, tome un ramo de palma bendita y la quema en las cuatro esquinas de su hogar, diciendo: «Que salga el mal y entre el bien como entró Jesús a Jerusalén.» Santo remedio. Si usted sufre por los pies helados, corte una plantilla de papel de periódico, empápela en mostaza y póngala en sus zapatos. Y si con esto le salen hongos, remójese los pies en orines frescos, y si persiste el mal olor, lávese las patas y no sea cochino. Santo remedio. Para que no le ojeen esa hermosa planta que usted cuida como guagua, amárrele al tallo una cinta roja. Ahora si usted tiene una guagua, que aunque sea fea no quiere que le causen mal de ojo, haga lo mismo, pero no le amarre la cinta al cogote porque la puede ahorcar. Si usted anda a patadas con el águila con el esquivo billete, ponga nueve granitos de trigo en su billetera. No se va a ganar el Kino ni el Loto, pero puede hacer una sopita de trigo en caso de apuro. Santo remedio.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En fin, son miles de cuentos terapéuticos y narrativas de la magia popular que se usan para apalear el agresivo pasar de estos tiempos de la injusticia legalizada por el mercado. En todo caso, probando secretos de naturaleza nada se pierde, una cruz de palqui a la entrada de la puerta, o la cariñosa matita de ruda para verdear el porvenir, no son recetas tan caras, y aunque no cambian su vida en un ciento por ciento, mantienen la llama amarilla de la inocente fe, en el tierno augurio de soñar un milagro.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466264628290559?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466264628290559/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466264628290559' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466264628290559'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466264628290559'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/10/los-secretos-de-la-naturaleza-o-el.html' title='Los secretos de la naturaleza (o el optimismo del santo remedio)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466256256720435</id><published>2006-09-25T10:00:00.000-03:00</published><updated>2006-09-25T10:05:03.696-03:00</updated><title type='text'>Una chica con polera del Che entre los pinochetistas</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como un gran teatro de marionetas, la patria de marzo en 1998, abrió su cortinaje al espectáculo donde asumía el tirano al Parlamento. Y si bien es cierto, muchos sabían que esto tarde o temprano se iba a producir, no pocos esperaban inocentemente que la Concertación haría de puente cortado para que el vejete no completara el itinerario prepotente de su Constitución. La misma carta política que él preparó como un ajuar corrupto para legalizar su cochina gestión. Más bien éste fue otro golpe de Estado, oficial y democrático, ahora de terno y corbata para estar ad hoc con la facha parlamentaria de los nuevos tiempos. Y fue como una teleserie, en que todo el país presenció perplejo el episodio caradura de su rodaje. Hasta el gran final, que culminó cuando el ñoño dictador juró como senador vitalicio, plenipotenciario, designado y divinidad sinvergüenza. Luego todo pasó y el pueblo chileno hizo gárgaras para guardar este nuevo golpe bajo en su memoria. Alguna escena de esta película desfilará en esta crónica, para que el devenir de los acontecimientos no borre la traición maloliente de aquéllos que no dijeron nada, de aquéllos que le estrecharon la mano, de ésos que brindaron por su nombramiento, de otros que se hicieron los lesos, y todos concertadamente juntos, hipócritamente le dieron la pasada.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y el mismo día, como cualquier otro en que una chica de 17 se enfunda su polera taquillona estampada con la foto de Guevara. Porque hace tanto calor y el mediodía le transpira y le empapa la imagen tibia del guerrillero en sus tetitas progresistas. Sobre todo un 10 de marzo, cuando Pinochet, después de jurar como senador, entrega el mando del Ejército, y en las esquinas de Santiago, el blindaje verde oliva de la repre dirige el tránsito con su escuadra motorizada. Pero ella va primavereando la mañana del barrio alto, con su libertario desparpajo de llevar esa polera del Che frente a la Escuela Militar, donde se intercambia el mando del Ejército y la vereda hierve de viejas fans de Augusto. Señoras de peluquería, esposas de los mandos medios que no fueron invitadas al acto oficial. Pero igual están allí, gritando, llorando emocionadas, agitando las mismas fotos del anciano dictador. Y nada más son un grupete de fachos integrantes del Porvenir de Chile, juventudes de la UDI, Renovación Nacional y beatos del Opus Dei, todos de poleritas blancas, marciales junto a su patrono que esta mañana abandona los hábitos con el dolor del marcapasos que lleva por corazón. Igual la trifulca milica retumba en el pecho de la barra derechista que aplaude a los generales y comandantes que llegan como ekecos bolivianos cargando un boliche de medallas, tintineando como campanilleo de burdel. El panorama tiene aires de Tercer Reich, y ni las palomas afean el cielo sobre las tropas formadas en el patio de la Escuela Militar, esta mañana de macabro resplandor. La policía ha puesto barreras para encauzar al pinochetismo, que se encarama en los fierros, para ver de cerca a los ministros del pasado régimen bajando de los autos con sus esposas, todas decoradas y terneadas para la ocasión. Alguna de ellas saluda levantando la mano derecha; y la chusma eufórica le contesta con un «Viva Chile Pinochet». Allí todos están de acuerdo y festejan su complicidad en el ondear del trapo chileno que colorea el ambiente. Más bien casi todos, menos la chica desprevenida que cruza la calle luciendo su polera con el Che. Y ella va sin darse cuenta todavía porque las viejas la miran con cara de asco. Y luego la insultan y más allá la escupen y le dan carterazos, diciéndole ándate a Cuba, maraca marxista. Entonces ella se da cuenta de que está en medio de la jauría que quiere lincharla por usar ese símbolo. Apenas es una pendeja, pero atina enfrentando al grupo, diciéndoles que ella está en su barrio y se pone lo que quiere. Entonces la reacción del gentío es peor al saber que es una niña bien, pero que traiciona a su clase, llevando al guerrillero dibujado en su pecho. Ahí recién le baja el terror al ver la mirada de los muchachones nazis cargada de odio y morbosidad. Allí apura el paso para alcanzar la reja de su casa, pero un bofetón le quema la cara, y tambalea pero no cae, ni llora tratando de esquivar los arañazos y manoseos en ese callejón oscuro que amenaza destriparla. Y ahí mismo por suerte, los pacos que observaban indiferentes este alboroto, intervienen rescatándola, mientras apaciguan el odio ciego del fanatismo fascistón. Esa rabia deshumanizada del derechismo que al momento estalla en aplausos y vítores porque se aproxima la comitiva de Pinochet. En los altos edificios los tiradores vigilan atentos cualquier desliz, cualquier sombra ajena al jolgorio militar que pretenda empañar la ceremonia. En tanto, la chica con la polera del Che ha cruzado la reja de su casa y avanza por el amplio jardín. Y aún nerviosa cuando entra por la cocina, se prepara a recibir los retos de su familia, la reprimenda burguesa que le echa en cara su desatino al usar esa provocativa polera. Esa inocente polera que hasta ese día era un trapo más, pero ahora se ha convertido en su tierno baluarte, y al sacársela, la dobla cuidadosamente y la guarda como una bandera, mientras en la televisión se escuchan los sones del himno nacional.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466256256720435?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466256256720435/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466256256720435' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466256256720435'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466256256720435'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/09/una-chica-con-polera-del-che-entre-los.html' title='Una chica con polera del Che entre los pinochetistas'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466247149135548</id><published>2006-09-13T01:34:00.000-03:00</published><updated>2006-09-13T13:40:19.536-03:00</updated><title type='text'>Pabellón de oncología femenina</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Lo que apesta y deprime en esos hospitales de la caridad pública, ni siquiera es la humillación de la enfermedad, que para las mujeres, late como una alimaña punzante en la ramificación de miomas, tumores y quistes proliferando en úteros y senos. Un jardín venenoso que brota en los órganos de la sexualidad reproductiva, como si el cáncer, esa palabra que huele a pudrición, castigara lo femenino en su capacidad milagrosa de germinar vida. Y esta localización de la enfermedad en los lugares húmedos donde a veces anida el placer, pareciera crear el estigma pecaminoso de este mal que por parejo, hiere a las mujeres.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Según la escritora Susan Sontag, en su libro &lt;em&gt;La enfermedad y sus metáforas&lt;/em&gt;, el cáncer femenino estaría signado socialmente como una plaga moral que ataca a la mujer en su sexualidad, por uso y abuso del acto coital. En tanto, el cáncer a la próstata del hombre, se valora como una enfermedad del esfuerzo y el trabajo. Es así que en los hospitales públicos, donde acuden las señoras preocupadas por hemorragias uterinas o durezas en las mamas, la atención oncológica es un trámite de madrugadas y largas horas, esperando la repartición de los números para ser atendidas por el doctor, el médico oncólogo, que mal humorado por estas horas de salud estatal que le obliga su profesión, apenas revisa a las enfermas, apenas las toca, apenas analiza los exámenes y biopsias, y luego de lavarse las manos con jabón desinfectante marca Pilatos, ordena rápidamente extirpar el útero y la fulminante radiación. Total para él, orgulloso de su formación médica inspirada históricamente en el cuerpo del hombre, la anatomía femenina y sus bochornos menstruales y menopáusicos, sigue siendo una incógnita, un apéndice extraño del soma varonil que la medicina aún no explora en su totalidad. Para él, un mediquillo castaño, recién titulado con su piel blanca, aún más blanca por el aura detergente de su delantal, le resulta más fácil recetar dipirona y más dipirona y cuando ya no hay caso, cuando se aburre de ver cada mes los ojos llorosos de la misma paciente, escribe el ultimátum quirúrgico de la operación. Allí el calvario de las mujeres con cáncer es otra estación de espera para salir sorteadas, después de un año, con la única cama de hospitalización. El catre blanco, todo saltado en que murió la enferma anterior. Por eso ella debe esperar en una camilla mientras desinfectan ese navio de la muerte. Y ésa es la bienvenida que recibe la señora cuando ingresa al pabellón oncológico.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y ni siquiera es la luz sombría de los pasillos, como una gasa sucia que entela la mirada opaca de las enfermas ahí tiradas, allí anestesiadas por el olor a éter y emplastos de alcohol donde supuran las heridas. Ni siquiera es la atmósfera rancia, densa, donde sobrevuela la muerte entre aromas de comida, caca, orines y barbitúricos. Ni siquiera es el mal genio de los paramédicos golpeando las latas de bandejas y camillas manchadas con sangre. Ni siquiera son los gritos asfixiados de la abuela, revolcándose de dolor por falta de anestésicos. Ni siquiera es todo eso lo que va marchitando previamente a las enfermas condenadas por este mal. Son esos ojos, esos enormes ojos agolpados a la vida de esas mujeres, que alineadas en sus camas, y a pesar de todo, quieren ser vida mirando por ese hilo de claridad que las ata al mundo, atisbando ese único destello, ese blancor del uniforme con mascarilla de la enfermera pública, el único guante blanco que las mujeres del cáncer tienen a la mano para que las ayude, para que les alcance la chata, para que les brinde un analgésico, para que les dé un vaso de agua que pide la boca reseca, para que les regale una caricia que peine el escaso pelo de la calva cancerosa en el minuto eterno de un bien morir. Pero ni siquiera eso tienen cerca las mujeres del cáncer cuando se despiden del mundo entre vómitos y sudores fríos, porque el timbre llamando suena y resuena por las salas y pasillos sin respuesta, como el eco agónico de un naufragio en el enorme vacío deshumanizado de la noche hospital.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466247149135548?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466247149135548/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466247149135548' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466247149135548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466247149135548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/09/pabelln-de-oncologa-femenina.html' title='Pabellón de oncología femenina'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466237031845092</id><published>2006-09-08T12:17:00.000-03:00</published><updated>2006-09-08T00:34:29.713-03:00</updated><title type='text'>Las mujeres del frente (o estrategias de cazuela y metraca)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y corría 1986 a puro fuego de protesta, a puro saldo de muertes impunes y atropellos militares que amenazaban no parar, que pronosticaban nuevos apaleos y torturas, y víctimas desangradas en las calles tensas de la repre. Y en ese escenario, muchos se jugaban la vida «moviendo fierros», contrabandeando metracas, planificando un reventón que le volara el bigote al tirano. Era la única forma urgente de sacarse la pesadilla, pensaban los comandantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y también algunos actuales políticos socialistas que entonces apoyaban el asalto para callado. Era una forma de remecer a Pinocho, tan tranquilo, tan plácido tomando el sol en su casa de reposo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Fue una idea que creció en la clandestinidad, y fue tomando forma en la difícil organización de una guerrilla urbana, porque era tan peludo organizar un atentado en una ciudad tan copuchenta, una ciudad donde todo el mundo se conoce y encontrar casa de seguridad era infinitamente arriesgado y peligroso. Pero igual el Frente Patriótico se fue moviendo primero entre amigos, entre compañeros y conocidos que se atrevían tímidamente a prestar su casa para una secreta reunión. Así se fue armando la red de muchos simpatizantes que «hacían puntos» en las esquinas, que llevaban mensajes aprendidos de memoria, que transportaban armas en coches de guaguas, en cómicas jorobas, en falsos embarazos de mujeres ayudistas que burlaban el sapeo de quiosqueros y taxistas, muchos de ellos informantes de la CNI.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Era complejo tener esa doble vida de neurosis y sobresaltos al amanecer, porque un auto sospechoso se había estacionado frente a tu casa. Y por suerte en el Frente había mujeres que participaban de esa subversión. Desde liceanas que cargaban incómodas mochilas, profesoras que algo escondían en sus escritorios, dueñas de casa que guardaban balas entre las cebollas, y abuelitas que pasaban piola los controles policiales llevando sus pesadas bolsas. ¿Y qué lleva ahí, señora? Y qué va a ser pos, mi cabo, puro pan duro para una sopa que mate el hambre.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez de esta manera fue posible el atentado, usando las miles de estrategias de mujeres que permearon el blindaje de la seguridad. Quizás códigos domésticos que implementaron las chicas del Frente en aquella suicida ilusión. Acaso esta guerrilla femenina en Santiago no usó traje milico de camuflaje ni bototos como en la sierra, a cambio, y para despistar, vestían lanas pacifistas y bambulas hippies, pero también delantales de enfermera, hábitos de monja o abrigos de pieles para confundirse con viejas cuicas. Y es posible que lograran pasar documentos y mapas en carpetas de Cema-Chile, teñidas de rubio, hablando con acento «si pos, ñato», o haciéndose las putas en una esquina lunfarda cuando se subían a un auto para circular la información. Todos estos secretos corrían en silencio por la boca chueca de las mujeres frentistas o sólo colaboradoras de aquel riesgo. Fueron las valientes viejas que se jugaron el pellejo en esa aventura. Algunas hacían mandas a la Virgen de Pompeya, de Lourdes, de Fátima, de Andacollo, para que todo saliera bien, o prendían velas y más velas encomendándose a alguna animita milagrosa para que las acompañara en sus caminatas con la punto 30 desarmada en la cartera. Y si había alguna duda, algún presagio de tormenta, se reunían con la bruja del Frente, una hermosa gorda de ojos claros que consultaba en las premoniciones del tarot los éxitos y fracasos de esa arriesgada empresa.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los hombres del Frente siempre estuvieron fuera de estas femeninas complicidades, ellos sólo confiaban en la matemática fría de la estrategia pensante. Tal vez por eso no entendieron la carta de tarot que sacó la bruja guerrillera cuando preguntaron sobre el atentado. La carta era la torre, que ella leyó como el logro de un ambicioso provecto, pero si no se cuidaban los detalles podía derrumbarse. Ante esta incertidumbre, la bruja del Frente consultó el I Ching, y el sabio libro de los cambios contestó la pregunta con el hexagrama donde el zorro cruza el río, pero se moja la cola. En fin, en la memoria política del siglo que nos dejó, hay diversas estrategias que contaminaron sus flujos combativos, permitiendo otras formas de rebelión, otras sobrevivencias del ingenio que tejieron las mujeres desde su anónimo lugar, donde el susurro de su intuición bordó en minúsculas las letras ignoradas de sus nombres.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466237031845092?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466237031845092/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466237031845092' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466237031845092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466237031845092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/09/las-mujeres-del-frente-o-estrategias.html' title='Las mujeres del frente (o estrategias de cazuela y metraca)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466226947824711</id><published>2006-08-30T00:19:00.000-03:00</published><updated>2006-08-30T12:24:57.683-03:00</updated><title type='text'>Las mujeres de las barras</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y no son tantas las chicas que participan en la euforia barrera, apenas unas cuantas novias, amigas o hermanas de los hinchas, que luego de acompañarlos mil veces al estadio, después de compartir con ellos la fiesta gritona del triunfo, se ganaron un lugar en la multitud de machos, a costa de masculinizar gestos y lenguaje para ser admitidas en el violento territorio de la galería. Ese espacio donde llueven los salivazos y los empujones del baile no distinguen diferencias de sexo. «Al comienzo era una preocupación para nosotros, que teníamos que andarlas cuidando de los pacos o de la otra barra para que no les pasara nada», relata un hincha, reiterando el cliché de la fragilidad femenina y arrogándose la épica gallarda de ser su paladín. Pero luego los chicos se dieron cuenta de que las nenas se confundían con ellos en la batalla callejera. No eran flores de invernadero empuñando palos, corriendo y gritando consignas y garabatos hasta perder la voz, como le ocurrió a una niña de la Garra Blanca que estropeó sus cuerdas vocales y quedó ronca para siempre, pagando con su afonía el rito iniciático de ingresar al territorio de los hombres, pero sin voz, a costa de enmudecer el trino suave de su habla. Y pareciera que estos pagos se repiten en otras mudanzas de género donde la mujer transa su diferencia para cruzar los límites. Como en el rock duro, por ejemplo, donde las chicas deben enronquecer su canto para ser reconocidas en el agreste mundo rockero (Janis Joplin). Además, deben asumir todos los revientes de los jóvenes machos: el alcohol, las drogas y la épica suicida de la aventura urbana.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Las chicas de las barras no son muchas, y se confunden en su indumentaria con los muchachos que visten la polera del equipo y los jeans rotos. Pero en el climax del partido, cuando la barra se desnuda luciendo su torso macho, sólo algunas aceptan el desafío mostrando sus pequeños pezones en el oleaje de los cuerpos. Esto me recuerda la marcha lésbica de Stonewall 94 en Plaza Washington, cuando ante mi sorpresa sureña de ver multitud de tetas lésbicas —negras, blancas, rojas y amarillas—, desfilando en Nueva York, Juanita Ramos replicó el destape, diciéndome que era reiterar el gesto de los hombres en su prepotencia corporal.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para las chicas barristas, es difícil mantener los colores de su género en el club fálico de los muchachos, al igual que otras minorías sexuales infiltradas de contrabando y nunca reconocidas públicamente por el temor de que la barra enemiga lo sepa y desde su machismo juvenil, les grite maricones. Pero de haber los hay, dice un hincha, recordando una pareja de chicas «demasiado amigas que en los viajes de la barra insistían en dormir juntas. Pero ninguno de nosotros le dio mayor importancia, si eran lesbianas y se querían era cosa de ellas», recuerda el hincha, agregando que ellos están con todos los que sufren persecución. Claro que sería conflictivo tener una célula gay al interior de la barra, los nenes todavía arrastran ese machismo proletario que teatralizan en el escenario de la galería, junto a las chicas de las barras, que pese a su minoritaria representación, están allí contra viento y marea en la consigna alterada por el desgarro de su voz.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466226947824711?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466226947824711/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466226947824711' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466226947824711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466226947824711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/las-mujeres-de-las-barras.html' title='Las mujeres de las barras'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115634700871355436</id><published>2006-08-23T11:29:00.000-03:00</published><updated>2006-08-23T12:30:08.813-03:00</updated><title type='text'>Aviso: Lemebel en Argentina</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;El día martes 29 de Agosto de 2006 Pedro Lemebel visitará la Argentina en el marco del &lt;em&gt;Segundo Encuentro Internacional de Pensamiento Urbano - Ciudad Abierta BA&lt;/em&gt; que se desarrollará desde el 28 al 30 de Agosto en el Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530 - Capital Federal). El autor chileno formará parte de una mesa de literatura bajo el título "Cronistas de lo ajeno", mesa que compartirá con Marcelo Cohen y Patricia Melo bajo la coordinación de María Moreno. La cita es el día &lt;strong&gt;martes 28 de Agosto de 19:00 a 20:30&lt;/strong&gt; hs en el Teatro San Martín. &lt;a href="http://www.cafedelasciudades.com.ar/imagenes46/encuentro.pdf"&gt;Acá&lt;/a&gt;, el dossier de prensa del evento. A continuación transcribo la descripción que se hace de Lemebel:&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Pedro Lemebel&lt;/strong&gt;. Nacido en Santiago de Chile en la década del cincuenta, es escritor,cronista urbano y performer. Es fundador del famoso colectivo de arte &lt;em&gt;Las Yeguas del Apocalipsis&lt;/em&gt; que, entre 1987 y 1995 realizó más de quince eventos públicos. &lt;em&gt;Yeguas del Apocalipsis&lt;/em&gt; fueron una serie de performances que irrumpieron en diversos escenariosurbanos. El trabajo cruzó la performance, el travestismo, la fotografía, el video y la instalación; pero también los reclamos de la memoria, los derechos humanos y la sexualidad, así como la demanda de un lugar en el diálogo por la democracia. Lemebel reaviva las discusiones acerca de la categorización de conceptos genéricos que ponen en juego las diferencias entre gays, lesbianas, travestis, transexuales y heterosexuales. Propone una inteligente redefinición de transgénero y pone en evidencia el estrecho vínculo que siempre ha existido entre la constitución de un paradigma sexual binario –biologista-y el poder. Su teoría es un movimiento de subjetivación política que hace estallar la “categoría de identidad sexual” pero también la de “identidad nacional”. La polémica obra de este artista viene despertando el interés de la crítica y del público en general desde hace casi 20 años. Uno de los puntos más sobresalientes de su prosa reside en la revisión que se realiza sobre el concepto de género. Ha publicado, entre otras obras, &lt;em&gt;Incontables&lt;/em&gt; (1986),&lt;em&gt;La esquina es mi corazón&lt;/em&gt; (1995), &lt;em&gt;Loco afán&lt;/em&gt; (1996), &lt;em&gt;De perlas y cicatrices&lt;/em&gt; (1998), &lt;em&gt;Tengo miedo torero&lt;/em&gt; (2001) y &lt;em&gt;El zanjón de la aguada &lt;/em&gt;(2003).&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115634700871355436?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115634700871355436/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115634700871355436' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115634700871355436'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115634700871355436'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/aviso-lemebel-en-argentina.html' title='Aviso: Lemebel en Argentina'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115466217183138887</id><published>2006-08-16T16:30:00.000-03:00</published><updated>2006-08-16T16:37:06.716-03:00</updated><title type='text'>Las mujeres del PEM y el POJH (o recuerdos de una burla laboral)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y casi a mediados de la dictadura, cuando se vino encima una avalancha de cesantía, después de los años gloriosos de los &lt;em&gt;yuppies&lt;/em&gt; y su dólar a 39 pesos. A fines de los setenta, cuando el boom económico era viajes, fiestas y circo para los adictos al régimen, precisamente luego de estas regalías de ricos y bototos, el castillo económico se les hizo agua a la patota amiga de Cuadra, José Piñera y el muñeco arrugado de Büchi (¿usted recuerda a ese candidato a La Moneda? Qué fantasía, qué chiste tener una peluca de tony en el sillón presidencial). Era rara, exótica y nefasta esa tropa de treintones palogruesos tirando líneas en la economía de un país anestesiado por la represión. Y en ese paisaje, en esa vida aporreada de las clases populares, a estos personajes se les ocurrió disfrazar la enorme cesantía con un proyecto de trabajo masivo que le diera pega tembleque al ocio hambriento de los chilenos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La propaganda rezaba que si usted no tenía laburo, si usted era jefe de hogar y estaba cesante, que corriera a la municipalidad más cercana a inscribirse en el plan de trabajo instantáneo del PEM y el POJH, que diera sus datos, su edad y especia-lización, y en menos que canta un gallo sería llamado para integrarse a una cuadrilla de trabajo municipal. Eran grupos de gente formados por mujeres y hombres jóvenes, obreros que trasladaban piedras de una vereda a otra, personas mayores que hacían hoyos cavando al sol toda la mañana, para después taparlos sin ninguna justificación. Era un Santiago nublado que recordaba esos pueblos nazis donde marchaban hileras de judíos para trabajos callejeros. Santiago se despertaba mirando esas manadas de obreros del PEM y el POJH sembrando de pasto y florcitas los bandejones de las avenidas. De lejos sus uniformes y delantales grises, eran una burla laboral que ocupaba a todas las señoras de una población para barrer las calles, para sacudir los monumentos y lustrar las baldosas de la municipalidad donde el alcalde pasaba rodeado de trabajadores del PEM y el POJH, llevándole las de abajo, sacudiéndole el traje, pasándole la lengua a la calle principal de la comuna porque venía de visita doña Lucía, la primera dama y su corte de veterrugas alcahuetas del nombrado Cema-Chile. En el gimnasio municipal, se reunía la señora del dictador con las mujeres del PEM y el POJH, las abuelas, madres, tías y sobrinas que la escuchaban con rabia y pena. La oían en silencio dando sus conferencias para sobrevivir en estos tiempos difíciles. Saquen papel y lápiz, les ordenaba una secretaria, para que anoten las ricas recetas de comida barata que ustedes pueden hacer con desperdicios. Juntando cáscaras de papas, bien lavadas, pueden hacer una sabrosa sopa que reemplazará la cazuela agregándole una coronta de choclo. No boten las cáscaras de manzana porque pueden hacer un lindo kuchen para la once, decorado con granos de uva que se recogen en la feria. Ustedes no saben lo que puede hacer la imaginación en estos tiempos de crisis. Sobre todo en la cocina popular. ¿No es cierto, Laurita Amenábar? No boten las sobras ni los cuescos, ni los huesos que es pura vitamina si los muelen, o también pueden hacer artesanías que enseñan las profesoras de Cema-Chile. No son épocas para desperdiciar la comida, decían las damas encopetadas, despidiéndose de las tristes mujeres, alineadas en las veredas, con una banderita en la mano, saludando a las señoras paltonas de la comitiva presidencial.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El programa de trabajo fácil del PEM y el POJH, fue la gran humillación que hizo la dictadura con la fuerza laboral de un país abofeteado por el desempleo. A cambio de una mísera paga y la limosna de un paquete de mercaderías, cientos de chilenos y chilenas eran usados en labores decorativas, trabajos inútiles, quehaceres degradantes para la inteligencia de la clase proletaria. El gallardo pueblo chileno, formado en largas filas afuera de las municipalidades, para recibir las migajas del presupuesto nacional que dejaban los milicos y &lt;em&gt;yuppies&lt;/em&gt;. Allí, en esas mañanas de «dulce patria pinochetista», la repetición en las calles de las espaldas timbradas por el logotipo del PEM y el POJH, retrataba crudamente el menosprecio por la dignidad humana impuesto por aquel modelo económico, el mismo que hoy, remozado por el afeite democrático, intenta reponer la cataplasma vejatoria de esos proyectos como parche circunstancial al presente desempleo. Podría decirse que estas geometrías temporeras de la función salarial, rememoran otro Santiago, otro paisaje corpóreo, que en los días del PEM y el POJH, marchaba por las calles goteando la ocupación mendiga de su inestable pasar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;PEM:&lt;/strong&gt; Programa de Empleo Mínimo&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;POJH:&lt;/strong&gt; Programa Ocupacional de Jefes de Hogar&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115466217183138887?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115466217183138887/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115466217183138887' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466217183138887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115466217183138887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/las-mujeres-del-pem-y-el-pojh-o.html' title='Las mujeres del PEM y el POJH (o recuerdos de una burla laboral)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115300696159457513</id><published>2006-08-10T10:24:00.000-03:00</published><updated>2006-08-10T10:34:50.483-03:00</updated><title type='text'>Carta a la dulce juventud</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;A ti, mi querida polilla de farol, mi carreteada zapatilla cesante. A la verde juventud universitaria, que escribe su testimonio con la llamarada de una molotov que tisa de rabia el cemento. A los encapuchados del Arcis, de la Chile, de tantas aulas tomadas en la justa demanda de querer estudiar sin trabas económicas, sin la monserga odiosa del crédito, del recargo, de la deuda y el pago. Como si no bastara con quemarte las pestañas dándole al estudio los mejores años de tu vida, para después titularte de neurótico vagoneta. Como si no bastara tu dedicación, tu sincera dedicación, cuando te humea el mate toda la noche, hasta la madrugada leyendo, dejando de lado ese carrete bacán que chispearía de pasión tu noche de fiesta. Tu gran noche, pendejo, donde chorrearían las cervezas y un aire mariguano pintaría de azul el vaho de la música. Como si no bastara con todas las negaciones que te dio la vida, cuando postulaste a esa universidad privada y el «tanto tienes, tanto vales» del mercado académico te dijo: «Tú no eres de aquí, Conchalí, —No te alcanza, Barrancas, —A otro carrusel, Pudahuel, — A La U. del Estado, Lo Prado.»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así no más, mi bella chica artesa que ya se las vivió todas de un trago, y en ese salud el futuro se derramó de golpe. Vino el embarazo y la bronca de tu viejo preguntándote de quién era el crío. Y qué te ibas a acordar si esa noche en la disco todos los locos tenían la misma cara de fiebre. La única que no te dijo nada fue tu vieja, quien te brindó su apoyo, valioso, pero inútil a la hora de pagar quinientas lucas por el aborto. Y ahí está el niño ahora, y tú lo amas como a nadie, y qué culpa tiene él, y qué culpa tienes tú también de abandonar tus sueños de progreso, de realización profesional a cambio de este papel de niña-madre. Adiós, mi chiquilla, a ese porvenir, que tan temprano canceló tus ilusiones gota a gota con la urgencia parturienta. Y, al final, como tantas chicas de la población, te ves hojeando el diario, buscando pega en un topless, en los cafés para varones, o en las casas de masajes que abundan en la oferta laboral de la prostituída demanda. Y eso fue todo, allí se acabó el cuento de la dulce princesita descarriada.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;A tantos pendejuelos rockeros, raperos, metaleros, hip-hoperos, que despliegan su estéti ca bastarda coloreando esta urbe infame con su melenada tornasol. A ellos, por su espectáculo de vida impertinente. Por sus desvíos, por sus tocatas donde el minuto bullanguero de eléctrico rocanroll, también equivale a un minuto de silencio. Por ese silencio, cuando llegas a tu casa, pateando piedras», «puteando piedras», porque lo único que te espera es la tele prendida cacareando su mentira oficial. Para ti, mi Johny Caucamán, mi Matías Quilaleo, mi Rodrigo Lafquén; bellos ejemplares de la raza mapuche que en Santiago rapean su guillatún-tecno. Por esa fiereza de indio punky, pelo tieso. Por su indomable juventud, que desde acá, apoyan con el corazón encendido las movilizaciones de Ralco, el Biobío, y putean en mapudungun chicano por sus hermanos presos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para usted, joven barrista, que escucha desconfiado el palabreo de esta prédica. Tal vez para reforzar la sospecha de su espíritu futbolero que se expresa clandestino en los códigos del graffiti, del espray en mano, de la letra puntuda narrando en las paredes la flecha anarca de su descontento. Quisiera prometerle que la ciudad sería una pizarra para usted solo, y que en sus paredes, usted podría expresar libre esa gramática lunfarda que lo apasiona. Quisiera decirle que nunca más la bota policial limpiará su mierda de «orden y patria» en sus nalgas rebeldes. Podría ofrecerle tantas cosas, tantas esperanzas que muchos guardamos con impotencia en el lado zurdo del amor. Pero usted sabe más que yo de las promesas incumplidas, del apaleo de la repre, y del canto frustrado de su esquina pastabasera, de su cancha de fútbol y las tardes tristes, ociosas, peloteando. Usted lo vivió, lo supo o le contaron lo que ocurrió en su paisito. Por eso, usted sabe mejor que nadie que el sermón monaguillo de la derecha fue y será para el Chile pobre un epitafio de tumba.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;No le ofrezco el cielo, porque sé que los ángeles le aburren. Tampoco un carrete interminable, porque el bolsillo roto de la izquierda no da para tanto. Tal vez, en esta carta, podamos imaginar un sitio digno donde respirar libertad, justicia y oportunidades sin besarle el culo a nadie. Quizás, soñar otro país, donde el reclutamiento sea voluntario, y usted no se sienta menos patriota por negarse a empuñar la criminalidad de esas armas. Sería un bello país, ¿no cree? Un largo país, como un gran pañuelo de alba cordillera para enjugarle al ayer la impunidad de sus lágrimas. Un hermoso país, como una inmensa sábana de sexo tierno que también sirva para secarle a usted su sudor de mochilero patiperro. ¿Qué me dice? Nos embarcamos en el sueño.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115300696159457513?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115300696159457513/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115300696159457513' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300696159457513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300696159457513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/carta-la-dulce-juventud.html' title='Carta a la dulce juventud'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115300683231772810</id><published>2006-08-07T14:40:00.000-03:00</published><updated>2006-08-07T14:47:40.946-03:00</updated><title type='text'>La caleta de Horcones</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De cara al mar turmalino y al gavioteo rumoroso que alborota la caleta del mítico y carreteado Horcones. El caserío que emerge pulguiento por la bajada de autos, negocios y veraneantes que hacen turismo en esta playa donde se bambolean volados los botes en la medialuna de arena y los pescadores se pasean en camisetas con signos de la paz. Los viejos habitantes de este medio puerto, medio pueblo, media agua del corazón artesa y su güeviado sobrevivir. Porque aquí se cruzaron los oficios en el proyecto arte-vida de crear un microclima lanudo y rockerón. Una aldea hipposa, sucursal pilila de Woodstock que se financiara independiente, al borde del libre mercado, en la utopía somnolienta del laburo sin patrón, de la pega sin marcar tarjeta, no usar terno ni corbata, vivírsela con lo puesto como uniforme libre de un payaseo laboral.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Claro pues, hermano, en la caleta se vende lo que se puede, desde la pulserita de lapislázuli, pasando por las velas de la purificación, los móviles de Conchitas, hasta las pilchas teñidas con estampado o batik flotando al sol, más una que otra chuchería hindú o japonesa para surtir el stock. Así no más, en este circo de intercambio biográfico, el pescador aprendió de la artesanía, y el artesano alguna noche falto de &lt;em&gt;money&lt;/em&gt; para el tinto, se hizo pescador. Como el artista joyero que pasa día y noche puliendo con un trapito la turquesa engarzada en el anillo de plata, pero goza de doble oficio, traficando bajo el mesón la yerba dulce que aplaca con su olor el yodo mohoso del Pacífico.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En Horcones, el reloj habitual es sólo una referencia mecánica de cómo transcurre el calendario en este tiempo floripondio y sin edad. Se sabe que es viernes o sábado, porque de temprano comienza a descolgarse la fiebre veraneante y su consumismo langosta. Y parece que la miniferia de la playa, que recién cuelga sus estandartes psicodélicos bostezando, asume la contradicción de vender y odiar al mismo tiempo la mano cliente que da de comer. Algunos clásicos habitantes de la caleta piensan que para ellos, para la onda, el peor tiempo es enero y febrero, plagado de bañistas con sus bronceadores, tangas y toallas, riendo ociosos, salpicando eufóricos las carcajadas de su descanso banal. Los horconinos añoran marzo, cuando se despide esta fiebre mosquito, y se van cerrando los locales de juegos luminosos, y los puestos de papas fritas apagan sus letreros, y se retiran las pizarras que ofrecen pescado frito con agregado a 1.500, Fanshop a 700 y completo más bebida a 1.000.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y en esta partida, del último pullman que sube la cuesta repleto de cansados veraneantes, un vaho de serenidad se desprende del mar, arropando con su bruma el ranchal de la caleta, mientras un remanso de olas barre la estela de desperdicios tirados en la costa. Entonces los habitantes de Horcones respiran tres veces y despiden tranquilos el carnaval bullicioso del verano. Algunos vuelven a ocupar sus casas y cabañas arrendadas durante las vacaciones a algún artista o gringo poeta, y luego se preparan a resistir el invierno frío y azul que vendrá luego, con calcetines chilotes, cuando la caleta de Horcones apague la vela salada de su acuario invernal.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115300683231772810?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115300683231772810/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115300683231772810' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300683231772810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300683231772810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/la-caleta-de-horcones.html' title='La caleta de Horcones'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115300669369576227</id><published>2006-08-04T10:10:00.000-03:00</published><updated>2006-08-04T10:16:53.703-03:00</updated><title type='text'>Noche de Hallowen en Valparaíso</title><content type='html'>&lt;p align="right"&gt;&lt;em&gt;Al Chago y su pandilla de Playa Ancha&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Que si alguien dice vamos al puerto este fin de semana, y más aún si hay un feriado entremedio que moviliza a la manga de santiaguinos apestados con el esmog y esa humedad apocalíptica que moja la entrepierna y suda las calles de la ciudad. Vámonos al puerto, dice alguien, y como por magia se siente el frescor del oleaje y el tufo de mariscales y frituras de pescados con vino blanco heladito para quedar raja tirado en Las Torpederas, fumándose un buen pito de paraguaya, de esos que te hacen olvidar género y nombre. Además, hay noche de Halloween en la disco no sé cuánto, y no te cuento qué volá, qué onda, qué súper carrete, Pedro, y olvídate de las crónicas y vamos ya.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y ahí vamos encaramados en el pullman que sale completo porque la gente aprovecha estos recreos de los santos para ir a remojarse las patas en el mar, qué putas que está helado, que te deja el poto azul, tiritando diente con diente pero feliz, contento de arrancar de este hoyo asfixiante que es Santiago. Digo feliz, pero quiero decir con lo justo, con la plata del pasaje y algunas lucas para el carrete, con la esperanza de encontrar locos de la farándula, que en la noche cooperen con la de pisco en la escalera del puerto donde nos instalamos ocultos de los pacos, para hablar de política, de arte, de música y cantar esas canciones añejas que los jóvenes sólo cantan en Valparaíso. Los chicos rebeldes que en Santiago apenas me saludan, allá se tiran a mis brazos porque en la noche porteña todos los gatos son negros. Hasta unos cuícos de Tabancura que van pasando y al sonido de las risas nos hacen salud y se integran al grupo diciendo que me han leído, que me comprenden, que me aceptan porque soy buena onda. Y son tan jóvenes y bonitos que me guardo el resentimiento social para el Primero de Mayo, total, en una de ésas me caso con el rubio &lt;em&gt;underground&lt;/em&gt; que se hace el descamisado en estos arrabales. El rubio medio pato malo que se quedó pegado conmigo y me estira la botella como si quisiera curarme, digo yo. Y me cuenta la historia del Halloween, de las calabazas con velas y las brujas, porque él la vivió en gringo-landia de pendejo, súper viajado, súper drogo y con ene billete, que suelta generoso cuando se acaba el pisco, y me dice que mejor nos cambiamos al whisky para llegar relocos a la fiesta de Halloween donde la Pelusa en Viña. Que no me preocupe porque allá hay de todo y si falta llevamos dos whiskys, pitos y unas líneas «para olerte mejor». Que me olvide de mis amigos de la escalera, porque ellos van a ir a esos bares de mala muerte donde no pasa na'. Tú sabís. Y casi sin pensarlo, me embalo con ellos en una micro rumbo a Viña, hipnotizado por los ojos del rubio que me dice que andar en auto curado en Valparaíso es un suicidio. Y debe ser así, porque la micro, casi vacía, zangolotea las cuestas, culebreando cerros en medio de las risas y canciones en inglés que entonan los CUÍCOS, doblemente mareados por el viaje. De pronto el vehículo se detiene, y en una esquina suben tres payasos callejeros que encienden aún más la fiesta micrera con sus caras pintadas y ropas de colores. Viste que acá también se celebra el Halloween, me dice el rubio, aplaudiendo a los tonys que se instalan junto al chofer para iniciar su show ambulante: «Señores pasajeros, hay payasos buenos y hay payasos malos. Nosotros somos malos, así que vamos cooperando con todo lo que llevan, y no es broma», dice uno sacando un cañón y apuntándonos a todos mientras el tony chico procede a la recolección de relojes, anillos, plata y whisky, hasta dejar al grupo tan limpio como Dios lo echó al mundo. Al bajarse, le sacan un puñado de monedas al chofer que se queda tan boquiabierto como nosotros, sin saber si reírse o enojarse cuando pistola en mano se despiden, diciendo: «Acuérdense de que hay payasos buenos y malos, nosotros somos malos.»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De ahí a la comisaría a hacer la denuncia, todos bajoneados de quedarse sin plata ni carrete en mitad de la noche. Todavía desconcertados por el circo del robo, por la habilidad teatrera de esos pungas de mierda que me robaron mi Rolex nuevecito, me dijo el rubio ya sin caña, completamente lúcido y enrabiado, insoportablemente cuíco ya sin trago ni drogas. Imposible de seguir aguantando al grupito pituco en su desgracia, lamentándose, llorando porque tenían que regresar a Viña caminando. Y cuando lleguemos, van a ser las seis y adiós fiesta de Halloween, puteaba una de las niñas. Entonces, en un acto de buena fe, metí la mano en mi bolsillo y les pasé plata para otra micro. Y sólo ahí se dieron cuenta de que los payasos a mí no me habían revisado ni robado. Debe ser por el miedo que tiene la gente de tocarme, le dije al rubio que se quedó marcando ocupado cuando le tiré un beso con el dedo y me perdí en las sombras del puerto, caminando hacia esos bares de boleros picantes donde aún me esperaban mis amigos con las copas en alto a punto de beberse la noche porteña con su roja risa de payaso.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115300669369576227?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115300669369576227/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115300669369576227' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300669369576227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300669369576227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/noche-de-hallowen-en-valparaso.html' title='Noche de Hallowen en Valparaíso'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115300654644796746</id><published>2006-08-02T10:13:00.000-03:00</published><updated>2006-08-02T10:20:23.793-03:00</updated><title type='text'>Adiós al Che (o las mil maneras de despedir un mito)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, hoy, sean necesarias las representaciones operáticas de los pasajes más conflictivos que marcaron un clímax de tensión en la película del pasado milenio. Y para los que vivieron las escaramuzas del sesenta, para los que las leyeron en libros y revistas, como para los jóvenes del noventa que llegaron tarde al vacilón revolucionario, el gran acto de homenaje al Che en el estadio Nacional tenía el carácter de resucitar su memoria por unas horas, para después dar vuelta la hoja de su peligroso recuerdo. Y hay que reconocer que, si bien el acto tuvo momentos muy emotivos que transportaron a la masa a la cruda historia dictatorial, aunque es y será necesario repetir mil veces el ritual de nombrar a las víctimas y apuntar a sus verdugos, la lejana historia del Che para los setenta mil jóvenes presentes, era nada más que otra lejana historia como excusa para manifestarse sobre actuales contingencias. Vibraba en el aire un odio parido contra el tirano apernado en su poder, temblaban las graderías en la repulsa gritona al estatus neoliberal de la democracia. El lolo punga, las barras filudas, los universitarios y los cincuentones del canto nuevo, encontraron en esa noche una nota común para manifestar su desencanto, para reunir a la familia izquierdilla y su palomillaje inagotable. Y en ese marco de nostalgia, rabia y pena, el gentío se amasaba al vaivén hermanado del «pueblo unido, jamás será vencido», la muchedumbre frotándose en la calentura política de ese canto, hacía del homenaje al guerrillero un éxtasis común, una rara forma de acunar la pasión en la paila ardiente del estadio. Y de Ernesto, pocos seguían la liturgia memoriona del acto, menos aún ponían atención a la biografía documentada de Guevara. Y era mejor así, quedarse con el soñador del mundo nuevo, a escuchar las cartas que el Che le mandó a su familia, documentos que ahora lo retratan como un machista tradicional, diciéndoles a su mujer e hijas que se encargaran de las labores domésticas, que lo esperaran con la comida caliente, que atendieran a sus hijos hombres, los únicos que con él eran capaces de realizar la revolución. De seguro, si Ernesto viviera no estaría en ésa, y menos aún habría aceptado que se leyeran esas cartas personales en el acto. Es posible que tampoco le hubiera gustado ser la estrella del megaevento preparado para su fugaz exhumación. Demasiado hombre arrogándose la revolución, como también algunas mujeres marcando el macho acento de esa épica. De seguro que si vivieras, Ernestito, te habrías pegado una revisada a tu metraca virilidad. Te habrías arrepentido de haber tirado al suelo el libro de Virgilio Piñera, cuando lo encontraste en la biblioteca de una embajada cubana y le dijiste al embajador que cómo podían tener a un maricón metido allí. Por cierto si vivieras, te extrañarías de que tu funeral coincidiera con el de Diana de Gales, con el de Teresa de Calcuta y ahora último con la boda de la Infanta española. Vaya qué contradicción. Vaya qué confusas exequias carnavaliza el mercado, Ernestito. De seguro nunca lo pensaste tantos años enterrado en esa tierra clandestina. De seguro nunca imaginaste que el mundo iba a presenciar por la tele la exhumación de tu mortaja. Probablemente nunca habrías aceptado ser el invitado de honor a esta misa por tus restos a estadio lleno, y menos para el funeral en La Habana, donde hasta tus enemigos tendrán palco comprado para el evento. Mira tú cómo la revolución vende el espectáculo al gran mundo capitalista. Y no es moral, solamente otra mirada sobre tu recuerdo, una mirada coliza en medio de la galera delirante que coreaba tu nombre. Una mirada también humedecida al escuchar por primera vez tu voz en la grabación que sonaba en los parlantes. Tu voz, desconocida, pero tan marcial, tan milica en la arenga lejana de ese entonces, ese ayer, tronando en el eco de tu discurso que seguí oyendo cuando dejé el estadio, cuando me confundí en la marcha de las siete mil almas que esa noche despedimos un mito, y le abrimos la puerta a otro Ernesto, más cercano, más frágil, que golpeó nuestro corazón tímidamente con un beso de bienvenida.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115300654644796746?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115300654644796746/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115300654644796746' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300654644796746'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300654644796746'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/08/adis-al-che-o-las-mil-maneras-de.html' title='Adiós al Che (o las mil maneras de despedir un mito)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115300646960954758</id><published>2006-07-31T14:18:00.000-03:00</published><updated>2006-07-31T14:25:17.350-03:00</updated><title type='text'>La iniciación de los conscriptos (o la patriótica hospitalidad homosexual)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Siempre ha sido costumbre para las locas aventureras cruzar territorios minados, desafiando la «pureza» de la masculinidad militar, hacer guardia afuera de los regimientos esperando a los pelados que hacen el servicio para invitarlos a una cerveza, un completo y comprarles una cajetilla de Viceroy para luego llevarlos a alguna pieza de mala muerte donde el recluta paga estas atenciones con sus servicios erectos. Es así, y por décadas estas ocultas complicidades forman parte de la iniciación patriótico sexual de muchos adolescentes, que rapados al cero, son enviados a ciudades distantes de su hogar, lugares extraños y lejanos como Punta Arenas, Antofagasta, Talcahuano, Iquique o Arica, donde sus días de permiso, son tardes vagabundas dando vueltas en la Plaza de Armas, fumándose el único paquete de cigarros comprado con los pocos pesos que les da el ejército. Buscando entre los parroquianos una mirada amiga que los invite a sus casas a tomar una aguada taza de té.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los chicos de la milicia, obligados a permanecer largo tiempo en estos remotos paisajes, aventuran su tedioso deambular en la mirada seductora de algún marica que delicadamente les sigue los pasos, que los mira a la pasada con un parpadeo de amapolas calientes, contagiándoles un misterioso acuerdo poético carnal que los engancha cuando la loca se acerca con un cigarro en la boca y le pregunta a uno: «¿Tienes fuego? ¿Tú no eres de acá? ¿Cómo te llamas?» Y la verdad, a tantos kilómetros lejos de su hogar, de sus amigos machitos peloteros de la cuadra, de sus pololas del colegio, el pendejo ni lo piensa y se deja envolver por esa única forma de cariño mariposón que encuentra en este exilio militar. Así, cada vez que los domingos tiene día de permiso, ya no va a girar aburrido por los jardines de la plaza, ahora tiene otro hogar, otra casa que lo recibe con café con leche y tostadas en la once, y después de ver televisión echado a pata suelta en una cama, luego de haberse fumado una aguja de macoña colombiana que le tenía de regalo su loca, para que esos humos celestes le amortigüen los moretones del entrenamiento con su nirvana vegetal. Aún lo espera una botella de pisco para calentar la fiebre aeróbica de la noche. Pero no siempre el chico tiene que pagar la hospitalidad «hogar, dulce hogar», boqueando entre las sábanas colipatas. A veces, los pilla el amanecer solamente conversando, contándole al marica sus fracasos en el colegio, las humillaciones que tuvo que pasar de junior, mozo o barrendero en esas pegas para liceanos repitentes, que después de tanta decepción, lo único que les queda es el servicio militar. «Porque mi viejo no podía seguir manteniéndome, ¿cachái? Y todos los días me sacaba en cara la ropa y la cagá de comida que me daban en la casa. Por eso me inscribí para el servicio, y me mandaron al norte. Y yo quería que me mandaran lo más lejos de mi casa. Lo más lejos, para olvidarme de la pasta base, de los locos de la esquina, de mi polola y de mi mamá, que es lo único que no puedo olvidar.» Y allí, la melancolía 45 grados del pisco lo hace sollozar. En esa cama ajena, con olor a sexo y alcohol, es en el único nido que se permite quebrarse, y llorar, llorar amargamente como un mocoso, mientras la marica le pasa un pañuelo, lo consuela, y levanta su ánimo, diciéndole que no se ponga así, que ya todo va a pasar, que pronto va a regresar a su casa, que mañana será otro día. Y después de acurrucarlo en sus brazos, lo relaja con un masaje oriental, desenchufa la tele, apaga la luz, y lo deja dormir solo y bien arropado como una madre cariñosa que se guarda en el alma sus deseos incestuosos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, estas iniciaciones que viven los chicos del regimiento son favores compartidos, pactos de urgido sexo sodomita a cambio de la tibieza hogareña que aplaca la relegación obligada de la educación militar. Es posible que al pasar ese tiempo, cuando los aprendices de soldados regresan a sus casas con la licencia en la mano, nunca más recuerden la casita rosada donde las tristes tardes de la milicia se endulzaron de cariño prohibido, sexo verde y psicológica confesión. Quizás, estos secretos entre conscriptos se llevarán para siempre tapiados por la represiva virilidad castrense, o también formarán parte de una bitácora paralela que guarda el ejército, como servicios a la patria entregados clandestinamente por la hospitalidad homosexual.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115300646960954758?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115300646960954758/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115300646960954758' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300646960954758'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300646960954758'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/la-iniciacin-de-los-conscriptos-o-la.html' title='La iniciación de los conscriptos (o la patriótica hospitalidad homosexual)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115300631899985296</id><published>2006-07-28T12:07:00.000-03:00</published><updated>2006-07-28T00:22:16.566-03:00</updated><title type='text'>La enamorada errancia del descontrol</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Mirar hoy en retrospectiva los distintos estallidos juveniles que trazaron políticas y poéticas del descontento en las últimas décadas, quizás sea necesario para entender las nuevas formas de control social que el sistema de turno perfecciona para identificar, fichar y encapsular la fiebre joven, que desde antes del cincuenta, fue el motor alocado que desató utopías justicieras y sueños de futuro, donde los jóvenes aspiraban a tener alguna participación efectiva en las tramas políticas que iban a definir su porvenir. Tal vez, es necesario hacer una introducción a esta crónica, para remirar las huellas finiseculares de este desacato y poder descifrar la ingenua rebeldía que movilizó varias generaciones de la verde juventud, que al pasar los años, los acomodos partidarios y las rearticulaciones ideológicas, vieron decaer lentamente las dulces ilusiones, las provocativas rabias que no lograron fracturar el blindaje conservador del neo-ordenamiento, y así darle paso al amanecer de un mundo donde el deseo veinteañero inflamaría la transformación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez fue mucha la responsabilidad depositada en la joven revolución, y ahora resulte cómodo analizar desde el sillón de «adulto mayor» o desde la tranquila lógica del «adulto joven», los excedentes de las movilizaciones estudiantiles, universitarias, barriales, pandilleras o deportivas, que en algún momento, pusieron en jaque la institucionalidad y la hipocresía de su estatus. Digo que resulta cómodo registrar estos hechos, porque una territorialidad del espacio callejero hermana los distintos flujos jóvenes, que en la actualidad, se agrupan y desagrupan en la estrategia nómada de su errancia anarquista. En este sentido, la urbe contiene y desborda el vandalismo púber como un cambiante espacio donde se enfrentan las políticas de control y su desobediencia. Es la vía pública donde la práctica de la porfía civil desata su pasión, es la calle el escenario donde el cuerpo pendejo se enfrenta a su policial contendor, por cierto, siempre en desventaja frente a la máquina móvil de la ley que aplasta sin contemplaciones la aventura de la trasgresión. Así, nos encontramos hoy con otro mapa juvenil que no corresponde al nostálgico ideario del revolucionario del sesenta: idealista por discurso filosófico y doctrinario por iluminismo anticapitalista. Ya no bastan estas filiaciones para formar parte del pandillismo, que se camufla en la selva urbana (ya no en la sierra), realizando sus micropolíticas agresivas para romper la frustración y el desencanto.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde esta perspectiva, quizás tan errática como las pulsiones que a veces intervienen la calle, trataré de articular una mirada sobre el fenómeno social de las barras bravas. Por cierto, tratando de perfilar su pálida diferencia tercer-mundista, que subraya un abismo con el mismo suceso deportivo que se dio en otras partes del globo. Así, aunque parezcan similares dichos estallidos juveniles tras el fútbol, en Latinoamérica, y especialmente en Chile, su transcurso está afectado por causas políticas y desajustes tribales que diferencian las prácticas de fanatismo deportivo. Más bien, aisla el proceso de las barras bravas chilenas, que se dio tomando como excusa el fútbol, para demandar mejoras político-culturales en la masa joven heredada de la dictadura. Es así que se hace necesario contaminar este texto con biografías barriales, lenguajes de tribus y sobrevivencias de periferias, para adentrarse en la sociología del desamparo, donde surgieron las temidas barras.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;EL DESPOBLADO OCIO DE LA CANCHA DEPORTIVA&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, al mirar Santiago de Chile desde un avión, es posible que en el árido paisaje que lo rodea, podamos distinguir sitios baldíos, cuadrados de tierra destinados a plazas, áreas verdes o sitios de recreación para los pobladores, pero que nunca llegaron a realizarse. Y al final terminaron como el tierral colectivo de la cancha donde los jóvenes practican fútbol, el juego más popular del país, la entretención gratuita que forma parte de la memoria cotidiana de los habitantes del Santiago pobre. Porque el fútbol siempre fue un deporte barato de practicar, sólo basta una pelota, el rayado de la cancha y el equipo de muchachos corriendo y pateando la bola, para olvidarse un rato de la cesantía y las carencias del medio. Allí en la cancha experimentan la única libertad corporal que conocen, la única libertad que les permite evacuar su resentimiento de chicos pobla, que se reúnen cada fin de semana bajo la insignia del club deportivo. Porque en toda población periférica existe un club que agrupa jóvenes adictos al balón, y estas pequeñas organizaciones vecinales reflejan un retrato del pasatiempo barrial que alegra sus días festivos con el ritual del partido en la cancha. Así, la misma cancha, que en estos confines latinoamericanos no es el campo sport tapizado de verde musgo, se transforma en una «zona franca» o territorio sin ley que ellos eligen y ocupan también para sus mitines de convivencia, sus fiestas y celebraciones por triunfos o derrotas del equipo, da lo mismo, cualquier resultado es la excusa para festejar con mucho alcohol, que se bebe sin límites y a cualquier hora. Pero especialmente al anochecer, cuando cae la sombra y es más fácil permanecer oculto de la policía en las tinieblas de la cancha mal iluminada por los faroles rotos. Ahí no falta la droga, el querido pasto, los pitos o macoña, como llaman a la cannabis sativa, que ellos mismos siembran en sus tristes jardines. Esta yerba, en la década pasada, era la droga más popular para los chicos del borde. Incluso su consumo llegó a ser aceptado por las madres y familias que no veían peligro grave en la inocente plantita. «Lo pone más tranquilo. Incluso yo misma me tomo un tecito de hojas cuando estoy muy nerviosa», decían las señoras regando la marihuana, que era lo único fértil que brotaba en los áridos jardines. Pero al llegar los noventa, la folclórica marihuana fue desplazada por las múltiples ofertas del libre mercado. Especialmente por la cocaína, que en un comienzo se repartió como un maná entre estos adolescentes para sembrar adictos. La propaganda de este consumo, manipulada por policías y traficantes, parecía decir: «El primero te lo regalo, el segundo te lo vendo.» Y resulta importante hacer notar este cambio de adicción entre los chicos drogos, que luego integrarían las barras bravas, especialmente porque su situación monetaria no les permitió asumir un consumo tan costoso como el de la cocaína. A cambio, y en reemplazo a la frustración de no poder acceder a esa droga de ricos, el mismo mercado puso a su disposición un subproducto de la misma blanca: la droga llamada pasta base, fabricada con excedentes de cocaína, más yeso, cal y otras basuras en polvo. Tal producto se fuma y se vende en cigarrillos a un costo de dos dólares en los suburbios de Santiago. Sólo para empezar y caer en la angustia de su cruel adicción, porque después del primer cigarro y su éxtasis que sólo dura unos minutos, viene un vacío depresivo que obliga a seguir consumiendo desesperadamente otro cigarro y otro y otro, hasta que se acaban las monedas y «la angustia», como le llaman a la pasta base, obliga a los chicos a robar, asaltar, matar para adquirir otra dosis, y así mantener por unos minutos la pequeña felicidad de su desespero.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y todo esto ocurre en el solitario paisaje de la cancha futbolera, el mismo espacio grabado en el recuerdo de la dictadura, porque allí los milicos amontonaban jóvenes en los allanamientos nocturnos a mediados de los ochenta. Estos operativos de represión que sólo afectaban a los barrios bajos, según la dictadura para detectar focos de subversión, son escenas imborrables en la memoria de los pobladores, porque a media noche, de madrugada, cuando el vecindario dormía, el sobresalto de los altoparlantes los despertaba con la orden: «Éste es un operativo de allanamiento, se ordena a todos los varones de la población que a la cuenta de tres tiempos estén formados en la cancha.» Y allí nadie podía contradecir esa orden con metralleta en mano, porque las tropas con la cara pintada entraban a las casas, pateando puertas, quebrando ventanas, sacando a culatazos a los maridos, abuelos, niños y jóvenes, a medio vestir, en calzoncillos, trotando por la calle rumbo a la cancha de fútbol donde, formados en filas, los empadronaban golpeándolos cuando titubeaban al no recordar el número de su documento de identidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por éstas y otras razones, el desolado eriazo de la cancha pareciera ser el punto de partida desde donde comenzaron las movilizaciones masivas de las barras bravas. Los suburbios de Santiago acunaron la fobia antifascista que dio una dura batalla en la dictadura, demarcando entonces un perímetro de resistencia a las botas con la guerrilla urbana que se manifestaba con el cerco de barricadas y bombas molotov que ardían en la noche de protesta. Las noches de oscuridad por los apagones generales que provocaban los jóvenes de 1986, arrojando alambres al tendido eléctrico, enfrentándose a piedrazos con la máquina militar. Siendo detenidos, torturados y humillados constantemente en las cárceles donde eran llevados en manadas, a golpes, sin ningún derecho civil que avalara estas razias. Son muchos los que cayeron en esta lucha por la esperada libertad. Son más los que gastaron sus cortos años en militancias clandestinas, paros estudiantiles, tomas de colegios, vigilias por los desaparecidos, ayunos y todo el esfuerzo humano que significó el regreso al sistema democrático. Ellos participaron activamente en las concentraciones y marchas por el «No», que a fines de los ochenta, hicieron tambalear la dictadura y a principios de los noventa, llevaron al triunfo a la concertación de partidos opositores al régimen.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;CON LA DEMOCRACIA LLEGARON LAS BARRAS&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El cambio político que tuvo Chile con la llegada del gobierno demócrata cristiano de Patricio Aylwin, apoyado por corrientes socialistas, para los muchachos de la periferia sólo fue una alegría pasajera, porque al correr el tiempo se develaron los amarres constitucionales y los aparatos de represión que la dictadura dejó intactos para custodiar probables desenfados sociales. Así, la policía, luego justificada por la democracia, incentivó la represión callejera dirigida especialmente a la juventud. Como una forma de venganza con los protagonistas de las protestas, los carabineros activaron la ley de detención por sospecha, realizando masivas detenciones en todo Santiago, pero especialmente a esa juventud excedente que dejó el traspaso político. Bandas errantes de anarquistas con pelos largos y vestimentas llamativas, grupos de esquina que tomaban alcohol y fumaban marihuana escuchando un partido de fútbol o un concierto de rock, eran apresados y formados en filas al grito de: «Todos contra la pared.»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En este clima de decepción, hicieron su estreno vandálico las barras bravas. Principalmente las dos más importantes: la Garra Blanca y Los de Abajo. La primera que se dice la más antigua y fundadora de este fanatismo neorromántico, es adherente al Club Deportivo Colo Colo, un equipo que lleva por insignia el perfil del cacique araucano Colo Colo, un personaje heroico que defendió el territorio mapuche durante la Conquista. Esta barra lleva en sí esta épica, y la escenifica en el contexto socio-político de quienes la componen: mayoritariamente jóvenes de la periferia que llevan en sus rasgos faciales la porfiada herencia mapuche. Se llaman a sí mismos «INDIOS PROLETAS Y REVOLUCIONARIOS», contradiciendo el típico arribismo desclasado de la actual sociedad chilena. Así, la Garra Blanca ostenta el orgullo de reconocer y asumir su origen humilde, lo cantan en sus himnos, lo escriben en sus graffitis, lo gritan en sus consignas, como una manera de hacer presente el sustrato más desprotegido por el modelo económico impuesto por la dictadura y sustentado por el neoaburguesamiento de la democracia actual.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;«TE QUIERO ALBO, TE LLEVO EN EL CORAZÓN»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Garra Blanca parte como tal hacia fines de los ochenta, pero fue en 1985 cuando diversos desajustes al interior de la barra oficial de Coló Coló, que por entonces se llamaba Quien es Chile, provocan la división de los hinchas, al parecer por desacuerdos generacionales. «Fue algo que se venía dando de a poco. En el grupo juvenil éramos como cincuenta. Digo entre comillas, porque a los de poca edad no nos tomaban en cuenta. Y como no podíamos participar en los carretes que hacían ellos, nos marginaban. Y dentro de esos marginados notábamos líderes, como el Guatón Jano, un compadre al que le gustaba decir garabatos y rompía con las reglas. Siempre tenía problemas con la directiva, hasta que un día lo echaron porque insultó a un dirigente, y al próximo partido él se puso al medio de la cabecera norte del Estadio Nacional, cantando solo, y nosotros lo seguimos. Ahí empezó todo.»1&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Este primer grupo de chicos rebeldes, entre los que estaban el Snoopy, el Ángel y el Samuel, por cierto también tenían otras formas de celebración deportiva que se diferenciaba de las aburridas tardes del estadio en la barra tradicional. Por ahí corría una caja de vino, más allá humeaba un pito de marihuana, alguno gritaba «Muera Pinochet», incorporando la contingencia política a la consigna deportiva, y este loco desenfado fue creciendo hasta opacar a la antigua barra, que desapareció en el protagonismo noticioso de la Garra Blanca, nombre que ellos tomaron usando como referencia la Garra Negra del equipo Corinthians de Brasil. El resto se fue dando solo. Fueron perfilándose como movilización colectiva de jóvenes que llegó a juntar veinte mil personas adherentes a la consigna «Te quiero albo, te llevo en el corazón». Lo de albo viene del color blanco de la camiseta usada por el Colo Colo, contradiciendo irónicamente la propaganda de barbarie negra que cargan por los constantes desastres que ocurren después de cada partido. Graderías ardiendo, miles de palos, piedras y botellas que llueven en la cancha, decenas de autos con los parabrisas rotos, declaraciones por televisión de los dirigentes del equipo, culpando al extremismo izquierdista que infiltró el sano corazón deportivo de los binchas, el intendente de Santiago diciendo que el Club Colo Colo debería hacerse cargo de las millonarias cuentas por daños y perjuicios, pero los dirigentes del club contestan que no se hacen cargo de estas cuentas porque la denominada Garra Blanca opera más allá de los límites de su control. No los reconocen como barra oficial, más bien fueron expulsados de la hinchada que sigue al equipo. Entonces el enamorado fervor de los chicos garleros es un sentimiento huérfano que va por ahí con sus desmanes, es una fidelidad nómada que se resiste porfiadamente al empadronamiento que propone la Ley de violencia en los estadios. A cambio, ellos se reúnen clandestinamente en bares de barrio a planificar sus acciones. Ahí en el entierrado paisaje de la cancha que los vio nacer, organizan su estrategia de moverse en grupos fraccionados que se arman en cada barrio de Santiago; Los Killers, Los Incansables, La Río, Holocausto, Los Revolucionalbos, Los Ganster's de Cerro Navia, son algunos de los «colectivos de trabajo» que posee la Garra. Dicen colectivos de trabajo, siendo irónicos con la cesantía de sus miembros que cantan incansables: «Yo no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, no me voy a empadronar, quiero cantarle al albo todo el día, culiarme al chuncho (U. de Chile) y a la policía.»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El tema del empadronamiento de las barras fue una larga polémica que se dio por los medios de comunicación. Para que ellos aceptaran el fichaje de entregar nombres, fecha de nacimiento, cédula de identidad y domicilio, se les ofrecía todo tipo de regalos y garantías: materiales para renovar los antiguos lienzos maltratados en la lucha urbana, nuevos bombos para renovar el tam tam, que resuena como el corazón al centro de las barras bravas, un lugar bien identificado que sirviera de secretaría de los hinchas, apoyo económico para futuros proyectos, etcétera. «Como si fuéramos niños nos ofrecían juguetes por nuestra libertad», dice Erick, de la Garra Blanca, agregando que nunca aceptaron ser partes de ese chantaje. Total en todos estos años de clandestinidad, la Garra aprendió a moverse con sus escasos medios, juntando las monedas para reparar el bombo que se rompió huyendo de la policía, armando tocatas de grupos rock heavy metal, solidarios con la barra, preparando fiestas y poder sacar la revista Garra Blanca, la voz auténtica del alma garrera. Una publicación que lleva tres números, con un tiraje de tres mil ejemplares en papel couché, fotos a color, cuidada impresión, con el mínimo avisaje a un costo de seis millones que salen quién sabe de dónde. Seguro de cualquier movida pirata que manejan los chicos del borde, cualquiera, incluyendo saqueos y otros traspasos delictuales, menos vender el alma al mercado. Aunque en una ocasión aceptaron que Trofeos Mille les financiara un lienzo gigante de cincuenta metros. A cambio, debían poner la publicidad a los costados, pero ellos dejaron sólo la consigna barrista y eliminaron la propaganda con la excusa de que los pacos habían roto esa parte.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;«MÁS QUE LA PATRIA, MÁS QUE LA MADRE, MÁS QUE UNA RELIGIÓN»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pareciera que el callejeo filudo e ingobernable de la Garra Blanca, es la única filosofía que mueve las políticas infractoras de su errancia, llevando como ideología el deseo de triunfo deportivo de su equipo. Pero incluso más allá que el mismo equipo, la pasión barrista excede el fans club personalizado, para transformarse en un otro devenir múltiple de sociales deseos. «Los jugadores pasan y la barra queda», dice con algo de tristeza Erick, editor de la mencionada revista de la Garra, acentuando sus motivos de inestabilidad social que lo hacen estar allí. Como si en un momento hiciera un paréntesis en su fanatismo, para mirar más lejos y ver en el futuro cercano su calidad de sujeto no garantizado por el sistema actual, comparando quizás su mísera situación con la millonaria paga que reciben los jugadores del equipo de sus amores. El fútbol es una empresa transnacional que compra y vende sujetos como esclavos que saben mover las piernas, le comento a Erick. Me contesta que es cierto. «Pero es la única posibilidad que tienen algunos de salir del barrio y ser alguien en la vida. A nosotros nos cae bien Zamorano porque aunque está millonario y famoso, nunca olvida su clase.» Pero solamente son contados los chicos que llegan a primera selección, el resto sigue dándole al bombo en las galerías donde la Garra Blanca se hace presente con la espectacularidad de su transitorio montaje. Ahí, en la barra, en el perímetro organizado de su formación, son libres. «Es la única libertad que conozco», dice Erick, describiendo la estrategia grupal de atrincherarse en un solo lugar del estadio para protegerse de la agresión policial o de la barra enemiga. «Ahí soy otro», repite, narrando las mil maneras que usan para pasar de contrabando el alcohol y las drogas que arengan la fiesta. Porque a la entrada del estadio deben pasar por un control minucioso de manos policiales que los manosean y perros que los huelen mostrando los dientes. Pero igual pasan el copete en bolsas plásticas que ocultan en sus genitales. «Es lo único que no nos tocan», ríe Erick cuando recuerda que una vez de tanto saltar y apretarse en el grupo, la bolsa se rompió derramándose el alcohol (pisco) en su entrepierna, y fue tanto el ardor, que pasó todo el partido echándose agua en los baños.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Estas formas de piratear la pasión dionisiaca al interior del campo deportivo, también incluyen la identidad de los barristas que usan múltiples chapas, apodos o sobrenombres para nombrarse, y así escamotear la ficha punitiva del empadronamiento; se reconocen por el Víper, la Chica Sandra, el Palomo, el Rodilla, el Barti, el Jota, el Lucho o el Erick a secas, sin apellido, sin pasado, sin familia, porque su única familia es la pasión barrista que en las graderías encuentra su enamorado descontrol.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los motivos de sus rabias y desastres callejeros son muchos, tantos como las biografías resentidas que viste la camiseta insignia de la barra. Y aunque todos coinciden con motivos de triunfo o derrota del equipo, agregan que también porque Pinochet ingresó al Senado en Valparaíso. Y ahí los vi una vez más, en la protesta masiva que estalló frente al Parlamento. Ahí estaban, con sus pasamontañas de combate, igual que el Subcomandante Marcos, pero movilizados en skateboard. Entre el humo de las bombas lacrimógenas, pasaban raudos tirando su artillería de piedras y encendiendo barricadas que inflamaron esa vergonzosa mañana en el puerto. Era difícil distinguir a qué barra pertenecían (a la Garra o Los de Abajo). En estos casos de refriega urbana, ellos ocultan sus rostros de la televisión y los fotógrafos. Tampoco llevan los emblemas del equipo, más bien hacen un pacto de no agresión en estas fechas contingentes, donde la memoria política los hermana en un solo motín de rebelión. Al igual que todos los aniversarios del Once de Septiembre, cuando se conmemora el golpe militar de 1973, y las agrupaciones de detenidos desaparecidos o ejecutados políticos marchan por las calles hasta el cementerio, las barras bravas son infaltables en el largo cortejo que cruza la ciudad, enarbolando banderas rojas, pancartas políticas y las fotos de los detenidos desaparecidos prendida al pecho de las madres huérfanas que perdieron a sus hijos. En este ritual de la memoria, los chicos barristas aportan su rebelión callejera cuando los escuadrones de policías atacan la marcha con sus gases lacrimógenos. Ante tal provocación, las dos barras se unen para contraatacar la repre. Y en el caos que provoca esta violencia uniformada, a veces los duros chicos barristas ayudan a las señoras que en la confusión han perdido un zapato. Ellos forman un escudo de contención en el Memorial (Monumento a los Detenidos Desaparecidos), para proteger a mujeres y niños del ataque policial, que año a año justifica un vocero de gobierno, declarando: «Carabineros actuó en legítima defensa». Por cierto, estas excusas hacen reír a los chicos barristas que en la refriega, acentúan los piedrazos contra la hipocresía oficial. En una oportunidad, cerca del cementerio, se encontraron con una tienda de zapatos Hush Puppies; un calzado para ricos por su alto precio, inalcanzable para los jóvenes pobres. Ellos no lo pensaron dos veces, y saquearon el lugar, dejando en la vitrina sus gastados zapatos rotos. En otra oportunidad, cuando regresaban de un partido realizado fuera de Santiago, aburridos del sopor del tren que los llevaba a buen destino, decidieron descarrilar el último vagón donde se encontraban. Y el tren siguió por la línea sin percatarse de que sus revoltosos pasajeros habían tomado otro rumbo. Tal vez para huir del ordenamiento que dirige el tránsito vehicular. Tal vez para ser dueños, por única vez, de un tren real. «Ellos, que de niños soñaron con el trencito eléctrico, juguete de la infancia rica, por esa vez tuvieron un tren de verdad, para irse a Disneyworld o Woodstock, alejándose de los tierrales secos de la pobla, de la ley pisando los talones y siempre arrancando, toda la vida en apuros de colegio, cárcel y hospital.»2&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez en la lúdica agresión de ciertas acciones que ejecutan las barras, afloren resentimientos de clase que han marcado duramente el transcurso de sus pendejas vidas. Como niños grandes que juegan a bandidos justicieros, se adueñan de aquello que el Tercer Mundo les negó.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Otras razones que han detonado la rabia en los miembros de las barras se relacionan con injusticias raciales o segregaciones étnicas; como cuando se filmó el apaleo brutal a negros en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, los chicos sintieron en carne propia la luma policial, y lo manifestaron en acciones de protesta. Al igual que frente al desalojo del pueblo mapuche de sus tierras en el Alto Biobío para construir una represa, la Garra Blanca, solidaria, organizó un masivo acto de repudio. Pero como ellos acostumbran escupir sus broncas, con mucho ruido de consignas, aullidos de trutrucas y violento metal-rock, el concierto llamado Festival de Resistencia Mapuche, congregó bandas rockeras de Chile y Argentina que pusieron su estruendo musical junto a la causa de los pueblos precolombinos. Allí estuvo A.N.I.M.A.L., Fiscales, Panteras Negras, Los Miserables, guitarreando su lenguaje tribal junto al discurso de Aucán Huilcamán, voz pública del Consejo de Todas las Tierras. Lo recaudado en las entradas fue en beneficio de esta agrupación. De esta manera, los chicos barristas irradian su política agresión, complicitándose con otras causas minoritarias. Y ellos ponen su corazón resentido junto a las víctimas del atropello neoliberal; el resto, soltar amarras de pasión y seguir al equipo dónde vaya, cómo sea, juntando las monedas y contratar un bus que sale de Santiago tambaleándose con tanto ebrio que canta con lágrimas en los ojos: «Yo nací en un barrio de fonolitas y cartón, yo fumé marihuana y tuve un amor/Muchas veces fui preso y muchas veces rompí la voz./ Atora en democracia todas las cosas siguen igual, nos preguntamos hasta cuándo vamos a aguantar./Ahora que soy de abajo he comprendido la situación, hay sólo dos caminos: ser bullanguero y revolución.»3&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;UN INCANSABLE GÜEVEO TRANSHUMANTE&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Salvándose de los controles policiales, los buses de las barras trasladan su desacato púber a todo el territorio sudamericano. Por la enorme carretera sur llevan el ronco canto de su desencanto por los pueblos y ciudades que los ven pasar con cierto terror. Porque cuando el bus se detiene por falta de alcohol o comida, ellos se bajan a pedir, y si no les dan, arrasan con los Esso Market de la carretera, y dejan como prenda una bandera del equipo y el alfabeto prófugo de sus graffitis. Una escritura propia de la tribu barrial que mezcla trazos de signos góticos con letras filudas de la gramática rockera. Cruces invertidas y vocales de flechas, convocando satanismo y códigos precolombinos de lenguaje. Y todo este conjunto de jeroglíficos es la huella intraducible de su pellejo peregrinar. Por cierto indicios difíciles de leer para sus uniformados perseguidores. Sólo trazos, garabatos tiernos de su silabario sudaca, que incansable, tizna las murallas recién pintadas de la «democracia feliz».&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pareciera que en este gesto de rayar y rayar muros con la caligrafía profana de sus graffitis, ellos confrontaran críticamente el nuevo orden educacional del libre mercado, las políticas clasistas de las universidades y colegios privados que inauguró el modelo económico a los que no tienen acceso los jóvenes pobladores que no pueden pagar sus altas mensualidades. Pareciera que los rayados de las barras fueran signos que decoran la ciudad, conteniendo todo el desencanto que les dejó la transición democrática. Esta manera de hacerse visible en la limpia pizarra urbana, delata su estigma de chicos duros ajusticiados por un sistema, que antes de nacer, ya les tenía escrito su prontuario.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así y todo, ellos son los únicos que se la creen destruyendo las señales del tránsito que encuentran a su paso, los letreros del PARE, SIGA, NO DOBLAR, DETÉNGASE, los echan por tierra y van trazando una estela pirata en la experimentación anárquica que afiebra el camino. Los barrios pudientes de la capital tiemblan cuando algún partido de fútbol se realiza en el estadio San Carlos de Apoquindo de la Universidad Católica, sobre todo porque días antes, las autoridades en seguridad declaran que han reforzado la protección policial a las casas de los ricos. Se lleva a cabo un costoso aparataje de represión, como si publicitando la prevención, se desafiara la batalla campal antes anunciada. Y así ocurre, así aparecen en la televisión las manadas de chicos esposados caminando cabeza gacha al retén policial. Pero no todos son detenidos; el resto, en enjambres de poética destrucción, se la cobra con los jardincitos, autos lujosos y toda la juguetería que ostenta la clase alta, el 1,8 por ciento de las familias chilenas que viven con ingresos mensuales de siete millones de pesos y más. Tanto contraste socioeconómico acentúa la ira de los jóvenes proletarios, que luego del vandálico deporte, desaparecen en la sombra cómplice que les brinda la urbe, regresan a su territorio al compás de sus cantos, con la melodía de sus himnos que rescatan viejas canciones del gusto popular y las rescriben con las demandas de nuevas letras. Así, las históricas marchas de la Unidad Popular que animaron la candidatura de Salvador Allende, vuelven a sonar como new cover de la vieja utopía. El conocido «Venceremos» resuena hoy como un eco fresco en el estadio Nacional, que fuera campo de concentración en los inicios de la dictadura. Pero ellos lo cantan sin nostalgia, sin repetir el triste optimismo de la arenga izquierdista. Sólo rescatan el hilo musical que ellos nunca entonaron en aquella lejana fiesta, que sólo les llegó en casetes prohibidos o testimonios de padres y familiares exiliados o detenidos después del golpe. Por esto, aunque la prensa oficial los acuse de alma negra, drogadictos, vagos y borrachos, los chicos del margen saben elegir a la hora de entregar su adhesión (no su voto, son muy pocos los inscritos en los registros electorales). Ellos vislumbran en la penumbra ingenua de su joven emoción, la memoria estropeada del país que los vio nacer, y la vuelven a experimentar con los avatares de su batalla cunetera.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para el ojo punitivo del sistema, representan las ovejas negras que dan mal ejemplo a la actual juventud exitista, conservadora e idiotizada por la navidad consumista de los mall, shoping y centros comerciales del Miami chileno. Pero más bien, las pandillas barristas representan un excedente humano que altera la risa cínica del Chile triunfador. El Jaguar descalzo del Cono Sur, el experimento económico que traza sus macropolíticas como un ave Fénix sobrevolando la techumbre oxidada de la periferia, y el paisaje opaco de la cancha de fútbol donde los ángeles de suelas rotas amortiguan su chasconeado pasar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;NOTAS&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;1. Entrevista diario Las Últimas Noticias, 23 de marzo de 1997.&lt;br /&gt;2. Pedro Lemebel, La esquina es mi corazón (crónica urbana), Editorial Seix Barral, 2001.&lt;br /&gt;3. Himno de Los de Abajo (con música del «Venceremos»), Página Abierta, 2 de febrero de 1992.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115300631899985296?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115300631899985296/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115300631899985296' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300631899985296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115300631899985296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/la-enamorada-errancia-del-descontrol.html' title='La enamorada errancia del descontrol'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258877373050246</id><published>2006-07-24T12:29:00.000-03:00</published><updated>2006-07-24T00:43:43.266-03:00</updated><title type='text'>Los ojos achinados de la ternura mongólica</title><content type='html'>&lt;p align="right"&gt;&lt;em&gt;Delicadamente, a Karin&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al parecer, estas sociedades automatizadas en su cuadratura dominante privilegian únicamente el aparato de la razón que pueda mantener en orden los sistemas de control. Así, se establecen categorías de «lo sano y lo enfermo», a partir de un patrón generalizado por leyes de conducta. La psiquiatría, la psicología y otros boliches de la mente simulan aceptar las variables del género humano con cierta compasión, con algo de superioridad lumínica que comprende y trata de reparar con terapias, electroshock, lobotomías y psicoanálisis los desvíos delirantes de las mentes con problemas. Pero hay casos que escapan a todo tratamiento, mundos paralelos que vienen liberados de la lógica pensante, universos autónomos que intentan compartir la ternura irracional de su mongólica mirada, sin tratar de adaptarse. Más bien, subrayando con sus ojillos achinados el desastre banal de la actual lucidez.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En este sentido, el llamado síndrome de Dawn agrupa, excluyendo, a una parte de los ciudadanos que viven esta característica. Les pone etiqueta de tontos sin retorno, suavizando la agresividad de la palabra mongólico con la ficha clínica de «síndrome de Dawn», como si se bautizara a la comunidad entera con el apellido del científico que aisló y catalogó la enfermedad en el extremo intratable de la locura.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Recuerdo, hace un tiempo, en la presentación de mi libro &lt;em&gt;Loco afán&lt;/em&gt;, se me acercó una señora con su hija de alrededor de 12 años, y le decía a la niña: «Mira, él es la persona que habla por la radio. Él es Pedro Lemebel, salúdalo.» La niña me deslizó su visión chinesca sin verme, o viéndome con la misma indiferencia que miraba al público de la sala. «Ella lo escucha todos los días, don Pedro», me comentó la mujer, «y me obliga a prender la radio a la hora de su programa. Por eso la traje para que lo conozca.» Pero la niña estaba más entretenida mirando cómo el humo de los cigarros temblaba, subía y tomaba formas con el reflejo de la luz. «Salúdalo, dale la mano», la tironeó suavemente la madre. «No se preocupe, déjela, si ella quiere me saluda», le contesté. Entonces, al escucharme hablar, su mirada divagante me sintonizó en un punto de su infantil atención. Me sentí invadido por la presencia de la niña, que transformó todas las líneas horizontales de su cara en una emotiva sonrisa. Y me abrazó bruscamente, estrujándome con la tensión de una fuerza impensable para sus cortos años. «Ellos son así», me comentó la señora como disculpándose, al tiempo que se retiraba y desde lejos la pequeña me miró por última vez, proyectando su dulce diferencia entre la multitud ansiosa que llenaba el lugar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Allí, esa niña me enseñó una lección o reafirmó ciertos discursos que yo había leído sobre lo minoritario. Ella era la minoría entre todos mis lectores homosexuales, mujeres, proletarios con rasgos indígenas y militantes de izquierda que me estiraban el libro para autografiarlo. Ella, allí, era un desvío de la emoción, proponiendo otras formas quizás más oblicuas de comunicarse. Tal vez proposiciones más primitivas, más directas y también más descalificadas por los cerebros elocuentes que superaron la niñez y hoy como corruptos adultos, solamente se saludan con un sudor de manos. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En la actualidad, la inteligencia formal y exacta desprecia otras formas de coexistencia. Pero cree reparar esta segregación sometiendo a estos niños a la utilidad práctica de su enfermedad. Los contrata de mozos para atender cócteles, usando su descolocamiento social para situarlos en el lugar domesticado de la servidumbre. Por cierto, al parecer ésta sería la solución más lógica y mercantil para integrar con piedad al mongolismo a una civilidad que no lo soporta. Pero allí, en el salón del cóctel, ridiculamente disfrazados de mozos, llevando bandejas y copas, parecen ser más atractivos o exóticos para la burguesía que continuamente reemplaza a su servidumbre. Lo mismo que en una teleserie de Televisión Nacional, donde pusieron a un chico Dawn para que se represente a sí mismo, reiterando la crueldad de ponerlo frente a su propio espejo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es fácil encontrar a estos chicos y verlos habitar la ciudad casi siempre de la mano de un familiar a quien ellos colman de besos, sin ningún pudor, sin ninguna vergüenza. Como si en esta fiesta de caricias, develaran el cortinaje de cinismo que educa nuestros afectos. Ellos son así de libres, y van esparciendo su zigzagueante mirar por los viaductos de la urbe controlada, quizás proponiendo un paréntesis o una ruptura a la lógica civilizada de nuestro tedioso pasar.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258877373050246?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258877373050246/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258877373050246' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258877373050246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258877373050246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/los-ojos-achinados-de-la-ternura.html' title='Los ojos achinados de la ternura mongólica'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258839665026558</id><published>2006-07-21T09:46:00.000-03:00</published><updated>2006-07-21T09:53:31.796-03:00</updated><title type='text'>Pin-Pón (o la luna trizada del nunca despertar)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Tal vez la televisión para los niños ha reemplazado al libro de cuentos, las hadas, las princesas y todo ese universo etéreo protegiendo a los peques de las maldades del mundo, esa cápsula que los aislaba de la dura realidad con su arqueológica miel de fantasía. Así, la caja luminosa ha impuesto tíos, madrinas y parvularias que creen entretener con su cantito bobo a los pendejos drogados hoy por los monos japoneses. Pero hace varias décadas, la memoria de una pasada niñez archivó una serie de programas a la hora de once para nuestra ingenua vida de enanos pegados a la tevé. Por entonces, en la Unidad Popular, estaban los mimos de Noisvander animando la matiné izquierdista en ese clima alterado por el cambio social. También Pin-Pón, el muñeco saltarín que se empequeñecía sobre el piano de Valentín Trujillo, entonando su pegajoso canto. Pero Pin-Pón era un símil de Pinocho, una marioneta viva que enseñaba a jugar pintando, a jugar haciendo la cama, a jugar tomándose la sopa, a jugar haciendo las tareas, quizás como una disfrazada forma de hacer productivo el ocio infantil. Y entonces, uno se la creía, y «cuando las estrellitas comenzaban a salir», nos íbamos a la cama sin reclamar, arrullados por la balada hipnótica de Pin-Pón. Tierna infancia, dulces sueños de aventurarnos en un jardín como una selva gigante de la mano del muñeco, estremecidos por el zumbido de un helicóptero que resultaba ser un moscardón. Lejana ingenuidad de mirar el mundo desde abajo, conmovidos por el globo plateado de la luna en nuestro cielo verdejo, donde unos astronautas habían llegado sin toparse con los marcianos. Más bien, los marcianos eran otros niños pequeños que soñaban con nosotros, terrícolas en su pesadilla espacial. Y algún día, cerca del 2000, podríamos conocerlos. Qué lejano e inalcanzable estaba el 2000, la esperada &lt;em&gt;Odisea del espacio&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por allá, a comienzos de los setenta, el conocido Marcelo, de &lt;em&gt;Cachureos&lt;/em&gt;, era un cantante del montón que aparecía en los actos de izquierda apoyando a la Unidad Popular, pero después, con la violenta llegada de los bototos, se acomodó al nuevo régimen, inventándole a la niñez de la dictadura el mofletudo Tío Marcelo y la tropa de personajes de Cachureos. Y en realidad, lo mejor de este programa es el nombre, que identifica la basura angelical que reparte el guatón en su show de monstruos buenos y chistes torpes. No se sabe si a los niños les gusta tanto, o simplemente se acostumbraron al griterío simplón del «corre que te pillo». Casi en la misma época, un set de parvularias cuicas crearon el grupo Mazapán, insertando en la televisión la didáctica del kindergarten para alegrar a los pitufos. Eran cinco o seis tías rubias que conquistaron la teleaudiencia pendeja con su guitarreo pirulín. En ese edén de cabros buenos y niñitas rosadas, no cabían las brujas indias, ni las princesas chulas y feas. Todo era de dulce mazapán, que es un tipo de golosinas consumidas en el barrio alto, donde estas hadas regias y flacuchentas repartían encanto y fantasía para la ricachona niñez. Demasiada bondad de reinas sin drama tenían estas niñas universitarias de tierno mirar. El complejo espacio de la niñez aparecía reducido nada más que a un cielo de merengue, donde las tías Mazapán trinaban su catecismo de pequeña moral para los niños atontados de tanto tirulí y cuchuchú. Ya casi a mediados de los ochenta, la pareja del Tío Memo y la Tía Pucherito pegaron fuerte en el corazón pichintún con su «Vamos de paseo en un auto feo, pero no me importa porque como torta». Era un show similar a los anteriores con la misma musiquita reduccionista del Colorín Colorado, con las mismas caras pintadas de payasos festivos que hacían bailar estadios llenos. Pero esto duró hasta la separación de la pareja, y después el oscuro incidente donde se vio implicada la amorosa Tía Pucherito. Pero en fin, estas hadas y tías madrinas de la tele también son de carne y hueso, también viven divorcios, abortos, prontuarios penales y exilios políticos, como el querido Jorge Guerra, el recordado Pin-Pón, que al regresar al país, quiso reponer su personaje sin ningún éxito, sin lograr conmover el alma indiferente de la niñez tecno en los noventa. Y quizás, el arrugado «muñeco con cuerpo de aserrín» actualmente sólo pueda afectar a los niños cuarentones de esa generación maltratada por la dictadura, que hoy antes de dormir, evocan en esta nostálgica marioneta humana la luna trizada de un lejano despertar.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258839665026558?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258839665026558/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258839665026558' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258839665026558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258839665026558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/pin-pn-o-la-luna-trizada-del-nunca.html' title='Pin-Pón (o la luna trizada del nunca despertar)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258823565558292</id><published>2006-07-18T23:50:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T00:03:03.143-03:00</updated><title type='text'>Los duendes de la noche</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y no hay que abrir demasiado los ojos para verlos, para descubrirlos en la telaraña metálica y deshumanizada de la urbe, ni siquiera hay que dejarse llevar por el espíritu caritativo del padre Hurtado, que dedicó su vida a educarlos y entregarles una formación católica que los arrancara del pecado y la noche. Tampoco son ángeles, más bien duendes proscritos, niños y niñas de 5 a 14 años que escapan de sus casas, huyendo de un padre borracho, prófugos de hogares para pelusas guachos, como la extinta Ciudad del Niño en el paradero 18 de la Gran Avenida donde ahora construyeron un gran mall, o el Hogar de Carabineros Niño y Patria, allí donde el violador fue el padrino, el carcelero, el maestro, el cuidador o el compañero de camarote, que al cumplir 14 años, desató su sexualidad reprimida amordazando al pequeño, y lo penetró en la indefensa noche de su atorrante infancia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El resto ya es pan comido, masticado duramente en las veredas cochinas donde se reúnen al calor de un cigarro. Preferentemente son los paraderos de micros, la bajada y subida de pasajeros a quienes se les implora una moneda con azulada inocencia, o también si van desprevenidos, les arrebatan la cartera y desaparecen tragados por la sombra cómplice de la ciudad. Luego, después de botar los documentos y deshacerse de la cartera, con el dinero sustraído compran cajas de chicles, chocolates, gomitas de eucaliptos o calugones Pelayo, y se suben a la misma micro ofreciendo este azucarado comercio. Y en el continuo sube y baja de la pisadera, se escuchan sus voces roncas de tabaco y frío sonámbulo de invierno madrugador. Se oyen sus risas de enanos viejos, acostumbrados al humor obsceno de la calle, al sexo lunfardo de las cunetas, y con sólo 12 años, prostituyen su cuerpo lampiño en las rotondas, tiernamente lujuriosos, ofreciendo a los oficinistas de paso una rosa en flor.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;No son ángeles, tampoco inocentes criaturas que adoptan la ciudad como una prolongación de su itinerario torreja. La vida los creció ásperamente desde la pobla, el orfanato o la cárcel juvenil, donde la miseria económica ensució sus cortos años. Adictos a todos los vicios, inflan la bolsa de neoprén con sus ñatas pegajosas y asfixiadas por el exilio y el hambre. No son ángeles urbanos, tampoco responden a la imagen de la tele, donde el niño vagabundo y rehabilitado suplica ayuda para alguna fundación de beneficencia. La ciudad pervirtió la dulzura que la niñez lleva en el mirar, y les puso esa sombra malévola que baila en sus ojillos cuando una cadena de oro se balancea al alcance de la mano. La ciudad los hizo esclavos de su prostíbula pobreza y explota su infancia desnutrida ofreciéndola a los automovilistas, que detienen el vehículo para echarlos arriba seducidos por la ganga de un infantil chupar. Luego vendrá la calle nuevamente y el eterno deambular por el Santiago anochecido que aventura el pirateo de su coja existencia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ya no son ángeles, con esa biografía pata mala que avinagró su cachorro corazón. Ya no se podrían confundir con querubines, con esas manos tiznadas por el humo de la pasta base y las costras del robo a chorro que arrebata una billetera. Pero aun así, a pesar de la ciénaga que los escupió al mundo, todavía una luciérnaga infante revolotea en sus gestos. Tal vez una chispa juguetona que brilla en sus pupilas cuando trepan a una micro y la noche pelleja los consume en su negro crepitar.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258823565558292?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258823565558292/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258823565558292' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258823565558292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258823565558292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/los-duendes-de-la-noche.html' title='Los duendes de la noche'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258810957993874</id><published>2006-07-17T10:12:00.000-03:00</published><updated>2006-07-17T10:12:28.483-03:00</updated><title type='text'>El primer día de clases («Uf, lunes otra vez»)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y pareciera que todos andamos esperando la primera lluvia para relajarnos, para decirle adiós al eterno verano y por fin asumir el año que recién comienza en marzo, cuando el país retoma su agenda de burócrata planificado, cuando de un dos por tres se pasa del febrero ocioso a las carreras por las tiendas buscando el uniforme escolar, porque los niños ahora crecen de pronto. Uno no se da ni cuenta y los pitufos te miran desde arriba, alegando por la ingeniosa ley que acorta las vacaciones y los mete de sopetón en el odiado primer día de clases. Ese latero reencuentro con la institución educadora, con esos profesores almidonados que les dan la bienvenida con sonrisa chueca. Los profes que ahora son jóvenes, recién egresados de las universidades, que fuman pitos e igual odian dejar el carrete, los jeans y las zapatillas para entrar en su doble vida de impecables reformadores. Y quizás, ése es el único punto en que alumnos y profesores se encuentran realmente, planchando la ropa, ordenando papeles y cuadernos para comparecer en el bostezo ritual de la primera mañana escolar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Allí, alineados en el patio, separados por curso y género (porque juntos se fomenta la fornicación adolescente, dicen los educadores). A esa hora de la mañana, tener que escuchar los interminables discursos de la directora, que con los ojos blancos, cacarea su oración por la santa patria, por el puro Chile que te educa para ser chileno (qué novedad), por las buenas costumbres, que por lo general son para los estudiantes chupamedias, que escuchan en primera fila con cara de santurrones el discurso de la señora. Mientras atrás, a puro pellizcón, los inspectores mantienen a raya a los desordenados, a los pailones de la última fila, los que no se cansan de joder con sus bromas y chistes picantes. Los que se tiran peos e inundan el ordenado aire de la mañana escolar con ese olor rebelde. Tal vez son los únicos que escuchan el discurso de la directora, los únicos que le ponen atención para imitarla, para remedarle su cursi y mentirosa acogida. Y la escuchan porque la odian, porque saben que ella no los pasa, detesta su música, su ropa y sus peinados y su desfachatez de pararse en el mundo así. Y llega cada año con nuevos reglamentos y castigos e ideas y talleres lateros para que sus niños ocupen mejor el tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los estudiantes de la última fila saben que la directora nunca los pierde de vista. Y por cualquiera anotación pasarán por su oficina cabizbajos, escuchando el mismo sermoneo, la misma citación de apoderados, el mismo: «Hasta cuándo, González. Hasta cuándo, Loyola. Hasta cuándo, Santibáñez. ¿Nunca se va a aburrir de hacer tanto desorden?» Y la verdad, los alumnos de la última fila seguirán con sus manotazos y pifias mientras la sagrada educación nacional no los represente. Mientras les alarguen la tortura de las clases hasta las cuatro de la tarde, ellos seguirán riéndose del tiempo extra que gasta el Estado para domarlos. Si nadie les preguntó, si nadie les dijo a ellos, que son los únicos afectados. Y por eso los chicos andan a patadas con los bancos, escupiendo con rabia a espaldas del inspector que los manda a cortarse el pelo. Ese largo pelo que durante las vacaciones se lo lavaron y cuidaron como seda. Esa hermosa cascada de cabello que los péndex se sueltan femeninos cuando van a la disco. Tal vez lo único ganado de todas las revoluciones y luchas juveniles. Esa larga bandera de pelo que los chicos se desatan clandestinos y la educación se las arrebata de un zarpazo. ¿Entonces cómo esperan que ellos tengan otra actitud frente a esta agresión oficial que les quita lo que más quieren? Cómo pretender que en la última fila no vuele una mosca, si todos los ojos del primer día de clases están puestos en ellos, entretenidos en reírse de las amorosas palabras de la directora, tirándose flatos cuando ella presenta al alcalde. El gordiflón que impuso el pelo corto, que se hace el buena onda recordando sus lejanos días escolares. Eso fue en Jurasic Park, se escucha atrás para callado, y todos los cabros se ríen aplaudiendo el chiste. Y el alcalde confundido, da las gracias pensando que sus palabras han tocado el corazón de los muchachos. El despeinado corazón de la barra joven, que regresa a su prisión pelados como milicos, con una mueca de asco en la boca cuando contestan con rabia: «Presente, señor», obligadamente presente.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258810957993874?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258810957993874/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258810957993874' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258810957993874'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258810957993874'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/el-primer-da-de-clases-uf-lunes-otra.html' title='El primer día de clases («Uf, lunes otra vez»)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258796822467072</id><published>2006-07-13T00:39:00.000-03:00</published><updated>2006-07-13T12:39:30.343-03:00</updated><title type='text'>La primera comunión (o las blancas azucenas de la culpa)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y entre cintitas, santitos y embelecos sagrados, el rito de la primera comunión marcó profundamente la niñez de varias generaciones de católicos que recibieron este sacramento recién cumplidos los seis o siete años, apenas querubines de inocente mirar, forzados a seguir las reglas de esta angélica iniciación. Era preferible que fueran niñas y niños puros, almas sin mácula sometidas a una tortuosa preparación para recibir el cuerpo de Cristo. Y eran eternos meses de catecismo y oraciones y memorizar himnos en latín y asistir a misas de matiné, vermut y noche, entonando el «Alabado-sea-el-augusto-sacramento-del-altar». Eran pitufos obligados a permanecer tiesos, con la mente en blanco y el corazón en reposo, domesticados por la disciplina de la religión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero antes de recibir la primera eucaristía, los niños debían pasar por el sacramento de la Confirmación. Una especie de juramento vitalicio con el catolicismo, dirigido por la presencia autoritaria del cura que, sin ninguna explicación, repartía charchazos en las caritas de los chicos, que se retiraban del altar con la mejilla ardiendo, traumatizados por la bofetada de Dios. Tal vez la mayor prueba de sometimiento a lo divino era la confesión, una rígida entrevista con el sacerdote, sentado en una casucha que parecía water de vaticano, y al hincarse uno frente a la ventanilla, una voz retumbante preguntaba: «¿Qué pecados tienes que confesar hijo?» Y a esa edad, cuando el mundo era una alba pregunta que se balanceaba entre el deseo y el castigo, con ese puñado de años entre las manitas juntas frente a la eternidad, ¿qué podía contestar uno? Con apenas seis años. ¿Qué sabía yo lo que era pecado? Esa palabra terrible, agigantada en láminas de catecismo, en que Adán y Eva, piluchos y entumidos, eran expulsados del paraíso. El pecado, ese monstruo de palabra, asustándonos desde los dibujos donde se quemaban vivos los herejes de Sodoma y Gomorra. El pecado, «ese negro demonio que todos llevamos dentro», insistía el cura desde la oscuridad de la caseta. «Revisa tus pensamientos, busca en tus acciones de palabra, obra y deseos impuros, algo debe haber de malo que contar.»&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y ante esa extorsión, los niños asumían la lepra de la culpa, arrepintiéndose de comer azúcar escondidos de la mamá, culpables de decir chucha, culiao o güevón al compañero de kínder que les sacaba la lengua. Culpables de tirar piedras, quebrar un vidrio o golpear la puerta de la vecina y salir arrancando. «Pero ésos son pecados simples, ¿no tienes algunos más sucios, más terribles?», babeaba el cura su morbosa expiación. Y allí, la culpa se engendraba con más fuerza en el silencio de lo negado. ¿Cómo uno le iba a contar al cura, que sentía gustito cuando el cabro de atrás en la fila del curso me punteaba con su tulita caliente mi potito coliflor? Ese gusto era tan turbio que no tenía perdón. ¿Cómo le iba a narrar al representante de Dios mi lujuria infantil revolcada con los chiquillos de la cuadra? Ésos eran pecados que ya tan chico habían manchado mi carne infantil. Eran incontables, pasaje sólo de ida al infierno, pensaba yo, guardándome muy adentro esa vergüenza carnal. Y con esa tremenda culpa, uno seguía la procesión del sacramento. «¿Algún otro pecado, hijo?», preguntaba el sacerdote con una ronquera de sospecha. Nada más decía yo, aceptando la cuota de padres nuestros y ave marías que debía rezar para ser exculpado.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, con esa bendición de la mano huesuda, el cabrerío ya estaba listo para recibir por primera vez la Santa Comunión. Y esa mañana del 8 de diciembre, el revoltijo de mamás amononando los almidones de las niñitas, todas como novias de inmaculado blanco. Y los niñitos, disfrazados de viejos chicos con su terno y la cinta con un cáliz dorado apretándoles el brazo. Una larga hilera de enanos endomingados subíamos al altar con las tripas gruñéndonos de hambre por el ayuno, y la mirada limpia para recibir a Dios.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y era raro pensar que Dios, tan inmenso, cabía en esa oblea transparente de la ostia. Y fue incómodo recibir esa hoja de masa que no se podía mascar, que con la saliva se pegó en mi paladar, y no podía despegarla sin saber qué parte de Dios estaba tocando con la lengua.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;A mi lado, todos los querubines parecían levitar en la nube del «Santo-Santo-cantaba-María. Quién-más-pura-que-tú-sólo-Dios. Y-en-el-cielo-una-voz-repetía: Sólo-tú-sólo-Dios-sólo-Dios».&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Algo de este canto me sigue sonando hoy, tal vez en el recuerdo goloso del chocolate que nos esperaba después de la misa. Quizás en los distintos trajes de primera comunión que mostraban las diferencias sociales. Aunque algunos colegios paltones en la época de la Unidad Popular obligaron a sus alumnos a usar solamente el uniforme escolar, para quitarle pompa a este rito y emparejar, aunque sea visualmente para la mirada del Señor, la facha sencilla de los pendejos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es posible que la primera comunión, a pesar de haber sido el inicio de la culpa en muchas mentes infantiles, a pesar de engendrar en la cabeza de las niñitas un destino de sometimiento representado por el vestido de novia, a pesar de todo esto, la foto de mi primera comunión me sigue mirando desde el retrato infantil, con esa melancólica inocencia que luego la vida arrancó de cuajo en la dura lucha del creer sin creer y del amar sin amor.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258796822467072?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258796822467072/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258796822467072' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258796822467072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258796822467072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/la-primera-comunin-o-las-blancas.html' title='La primera comunión (o las blancas azucenas de la culpa)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258675500532088</id><published>2006-07-10T23:58:00.000-03:00</published><updated>2006-07-11T00:09:41.356-03:00</updated><title type='text'>Zanjón de la Aguada (Crónica en tres actos)</title><content type='html'>&lt;p align="right"&gt;&lt;em&gt;Dedicado a Olga Marín, con mi cariñoso agradecimiento&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Primer acto:&lt;br /&gt;LA ARQUEOLOGÍA DE LA POBREZA&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y si uno cuenta que vio la primera luz del mundo en el Zanjón de la Aguada, ¿a quién le interesa? ¿A quién le importa? Menos a los que confunden ese nombre con el de una novela costumbrista. Más aún a los que no saben, ni sabrán nunca, qué fue ese piojal de la pobreza chilena. Seguramente incomparable con cualquier toma de terrenos, campamento o población picante de los alrededores del actual Gran Santiago. Pero el Zanjón, más que ser un mito de la sociología poblacional, fue un callejón aledaño al fatídico canal que lleva el mismo nombre. Una ribera de ciénaga donde a fines de los años cuarenta se fueron instalando unas tablas, unas fonolas, unos cartones, y de un día para otro las viviendas estaban listas. Como por arte de magia aparecía un ranchal en cualquier parte, como si fueran hongos que por milagro brotan después de la lluvia, florecían entre las basuras las precarias casuchas que recibieron el nombre de callampas por la instantánea forma de tomarse un sitio clandestino en el opaco lodazal de la patria.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y como siempre el asunto de la vivienda ha sido una excursión aventurera para los desposeídos, aun más en ese tiempo, cuando emigraban familias enteras desde el norte y sur del país hasta la capital en busca de mejores horizontes, tratando de encontrar un pedazo de suelo donde plantar sus banderas de allegados. Pero ese no fue el caso de mi familia, que desde siempre habitó en Santiago, traficando su pellejo pasar en piezas de conventillo y barrios grises que rondan al antiguo centro. Pero un día cualquiera llegaba el desalojo; los pacos tiraban a la calle las cuatro mugres, el somier con patas, la mesa coja, la cocina a parafina y unas cuantas cajas que contenían mi herencia familiar. Y tal vez alguien nos dijo que existía el Zanjón y para no quedarnos a la intemperie, llegamos a esas playas inmundas donde los niños corrían junto a los perros persiguiendo guarenes. Y la cosa fue tan simple, tan rápida, que por unos pesos nos vendieron una muralla, ni siquiera un metro de terreno, solo era un muro de adobes que mi abuela compró en ese lugar. Y a partir de ese sólido barro, fue armando el nido garufa que en pleno invierno cobijó mi niñez y le dio alero a mi núcleo parental. A partir de esa muralla que como una bambalina cinematográfica se convirtió en el frontis de mi primer domicilio, mi abuela le puso un techo de fonolas y un encatrado de palos que confeccionaron la arquitectura piñufla de mi palacio infantil. Pero a diferencia de mis vecinos, la fachada entumida de mi casa tenía cara de casa, por lo menos desde el callejón parecía casa, con su ventana y su puerta, que al abrirla, mostraba un escampado, no tenía piezas, solamente el fondo abierto del eriazo donde el viento frío del amanecer entraba y salía como Pedro por su casa.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pareciera que en la evocación de aquel ayer, la tiritona mañana infantil hubiera tatuado con hielo seco la piel de mis recuerdos. Aun así, bajo ese paraguas del alma proleta, me envolvió el arrullo tibio de la templanza materna. En ese revoltijo de olores podridos y humos de aserrín, «aprendí todo lo bueno y supe de todo lo malo», conocí la nobleza de la mano humilde y pinté mi Primera crónica con los colores del barro que arremolinaba la leche turbia de aquel Zanjón.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Segundo acto:&lt;br /&gt;MI PRIMER EMBARAZO TUBARIO&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Existe un eslogan que dice: «Pobre, pero limpio», y es verdad, en algunos casos donde existen los materiales básicos de la higiene. Pero en el Zanjón, el agua para beber, cocinar o lavarse había que traerla de lejos, donde un pilón siempre abierto abastecía el consumo de la población callampa. Así también la evacuación de las aguas servidas y el alcantarillado se resumían en una acequia hedionda que corría paralela al rancherío, donde las mujeres tiraban los caldos fétidos del mojoneo. En contraste a este sórdido barrial, el albo flamear de las sábanas y pañales, deslumbrantemente blancos a puro hervido de cloro, confirmaba el refregado pasional de las manos maternas, siempre pálidas, azulosas, sumergidas en lavaza espumante de remojo. Y quizás esa utopía blanqueadora era la única forma como las madres del Zanjón podían simbólicamente despegarse del lodo, y con racimos de chiquillos a cuestas, se encumbraban a las nubes agarradas del fulgor níveo de sus trapos, vaporosamente deshilachados, como banderas de tregua en esa guerra entintada por la supervivencia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Mi niñez del Zanjón mariposeaba al mosquerío del sol que mi madre espantaba cuidadosa, pero al primer descuido, cuando ella atareada, en un minuto me perdía de vista, la aventura del gatear fuera de la callampa me conducía al borde de aquella acequia, donde metía mis pequeñas manos, donde mojaba mi cara y sorbía el lodo en la curiosidad infante de conocer mi medio a través del sabor. Y así fue como un día mi barriga se fue hinchando como si me hubiera embarazado un príncipe moscardón. Al correr los días, el tamboreo de la colitis permanente y el dolor abdominal eran un llanto sin tregua. Mi madre no sabía qué hacer, sobándome la guatita inflamada como un globo y dándome aguas de hierbas, azúcar quemada y cocciones de canela. Y allí entonces, no era tan simple como tomar el teléfono y llamar al médico de la familia. Sobre todo si había que levantarse a las cinco de la mañana y salir con la guagua colgando para alcanzar un número en el policlínico repleto. Así no más llegué a las manos de una doctora con lentes de acuario, quien me vio la panza pobre, pensando en la &lt;em&gt;very tipical&lt;/em&gt; desnutrición de los niños africanos. Pero al tantear esa piel tensa de timbal y apoyar en ella su frío estetoscopio, un apagado latido la sobresaltó, retirándose espantada. «No es posible», dijo, mirando a mi madre y escribió nerviosa la receta de un purgante virulento. Esa misma noche se produjo el alumbramiento, después de tomar esa abortiva medicina, me desrajé en los calambres de una florida diarrea como agua de pantano. Y allí, en el negro espejo de la bacinica rebalsante, flotaba el minúsculo cuerpo de un pirigüín detenido en su metamorfosis. Era apenas una cabeza y una colita, pero sobresalían dos patitas verdes que el niño renacuajo había logrado formar en mi vientre desde que me tragué su larva en el micromundo de la vida que, a pesar de todo, se peleaba a codazos el breve espacio de su gestación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tercer acto:&lt;br /&gt;LAS MEMORIAS DEL CARNE AMARGA&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El Zanjón de la Aguada no sólo fue conocido por su extrema pobreza, donde se enjugaba sudor de pueblo y retraso social. También en los años cincuenta, ese pulguerío entintaba los diarios por las noticias delictuales y la conjunción de patos malos que se guarecían bajo sus latas. Por entonces, esa mafia punga recibía el apodo de «pelados», de seguro por el rapado de cabeza hecho a tijeretazos en Investigaciones, tal vez para hacerlos visibles ante la buena sociedad y que este look produjera rechazo de escarmiento. Pero esa estética de cabeza afeitada, en el Zanjón no provocaba discriminación: era costumbre ver a cabros piojentos rapados al cero para matar la plaga de bichos. Igual, en el caso de los «pelados», era natural verlos salir de la cana con esa apariencia de judíos flacuchentos, barbones y calvos, liberados del exterminio. Cierta familiaridad con el delito, producía esta sana convivencia. Porque como en toda microsociedad, por punga que sea, existen sus leyes de hermanaje y los «pelados» las tenían. Era una especie de catecismo moral no cogotear jamás a un vecino del sector. Y es más, era una obligación para ellos colaborar solidariamente en los desastres naturales que volaban las fonolas en las noches de ventolera. Así como sacar el agua negra que anegaba las casuchas en las inundaciones. O apagar ese gran incendio que consumió medio Zanjón de la Aguada, y allí los «pelados», a falta de bomberos, eran los ángeles salvadores, acarreando baldes con agua del grifo lejano, o rescatando guaguas chamuscadas por el fuego.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En este reducto social, donde las rucas encrespaban el cerco mísero de Santiago, confluía un zoológico delictivo que se nombraba según la especialidad del robo. Estaban los carteristas a chorro que despabilaban una billetera con dedos de terciopelo y rajaban como cohetes. También, las mujeres tenderas del centro, como la Ñata María, una vampiresa ratera que se vestía de gran dama y arrasaba las tiendas de lujo con su cartera de doble fondo. También el clan de los monreros, especialistas en desvalijar casas en el barrio alto. Y a veces llegaban de visita unos guantes internacionales que volvían de Europa donde exportaban el arte chileno del choreo con estilo. Como el Chute Mojón, por ejemplo, un esbelto &lt;em&gt;dandy&lt;/em&gt; que regresaba a la vecindad fumando habanos, vistiendo terno blanco y sombrero al tono. Allí todo el Zanjón lo recibía con gran fiesta y zandunga mafiosa que duraba tres días. Los más felices eran los cabros chicos, agarrando los puñados de monedas que el Chute Mojón les tiraba como padrino cacho. Pero también había algunos más siniestros, como el Carne Amarga, oscuro y perverso como pupila de chacal. Era un mago para saquear los camiones que pasaban por Santa Rosa. El Carne Amarga era padre soltero, tipo &lt;em&gt;Kramer versus Kramer&lt;/em&gt;, y había ideado un truco para detener los camiones, que conociendo los peligros del lugar, pasaban rajados por la calle. Entonces, cuando se divisaba un vehículo cargado con mercaderías, el Carne Amarga tiraba a su hijo de siete años al medio de Santa Rosa y el camión se detenía con un chirrido de frenos, ocasión que aprovechaba el delincuente para treparse por atrás y desvalijarlo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y pudo ser que en alguna oportunidad el vehículo no alcanzó a frenar y las ruedas reventaron al mocoso. Pero esto era pan de cada día en el Zanjón de la Aguada, morían tantos niños como perros vagos atropellados en el sector. Como también en los allanamientos, en mitad de la noche, en la madrugada, por las balas zumbantes que atravesaban limpiamente las mediaguas. Y al otro día, todos los vecinos comentaban el resultado del arreo hecho por la Brigada de Homicidios. Que anoche cayó el Chiflín, que le dieron al Caca Negra, que por un pelo se escapó la Ñata María, que al Tirifa, al Chicoco y al Cara de Luto se los llevaron esposados, que al Fonola le pegaron un tunazo en la pata, pero igual arrancó por los techos, que los ratis ladrones se llevaron un montón de cosas y las achacaron como recuperación de especies. Y después de estas redadas, venían semanas de vigilancia en que el Zanjón entero dormía a sobresaltos por el temor de que volvieran los tiras con su prepotente balacera. Los «pelados» se hacían humo por un tiempo y algunos emigraban a La Legua o a La Victoria, donde seguían perfeccionando delicadamente las artes malandras de su oficio.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Epílogo:&lt;br /&gt;LA NOSTALGIA DE UNA DIGNIDAD TERRITORIAL&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Actualmente, cuando los alcaldes hacen alarde en sus campañas con nuevos métodos policiales para prevenir asaltos y choreos. En estos tiempos donde la delincuencia perdió su aventura romántica de quitarle al rico para darle al más pobre, al estilo Robin Hood o Jesse James, quizás porque los protagonistas del robo social son apenas unos mocosos que les arrancan la jubilación a los abuelos cuando salen del banco. Más bien parecen lauchas ladronas, quitándoles bicicletas a los cabros chicos y mochilas a los escolares, ni parecidos a los chicos malos de antaño, los choros rapiña del Zanjón, que novelaban su vida transgrediendo la brutal desigualdad económica que retrataba sin color la radiografía humana de aquel desnutrido paisaje.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ahora, cuando la pobreza disfrazada por la ropa americana ya no quiere llamarse pueblo y prefiere ocultarse bajo la globalidad del término «gente», más plural, más despolitizada en las encuestas que suman electrodomésticos para evaluar la repartija del gasto social en las capas de menos ingresos. Y todo es así, para un mejor vivir están las líneas de crédito que permiten soñar en colores, mirando el catálogo endeudado de un bienestar a plazo. Para mejor pasar estos tiempos, mejor rematar neuronas como espectador de la pantalla donde el jet-set piojo se abanica con remuneraciones millonarias, pasándolo regio, mascando una aceituna en el desfile de modas con su ocio fashion, sacándole la lengua a la teleaudiencia sonámbula y roticuaja que pone una olla sobre el aparato de tevé para recibir la gotera que cae del techo roto, que suena como monedas, que en su tintineo reiterado se confunde con el campanilleo de las alhajas que los personajes top hacen sonar en la pantalla. Pero al apagar el aparato, la gotera de la pobreza sigue sonando como gotera en el eco de la cacerola vacía. Para mejor vivir la escarcha indiferente de estos tiempos, vale dormirse soñando que el Tercer Mundo pasó por un zapatito roto, que naufragó en la corriente del Zanjón de la Aguada, donde un niño guarisapo nunca llegó a ser princesa narrando la crónica de su interrumpido croar.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258675500532088?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258675500532088/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258675500532088' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258675500532088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258675500532088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/zanjn-de-la-aguada-crnica-en-tres.html' title='Zanjón de la Aguada (Crónica en tres actos)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115258704506692327</id><published>2006-07-10T23:54:00.000-03:00</published><updated>2006-07-11T00:10:28.626-03:00</updated><title type='text'>Dedicatoria de Zanjón de la Aguada (Santiago de Chile, Seix Barral, 2003)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Para tí, mamá, estos tardíos pétalos&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115258704506692327?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115258704506692327/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115258704506692327' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258704506692327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115258704506692327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/dedicatoria-de-zanjn-de-la-aguada.html' title='Dedicatoria de &lt;em&gt;Zanjón de la Aguada&lt;/em&gt; (Santiago de Chile, Seix Barral, 2003)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-115203103621348670</id><published>2006-07-04T13:34:00.000-03:00</published><updated>2006-07-04T13:37:16.233-03:00</updated><title type='text'>Bésame otra vez, forastero</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicado en Muñoz Valenzuela, Diego y Díaz Eterovic, Ramón (1992): &lt;em&gt;Andar Con Cuentos: Nueva Narrativa Chilena&lt;/em&gt;, Santiago de Chile, Mosquito Editores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ahí está garabateada en el muro de su noche, con sombrero de punto, tacos y cartera roja; sola y hambrienta teje su telaraña azul lado a lado de esta calle de notarías y oficinas, a cinco cuadras de mi barrio. Oscura y delicada saca un cigarrillo; la vieja no fuma, por eso no lo prende, espera la figura del joven, que desde el fondo de la calle avanza al ritmo elástico de las zapatillas, lo piensa mientras se acerca, olfatea el aire roído de la noche buscando ese olor fresco, con los ojos semicerrados por el deleite y el alquitrán de sus pestañas, se pasa la lengua por el descolorido bigote y sueña y pasa borrosa por su entelado cerebro la historia imprecisa de sus quince años. Es la vieja, la madonna con enaguas de franela esperando a los corceles que vengan a comer de su mano; guachito venga les susurra, ya pues mijito les grita, oye cabro cómo tenís el pajarito. Así vocifera la nonagenaria, bien sujeta en las piernas enclenques; venga un ratito mijo, está muy vieja señora, aquí detrasito escóndase conmigo, está muy oscuro señora, siéntese aquí mijo lindo a verse la suerte con esta pobre vieja, aquí en esta escalera helada y sáquese la pichulita, no le tenga miedo a esta anciana leprosa, a este ángel azul, la dulce compañía de los liceanos vírgenes, que llegan solitarios a ofrecerme la fina piel de su sexo; aquí está la abuela milagrosa, que acaricia con su garra de seda el pálpito de la sangre en los prepucios, la vieja de guardia, niñera impúdica lamiendo los penes infantiles, la gallina que empolla quinceañeros, que los arrastra a su cueva de sábanas con mentholatum, hasta la fauce de su útero desdentado; bésame repite acezando, bésame por favor, mi muchacho, mi niño hermoso, que veo alejarse por las membranas rotas de mis cuencas, de mis ojos que te persiguen mientras cruzas la calle, que se rebalsan de agua ligosa y la enorme lágrima la despierta y por un momento mueve la boca sin sonido, baja el escalón, guachito no se vaya, mijito venga, taconea unos acrobáticos pasos y lo pierde en la carrera alérgica del muchacho al doblar la esquina. Entonces vuelve cansada a su peldaño y mira con ojos de agua turbia, tratando de buscar el sol en su tremenda noche. Es la misma señora que riega cardenales en el piso de enfrente, sólo diez metros de aire separan mi ventana de la suya. Durante el día, enmarcada en el alfeizar, teje y espera paciente que el sol se ponga de luto, va hilando los últimos destellos que enreda en su cabeza blanca para verse más hermosa. Escucho oculto en la sombra el "Para Elisa" de su caja de música, me llega distorsionado por los años el timbre de su voz lunática, puedo ver, con los ojos cerrados, el espejo y su cara blanca en la luna dorada de azogue; canta y ríe, se mancha la boca de crayón, se da vueltas lentamente, entonces tengo miedo, miedo de abrir los ojos, miedo de asomarme a la ventana, miedo que me mire, miedo que sus ojos de gallina enferma, rodando calle abajo, alcancen al niño que huye en bicicleta, que desaparece en la perspectiva ruinosa del barrio, porque tuvo asco y al mismo tiempo deseos de subir la escalera de enfrente, de ver de cerca el ojo sumergido que le guiñaba la vieja, quiere ir lejos sobre los pedales porque llegó a tocar la manilla de bronce y se introdujo en la pieza fresca de aspidistras y cortinas de hilo, subió hace un rato la escalera, sucumbiendo al deseo del ojo desvelado llamándolo desde el balconcito, ella le mostró la pierna, bajándose la media de lana entre los cardenales, hizo revolotear sus manos incoloras en el aire indicándole que cruzara; y ya es muy tarde para que el jugoso muchacho se arrepienta, porque descubrió en el baño su pelaje genital, entonces el balconcito es un desafío, y el ojo de la vieja, que cuelga en mitad de la noche, lo hace perder la cabeza; y va y viene, entrando y saliendo de la ventana -¿Qué le pasa que no se sienta?- Es la edad del pavo mujer, no te fijas que pegó el estirón de pronto-. Poca más y se nos casa, poco más un poquito más le pide la vieja y él acepta y se baja los pantalones y le dice toma vieja, cómetelo, mámatelo, así sin dientes, boquita de guagua, mamita, sigue no más, vieja de mierda, así suavecito, más rápido, cuidado que viene, viene un río espeso a inundarte la pieza, una corriente de cloro que me baja del cerebro, borrándome la imagen del espejo, donde la vieja ternera hunde su cabeza entre mis piernas y se aprovecha de ese momento para besarme, clava su lengua con rabia en mi boca y en el paladar me deja, por muchos años, el gusto rancio del pasado.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al paso de los años, se fue juntando el tiempo que dejó la calle desierta; neblinosa, como una película sin argumento, y calendarios gastados por la obsesión del mancebo, el otoño y sus tacos pisando hojas, aguas nubosas y veredas calientes, retumbando en mis oídos su taconeo suelto en el baile de la amanecida. El barrio se hizo viejo y ella observó con sus redomas de suero la sucesión de todas las generaciones; de la abuela muerta al padre anciano, también muerto, al nieto adulto padre de otros niños, también crecidos al ritmo lúgubre de los años, el fatigoso descenso de los ataúdes por las escaleras, tan estrechas, que debían bajar con sogas desde las ventanas, los llantos a medianoche, el gangoso ronquido de los viejos, en fin todos los ocasos fueron presididos desde su ventana; desde aquel tiempo hasta aquí, hablando con temor ahora, porque estoy hablando de mí, rodeado de cruces, en este sillón frente a la ventana, abandonado de todo lo que fui, solamente me da ánimo saber que pronto escucharé su caminar por la calle, porque así regresa todavía; la veo claramente azul rengueando la madrugada, con un resabio a semen en la boca, borrosamente azul cruza el pórtico del edificio y se hunde en el hueco de la escalera, adivino su olor a trapos sucios, la veo abrir cansada la puerta y sentarse en la banqueta tapizada de felpa, la diviso demente meciéndose en la medialuna del espejo, sacándose el sombrero de punto, batiendo el cabello cano y transparente, como una medusa loca, estacionaria en su vicio. Aún ahora, que hace mucho el balcón permanece cerrado, a los geranios lacres se los fue comiendo el polvo, una tarde fue la última vez que se escuchó su taconeo imparejo camino a la esquina, su pollera de herbario se cerró para siempre en un secreto, mucho hace que su sombra de lagarto no se enrosca en el pilar de la esquina; hace mucho del último recuerdo...&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Solamente yo tuve conciencia de la resurrección de su cara en mi espejo, el dorado espejo de azogue que rescaté de los despojos cuando la vieja fue sacada sólida y putrefacta, tres meses después de su muerte.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-115203103621348670?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/115203103621348670/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=115203103621348670' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115203103621348670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/115203103621348670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/bsame-otra-vez-forastero.html' title='Bésame otra vez, forastero'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627620932261536</id><published>2006-07-03T10:39:00.000-03:00</published><updated>2006-07-03T10:40:08.173-03:00</updated><title type='text'>Las floristas de La Pérgola</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Casi por oler el perfume ácido del florerío, sólo por pasar tan seguido por esa esquina de avenida La Paz y Mapocho, donde despliegan su teatro fúnebre las floristas de La Pérgola. Las mujeres que trabajan el jacinto, la rosa y el alhelí, en un murmullo de colores y ramas verdes y pétalos que cubren el piso mojado de los galpones. Los dos antiguos edificios redondos de San Francisco y Santa María, donde ellas hacen circular la pena de los deudos que acuden diariamente por una corona de rosas blancas, por favor, para el angelito que se encumbró al cielo, tan chiquito, en forma de cruz para la abuela que era tan beata, de claveles rojos si el finado es caballero y comunista, o rosados si el dolor es mujer o mariquilla de sida injertado. También las hay de siempre vivas para el cliente amarrete que espera que el adorno dure un año, para todos los gustos, sexos y clases sociales el mercado florero tiene una oferta. Y las señoras doñas de este jardín, van surtiendo la demanda con sus manos ágiles que trenzan, anudan y tejen las ramas de pino. Los armazones de las coronas que después florean y decoran con su estética de último homenaje. Y este oficio de engalanar la muerte como una novia, las reúne por años en el sindicato que armaron para su protección laboral, como una heredad de mujeres que brota desde la abuela, la hija, la nieta y que continúa esta larga tradición de nevar de pétalos los cortejos ilustres.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;¿Y a usted quién le va a tirar flores cuando se muera?, le pregunté a doña Adriana Cáceres López, la pergolera más antigua que aún maneja su negocio detrás del mostrador, conectada a un tubo de oxígeno. Mis compañeras pué. Ellas tienen que seguir la tradición que ha hecho famosa a la pérgola, desde los tiempos de Jorge Alessandri, Frei el padre, y Salvador Allende, que se lo llevaron tan rápido, el cortejo pasó tan soplado por Avenida La Paz, que las flores quedaron flotando en el aire, debe haber sido porque había tanta gente, más que otras veces, cuando hemos despedido a tanto Presidente que ha pasado por aquí. ¿Sólo presidentes? No, otros son artistas, o autoridades que el pueblo ha querido y nosotras le hacemos el homenaje. ¿Tienen preferencias? A veces, depende, pero siempre es un personaje recordado por la gente como la Sinforosa de "Hogar Dulce Hogar", o Clotario Blest, o Laurita Rodríguez, del partido Humanista. Pero no somos políticas. Total no cuesta nada juntar pétalos huachos y tirárselos cuando pasa el funeral ¿Y a Pinochet le van a tirar flores? Puede que sí, si nos llaman de la municipalidad no tenemos por qué hacer una excepción con ese caballero, además qué cuesta recoger las flores que sobran y tirárselas a la carroza. ¿Pero se las van a tirar como piedras? (Ella se ríe). ¿Cuál es el funeral más importante para usted? El de mi madre, Zunilda López, ella era querida por todos aquí, fíjese que fue el cortejo más emocionante, le hicimos una alfombra de pétalos blancos y rojos con su nombre. Han pasado tantos años y todavía lloro cuando me acuerdo. Y hasta ahí dejé la entrevista, porque los ojazos de doña Adriana se englobaron en dos lagrimones que rodaron al mar amargo de los rastrojos esparcidos por el suelo. Imaginé que iba a elegir cualquier entierro, registrado en su memoria pergolera que vio cruzar la historia por esa última parada antes del cementerio. Y doña Adriana me descolocó, poniendo a su madre en el altar del consumado recuerdo. Después me quedé un rato viéndola cómo ofrecía las coronas, pero especialmente los canastillos y arreglos florales que se usan más ahora, me dijo, "puros arreglos, puros canastillos, cómo una fiesta, como un cumpleaños o un casamiento. Así me gustaría a mí, repitió, porque las coronas son tan tristes".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, la memoria de la urbe hace un paréntesis en esta esquina donde se florea la pena, donde pasan despidiéndose los discursos políticos bajo la lluvia liria de los copos florales, los puñados de pétalos con que ellas rinden tributo al cuerpo yerto de la historia. Por aquí tienen que pasar todos los ilustres mirando al cielo, me dijo doña Adriana, al tiempo que cortaba una rosa y ponía un cassette de boleros. Y la música y los fucsias-anaranjados y azulescos-amarillos-rojos, seguían salpicando la frescura parda de este oficio, en la tarde pergolera donde la muerte se tornasola mujer.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627620932261536?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627620932261536/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627620932261536' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627620932261536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627620932261536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/07/las-floristas-de-la-prgola.html' title='Las floristas de La Pérgola'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627613756712886</id><published>2006-06-28T23:48:00.000-03:00</published><updated>2006-06-28T23:59:16.453-03:00</updated><title type='text'>El Hospital del Trabajador (o "el sueño quebrado del doctor Allende")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como una gran calavera estancada en la zona sur de Santiago, la obra gruesa del Hospital del Trabajador ahí quedó sin terminar, sin ver realizado el macroproyecto de salud que Salvador Allende soñó para este sector de la capital. Un aluvión de palomas tísicas alborota el silencio de sus espacios desnudos, de sus altos pabellones quirúrgicos, diseñados para las multitudes proletarias que llenarían las bóvedas vacías de esta mole de nueve pisos que, por muchos años, vio pasar la historia de la comuna desde su altura, como un faro de la decepción.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y fue desde antes que lo construyeran, antes del trazado de planos en ese pobrerío, que los pobladores imaginaban sus operaciones de vesícula, sus tumores mamarios, sus caries dentales, y hasta cirugías estéticas soñaban las vecinas esperando ese gran centro de salud. Casi ni se enfermaron en todo ese tiempo, aguardando que se levantaran sus torres, que se fuera desplegando el andamiaje de esa arquitectura popular, parecida a la Unctad, con grandes paños de cemento crudo y espacios de luz donde hoy flota el polvo amarillento de su abandono.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Faltó muy poco para que se implementara un ala de ese elefante de concreto. Incluso, el Presidente Allende donó su premio Lenin de la Paz a la obra. Así, se logró poner ascensores y tapizar de baldosas parte de los pisos. También, se dice, que por las numerosas donaciones en instrumental médico, especialmente en maternidad y cardiología, todo hada pensar que con mucho esfuerzo, el hospital algún día iba a funcionar completo. Pero al parecer, el sueño de medicina social era tan grande, y tan generosa la utopía de su realización, que nunca llegó a terminarse. Eran tantos médicos, tantas enfermeras, tanta camilla y máquinas de rayos X y primeros auxilios y tanto de todo, que cualquier aporte quedaba nadando en esa catedral. El sueño sin límites del doctor Allende no midió su cariño con la implementación práctica del proyecto. Y allí quedó, como un monumento castigado a la justicia del cuerpo social.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La bofetada golpista pilló al Hospital del Trabajador en paños menores, los militares se tomaron sus dependencias y jugaban tiro al blanco desde sus pisos altos. Por varios años, historias de detenidos y fusilados navegaron por los ecos nocturnos de metracas y balazos en sus enormes naves vacías. Y después, cuando ellos se fueron, el saqueo poblacional dejó la cáscara descarnada de esa ilusión en la penumbra del eriazo. Muchas casas de los alrededores amononaron sus baños y cocinas con las baldosas arrancadas del hospital. Los ascensores sirvieron de baños, los bisturíes para pelar papas, y las camillas con ruedas un novedoso juego para los cabros chicos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ya en plena época de protestas, ladrillos y fierros fueron material de barricadas para la resistencia. Durante una de estas acciones, una mujer con mal de Parkinson, regó de bencina el cerco de madera que le habían puesto los militares, y lo encendió, coronando de llamas el edificio que iluminó de lacre resplandor toda la comuna. Después fue guarida de vagabundos que encontraron tibieza de alojamiento en sus mudos sótanos. Son varios los cadáveres que se han descubierto en esas mazmorras de la indigencia urbana. Como también son muchos los usos que ha tenido ese gran teatro del desamparo. Así, las parejas pobladoras lo habrán usado de hotel, los locos volados para masturbarse, desatando su calentura violenta en esa soledad con olor a moho. Para algunos artistas, el hueco sobrecogedor de sus galpones les ha servido para hacer instalaciones, fotos, o filmar video clips. Y varias veces apareció en reportajes para la televisión como un testimonio arqueológico de la Unidad Popular.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Hace algunos años fue noticia roja por el crimen de Viviana Lavados, una estudiante muerta y violada cerca del hospital, pero encontraron su cuerpo vejado bajo la sombra helada de los muros. Desde aquel suceso, ya en democracia, el hospital se convirtió en la preocupación del municipio por darle un destino a esos tijerales inconclusos. Se decía que penaban, que se escuchaban gritos, que en la noche desfilaban velas por las terrazas. Pero lo extraño era que se oía música rock, de la pesada, heavy metal. Satánica, dijo el cura que fue a exorcizar el lugar y se encontró con una gran sala llena de graffitis y pinturas dark que espantaron al fraile. Como Capilla Sixtina pioja o Cueva de Altamira rock, los chicos duros habían decorado el cemento con toda su simbología pendeja y escritura gótica y coa. Al amparo del hospital, la cabrería del barrio había realizado sus ritos mariguanos y misas copeteras al sonar metálico de una radio a pilas. Y esto, más la historia terrorífica del hospital, han echado a correr una lluvia de proyectos municipales para el escombro. Que un mall, que un condominio de departamentos, que un centro cultural, que un gimnasio múltiple, y tantas empresas que todas quedan nadando en el cuerpo vacío del gigante. Hasta se pensó demolerlo, pero la armazón es tan sólida, que sale mucho más caro que reconstruirlo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y ahí está todavía, a la ribera de la panamericana sur se asoman sus torreones lineales, que ya no son lo más alto de la comuna. En el horizonte destemplado de San Miguel, la medicina privada enarbola sus centros de salud que aparecen de un día a otro como callampas de plástico, como sotisficados laboratorios para el cuerpo social de los obreros, que con vergüenza juntan las chauchas para endeudarse con sus finos beneficios. Desde la azotea cagada de palomas del hospital, estos pájaros roñosos miran indiferentes los letreros de: Consalud, Vida Nueva, Prosalud, Colmena Golden, Cruz Verde, Cruz Blanca, Cirugía Light, Maternidad Jaguaris, etc. Los miran con sus ojos legañosos parados en sus patas artríticas, los miran de reojo rascándose sus alas rotas y plumas enfermas, los miran sin verlos, como si se burlaran de estos luminosos que decoran la ciudad con las piruetas de esta nueva arquitectura sanitaria.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627613756712886?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627613756712886/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627613756712886' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627613756712886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627613756712886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/06/el-hospital-del-trabajador-o-el-sueo.html' title='El Hospital del Trabajador (o &quot;el sueño quebrado del doctor Allende&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627602612550429</id><published>2006-06-27T11:25:00.000-03:00</published><updated>2006-06-27T11:27:02.090-03:00</updated><title type='text'>La sinfonía chillona de las candidaturas (o "todos alguna vez fuimos jóvenes idealistas")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Si se trata de candidatos al tablao político, los hay por miles. Desde la cantante o actor de teleserie que nunca deslumbró por sus aptitudes artísticas y hoy quiere usar su fama ratona para llegar al parlamento, hasta el hijo, nieto o sobrino de la casta partidista que usa el apellido paterno para colgarse del carro democrático. Total en estos tiempos del consumo caníbal, la política es la diva del show. La estrella de dientes plásticos que le sonríe a la cámara ocultando su mano rapiña, la diestra ladrona que saluda a las multitudes, que enfática niega su pasado de extrema militancia, su pasado mariguanero, su pasado pinochetista, su riesgoso pasado guerrillero, su libertino pasado hippie. En fin, el ayer no cuenta a la hora de los cómputos, y si por ahí aparece una foto de juventud tras alguna barricada, si por ahí el candidato sale retratado chascón y volado en alguna partuza del sesenta, todos contestan lo mismo, todos se justifican diciendo que alguna vez fueron jóvenes idealistas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Casi todos los candidatos dicen que, alguna vez, en la universidad, se pegaron su piteada sólo para probar la mariguana, pero que nunca se volaron los tontos. Y uno les va a creer. Todos dicen que militaron en alguna juventud política, que usaban boina y amaban al Che y al MIR, pero que nunca pusieron bombas. ¿Y quién lo va a desmentir si el MIR casi no existe? Y lo peor, a quién le interesa develar esta memoria mentirosa si los propios ex miristas, que van en la misma micro al parlamento, ya no se acuerdan quién era su compañero de célula. Más bien no quieren acordarse, y prefieren sumar las memorias al tranvía amnésico de la renovación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso, en estas fechas candidateadas de pololeos ideológicos y campañas de adhesión, la ciudad despierta cada mañana empapelada de nombres pomposos como el del ex alcalde Bombal, que promete barrer la droga de Santiago. Y uno se pregunta: ¿Y a dónde la barrerán para ir a buscarla? Todos los días las murallas cambian de apellido con el brochazo nocturno que impone una nueva promesa. Así, nombre tras nombre,, se pega en la retina el candidato que tiene más recursos para reiterar su firma en la pizarra descascarada de la urbe. Gana por cansancio la majadera repetición del apellido paterno, el único que interesa, el único que usaba la profesora para nombrar a sus alumnos, para gritarles: Escalona, guarde silencio-Marín, bájese de ese banco-Allamand, sáquese el dedo de la nariz.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, la carrera política de los nombres transforma la ciudad en un silabario electoral que planfletea la nobleza de algunos apellidos impresos en latas de mediagua. Como si las erres, zetas, y eses del nombre aristócrata, le subieran el pelo al callamperío autografiado por estos ricachos populistas. Como si al revés, los apellidos González, Carrasco o Palestro, tuvieran que pedir permiso en la maratón política, para escribirse tímidamente, a la rápida, casi clandestinos, en el sitio eriazo, con escasos medios para hacerse presentes en la propaganda electoral. Y no hay otra forma de equilibrar la publicidad fastuosa de la derecha, que noche a noche, sus empleados repasan las consignas morales y los nombres pirulos. Que noche a noche, imponen sus apellidos sobre la acuarela borrosa del candidato piojo. El candidato de izquierda que sale con su familia a pintar y repasar la caligrafía porra de su aporreado nombre. El candidato sin recursos, que se metió en esta cueca sin saber por qué. Más bien sabiendo que va a perder, que va a quedar en la ruina y embargado hasta el cogote. Pero qué importa, si su error no fue el arrepentimiento, porque él no se declaró renovado ni justificó su pasado extremista y hippie diciendo que eran errores de juventud. Y ese fue su error, diferenciarse sin culpa de la hipocresía parlamentaria. Decir que sí creyó, y que sigue creyendo en esos arranques de la pasión, que no sólo son problemas de juventud, porque las militancias progresistas y los sueños del lejano sesenta son besos que dio el corazón. Seguramente irrepetibles, únicos en su porfía amorosa por la justicia. Son besos al aire inolvidable de otro tiempo. Por cierto, difíciles de recuperar, pero aún tibios en la boca arrugada de la utopía.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627602612550429?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627602612550429/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627602612550429' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627602612550429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627602612550429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/06/la-sinfona-chillona-de-las.html' title='La sinfonía chillona de las candidaturas (o &quot;todos alguna vez fuimos jóvenes idealistas&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627594762318958</id><published>2006-06-20T20:16:00.000-03:00</published><updated>2006-06-20T20:26:49.916-03:00</updated><title type='text'>Un domingo de Feria Libre (o "la excusa regatera del dime que te diré")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y por qué otra cosa, si no por ventear la lengua en el cotorreo zoológico de la Feria Libre en domingo. Allí, en el par de cuadras donde se instala semana a semana el mercado feriano a la intemperie. Donde se arma y desarma la sociología doméstica del pelambre, del dime que te diré, del recuento de nuevas guaguas y viejos muertos que ya nunca más se les verá conversando o comprando en la feria del barrio. La feria libre, como se le llama a este dislocado matuteo de frutas, verduras y cuanta porquería taiwanesa que relumbra en los mesones de los puestos. Donde se juntan las vecinas para intercambiar recetas y remedios caseros, la sangre de toro para el asma, la pata de vaca para las diabetes, la chancapiedra para la vesícula, el aceite de lobo para la artritis, en fin, la botica ambulante del emplasto y la cataplasma que acapara la fe popular, más que la química farmacéutica. Se cree más en la receta colectiva del bien común, que en el diagnóstico licenciado de los matasanos. Todo esto ocurre mientras silban por el aire los gritos feriantes con su «Caserita qué se le ofrece». «Me llegaron los granados nuevecitos y el zapallo tierno». «Aparecieron los duraznos pascueros, los primeros de la temporada». «Aproveche casera que se acaban».&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Toda la pobla se reconoce en el rito dominguero de la feria libre, el único día que el menú cotidiano de las pantrucas se alegra con la fiesta del pescado frito. Siempre y cuando las merluzas, los congrios y las pescadas estén frescos, tengan agallas rojas y los ojos brillantes. Oiga, pero este jurel está como un trapo, parece que sobró de la Ultima Cena. Entonces no lo lleve pues señora, más encima pobre y regodiona. Estos diálogos son comunes entre comerciantes y clientela, por eso la señora tiene que alterar el almuerzo, cambiarlo por granados con mazamorra, pero ya es tan tarde para echarlos a cocer. Esto piensa mientras camina entre el griterío de mercancías, mientras se detiene tocando una blusa, una falda, una barita colgada por la moda crespa de la ropa usada americana. Pero hay tantas cosas más necesarias que mejor olvidar ese antojo, y sigue buscando los precios más baratos, los tomates más económicos para acompañar la porotada de granados con ají de color para que su familia se chupe los dedos. Con ella va todo el gentío, la bullanza consumista de los filodendros plásticos, los cabros chicos, los globos y las notas luengas de un bolero recumbión. Por ahí se aglomera la gente escuchando el sentimiento de los parlantes, reconociendo la voz de Ramón Aguilera cantando en vivo, a todo el sol de la mañana obrera. Y es verdad, es él, dicen las viejas amontonándose para escuchar en persona al mítico cantante, el lagrimeo musical entonando «Que me quemen tus ojos». A esa hora de la mañana, es el mejor regalo que tiene la Feria Libre de escuchar a Ramón Aguilera tan cerca, tan real, más cierto que el cassette chicharra que promociona el artista, que lo vende autografiado, viajando en una camioneta con parlantes que recorre las ferias.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ya van a ser las doce y todavía la señora no decide qué hacer de comer. Ella va o la lleva la multitud, no lo sabe, pero más allá se detiene porque un candidato al parlamento, tirando volantes, reparte cajas de fósforos con su foto de inocente oportunismo. Y todos reciben la propaganda, y hacen como que escuchan al político que se atora sermoneando su campaña, grita compitiendo con la música y la bulla pachanga de la feria. Así, con esta fiesta, el domingo ferial da por inaugurado el ocio poblador, donde las familias hacen un alto en este feriado que les otorga el calendario laboral, el paréntesis del domingo que pasa tan rápido como la Feria Libre, cuando al llegar las tres de la tarde, se apagan sus colores y enmudecen los papagayos de su sonora entretención.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627594762318958?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627594762318958/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627594762318958' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627594762318958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627594762318958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/06/un-domingo-de-feria-libre-o-la-excusa.html' title='Un domingo de Feria Libre (o &quot;la excusa regatera del dime que te diré&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627585601206918</id><published>2006-06-06T13:51:00.000-03:00</published><updated>2006-06-06T13:54:10.626-03:00</updated><title type='text'>Tu voz existe (o "el débil quejido de la radio A.M.")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Pareciera que la radio, frente a la visual televisiva, fuera el último eslabón de una cadena que por años reprodujo la imagen a través de la voz, la narración, la música, el relato de esa confidencia modulada por el timbre sedoso de ese locutor invisible.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La radio en la ciudad fue por muchos años la cinta sonora que voceaba los sucesos. La milonga radial del conventillo, la cumbia del pasaje, el gol del mundial gritado en la esquina. Así fuera un tarro bullicioso, daba lo mismo, total entonces nadie imaginaba la finura plateada del FM compact. Solamente el murmullo compañero de esas tardes calurosas, a mediados de los cincuenta, cuando Santiago ronroneaba siesta con la radio prendida. Entonces ese sonoro aparato trinaba las melodías de moda en los shows en vivo, pioneros del rock concert. Allí los ídolos aflautados del bolero, musitaban esas frases de ardiente nostalgia al oído de sus admiradoras pegadas al dial, repitiendo en la penumbra la cursilería sentimental de ese cancionero que enlazaba orejas. La radio fue popular cuando los rústicos aparatos estuvieron al alcance de todos los bolsillos, cuando el tendido eléctrico atravesó clases sociales alcanzando el mosquerío proleta. Fue la primera ilusión de modernidad que hizo suya la pobreza. Quizás el primer enamoramiento de un electrodoméstico que se cuidaba como fetiche milagroso. Sobre todo en los temblores, lo primero que se agarraba en el apuro era la radio. La infaltable RCA Víctor con su perrito pegado a la vitrola. La reina del hogar, aliada fiel de las mujeres que combinaban fregado de ollas con los primeros pasos del rock and roll.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Paralelamente al desarrollo de los sistemas de comunicación visual, la radio ha sido fundamento en la reciente historia del país. Así, durante la dictadura, la memoria de emergencias guarda intacta el timbre de Radio Cooperativa. Su tararán noticioso hacía temblar el corazón de la noche protesta. Su conocido flash "Cooperativa está llaman do", era presagio de tragedia. Pero el familiar tono de Sergio Campos, amortiguaba la penumbra de los apagones en la radio a pilas. En la misma época, otras emisoras oficiales engalanaban de huasos y tonadas quincheras la misma negrura. En esas frecuencias "tan patrias", era difícil enterarse de los acontecimientos, tergiversados, ocultos y opacados por la cortina de un himno marcial. Por eso, la afición radioescucha se hizo más compleja, supliendo la falta de libertad noticiosa con emisoras de punta, como Radio Umbral, importante espacio difusor de la acción protesta. También surgieron como callampas las radios clandestinas, que con un transmisor y un alambre de antena, contagiaban las poblaciones de afanes libertarios. Histórica es la Radio Villa Francia, perseguida, casi detectada, pero fugándose siempre con su nomadismo comunicador. Estos sistemas radiales caseros aún subsisten. Algunos agrupados como Organización de Radios Clandestinas, otros siguen errantes, transmitiendo una hora a la semana, con el auspicio del almacén de la población, pasando avisos domésticos, dedicando canciones y poemas a los pololos de turno. Así, la radio ha logrado permanecer casi intacta frente al chispazo televisivo. Pero sobre todo la onda larga, que es el lugar vital de la radiotelefonía. Allí se mezclan horóscopos, noticias en chunga, brujos, meicas, evangélicos que alaraquean con su mensaje apocalíptico. Sobre todo en las mañanas, la radio AM es el espejo de un cotidiano popular que enfiesta de circo el inicio del día. Casi al final del dial, la Radio Tierra enmarca el rostro de una mujer que borda palabras en el aire. Es una voz afelpada que atraviesa la ciudad en alas del cambio. Ahí mismo, carreteando la AM, es posible toparse con los homosexuales y lesbianas del programa Triángulo Abierto, que ya cumplió años y seguirá en el aire como voz del Movimiento de Liberación Homosexual, Movilh, los sábados por la noche.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Seguramente la radio AM no fue diseñada para la sofisticada audición de los adictos al estéreo. Es posible que desaparezca, ya que los últimos equipos japoneses no vienen con onda larga. Pero es difícil que la impersonal cursilería FM contagie la memoria sonora como lo hizo la radio AM con su débil quejido, con los tarros de su bullicioso canto.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627585601206918?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627585601206918/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627585601206918' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627585601206918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627585601206918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/06/tu-voz-existe-o-el-dbil-quejido-de-la.html' title='Tu voz existe (o &quot;el débil quejido de la radio A.M.&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627573572698458</id><published>2006-06-01T10:19:00.000-03:00</published><updated>2006-06-01T10:21:36.553-03:00</updated><title type='text'>Los tiritones del temblor (o ''afirma la tele niña")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como si fueran pocas las desconocidas del monstruo natural donde fue plantado este país. Que la sequía, el rebalse o la marea borracha del suelo que cada cierto tiempo nos aporrea con un terremoto. Cuando parece estar todo bien, cuando casi estamos tranquilos, mirando la tele, tomando té a la hora de once. Más bien, un poco más tarde por ese calorcillo de presagio que hace aullar a los perros, a los gallos cantar a deshora y picarle los sabañones a la vieja que preocupada se asoma al apocalipsis violáceo del atardecer, pensando: no vaya a ser cosa que venga un remezón. Porque hace tanto tiempo que el Señor no nos mueve la payasa. Y no termina de pensarlo, cuando los platos empiezan a castañetear en la cocina, la ampolleta pestañea, y al grito de: está temblando, todos contienen la respiración con tranquilo terror diciendo: ya va a pasar, ya va a pasar. No se preocupen.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y ese primer grito, se multiplica como un eco-pánico por los barrios de la ciudad que se paraliza oscilante. Desde el junior al gerente, la inestabilidad del piso los une en la misma gota de tensión, sudando el miedo, contando los eternos segundos que dura ese primer tiritón, ese primer meneo que detiene hasta las reuniones de ministros, presidentes, economistas y centros de madres, que con el poto a dos manos, esperan que pase ese pequeño vaivén. Ese primer vals que pilla a los cuicos a la hora del aperitivo en la torre diez. Y al cristalino tintineo de las copas, la palta reina social se pone seria, manteniendo el nerviosismo con la mueca helada de la formalidad. Tranquilos, total del suelo no vamos a pasar, bromea un paltón haciéndose el simpático, mirando con horror el vértigo de la altura que cuncunea en el suelo tan abajo, tan lejos, que es inútil pensar en el ascensor y menos en la escalera, que es lo primero que se desarma en esos rascacielos-rascas, esos edificios antisísmicos que oscilan como monos porfiados al hacerse más cumbianchero el remezón. Al bambolear de un lado a otro la coctelera del zangoloteo burgués y su "valseada oscilación".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;A esa altura el temblorcillo amenaza terremoto, al minuto de movimiento la histeria social ya cortó la luz, el gas y el agua, y todos se amontonan en los marcos de las puertas esperando que se acabe este vaivén que no pasa, que sigue cada vez más fuerte, que pega sus rebencazos zamarreando puertas y ventanas con su corcoveo subterráneo. Entonces, en el climax de los batatazos y la quebradera de vidrios y murallas, la loca anticuaría agarra las porcelanas, el ejecutivo el computador, una vieja salva un espejo para que no se cumplan los años de mala suerte, y en las villas y condominios, el castillo consumista baila peligrosamente en los electrodomésticos que se tambalean al borde de la mesita. Que el equipo Samsung que aún no lo pagamos. Que el Atari del niño gordo agárralo que se cae. Que desenchufa el microondas y la centrífuga que puede haber cortocircuito. Pero lo más importante, quizás en lo único que coincide la preocupación del salvataje social, es en sujetar el aparato de televisión, aunque la casa se venga abajo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La enorme tensión que dura el breve tiempo del zamarreo urbano, saca a flote la fe en el éxtasis religioso que se arrodilla, se persigna, se golpea el pecho, se arrepiente clamando: ¡Misericordia Señor! Acabo de mundo, grita el abuelo arrancando pilucho al medio de la calle. Al lado de la vecina, irreconocible por la máscara de placenta que tiene en la cara. Pero no importa, porque todo el barrio está así, a medio vestir, en calzoncillos, sin la placa de dientes, chascones como los pilló el terremoto. Nadie se va a fijar en la facha, cuando el país está al borde del cataclismo, por única vez solidarios en la emergencia del desamparo divino. Total, cuando pase el temblor faltará tiempo para comentar estas cosas, mientras tanto hay que buscar la radio a pilas para escuchar dónde fue el epicentro. Al tiempo que se escucha la sirena de las ambulancias y la ciudad regresa lentamente, todavía con susto, a su calma habitual. Casi siempre con la voz de un funcionario de gobierno apaciguando a la ciudadanía, diciendo que todo está controlado, que por suerte no fue peor, porque el epicentro estuvo lejos de Santiago. En los típicos puebluchos de adobes que se desarmaron en la batahola del tierral. Que los Intendentes de esas Regiones tienen todo a su cargo. Y los cientos de damnificados pueden estar tranquilos, durmiendo a cielo abierto, acunados por el sobresalto de las réplicas.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627573572698458?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627573572698458/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627573572698458' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627573572698458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627573572698458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/06/los-tiritones-del-temblor-o-afirma-la.html' title='Los tiritones del temblor (o &apos;&apos;afirma la tele niña&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627563284495187</id><published>2006-05-31T23:47:00.000-03:00</published><updated>2006-05-31T23:56:03.356-03:00</updated><title type='text'>Presagio dorado para un Santiago otoñal</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Hay algo de fracaso en esa luz dorada que atardece temprano cuando llega el otoño, cuando las pintas coloridas de los santiaguinos van tomando el apagado gris ratón o café tierra de la ropa invernal. Y en este cambio de uniformes las dueñas de casa corren a la lavandería a limpiar los abrigos, parkas e impermeables para afrontar los hielos que se avecinan. Porque este año hizo tanto calor, hasta abril los cabros andaban en manga de camisa. Con treinta grados en Semana Santa, como si fuera acabo de mundo las viejas miran con desconfianza el calorcillo tardío que aún mantiene verdes las hojas de los árboles, cuando otros años los contados parques de la capital estaban alfombrados de oro viejo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, con la amenaza del apocalipsis, catástrofes y desastres, las mujeres observan con desconfianza las bondades de este otoño tropical. Extrañan la suave lluvia que en esta estación arrastra tristemente los recuerdos del ardiente verano. Echan de menos la ventisca polar que trae el romadizo, las toses y gripes que se resguardan con bufandas, chales y gorros de lana. Sienten nostalgia del olor a tierra mojada, del barro y la escarcha que entume el paisaje social de una ciudad que no siente suyo este clima ocioso y templado. Requieren del olor a parafina de la estufa, que nos recuerda que somos pobres, aunque la economía diga que estos calores son producto de las ventajas del modelo neoliberal.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás la capital necesite de estas estaciones intermedias como el otoño, para prepararse a resistir la crudeza del invierno. Para encontrarle alguna justificación al tejido punto canutón, punto araña, punto panal de abejas, punto arroz, punto garbanzo, punto argolla, punto maíz, punto coliflor, jersey y correteado en las mangas de la chomba, para la Jacqueline que este año va al colegio. En lana palo de rosa, calipso, verde agua, verde nilo, amarillo pato o celeste Jacinto, que son los colores chillones con que los pobladores arropan su pobreza. Porque las diferencias sociales del otoño, también se dividen por colores. Así, los tonos jaspeados tipo Cachemira o Shetland, demarcan el status de abrigarse con clase, de recibir el frío con buen gusto, con tejidos a máquina que parezcan artesanales, como se usan, dice la cuica, "para la Francisquita que este año también va al college".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, la delicada ternura que ponen las mujeres pobladoras en sus tejidos a mano, entibia como una caricia los tiritones húmedos que acechan a los niños al llegar el frío. Y quizás no es sólo eso, también es una excusa para intercambiar informaciones sobre sus vidas, de juntarse a compartir puntos y tejidos del un, dos, tres al derecho y un, dos, tres al revés. Con doble hebra para mi marido que llega tarde todas las noches, vecina. Con puños reforzados para el Ricardo que pasa día y noche con la patota de la cuadra, vecina. Con calados en el pecho para mi hija de dieciocho, que llega con plata cuando va tanto al centro y nadie sabe para qué doña Juana. Con cuello de tortuga para mi hijo menor, que lo han echado de todos los colegios y ya no sé qué hacer señora Kika.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En fin, pareciera entonces que el tejido colectivo de mujeres urdiendo al sol, en la puerta de sus casas, cumpliera otros propósitos además del fin práctico del chaleco, la bufanda o los guantes. Es una organización que hilvana experiencias y dolores al traqueteo de los palillos, al baile sin censura de la lengua que transmite el pelambre informativo de la cuadra. Es una manera oblicua de hacer política en ausencia del macho. Al igual que el famoso barrido de la vereda, que puede durar horas pasando la escoba en la misma baldosa, limpiando el mismo lugar, como si fuera la terapia pensante que las mantiene unidas, en el rito de armar y desarmar la sociología del barrio y el país. A puro escobazo despellejan a esa pituca de la tele que no les gusta. A puro trapeado de piso cacarean sobre el precio del pan. A puro lustre de cera comentan la mentira encorbatada de los políticos, y ese metro volador que costó tanta plata y no sirve pa ná, porque igual hay que tomar otra micro para llegar a la pobla.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso, a estas alturas del año, ellas echan de menos el otoño tradicional que no llega. Y no es sólo por romanticismo. Por eso andan presagiando un terremoto y extrañan la basura otoñal que otros años en esta fecha cubre las aceras, la lluvia de hojas tristes que las obliga a barrer una y otra vez la vereda, para armar su política parlanchina, su breve espacio camuflado de orden y aseo donde ellas, todas juntas, todas cómplices con el otoño, fingen amontonar hojas secas urdiendo la política hablantina de su doméstica conspiración.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627563284495187?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627563284495187/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627563284495187' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627563284495187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627563284495187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/presagio-dorado-para-un-santiago-otoal.html' title='Presagio dorado para un Santiago otoñal'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627548446573505</id><published>2006-05-29T22:48:00.000-03:00</published><updated>2006-05-29T22:56:48.803-03:00</updated><title type='text'>La bruma del verano leopardo</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Patinando la tarde que bordea un Mapocho arrebolado por jirones de sol, cuando caen en las aguas cristales dorados que alhajan la corriente mugrienta, la marea fecal, rota por gaviotas despistadas que se zambullen a la caza de un pez mojón en el Támesis santiaguino. Pájaros de mar que traicionan el horizonte azulado por la nube rancia del smog, emigrando corriente arriba, picoteando los desechos de la urbe. Acaso espantadas por las risas transandinas que todos los veranos se toman las playas con sus matecitos y gamulanes y esa ironía che que se jacta de tener balcón a Europa. Pero sin embargo, cruzan la cordillera atraídos por el esplendor del verano leopardo. Argentinos de mediopelo, que vienen desde sus pueblitos pampinos y tirados de guata al sol en Reñaca, se pasan la película del Marbella chilensis, soñando que La Serena es la Costa Azul del Pacífico; la prima hermana de Viña del Mar, igual de cuica, tradicional y pretenciosa. El balneario nortino que levantó una escenografía lujosa de hoteles cinco estrellas, piscinas vip's para no toparse con el perraje y playas privé, decoradas con paraguas de totora, único vestigio folclórico que recuerda el techo de paja de la economía nacional.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Kilómetros de mar azul y arenas blancas para leer la fofa "nueva novela", el petardo literario de la transición. La narrativa acartonada que fue escrita para leerse en estas playas del relax neoliberal. Como si escritura y paisaje, ficción y bronceador, libro y toalla se compraran en un solo paquete. En el mismo mall que promueve la rutilancia Miami Vice del surfing, el yatching y el polo acualung, en short, tangas y zungas con palmeras, para el "transculturalismo" de la rotada chilena.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, variados escenarios y múltiples ofertas tensionan el alma veraniego la hacen sudar corriendo por los shoppings, echándose aire con el abanico de las tarjetas de crédito. Buscando los pasajes y el bote inflable para los lagos del sur, donde los ricos, atorados por las truchas, desinflan sus flatos escuchando a Pavarotti. ¡Ay el sur!, ese calipso inigualable de sus aguas, la postal colorinche que vende el mercado a la gringada ecológica. Los fanáticos rubios del retorno a lo natural que llegan hambrientos de aire verde, agua verde, tierra verde que se compra a dólar verde. Gringos que aman el mariscal latinoamericano y resoplan colorados el picante del pebre chileno, alabando hasta las lágrimas la hospitalaria bondad de este suelo. ¡Ay el sur!, el sueño Nafta rodando por la carretera austral que hizo el dictador, en su mayor delirio de infinito. Bajo las hileras de araucarias que miran el futuro con ojos orientales. ¡Ay el sur!, variedad de paisajes; desde la obesa aldea kuchen, la maqueta bávara que levantó sus palos cruzados en Frutillar, hasta la culta Concepción, que quiso ser ciudad imitando caracoles y paseos peatonales de Santiago. Pero se quedó provinciana y sola, embriagada por las petunias universitarias que en la capital son de plástico. ¡Ay el sur!&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Más allá, casi al borde del continente, los andamios podridos recortan el cielo nublado de Puerto Montt, el final de los mochileros que zarpan de Santiago con las patas y el buche. Los neo-hippies que florecen en verano como "la yerba de los caminos", con sus pitos y cajas de vino que dejan regadas en la carretera en el "loco afán" de la aventura sureña. Quizás el verano es sólo para ellos, los únicos que enfrentan el calor a torso descuerado, haciendo dedo con las zapatillas rotas de la nostálgica errancia juvenil. Los únicos que creen en algún sur, como utopía libertaria para ensayar la fuga del hogar, el filo con la familia y sus comidas calientes que transan por el personal stereo. Su cama limpia y estirada que cambian por los pastizales, sólo por ver el horizonte amplio y soñar con un futuro emancipado, antes de ser tragados por la máquina laboral. ¡Ay el sur!&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En estos meses nadie puede escapar a la vorágine veraniega que publicita sus modas y estilos de ocio. La piel pálida es sinónimo de pobreza, sida o derrotismo. A nadie le falta un rayito de sol para tostar las carencias con el bronce triunfal que impone el look leopardo. Hasta los más pobres, encaramados en las latas rascas de sus micros, tendrán su día de playa en la arena oscura de algún balneario que los acepte. Allí despliegan sus toldos de frazadas al viento deshilachado de las toallas, esparciendo huesos de pollo y cáscaras de sandías, alborotados por las escasas horas que disponen para mojarse el poto, quemarse como jaivas y regresar ampollados a la campana afiebrada de Santiago. En fin, el verano leopardo no brilla para todos con el mismo oro solar, igual su efervescencia taquillera atraviesa los status y pinta de color hasta las causas perdidas.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627548446573505?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627548446573505/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627548446573505' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627548446573505'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627548446573505'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/la-bruma-del-verano-leopardo.html' title='La bruma del verano leopardo'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114627538836228941</id><published>2006-05-27T23:46:00.000-03:00</published><updated>2006-05-26T23:55:03.790-03:00</updated><title type='text'>Nevada de plumas sobre un tigre en invierno</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como si bastara estirar la mano para tocar los penachos de los Andes, pero no es así, porque esas cumbres emblemas de la patria están lejos, y sólo se reparten para la plebe en la mínima postal de la caja de fósforos. Ese murallón que en invierno se pone toca de novia para recibir el halago turista. Los cucuruchos empolvados que le dan a esta ciudad ese aire europeo, ese charme alpino, tan altivo, tan elegante, tan albo, que contrasta con la periferia de latas y barriales. Ese biombo de seda blanca donde los ricos se deslizan como cisnes, y se sacan cresta y media aprendiendo a esquiar. Un mundo Diners con gafas Ray Ban y piscinas temperadas con solarium para el cuerpo aeróbico, el cuerpo sano pero lateado, chamuscándose por horas bajo ese sol antártico, con la mente vacía como un cheque en blanco, para agarrar ese tono triunfal que distingue las pieles regias en pleno junio, las pieles radiantes con ese exquisito bronceado Canela-ice.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La cordillera nacional, tan alta, tan inalcanzable para la piojada santiaguina que nunca ha subido a Valle Nevado. Que jamás pensó tener vacaciones en invierno, anegados con la lluvia hasta el cogote. La masa oscura que siempre ha mirado ese paisaje ajeno, como de otro país. Un país donde la navidad es eterna para los niños rubios que dan volteretas en sus trillos. Un paraje de pinos escarchados que sólo conocen por las tarjetas de pascua y la serie de Heidi en la televisión. Un jardín de hielo donde los tigres de la economía lucen sus parkas Montana, su ropa fosforescente y todo ese colorinche optimista que vende el mercado del ski. Como Suiza o Montreal. "-Te cachái galla que no tenis que ir pa' llá. Porque en el Colorado te encontrái con todo el mundo. Hasta con esos retornados que le agarraron el gusto a la nieve allá en Moscú. Aquí no más, fijaté, a una hora de Santa María de la Nieves encontrái a toda la gente taquillando en el andarivel. Hasta algunos picantes de fin de semana que contrastan por lo negros, que parecen esquimales dando diente con diente, entumidos en las pilchas de la ropa americana. Ay Pili, da una pena, por suerte son pocos".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, las plumas nevadas sólo decoran la falda cordillerana donde anida la burguesía. Rara vez se extiende ese algodón clasista al resto de Santiago. Y cuando ocurre, cuando el aliento infantil humea bajo cero en la pobla lluviosa, cuando esos enanos boquiabiertos contemplan el milagro de las pelusas que deshilachan el cielo, cuando salen a la calle para ver en directo el espectáculo de las nubes pelechando, no hay quién los detenga corriendo, jugando, comiendo esos hilos helados que van cubriendo la miseria con su capa de gasa. Esa pelusilla mezquina que recogen las manitas moradas juntándola con barro para hacer sus monos sucios. Sus monos torpes, vestidos con bolsas de basura y sombreros de tarros. Sus monos grotescos, como garabatos del obeso referente nórdico. Monos desnutridos, arropados con los trapos de su tierna estética bizarra. Muñecos ordinarios que jamás serán promoción de Chile en el mercado turista. Muñecos pobres, entristecidos por la lluvia que sigue cayendo. La lluvia que no para, la lluvia que se lleva rápido el milagro de la nieve. Porque sigue lloviendo y esa agua mugrienta derrite el relámpago de la fiesta. Y por suerte, dicen las viejas entrando a los niños y cerrando la puerta. Por suerte no siguió nevando, repiten con sabiduría. Porque si sigue, la sorpresa blanca será tragedia cuando se manda guarda abajo el techo de fonolas con el peso del hielo. Por suerte la nieve es del Barrio Alto y que siga nevando allá que tienen techos firmes. Porque aquí ya es mucho soportar los aguaceros, las alcantarillas tapadas y los mojones chapoteando en el chocolate de la inundación. Ya es mucho barro y la lluvia deja de ser poética, cuando se desborda el canal y arrastra los cuatro palos de la rancha y hay que salvar el televisor a color, al menos para ver a Don Francisco calientito allá en Miami. Después vienen las visitadoras y las encuestas, y las cámaras de la televisión metiendo su ojo copuchento, sapeando, mostrando a todo el país nuestra intimidad de cachivaches mojados.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y es como un segundo aluvión de luces y reflectores que ni siquiera piden permiso, y se meten así no más con todos sus aparatos. Con sus parkas gruesas y su acento universitario dando órdenes, diciendo que ni siquiera nos peinemos, que así estamos bien, sucios, feos y chascones, para salir en el noticiario de la compasión pública. Y más encima la nieve. Para qué queremos nieve, aunque sea bonita, si deja todo estilando y después vienen las toses y la bronconeumonía de los cabros chicos. Total para la pascua llenamos de algodón el arbolito y ya está.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Entonces el festejo nevado varía de acuerdo a la latitud territorial donde se reparte. Como también a las posibilidades habitacionales y calefactoras para recibirlo. Lo que en una parte de la ciudad es un maná estético y gratitud deportiva, en otra se transforma en drama y destrucción. El mismo aletazo helado que arranca de cuajo el techo de algunos, para otros es un cubo de hielo que cruje en el whisky entibiado por la chimenea. El mismo sobresalto de las goteras, en La Parva es un bostezo felino que mira con cristales ahumados caer los copos tras la ventana. Los ve caer como si fueran monedas de reserva en un país que triunfa en su economía. Por suerte la TV está apagada, porque allá abajo la ciudad se rebalsa de inundaciones y damnificados que deprimen la afelpada tibieza de su letargo invernal.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114627538836228941?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114627538836228941/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114627538836228941' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627538836228941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114627538836228941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/nevada-de-plumas-sobre-un-tigre-en.html' title='Nevada de plumas sobre un tigre en invierno'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619078195225346</id><published>2006-05-26T00:25:00.000-03:00</published><updated>2006-05-26T12:29:20.380-03:00</updated><title type='text'>Los albores de La Florida (o "sentirse rico, aunque sea en miniatura")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y no hace tanto que esa comuna era un pastizal de parcelas y viñedos aledaños a Santiago. No hace mucho que esos terrenos orillaban Vicuña Mackenna con peladeros silvestres y arboledas flacas que mantenían la nota campestre de una ciudad recostada en la cordillera. Sin ser nostálgico, los aires de La Florida eran oxígeno verde para tanto poblador que transitaba a Puente Alto mirando la cinta rural que corría en la ventana de la micro. Y esa película del entierrado paisaje chilensis, era la única postal de naturaleza accesible para los obreros, que dormitaban en el letargo de álamos y queltehues rumbo a su mediagua.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y de un día a otro, como quien pestañea despertando al paso de unos años, el paisaje bucólico se fue a las pailas. En su reemplazo, la modernidad expansiva de la urbe hizo de La Florida una comuna de cartón, poblada de villas y condominios a la rápida, con nombres elegantes de San Jorge, La Alborada, Las Praderas, Las Torcazas; para oficinistas, profesionales, yuppies y profesores que refundaron estas pampas con los vicios pequeño-burgueses de una nueva clase social. Mejor dicho, la poblaron con estatus medio pelo de la copia ricachona, pero todo en chiquitito. Es decir, el bungalow del barrio alto pero reducido a un espacio donde la sala, la biblioteca, el porche, la despensa y la pieza de empleada, equivalen a una casa de muñecas. Sentirse rico, aunque sea en la miniatura de esos chalecitos iguales, con tejitas y un jardincito donde el perro doberman parece un elefante. Porque no hay casa de La Florida que no tenga un doberman, que son los únicos perros que cumplen fieros su trabajo de guardianes mochos de las porquerías electrodomésticas que alhajan estos hogares de pobres ricos. Asalariados que a fin de mes hacen milagros para pagar las deudas, las calillas y letras del auto japonés que lo lavan y lustran en los pasajes cada sábado. Cada tarde de fin de semana, cuando toda la familia Florida se pone buzo deportivo, todos iguales, todos de zapatillas y viseras para trotar como pelotas en esas callecitas con pasto recortado y rejitas bajas, igual que en las películas yanquis.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La planificación urbana tiende cada vez más a la expansión centrífuga del centro tradicional, crear nuevas comunas, nuevos barrios que descongestionen el corazón metropolitano ya aglutinado por la explosión demográfica. Pero en esta redistribución del espacio social, el mercado del hábitat va copiando recetas urbanísticas donde la arquitectura modular del desarrollo optimista incluye tipos de vida, formas estereotipadas del desarrollo doméstico que moldean la libertad del ciudadano. Así, junto a "la casita en la pradera de La Florida", viene incluida la educación de los cabros chicos en el jardín infantil que tiene la Villa. Junto al plano de la vivienda, viene la entretención para los adolescentes en la disco-matiné que casualmente queda a media cuadra del condominio. Y como si fuera poco, casi no hay que desplazarse a ningún otro barrio, porque en la rotonda de La Florida se levanta fanfarrón el Super Mall, donde usted encuentra todo lo imaginable, desde una aguja hasta una casa rodante para un feliz week-end. Allí se matan todas las neuras con la droga del consumo. Ahí usted se relaja mirando vitrinas, comprando o simulando que compra cuando se encuentra con la vecina. Y lo mejor, sin los cabros chicos entretenidos, zangoloteándose como títeres en esos hipopótamos de plástico que les revuelven las neuronas. En La Florida usted es feliz, dice la propaganda, tomando el sol en su metro cuadrado de césped, y mojándose el poto en su piscinita no más grande que un lavaplatos. En La Florida usted es feliz, le recita el corredor de propiedades, sumándose a la ópera mercantil de estos barrios instantáneos sin historia, sin pasado que pueda arrastrar un trauma futuro. En La Florida usted puede sentirse en Chinatown porque hacen nata los restorantes chinos y también abunda la comida chatarra, como en Miami. ¿Se da cuenta? En La Florida no hay depresión, porque el oleaje de ofertas es la terapia comunal que compite con cualquier liquidación de temporada. En La Florida usted puede estar contento, si amontona sus ilusiones de rico en esta comuna Liliput, donde los deseos de prosperidad ordenan su vida familiar de acuerdo al prospecto inmobiliario que le promete felicidad en colores. A cambio, usted tiene que jibarizar su arribismo de magnate caluga y creerse afortunado de vivir en un Edén irisado de neones y carteles que transforman el paisaje en un juego de Metrópolis.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619078195225346?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619078195225346/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619078195225346' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619078195225346'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619078195225346'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/los-albores-de-la-florida-o-sentirse.html' title='Los albores de La Florida (o &quot;sentirse rico, aunque sea en miniatura&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619054665613998</id><published>2006-05-25T22:26:00.000-03:00</published><updated>2006-05-25T22:34:41.880-03:00</updated><title type='text'>El Metro de Santiago (o "esa azul radiante rapidez")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Con esa música de clínica privada y esos azulejos de carnicería que empapelan los túneles, el Metro santiaguino es la evidencia disciplinada que nos dejó la dictadura. Un Metro tan limpio, tan brillante como cocina de ricos. Tan pulcro como si nunca se usara, como esos juguetes caros que las mamás no dejan que los niños rayen o ensucien. Un Metro que a tantos años de construido, se ve como nuevo en su azul celeste y radiante rapidez.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez el pasajero que día a día va y viene en la cinta de metal bajo la tierra, no sabe que al comprar el boleto una cámara lo sapea haciendo la fila, cruzando la máquina. Una cámara lo sigue bajando la escalera, lo mira sentado esperando el carro en esas estaciones donde no hay nada que mirar, excepto esos murales abstractos y geométricos que los cuidan como Capilla Sixtina, o la propaganda de las teleseries donde la estética publicitaria vende colegialas a medio vestir con una frutilla en la boca. Nada que mirar, salvo esos informativos culturales atrasados, o esos aparatosos diarios murales que muestran vida y obra ae poetas del año de la pera, vitrinas de la cultura nacional que la gente mira distraída para matar el tiempo, mientras viene el tren, la culebra plateada del orgullo nacional que cruza la ciudad del Barrio Alto a la periferia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, viajando por la línea uno se recorre el mapa social de la urbe que va desde la estación Escuela Militar, llena de boliches pirulos y ventas de comida diet para perros, hasta la Estación Neptuno, la última del recorrido, el terminal donde las tiendas pitucas son puestos de empanadas y sopaipillas en la vereda. El destino final de los trabajadores, que bajan del Metro bostezando, para hundirse en el olvido de su rutina laboral.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El Metro de Santiago no se parece a otros trenes urbanos de Latinoamérica. Su travesía de intestino subterráneo es mucho más impersonal, mucho más fría la relación que nunca se establece entre los pasajeros sentados uno frente a otro evitando mirar al de enfrente, tratando de hacerse el orgulloso con la vista fija en la ventana tapiada por la oscuridad del túnel. Como si la paranoia ambiental evitara el cruce de miradas, bajara la vista al periódico, al libro latero que se finge leer solamente para no contaminarse con otros ojos, igual de esquivos, igual de temerosos por la camisa de fuerza donde todo gesto está controlado por la mirada sospechosa de los guardias, por el ojo invisible que mantiene el orden en esa voz de aluminio repitiendo por los parlantes "Se ruega no sentarse en el piso". Pero los estudiantes no están ni ahí con esa orden, y se instalan a pata suelta en el suelo, alterando la compostura acartonada del Metro con su pendeja transgresión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La única vez que el Metro fue desbordado por la pasión ciudadana, ocurrió durante una concentración por el NO en el Parque O'Higgins. Entonces los carros se repletaron de cantos y gritos y banderas por el retorno a la democracia. Todo el mundo cantando, saltando con: "el que no salta es Pinochet". Y el tren también brincaba como conejo en sus ruedas de goma. El fino tren se zangoloteaba como micro pobre con el vaivén del "Y va a caer". El tren ya se reventaba de cabros revoltosos rayando con spray, escribiendo "Pico pal Pinocho, Muerte al Chacal", ante los horrorizados ojos de los guardias que no podían controlar esa tormenta humana.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Esa fue la única vez que el Metro cobró vida, la única vez que cruzó la ciudad como una pizarra del descontento, como un tren de juguete escapado de la intocable vitrina, porque luego, lo lavaron, lo lustraron, volviéndolo a su flamante hipocresía vehicular.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás, el higiénico fantasma del Metro refleje falsamente la educada mueca que atrae la plata y el turismo, quizás es un espejo reluciente donde se puede ver un Santiago engominado por el trapo municipal. Tal vez lo único que altera su delicada travesía son los cuerpos suicidas que manchan con sus tripas el pulcro escenario del subterráneo nacional.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619054665613998?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619054665613998/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619054665613998' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619054665613998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619054665613998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/el-metro-de-santiago-o-esa-azul.html' title='El Metro de Santiago (o &quot;esa azul radiante rapidez&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619045028809349</id><published>2006-05-24T09:56:00.000-03:00</published><updated>2006-05-24T09:59:51.346-03:00</updated><title type='text'>El Festival de Viña</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De año en año, febrero, Viña y Chile son el Festival, el evento de música popular que reemplaza los carnavales que por estas fechas se dan en otros suelos de América Latina. Y debe ser porque este país, más blancucho y menos zandunguero, eligió la competencia comercial de la música para alegrar formalmente su descolorido verano. Sobre todo si este sencillo espectáculo se transformó en un megaevento donde viene a probar suerte la cabrería cantora del cono sur, los anónimos baladistas que llegan hipnotizados con el éxito monetario nacional, y esperan vivir el resto del año con las ganancias de su participación en el show. Si es que el monstruo les da la pasa. ¿Pero qué es el monstruo, qué es esa congregación de gente que más que las votaciones políticas levanta o destroza artistas según su estado de ánimo, según la propaganda de promoción que le arma el tráfico de la tele, las revistas de la tele, las copuchas de la tele, y toda esa faramalla mentirosa que cree manejar la opinión pública del país? Pero nada es tan simple, porque el público festivalero sabe que en cualquier momento del espectáculo puede ejercer su incontrolable desenfado, sobre todo la galería encaramada en el cerro. Por eso año a año se necesitan más pacos para mantener a raya a la manga revoltosa que pifia sin miedo lo que no le gusta, el bochinche popular que aplaude, baila y corea lo que ama. Entonces, la opinión gritona de esta barra es un cómputo en vivo y en directo de lo que es Chile, de sus afectos sentimentales o sus rencores que hacen sudar al animador, el inolvidable canoso que junio al director de orquesta se quedaron piola, haciéndose !os lesos después que llego la democracia. Quizás estos personajes son los únicos que recuerdan otros festivales más reaccionarios, donde los cantantes que amaban el perfume de los bototos eran los únicos invitados,, los favoritos del régimen, más uno que otro cómico que cuando se salía del libreto lo cortaban con el "Vamos a comerciales".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El populoso Festival de Viña, más que una tarima musical, también ha sido un escenario donde la situación política del país se ha reflejado a toda pantalla. Así, se ha hecho costumbre descubrir en la platea a algún político taquilla en tenida sport, moviendo la panza al compás de la orquesta. Así, promueven sus campañas pasando por "juveniles cuarentones buena onda". También algún ministro y hasta el mismo presidente han llegado a la Quinta Vergara enfamiliados, con niñi-tas, pololos de las niñitas, primos y amigos, representando la foto familiar de la Patria Feliz. Han llegado planificadamente de sorpresa, justo cuando la orquesta entona los acordes de la canción nacional a todo tarro, para acallar la rechifla de la galería. Algo de esto ocurrió en 1974, en el festival realizado después del golpe. En medio de un blindado batallón de seguridad, Pinochet llegó con su capa de vampiro pisando fuerte. ¿Y quién se iba a atrever a mirarlo feo? Sobre todo en Viña, que fue la ciudad que más apoyó el golpe. En esa oportunidad la cantante española Mari Trini, seguramente franquista, le rindió un emocionado homenaje al dictador, tirándole una rosa blanca que al caer en sus manos se manchó de sangre. De ella nunca más se supo, y el olvido fue un merecido pago a su tenebrosa adhesión. Como la del cómico Bigote Arrocet, que en el mismo festival y aprovechándose de la reciente muerte de Nino Bravo, interpretó la canción "Libre", del fallecido cantautor español. De rodillas y con lágrimas en los ojos, el oportunista Bigote Arrocet, hizo de esa balada el himno triunfal de la dictadura, la marcha gloriosa de la masacre, que después adaptaron marcialmente los orfeones militares. Seguramente por este desatino, el cómico se fue de Chile con su chabacano "Juístete, juístete y por suerte no gorviste".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, este circo viñamarino ha retratado la historia política y cultural del país en todos estos años. Por el anfiteatro veraniego han desfilado los Iglesias, los Rodríguez, los Raphaeles, los Chayanes y toda la fauna de la música comercial y su aguado discurso amoroso. Porque el festival privilegia el ritmo y las letras que no dicen nada, fue el caso del grupo Police que lo pifiaron, a diferencia de otros bellos tontorrones que se llevaron la gaviota y el recuerdo de los aplausos y las antorchas estrellando la noche. El triunfo o la derrota tienen algo de impredecible en este escenario, pero las ausencias y las censuras son cálidamente ovacionadas por la galería. Así, figuras largamente esperadas en la Quinta, tuvieron su noche de emoción. Fue el caso de Mercedes Sosa, Illapu, Serrat, Los Prisioneros y Patricio Manns, con quienes la democracia saldó su deuda en el escenario de la Quinta. Pero fue sólo el gesto, porque luego el evento musical retomó su mercado bailable. El negocio cancionero que une al país por las pantallas de la tele, con los mismos huasos de ballet en la coreografía inaugural, con los mismos humoristas que hacen de la imitación a Pinochet casi un gesto de cariño, en lo imitado siempre hay admiración, reivindicación, lavado de memoria y cuenta nueva. Más bien un país nuevo, casi instantáneo, que despliega cada febrero el cacareo orgulloso en su noche de anfetaminas y festival.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619045028809349?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619045028809349/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619045028809349' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619045028809349'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619045028809349'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/el-festival-de-via.html' title='El Festival de Viña'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619038018556747</id><published>2006-05-23T09:12:00.000-03:00</published><updated>2006-05-23T09:15:50.960-03:00</updated><title type='text'>La ciudad con terno nuevo (o "un extraño en el paraíso")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como si de un paraguazo nos hubieran borrado el recuerdo, andamos por ahí, deambulando en un paisaje extraño, tratando de recuperar la ciudad perdida donde crecimos. La ciudad amada y odiada en sus rasmillones de clase. La ciudad puta y santa, desguañangada en sus tiritones de arrabal huachuchero. La ciudad conflicto y cementada contradicción que nos enseñó el duro oficio de creernos habitantes de sus calles resecas de smog y cansancio.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, todavía andamos por este mapa tratando de recuperar los rincones, las esquinas, los barrios Franklin, Matta, Independencia, Gran Avenida, Estación Central, Mapocho o Vivaceta. Cuadras antiguas, pero grises en su media suela social, sin la importancia histórica que las hubiera salvado de la demolición. Barrios familiares, cercanos al centro, cruzados por cités, conventillos, almacenes y veredas quebradas, donde las vecinas y gatos esperaban la tarde despulgándose al sol. Barrios como de provincia, enmohecidos por el yodo del orín en sus murallones de adobe. Cuadras largas con veredas sin jardín, casas planas, todas iguales, todas de fachadas altas y alineadas en la simpleza de otra urbe menos pretenciosa, pero condenada a la desaparición por no ostentar los joropos estéticos de la arquitectura clásica que protege los barrios pudientes. Ese otro Santiago clasista, recuperado, remozado y afirulado por los urbanistas municipales que preservan solamente la memoria aristócrata. Para que el turismo vea esos palacetes sin alma y piense que no siempre fuimos pobres, que alguna vez Santiago se pareció a Europa, a París, a Inglaterra en esas cáscaras barrocas, llenas de ratones, que las cuidan y pintan como porcelanas chinas, porque allí anidó la crem del 900. El resto, no tiene importancia, no hay estilo que justifique su conservación. Por eso la arquitectura moderna arrasa sin piedad con la memoria de los pobres. Con su monstruosa maquinaria demoledora, hace polvo el perfil evocado de la cuadra, la casa con corredor y su mampara, la pieza de alquiler y su colectiva promiscuidad, donde a pesar de la estrechez, madres solteras, hijastros, padrastros, tías, madrinas, abuelas y sobrinos allegados, amancebaron la leva conviviente bajo la luz cagada por moscas de una parda ampolleta. Ahí, a pesar de la difícil convivencia, los vecinos celebraban sus ritos festivos del casorio, el santo, el cumpleaños o el bautizo, para después agarrarse de las mechas, gritándose la vida en el embriagado amanecer.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, este travestismo urbanero que desecha la ciudad ajada como desperdicio, pretende pavimentar la memoria con plástico y acrílico para sumirnos en una ciudad sin pasado, eternamente joven y siempre al instante. Una ciudad donde sus peatones se sienten caminando en Marte, perdidos en el laberinto de espejos y metales que levanta triunfal el encatrado económico. Aunque a veces, en la orfandad de esos paseos por Santiago actual, nos cruza fugaz un olor, un aire cercano, un confitado dulzor. Y nos quedamos allí, quietos, sin respirar, como drogados tratando de no dejar escapar ese momento, reteniendo a la fuerza la sensación de un espacio conocido. Tal vez, los restos de un muro, el marco de una puerta tambaleándose a punto de caer. Quizás, el sabor del aire que tenía una cuadra donde quisimos quedarnos para siempre, agarrados al árbol en que escuchamos por primera vez un te quiero. Donde, otra vez, nos quedamos esperando a ese compañero que nunca llegó a la cita, o al contacto para sacarlo del país, esos años de gasa negra. Nos quedamos por un momento en silencio, atrapados en la fragilidad cristalizada del instante. Como sumergidos bajo una campana de vidrio, raptados por otra ciudad. Una ciudad lejana, perdida para siempre, cuando al pasar ese minuto, el estruendo del tráfico la desbarata, como un castillo de naipes, al cambiar el semáforo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619038018556747?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619038018556747/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619038018556747' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619038018556747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619038018556747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/la-ciudad-con-terno-nuevo-o-un-extrao.html' title='La ciudad con terno nuevo (o &quot;un extraño en el paraíso&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619029329274152</id><published>2006-05-22T11:29:00.000-03:00</published><updated>2006-05-22T11:26:32.993-03:00</updated><title type='text'>El test antidoping (o "vivir con un submarino policial en la sangre")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Será que para el Estado los ciudadanos siempre seremos cabros chicos, a quienes se les revisan las uñas, el pelo y las orejas por si encuentran una mugrecita, un rastro de farra, una colilla de pitos, o un simple tufo a alcohol para echar a andar su maquinaria represora. El pulpo de mil ojos que implemento la democracia como custodio de la libertad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, aún no se evaporan los sistemas opresivos que enfermaron de paranoia a este país y por lo mismo, los alcaldes andan poniendo cámaras de vigilancia a la pesca de algún desliz, al cateo de alguna subversión, para justificar los mil ojos fumadores que sapean la aburrida vida de los chilenos. Así, nos fuimos acostumbrando a los guardias de seguridad hasta en los baños, contestamos educadamente las encuestas preguntonas que indagan sobre qué comimos ayer y de qué color era el condón que usamos, por quién vamos a votar y si preferimos la cuidadosa programación del Canal Nacional o el zaping con Diazepán para soñar en colores. Día a día, los sistemas de vigilancia agudizan su microscopio acusete, acostumbrándonos a vivir en un zoológico alambrado de precauciones, para proteger el tránsito sin emoción de la lata nacional.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es posible que muchos se sientan cómodos en la castidad fichada de estos sistemas. Quizás, les acomoda el paisaje enrejado de sus condominios, la música chillona de las alarmas y el trato indiferente de los porteros automáticos. Tal vez, siempre fueron niños protegidos por nanas e institutrices que reemplazaron al paco de turno. En fin, los ricos siempre tuvieron cajas de seguridad, rejas y candados para proteger sus alhajas y títulos de dominio. Pero y los otros, los picantes arribistas que no quieren llamarse pobres, que le ponen alarma hasta a las bicicletas. Los pobladores que envuelven de rejas sus pobres pasajes remedando los condominios del riquerío. Como si el televisor de 23 pulgadas y el mini-compact, que todavía no se paga, valieran la pena de vivir enjaulados transformando el cotidiano pasaje en una galena de cárcel. Principalmente cuando este segmento social es el más sospechoso, la piel morena más perseguida, esa timidez de poblador que no se disimula con un jean Levis. Esa inestabilidad social del crédito que obliga a ponerse corbata y buscar trabajo, enfrentarse continuamente con la ficha social de los busca pegas. Los jóvenes de terno que madrugan para hacer la cola frente a esas oficinas que ofrecen empleo en el diario: Y cuando todo está bien, cuando la secretaria le dijo que el puesto era suyo, cuando le aseguró que el currículo había sido aceptado por la gerencia, cuando le repitió que todos sus papeles de estudio, honorabilidad y antecedentes cumplían los requisitos; después que el gerente en persona, un rubio un poco mayor que él, le dio la mano y lo miró con aprobación de arriba abajo, justo ahí, aparece la sorpresa; la secretaria con el lápiz en la boca diciendo que lo único faltante es el test antidrogas y el test del sida para que se haga cargo del puesto. Y ahí mismo se evaporan todas la ilusiones de trabajo, porque hace unos meses él estaba en un reventón de deprimido que de seguro va a salir a todo cinerama en el examen del pelo. Porque ese análisis es como una radiografía al pasado, y vaya a saber uno qué le sale o qué le inventan.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, nuevas disposiciones laborales exigen el humillante test antidrogas. Como si no bastaran los sistemas de control montados para inhibir la pasión urbana, ahora introducen en la sangre la araña intrusa del empadronamiento. El ojo voraz que persigue linfocitos drogos o células ebrias de carrete para satisfacer la alba moral de la patria democrática. La caza de brujas reguladora, que apunta con su uña sucia la tímida matita de mariguana. La inocente yerba del volado que amortigua la pena y hace más soportable la misa feudal de la moralina chilena.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619029329274152?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619029329274152/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619029329274152' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619029329274152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619029329274152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/el-test-antidoping-o-vivir-con-un.html' title='El test antidoping (o &quot;vivir con un submarino policial en la sangre&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619017156774479</id><published>2006-05-19T13:47:00.000-03:00</published><updated>2006-05-19T13:50:17.013-03:00</updated><title type='text'>Viña del Mar (o "un jardín en huelga de aburrimiento")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Hay ciudades que son paréntesis en la desmembrada costa social del paisaje chileno. Lugares que se apellidan de ciudad sólo por tener la concurrencia veraniega que llena sus pubs, discoteques, paseos, hoteles y callecitas recortadas por la foto turista. Balnearios donde anidó la nata cursi del novecientos, la crema fragante de lirios, peonías y quintas de reposo donde se doraba la guata floja el pituquerío nacional. Los Vergara, los Echaurren, los Concha Cazzote, los rucios colorados de etiqueta que pasaban medio año en Europa y unos meses en la Viña del Mar de sus amores. Casi Punta del Este, casi Biarritz, casi Acapulco, a no ser por el charchazo helado del Pacífico, siempre violento, siempre recordándoles que estaban en una lombriz de país sudamericano con cierto aire europeo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y cuesta un poco ubicar a los viñamarinos clásicos en el zoo local, Cuesta entender su chouvinismo de provincia, donde el reloj florido de Caleta Abarca es la insignia ordinaria que marca la hora del té en el Samoiedo. La hora del típico paseíto de los hijos de marinos con sus pololas lánguidas por la calle Valparaíso. El boulevard viñamarinense siempre concurrido, siempre chismoso en el cotorreo jaibón de las viejas con perros y empleadas de uniforme almidonado llevándoles los paquetes. Las señoras viñamarisinas, de pelo lila, comentando: te fijaste Lucrecia en la cirugía estética hecha bolsa de la Perla. Poco le duró el dineral que le pagó a Pitanguy. Mejor se hubiera quedado con el saco de arrugas. Da tanta pena verla, que mejor hacerse como que uno no la ha visto. Mejor seguir recorriendo las riendas de Viña que nada tienen que envidiarle a las boutiques de Providencia, tan grasientas de smog.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde Santiago, este balneario con clase y tradición sólo existe en plenitud en la época del festival en la Quinta Vergara. Pero entonces, los finos viñamaricuicos abandonan sus paseos atestados de rotaje y fans pelientas que aullan frente al Hotel O'Higgins por un autógrafo. Ellos emigran a Cachagua o a los lagos del sur, hasta que pase la ava lancha plebeya y festivalera. Sólo regresan en marzo, para matricular a los niños en los Padres Franceses, y retomar la plácida modorra de sus vidas con olor a Flaño y café cortado. En realidad, el tiempo en la ciudad jardín nunca pasa, porque en ese invernadero marino nunca pasa nada. Nunca cruzó la historia por el ocio de sus avenidas. Jamás hubo protestas ni trifulcas en la dictadura, nunca hay manifestaciones, ni tomas de colegios, ni huelgas, ni paros, porque allí siempre todo está en huelga de aburrimiento, como detenido, como esperando ser fotografiado en el remojo burgués del recuerdo turista.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por Viña no pasó la historia del 73, porque quizás el golpe de Estado se planificó en alguna de sus terrazas con vista al mar, como lo muestra la película «Missing» de Costa Gavras. De ahí que todos sus antiguos moradores se conocen, y sus hijos hombres siguen la ruta de Prat, aporreándose las güevas en los ejercicios instructivos de la Escuela Naval. Por eso en toda familia viñamarisina de respeto, hay un almirante (venga el bu...), un capitán de fragata, un patrono milico que inyecta la jerarquía facha en sus descendientes. Y si por ahí alguno le sale descarriado, lo meten en la Escuela de Arquitectura de Valparaíso, el templo esotérico que experimentó la estética del ranchal patrio en los andamios de Ritoque, vecino de aquel campo de concentración.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es posible decir que Viña es una ciudad jardín sembrada por la derecha, y su rancia parentela conserva un tramado social fundado en la moral y la tradición difícil de encontrar en el resto del país, con excepción de La Serena. No es casual entonces que el último Encuentro Nazi del Continente se realizara en el Palacio Rioja. Tampoco es sorpresa que existan grupos cultores del Tercer Reich bajo la tibia sombra de sus parques. Pero esta Viña del Mar que retrata esta crónica, es sólo una parte, quizás el centro cercano a la hediondez del estero que cada año se desborda y adorna de mojones las alfombras y petunias de Avenida Libertad. Tal vez más alejado, bordeando la periferia de los cerros, un cordón humilde rodea las mansiones y da cuenta de otra parte de la ciudad, más desconocida y sin la altanera techumbre que sombrerea los palacetes. Pero eso no es Viña, le escuché decir a una chica dorada en la playa Casino, enredándose el chicle en su dedo fino, con la baba clasista de su orgullo viñamarino.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619017156774479?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619017156774479/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619017156774479' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619017156774479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619017156774479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/via-del-mar-o-un-jardn-en-huelga-de.html' title='Viña del Mar (o &quot;un jardín en huelga de aburrimiento&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619009028338191</id><published>2006-05-18T14:09:00.000-03:00</published><updated>2006-05-18T14:12:18.630-03:00</updated><title type='text'>El barrio Bellavista</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Sin más ni más, en la noche hueca del sopor santiaguino, de vuelta y vuelta por las calles remozadas de Bellavista, el barrio cultural, el caserío semiturístico, semilumpen, semiartístico que inauguró la democracia entre el cerro y la Alameda, a un costado de Plaza Italia, justo en el vértice que divide la ciudad entre los de arriba y los de abajo. Casi una zona de reconciliación social disfrazada de bohemia parisina que congrega a picantes y pitucos los fines de semana. Mangas de jóvenes que vienen al reventón del Bella, la fiesta cuneta de Pío Nono, la feria principal donde los artesanos instalan su culebra mercante que trafica imágenes de Violeta Parra en lana, de Pablo Neruda en cuero, de Salvador Allende en cobre, del Che Guevara en pañuelos y poleras, como si la historia corriera más rápido panfleteada en otros materiales, la historia sin asunto, sin referente en el collage gitano y artesa. La historia traspapelada, confundida entre una cuna de mimbre y el brazalete con clavos de un punga-punkie. Todo junto, todo confundido y disperso al ritmo disco que pestañea en la cabeza de los pendejos que buscan desesperadamente la disco para zangolotear su caprichosa urgencia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, el barrio Bellavista se ha hecho memoria a costa de propaganda y consumo, aunque antes de la avalancha comercial de cafés, pubs, restoranes, bares y bailongos, este lugar ya tenía olores de puerto, rugidos de zoológico, picadas y clandestinos donde bigoteaban el pipeño los intelectuales del sesenta. Ya existía el Venecia en el corazón del Bella, donde llegaban poetas famosos atraídos por su amable languidez parroquiana. Tal vez el único sitio que permanece medianamente como era, el único restorante que no transó con el artificio plástico de las shoperías y barcitos decorados con buen gusto, amueblados con esas mesas de tren, absolutamente incómodas y apretadas para que uno consuma rápido y se vaya luego. El Venecia ya es tradición en el Bella con su comida local y sus vinos con frutas que refrescan las acaloradas tardes de enero. Por ahí transitan los viejos vecinos que se quedaron en Bellavista, resistiendo la ocupación de sus tranquilas veredas por el circo underground y su teatro callejero. Se quedaron en sus casonas viejas, a pesar de los millones que les ofrecieron para venderlas y poner restorantes de corruda internacional. Permanecieron fieles a la sombra del cerro mirando cómo el barrio cambiaba; donde vivía la señora Rosita pusieron comida italiana, al lado del maestro gásfiter una salsoteca y, casi en la esquina, un local con juegos de video.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Varias décadas han pasado por el barrio alterando su cotidiano paisaje, pero sólo en los noventa las casas añejas fueron tomando su actual colorido. Talleres de pintores, academias de teatro y salas de espectáculos pintaron de tornasol la decadencia del muro de adobe. Y por poco el sombrío Bella se confunde con el barrio La Boca o San Telmo de Buenos Aires. Entrecerrando los ojos podría ser el Soho de Nueva York o Montmartre de París. Pero al abrirlos sobre la humareda de sopaipillas y chucherías japonesas y esa música cascarrienta que endulza el aire de Pío Nono, nuestro Bellavista tiene más que ver con la terraza de Cartagena, con esa aglomeración de pueblo que chancletea en las ferias artesanales gastándose las escasas chauchas del presupuesto familiar, en golosinas y chucherías brillosas, que alegran un poco el paisaje postizo de la tímida recreación nacional.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619009028338191?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619009028338191/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619009028338191' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619009028338191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619009028338191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/el-barrio-bellavista.html' title='El barrio Bellavista'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114619002303479087</id><published>2006-05-16T09:53:00.000-03:00</published><updated>2006-05-16T09:56:39.256-03:00</updated><title type='text'>I love you Mac Donald (o "el encanto de la comida chatarra")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y no hace tanto que estas cocinerías de la gula yanqui se instalaron en la ansiedad del mastique chileno. No hace mucho, pero prendieron como pólvora inundando la ciudad con sus luces, neones, slogans, olores y fritangas gringas que atraen a la masa urbana con el aroma plástico de la comilona chatarra.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde fines de los setenta, cuando se instaló en Santiago la cadena Burguer Inn, la colonización del causeo con ketchup perfuma los paseos peatonales alterando el metabolismo nacional, acostumbrado al cocimiento caldúo de la porotada tricolor. Porque la dieta nutritiva y costumbrista de cada territorio, tal vez interviene en el desarrollo de las razas. Quizás acentúa sus diferencias, dependiendo la cantidad de carne, verduras o cereales que se consuman. Entonces, cada pueblo refuerza una identidad culinaria para conservar sus rasgos físicos, síquicos y sociales según las proteínas animales, marinas o vegetales que su tradición aliña en el ritual de la cocina. Así, un saber popular seduce y congrega a la mesa familiar con la herencia de las recetas. El traspaso del charquicán, la carbonada, o el caldillo que preparaba la abuela, lo aprende la madre quien se lo enseña a la hija y ésta a la nieta. Pero hasta ahí no más llega, porque a la bisnieta de tres años, le fascinan las hamburguesas del Mac Donald. Y cada vez que la familia sale al centro, a pajarear la tarde de domingo en el Paseo Ahumada, el pataleo de la cabra chica frente al local ha transformado en una costumbre obligada el consumo de la "cajita feliz" que humea de hamburguesas, papas fritas y el balón de Coca Cola para eructar la grasa rancia del tufo importado. Y pareciera inevitable caer en el hechizo de esos platos que ofrecen las fotografías luminosas, alertando las tripas y los jugos gástricos de la tribu pioja, que no puede regresar a la pobla sin pasar al Mac Donald a zamparse el Mac Combo uno, dos, tres o la "cajita feliz" que, más mil quinientos pesos, da derecho a un reloj con dinosaurio. Aquí, al interior de este boliche empaquetado de acrílico, todo respira y transpira una mantecosa felicidad. Como si el hambre fuera la excusa para ser atrapado en la cadena de los placeres desechables, las chucherías plásticas que reparten según el negocio del cine Walt Disney; que la Bella y la Bestia, que Anastasia, que la Barbie voladora, todo un mugrerío de muñecos y juguetes para engatusar la fiebre consumista del buche Mac Donald. El limpio autoservicio, donde un payaso con peluca colorada ofrece la comida al paso que preparan los chicos del mesón, los empleados jóvenes que contrata la cadena sin garantizarles la estadía laboral. "Si hay clientes, hay trabajo", les repite diariamente el encargado jefe. "Y si ustedes hacen méritos, si compiten por ser el mejor, la empresa los condecora con la chapa de "I love you Mac Donald". Y a fin de año, si juntan puntaje, los mejores viajan a Miami para conocer la hamburguesa reina de los grandes locales. Entonces, en esta escuela de la competencia funcional, los cabros aprenden la traición, cuando acusan al compañero de robarse la mostaza, o lo delatan por no usar ese ridículo sombrero que obliga la empresa. Cuando se transforman en peones sumisos de una multinacional que arrasa con las costumbres folclóricas de este suelo. Una maquinaria del engorde fofo y la manteca diet que droga a las multitudes, la distraída masa que se deja enamorar por el estómago, con la hediondez del plástico.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114619002303479087?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114619002303479087/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114619002303479087' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619002303479087'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114619002303479087'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/i-love-you-mac-donald-o-el-encanto-de.html' title='I love you Mac Donald (o &quot;el encanto de la comida chatarra&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114618996119831412</id><published>2006-05-15T12:04:00.000-03:00</published><updated>2006-05-16T09:58:18.196-03:00</updated><title type='text'>Un país de récords (o "el mojón más largo del mundo")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Así había que demostrar el milagro económico chileno en las veinte mil piruetas del Libro Guinness, el despertar de un país que se levanta con orgullo de garrapata triunfal que dejó atrás al tercer mundo. Una fonda del extremo sur que renovó su escabeche tricolor por el pollo Roast Beaf y las hamburguesas sintéticas de los mall, pub, shopping, donde se remata el hambre consumista. Una hilacha de país que mira sobre el hombro a sus vecinos pobres. La Meca Dólar del continente que habla de tú a tú con el Mercado Común Europeo. El ejemplo de prosperidad para los indios piojosos de Latinoamérica; aquellos peruanos, bolivianos, paraguayos, que aún no conocen a la Claudia Schiffer, que nunca podrán competir en el libro Guinness como lo hace Chile, demostrándole al mundo que aquí sobra la comida. Por eso se hizo el completo más largo que medía veinte kilómetros de tula alemana por la carretera. Casi de mar a cordillera, el Hot-Dog gigante dividió al país entre chucrut y ketchup. Y se necesitaron tantos huevos para la mayonesa, que se llevaron camionadas de gallinas a Investigaciones donde las picanearon con electricidad para que pusieran más rápido. Y para qué hablar de la vienesa, esa tripa que salía y salía de una máquina como intestino interminable. Después, se vendió por metros esa porquería hecha a la rápida, y la cagada diarrea fue tan grande, que Chile se hubiera ganado otra medalla en el Libro Guinness, pero por desgracia no tenía esa churreteada especialidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, en el fragor de esta fiebre competitiva por querer ser el mejor, el primero, la marca más alta de la carrera a la fama, cada ciudad, cada pueblucho perdido entre cerranías y lontananzas, se organizó para elaborar el producto más espectacular que dejara chica la tontera gringa. En Chiloé, se juntaron mariscos por toneladas para cocer un histórico curanto, el plato típico de la zona. Y fueron miles de choros zapatos, machas, almejas, piures, erizos y chapaleles que un ejército de viejas preparó con enjundia sureña, agregándole a escondidas un chorro de meados para el condimento. Total ellas no lo iban a comer, porque el alcalde llegó a cucharear con un montón de concejales, jefes de bomberos, árbitros deportivos y cuanta autoridad rural que se lamia los bigotes con el "buqué" orinado de ese Mar Muerto. Y cuando se fueron, después de recitar discursos y oratorias entonadas por el chacolí y la promesa de entregar las platas recaudadas a una causa benéfica, quedó un conchai pudriéndose como testimonio de la gran hazaña.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para no ser menos, otra aldea famosa por los dulces empolvados, se inscribió con un alfajor monumental donde se ocupó todo el azúcar que necesita una población para endulzar su desayuno por un mes. Todo sea por no quedar chicos frente a tanto récord extranjero del canapé ciclópeo o del wantán espectacular. Por eso vamos amasando, vamos juntando carne molida y aceitunas y pasas para anotarnos el poroto de una empanada tan grande como una casa, donde se podían meter tres vacas adentro. Lo difícil fue cocinarla, porque cada vez que se intentaba levantar esa bolsa, la masa se rajaba y caían chorros de pino al suelo, que se recogían con palas, barro y piedras que se volvían a echar dentro para intentarla cerrar. Al final, luego de tanto accidente, después que el orfeón municipal entonara el himno nacional, se izaran las banderas, y los camarógrafos inundaran de reflectores el escenario de esa apoteósica presentación, vino la grande, la reina madre de todas las empanadas salió del horno orgullosamente dorada. Y entre los aplausos y lágrimas de emoción que regaron el suelo patrio, vino la repartija de ese manjar a las autoridades y parlamentarios que habían sido invitados junto a toda su familia. Aquel fue un día memorable, solamente estropeado por el desmayo de la esposa de un concejal UDI, cuando encontró el collar de su perro en el trozo de empanada que cariñosamente le sirvieron los lugareños.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De norte a sur, estas kermesses de la gula y la prepotencia, han exagerado gastos, mano de obra y producción, por adelantar al pueblo vecino y entrar a la famosa biblia del cronómetro y la carrera finisecular. No se miden costos ni esfuerzos, tampoco la crueldad de hacer recular a un toro tres kilómetros, estableciendo otro récord, porque estos animales no retroceden, sólo avanzan, al igual que el triste puma chileno. También en el norte, auspiciado por una conocida marca del alcoholes, se batieron litros y litros de pisco sour como para emborrachar la decadencia del Imperio Romano. Fue un container de limones que se estrujó con babas, transpiración, y más de algún gargajo que por descuido cayó en la espumante batea.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para justificar los aires fanfarrones de estas competencias, se dice que la venta del producto va en ayuda de la Teletón, algún hogar de huérfanos, algún asilo de ancianos, que reciben las cuatro chauchas de esta limosna publicitaria. Todo se ha vendido, trozado, repartido y consumido por el apetito grosero que proclama su eructo populista de amor a la patria. Más bien casi todo, menos el colosal chaleco que tejieron las mujeres de La Ligua, como irónico aporte a los excesos del fanfarroneo económico. Un chaleco imposible de llenar con el cuerpo desnutrido del flaco Chile. Un chaleco tan enormemente inútil como vacío, quedó colgado en la torre de la iglesia como un estandarte de lana que se burla de nuestra entumida nacionalidad.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114618996119831412?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114618996119831412/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114618996119831412' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114618996119831412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114618996119831412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/un-pas-de-rcords-o-el-mojn-ms-largo.html' title='Un país de récords (o &quot;el mojón más largo del mundo&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114618986840174826</id><published>2006-05-12T15:26:00.000-03:00</published><updated>2006-05-12T15:30:05.396-03:00</updated><title type='text'>La comuna de Lavín (o "el pueblito se llamaba Los Condes")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como un merengue enrejado, Las Condes es la comuna que da el ejemplo de un vivir pirulo, económicamente relax, modelo de organización y virtud con sus jardincitos recortados y sus veredas limpias donde pasean el ocio los habitantes de este sector de Santiago, el vergel clasista dirigido por su alcalde que lleva el pandero en la organización feudal del condominio chileno.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, desde "el pueblito llamado Las Condes, que está junto a los cerros y lo baña un estero", la postal musical que hizo famosa Chito Faró, la canción turística que mostraba una capital de tonadas y gente sencilla, poco queda que comparar con la actual comuna de Las Condes. El emperifollado Barrio Alto, sembrado de torres y experimentos arquitectónicos, edificios cuadrados y piramidales, como maquetas de espejos para saciar la imagen narcisa y garantizada del Chile actual.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Entonces este idilio de comuna, donde todo el mundo es feliz, recuerda un lindo país de cuentos, tal vez el reino de Oz donde el mago es su alcalde, un derechista con sonrisa eucarística que hizo la primera comunión en el Opus Dei. Un alcalde con cara de hostia, el colmo de santurrón, el colmo de buena gente, preocupado de regular el canto de los pájaros para que no molesten la modorra ensiestada de los ricos que apoyaron su candidatura, los vecinos pitucos que besan las manos al edil por la lluvia milagrosa que hizo caer solamente en Las Condes, para limpiar el cielo, cuando Santiago era un pantano espeso de smog, por allá en el invierno seco que mató tanta guagua pobre con su aire irrespirable. Entonces Don Lavín, con su optimismo de boy scout de plaza, se asomó a la ventana y cayó en depresión porque la nube rancia del smog no lo dejaba ver la escenografía Walt Disney de su gloriosa comuna. Hay que hacer algo, le dijo a su secretaria preocupada en retocarse la sonrisa que, por orden del jefe, todos llevaban en la municipalidad. Es el colmo que esta cochinada de aire ensucie hasta la cara del Señor. Porque el cielo es el rostro de Dios, le repitió Don Lavín a su secretaria que lo miraba con la boca abierta como quien contempla una santa aparición. Por supuesto Señor Alcalde, pero la solución está en su mano, ya que usted habla con Dios por teléfono le puede pedir una lluvia con detergente. Cómo se le ocurre que voy a molestar a Dios por una lluvia, para eso está el dinero que en esta comuna sobra. Todo se puede comprar con plata, hasta una simple lluvia. No faltaba más. Comuníqueme rápido con mis amigos de la Fuerza Aérea para pedirles que nos bombardeen el cielo con lluvia deshidratada.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y así los vecinos de Las Condes vieron caer la lluvia por metro cuadrado que les regaló su alcalde, la vieron caer con los ojos húmedos, como un maná para el pueblo elegido, y reiteraron su apoyo a la gestión edilicia que en las siguientes elecciones se tradujo en la votación más alta de la historia. Pero no fue sólo por eso que lo reeligieron con honores y retretas de triunfo, también por la organización del tránsito que le puso semáforos hasta a los coches de guaguas, también por la seguridad antidelictual que les puso alarmas a las flores de los jardines. Por contar en la comuna con un paco por habitante, por las misas de matiné, vermut y noche realizadas en colegios, parques y supermercados para agradecer al altísimo el poder vivir en este cielo de comuna. Lo volvieron a elegir porque sólo los ricos se merecen tener un santo de alcalde, un hombre tan bueno que perfectamente podría ser el próximo Papa, declaró un general que lo conocía de niño. Además por la gran fiesta que preparó para el año nuevo, los miles de fuegos artificiales que encendieron el cielo comunal como una gran noche de gala para la nobleza.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, la fruncida comuna de Las Condes es una reina rubia que mira por sobre el hombro a otras comunas piojosas de Santiago, la estirada y palo grueso comuna de Las Condes, prima hermana de Providencia y compañera de curso en las monjas con Vitacura y La Dehesa, marca un alto rating en el firulí del status urbano. Es el ejemplo de un sistema económico que se pasa por el ano la justicia social, es la evidencia vergonzosa de un nuevo feudalismo de castillos, condominios y poblaciones humildes que hierven de faltas y miserias, de habitantes tristes y habitantes frivolos y cómodos que lucen el esplendor de sus perlas cultivadas por el exceso neoliberal.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114618986840174826?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114618986840174826/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114618986840174826' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114618986840174826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114618986840174826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/la-comuna-de-lavn-o-el-pueblito-se.html' title='La comuna de Lavín (o &quot;el pueblito se llamaba Los Condes&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479605072820412</id><published>2006-05-10T10:17:00.000-03:00</published><updated>2006-05-10T10:14:55.003-03:00</updated><title type='text'>Flores plebeyas (o "el entierrado verdor del jardín proleta")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Entre piedras, gangochos y basuras, las plantas pobres resisten la impiedad del territorio suburbano que empalidece su aridez de paisaje desolado. Por allí, por las torres, por la cancha de fútbol, por Carrascal, Pudahuel o La Victoria, la vegetación escasa es apenas algunas manchas de polen plebeyo que pintonea el jardín popular, la reja de tablas coronada por los fieles cardenales, esas plantas carne de perro que alumbran de colores la rancha mal hecha, las barandas de los bloques tiritones, donde cuelgan tarros, bacinicas y ollas rebalsantes de rayitos de sol, la enredadera carnosa que las vecinas se reparten en patillas y ganchos de ramas, multiplicando el fulgor de sus brotes.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, los tierrales desérticos que rodean Santiago parecieran alérgicos a la fiebre ecológica y a su propaganda de naturaleza fértil y bosque feliz. Difícilmente sobreviven los yuyos, las chinitas o los mantos de Eva en el eriazo polvoriento. A pesar que los alcaldes instalan plazas y siembran árboles durante su campaña a la reelección, la poblada arrasa con la botánica ordenada del jardín municipal, los cabros chicos quiebran los endebles arbustos, los volados se mean en las ligustrinas y las viejas terminar &lt;e&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, este paisaje callampa, poco generoso con la vegetación, contrasta con los parques y arboledas que refrescan el barrio alto de la capital, donde los jardineros cuidan los heliotropos, las camelias y magnolias que decoran con clase el vergel húmedo de las terrazas y pérgolas en que se enreda orgullosa la flor de la pluma, donde campanea fragante el jazmín del cabo, y toda la gama de flores finas cultivadas con abonos y tierras especiales para verdear la jungla tropical del condominio privado.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero este cuidado invernadero que divide la ciudad en metros de pasto recortado y callejones de tierra seca, pareciera un prado de hojas plásticas y ramas sintéticas, demasiado cuidado, demasiado fumigado por la mano burguesa que encarcela y educa sus bellas flores tristes. Flores que nacieron para competir con la azalea del jardín vecino. Flores obligadas a ser bellas y orgullo del palacete donde crecen y se multiplican con el permiso del jardinero. En cambio, las otras, las que crecen porque sí en el piedral inhóspito de la pobla, plantuchas que parecen reptiles agarradas al polvo, ramas que trepan por los andamios de la pobreza, para producir el milagro que acuarela de color el horizonte blanco y negro del margen, con sus porfiadas flores de fango.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479605072820412?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479605072820412/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479605072820412' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479605072820412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479605072820412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/flores-plebeyas-o-el-entierrado-verdor.html' title='Flores plebeyas (o &quot;el entierrado verdor del jardín proleta&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479597107303858</id><published>2006-05-10T10:16:00.000-03:00</published><updated>2006-05-10T10:13:55.960-03:00</updated><title type='text'>Memorias del quiltraje urbano (o "el corre que te pillo del tierral")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y se llaman Boby, Cholo, Terry, Duke, Rin-tín-tín-Campeón o Pichintún, y al escuchar su nombre, ladran, corren y saltan desaforados lengüeteando la mano cariñosa que les soba el lomo pulguiento de quiltros sin raza, de perros callejeros, nacidos a pesar del frío y la escarcha que entume su guarida de trapos y cartón. Y ya de cachorros, aprenden a menear la cola choca para ganarse el hueso descarnado, los restos de la porotada familiar, o el trozo de pan añejo, que mascan sonriendo, agradecidos de poder compartir la dieta obrera. Porque para ellos no existen esos alimentos químicos del mercado canino, esas galletas y cereales sintéticos que venden los mall, junto con collares, cadenas y cepillos especiales para perros de clase. Esas comidas para perros etiquetadas con nombre de caricatura gringa; los Dogo, Dogi, Dogat, Masterdog, Champion o Pedigree con forma de hueso comprimido y vitaminizado como si fuera comida para astronautas. Y vaya a saber el perro qué mierda está comiendo, si lo único que le queda claro es el tufo a pescado molido y la sed insaciable que los tiene todo el día con la lengua afuera.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al parecer, la ciencia veterinaria por fin puso en marcha la sociología animal que educa y distribuye por status el mercado de las mascotas. Y este kárdex pulguero que existía desde los galgos egipcios de Cleopatra, dejó de ser un exotismo de la realeza, y pasó a formar parte del arribismo colectivo que invierte parte del presupuesto en la adquisición de un perro hecho a la medida. El complemento perruno de la escalada económica que aspiran los chilenos, entonces, raza, color y pelaje deben combinar con la alfombra y el tapiz de los muebles si es un perro de interior, por cierto un animalito fino y valioso, que se puede conseguir a precio de huevo, si es robado, en las ofertas del mercado persa. Ahora, si la propaganda de la seguridad ciudadana aconseja una fiera, doberman para el jardín, un lustroso guardia para las casitas de villas o condominios, adiestrados «sólo como perros», para mostrarle los dientes y destripar a los malvestidos que se acercan a la reja. Así, lo más cercano al esencialismo del adjetivo «perro», es el doberman mocho, de cola y orejas cortadas, cercenadas cruelmente para aumentar su imagen de ferocidad, o los ovejeros alemanes, más conocidos como perros policiales, preparados como pacos para perseguir y morder sospechosos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, la dualidad amo y perro es el espejo perverso donde el animal duplica mañas y modales. Como esos quiltros pitucos, los galgos afganos, los cocker spaniel, o lo poodles que los bañan, peinan y perfuman en peluquerías especiales para ellos. Y cuando salen de allí, ridiculamente recortados, afirulados como ikebanas con moños y rosas de cintas, con la nariz bien parada sin mirar a nadie, igual que las viejas cuicas que los adoran y gastan fortunas en veterinario, bálsamos y manicure para la Fify, el Chofy, la Luly, el Puchy, el Pompy, animales con heráldica que no juegan ni ladran, y parecen estatuas, educados como adorno en la decoración del riquerío. Son las mascotas de sangre azul, que miran sobre el hombro al perraje suelto que vaga por las calles, los otros, los quiltros sin ley que hacen suya la ciudad en el patiperreo de la sobrevivencia. Perros que hurguetean la basura y comen lo que encuentran, adaptándose fácilmente al calor humilde del ranchal obrero. Porque la pobreza y los perros son inseparables; entre más pobres hay más perros. Como si en la precariedad siempre hubiera un rincón donde amparar otro quiltro. Uno más, como el Moisés que llegó cojeando, medio pelado de arestín y con la oreja ensangrentada por alguna mocha canina. Llegó así, patuleco de hambre y con esos ojazos de huacha soledad. Y al mes parecía otro, sanado y alimentado por la generosidad de una mano amiga. Le pusieron Moisés por sobreviviente, y a puras sobras de comida recuperó el pelo y su ladrido infantil de peluche juguetón. En poco tiempo el Moisés se había integrado a la patota perruna del campamento, y corría libre con los cabros chicos alborotando el corre que te pillo del tierral. Perseguía a las micros ladrándole a las ruedas, hasta que un violento rechinar apagó para siempre el bullicio de su fiesta. Y allí quedó patas pa arriba en la cuneta, hasta que los niños lo enterraron en un hoyo cercano al basural. Quién sabe por qué los pobres lloran a sus perros con esa amargura, como si sus Bobys, Terrys, Mononas, Pirulines y Cholas, fueran una parte única de la familia, y ningún otro perro que llegue podrá reemplazar la memoria optimista de sus gracias. Nadie sabe por qué queda un vacío en el coro de perros que siguen ladrando en la noche santiaguina, cuando la ciudad duerme y cantan tristes los aullidos de su quiltraje funeral.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479597107303858?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479597107303858/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479597107303858' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479597107303858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479597107303858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/memorias-del-quiltraje-urbano-o-el.html' title='Memorias del quiltraje urbano (o &quot;el corre que te pillo del tierral&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479588742822278</id><published>2006-05-05T13:28:00.000-03:00</published><updated>2006-05-05T13:25:33.870-03:00</updated><title type='text'>El cumpleaños del Ricacho Polvorín</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Si tengo que decir algo, me lo contaron, lo supe por allá en los 80, en los mejores años de la mordaza milica. Cuando un magnate chileno sembraba dólares como flores con su negocio armamentista. Como una fábrica de chocolates explosivos, fabricaba balas, tanques, bazucas y bombas racimo sin ninguna moral, sin culpa, el ricacho polvorín era un viejo pascuero que proporcionaba los petardos y juguetes bélicos con que el régimen asustaba a los ciudadanos. Y le fue bien a este platudo de la guerra, tan bien, que pasó a formar parte del jetset carretela que armaron las revistas de moda en esos años de alcurnia fascista y rotaje apaleado.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El cuento lo agarré una de esas noches de pisco y conversa en el Circo Timoteo. Aquel Circo travesti del cual ya hablé anteriormente, pero nunca se agota mi enamorada admiración por sus personajes. En este caso es la Rosita Show, la bomba latina que se abanicaba de aplausos en las funciones nocturnas de la carpa piojenta. Con su mano en el cuello, como si acariciara un valioso collar, me dijo: en la semana, cuando no hay función, nos entretenemos jugando a las cartas en la carpa de la Vanessa. Nunca falta un traguito o alguna loca amiga que cae de visita. Y ahí estamos hasta el amanecer, dale con el chiste, la talla y el conchazo; cuando apareció un cabro chico diciendo que un caballero quería hablar conmigo, que me estaba esperando en un auto, en la calle. Y qué auto niña, casi me caigo de culo al ver el medio Mercedes con chofer buscando a esta princesa. Y yo en esa facha, pero igual me acerqué a la ventanilla del auto y les dije: ¿Ustedes buscan a Rosa Show? Yo soy, qué se les ofrece. Entonces los reconocí al tiro, era ese locutor de la tele que daba las noticias, andaba con otro, un cómico medio pelao que se rió y me dijo: pero usted no es la Rosita Show. Claro que sí. Lo que pasa es que ando de civil. Bueno, sucede que nosotros la queremos contratar para el cumpleaños de un amigo. Le pagamos 20 mil pesos y usted le canta cumpleaños feliz, le menea un poco el queque y eso es todo. ¿Y dónde queda esto? No se preocupe, la llevamos y la traemos cuando usted quiera. Y sin pensarlo dos ni tres veces les dije que bueno, porque uno anda a patas con el águila en el negocio del circo. Lo que sí, van a tener que esperarme una media hora para armar a la Rosa. Ningún problema, tenemos tiempo. En una hora estamos aquí. Y el auto salió soplao en una nube de tierra, y yo corrí a la carpa a maquillar, peinar y vestir a la Rosa. Cuando volvieron ya estaba lista. Se quedaron con la boca abierta los huevones. No lo podían creer. ¿Cómo estoy?, les pregunté mostrándoles el bikini de lentejuelas negras, los tacos, la boa de plumas, la peluca y un abrigo que me puse encima porque hacía frío. Diez puntos me dijo el cómico abriéndome la puerta del auto. Yo no tenía miedo porque eran personajes de la tele y en el camino me fueron explicando lo que tenía que hacer en la fiesta. El auto cruzó el centro, subió por Alameda, Providencia, Apoquindo, Las Condes y siguió subiendo. Por lo misteriosos me parecía estar en una película de gángsters porque el pelao jalaba un polvo blanco como loco, con el otro, el locutor. ¿Quiere un poquito para los nervios?, me dijeron. No, muchas gracias, les contesté tiritando, entumida en el abrigo. ¿Tiene frío? Ya vamos a llegar, allá se toma un traguito para que entre en calor. Cuando llegamos se abrió una reja como de cementerio y un guardia se asomó adentro del Mercedes y nos dio la pasá. Hasta ese momento yo no sabía dónde estaba, porque había árboles y más árboles que iban pasando mientras el auto seguía por el camino. Entonces oí la música y ví las luces, y me acordé del circo al ver esas carpas blancas y toda esa gente fina copeteándose y riéndose, tan feliz. Vamos a entrar por la cocina para que sea una sorpresa, me dijo en la oreja el pelao y me metieron por un pasillo hasta una cocina que era enorme, como un salón de baile. ¿Cómo será el resto de la casa?, pensé entre los curados que me aplaudían cuando yo pasaba. De ahí me dejaron en una pieza y me trajeron whisky y una bandeja con tragos y canapés, jamones, quesos y pavos. Y a mí con lo que me gusta el pavo. Claro que estaba un poco desabrido, pero encontré un platillo con sal en polvo, y justo cuando le estaba echando entró el pelao y se puso a reír y me dijo que eso no era sal. Pero que no me preocupara, porque podían traerme los pavos que yo quisiera. Y me dejó sola en esa pieza donde me quedé escuchando la música y al locutor de la tele que anunció a una cantante, después al humorista y luego dijo que había un regalo sorpresa para el cumpleañero. Y me sacaron corriendo, sin el abrigo, por los pasillos alfombrados de la casa hasta donde estaba reunida toda la gente. "Aquí todos son famosos menos yo", le dije al pelao que me empujó al micrófono para que cantara el cumpleaños feliz. Pero no sé el nombre del festejado le dije. Se llama Carlos y es ése de terno azul. Pero no fue un buen dato porque casi todos andaban de temo azul, y ni supe a quién le dediqué la canción, y por eso los saludé uno por uno, y todos me decían cochinadas, y todos me daban agarrones, y todos me desarmaban la esponja de las tetas, y todos me metían la mano por ahí y la sacaban mirando pal lado, y todos andaban amasando re cufifos cuando me encuentro al pelao que andaba repartiendo su bandeja de sal. Y con ese frío, y con ese romadizo de mierda que me dio, atchís, que le estornudo encima y adiós a esa hueva blanca que todos chupaban por la nariz, a la chucha ese polvo que los tenía a todos tiesos y hablando babosos, habiendo tan buena música. Puta qué cagada, decían los famosos en cuatro patas, olfateando como perros el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y parece que de ese talco no había más, porque casi me tiraron las veinte lucas super enojados, y me envolvieron los pavos, los jamones, los quesos y una botella de whisky. Y a empujones me subieron al auto que se vino hecho un peo por la Alameda, y luego por el centro hasta llegar a estos tierrales abajo, hasta el circo, donde la Rosita Show, ebria, de noche se ríe contando la aventura, diciéndole a las locas que coman y tomen no más, que el whisky es de primera, que los quesos son super finos y el pavo está rico rico, claro que le falta un poquito de sal.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479588742822278?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479588742822278/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479588742822278' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479588742822278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479588742822278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/el-cumpleaos-del-ricacho-polvorn.html' title='El cumpleaños del Ricacho Polvorín'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479579982713461</id><published>2006-05-04T10:16:00.000-03:00</published><updated>2006-05-04T10:13:58.653-03:00</updated><title type='text'>Bárbara Délano (o "una perla de luna que naufragó con el sol")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;La noche de Valparaíso era una parranda rumorosa cuando encontré a la Bárbara esa última vez que me regaló el cielo iluminado de sus ojos. Estaba feliz, como si un carrusel de carnaval la girara por dentro en el bailongo del Cinzano que amenazaba lujuria, tango, bolero y la cumbia putinga asomando el ruedo del encaje porteño. Estaba contenta, como si un ramillete de luces la chispeara en la pista ebria de abrazos y encuentros con amigos que no veía hacía tanto tiempo. Porque ella era así, un pájaro nómade siempre dispuesto a levantar el vuelo de Chile a México, a Perú, a donde la viajara su inquieto corazón de poeta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Bárbara se había formado en la errancia del exilio, cuando junto a su familia tuvo que dejar este suelo. Y por años fue ejerciendo el oficio de poeta en los continuos cambios que sufría su vida de joven comunista. Formada en la Jota, su cabellera dorada resaltaba en los cuadros de camisas amaranto que vestían los muchachos del partido. Y la Bárbara era tan bella, una verdadera muñeca nacida para una corona, por eso fue elegida reina de las juventudes comunistas, cuando los chicos jotosos se daban tiempo para jugar en medio del apuro contingente de esos días.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ella se había casado tan joven con el marxismo, y tan pendeja ofreció la diadema de su juventud a la causa del proletariado. Se saltó las páginas más frescas de su agitada existencia en reuniones, mítines, emergencias y discursos serios que prohibían los cosméticos en el partido, que prohibían la marihuana en el partido, que miraban con reprobación el rock en el partido. Y era una época difícil para ser joven militante, donde la libertad personal estaba al servicio de la panfleteada causa social. Acaso por eso, la Bárbara decidió casarse nuevamente, esta vez con un compañero de fila, su marido que la acompañó por varios años en su político y poético peregrinar. La pareja se veía tan unida a comienzos de los ochenta, en las peñas, en el Coordinador, en la Sociedad de Escritores, donde usábamos la chapa cultural para contagiar el desacato. Tal vez por esa imagen, cuando la encontré en Valparaíso en los noventa, le pregunté por su marido. Y ella echándose aire con una servilleta me dijo con soltura estoy libre. Por fin estoy libre. Y yo entendí en esas palabras que por fin la Bárbara había soltado sus amarras militantes y conyugales, y se disponía a recuperar las flores ajadas de su adolescencia. Todavía estoy bien, me dijo coqueta, al tiempo que sus ojos soñadores se vidriaban azules en el brindar de las copas. Y era cierto, aún era una chiquilla, quebrada, pero dispuesta siempre a los filos trasnochados del verbo amor. Esa noche en el Bar Cinzano, la Bárbara era sólo ojos y una soltura menguante la desmadejaba en la pista rumbera, donde se cimbreaba la proeza de esperar el amanecer en el humo ciego del puerto cachero.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde entonces la encontré una vez más en la Feria del Libro, y luego, tan pronto y de improviso, la noticia amarga de su partida en el vuelo sin retorno de Aero-Perú. Entre las víctimas de aquel accidente estaba nuestra Bárbara, venía de México, pero un devenir fatal le cambió el itinerario y la hizo detenerse en Lima. Y luego, cuando despegó el Boeing hacia Chile, ella pensó que en algunas horas la nube rancia de Santiago le daría la bienvenida, pero no fue así, porque el aparato se hundió en el Pacífico sepultando a todos los pasajeros en la profundidad de las aguas celestes.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Hasta hoy, el cuerpo de Bárbara no ha sido encontrado ni la mar mezquina lo ha devuelto, y es posible que navegue por los acantilados submarinos, buscando su perla lunera que en el vuelo de aquella tarde naufragó con el sol.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479579982713461?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479579982713461/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479579982713461' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479579982713461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479579982713461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/brbara-dlano-o-una-perla-de-luna-que.html' title='Bárbara Délano (o &quot;una perla de luna que naufragó con el sol&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479571857856248</id><published>2006-05-03T11:37:00.000-03:00</published><updated>2006-05-03T11:34:39.150-03:00</updated><title type='text'>Las Amazonas de la Colectiva Lésbica Feminista Ayuquelén</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y fue tan sorpresivo ver en esos años de dictadura el rayado lésbico moroso del grupo Ayuquelén. Casi impensable imaginarlas bravas, feministas y combativas dando la pelea, en ese tiempo de concentraciones en el Parque O'Higgins, donde sus graffitis tenían el leve desenfado de la militancia sexual que dibujaba corazones partidos de mujer a mujer. Era raro pensarlas pioneras de un movimiento libertario de minorías sexuales, a la Su y a la Lily, dos jóvenes puntudas que habían Iniciado este peregrinar de macorinas, a partir del asesinato de Mónica Triones, la bella Mónica, como recordaba la Su entre cervezas y fotografías de mujeres y la voz incansable de Chabela Vargas que timbraba de boleros el testimonio horroroso de aquel asesinato.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Mónica era una artista, sobreviviente del hippismo, el Parque Forestal y de tantos cafés utópicos que humeaban las tardes de la Unctad, en la lejana Unidad Popular. Y a pesar del golpe, del toque de queda y la rnilica represión, todavía le quedaban ganas para soñar noches en ese Santiago amordazado por el toque de queda. Aún le quedaba pasión, esa fecha del setenta y algo para brindar por la esperanza en el Bar Jaque Mate de la Plaza Italia. Y la Mónica hablaba tan fuerte, no tenía pelos en la lengua para manifestar su rabia frente al machismo, la repre, y todas las fobias que alambraban de púas su prohibido amor. La Mónica era así, voluptuosa, desenfrenada, cuando escuchó risas de machos en otra mesa, burlas de macho al ver mujeres bebiendo en la noche sólo para hombres. Y no se pudo contener, y algo les dijo, y los dos tipos se pararon desafiantes, y la Mónica desde su pequeña estatura no se quedó chica, y vino un puñetazo y otro, y a patadas la sacaron a la calle, a ia vereda, donde la siguieron golpeando, donde le partieron el cráneo y la sangre de la pequeña Mónica les manchó los puños, y ese color aumentó la brutalidad de la golpiza. Y ellos no se cansaban de golpearla, como en éxtasis le rebotaban su cabeza en el cemento. Y cuando se fueron, caminando tranquilos por la oscuridad macabra de la dictadura, la Mónica quedó hecha un guiñapo estampado en el suelo. Y cuando llegó la policía, nadie había visto nada, nadie se atrevía a dar informaciones sobre esos monstruos, seguramente CNI, que se desplazaban libremente en el Santiago de las botas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Este horrendo crimen sigue impune hasta el momento, y solamente sus amigas lesbianas lo reflotan políticamente como bandera de lucha. Así, la Colectiva Lésbica Feminista Ayuquelén, por muchos años llevó el estandarte menstrual de Mónica Briones como punto de partida por la justicia de sus demandas. Especialmente la Su, y también la Lily, mis viejas amigas militantes, extraviadas hoy en el calendario de los acontecimientos. De aquel grupo, sólo quedó el nombre araucano tizado en la memoria de un muro. Sólo quedó el recuerdo valeroso de aquellas amazonas, que intentaron dignificar su mundo raro en la intolerancia de este país.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez esta agrupación, doblemente segregada por ser mujeres y además lesbianas, no sólo recibió la agresión del patriarcado, también fueron expulsadas del feminismo de la Casa de la mujer La Morada, en aquellos años, cuando no convenía mezclar las cosas, y que se confundiera feminismo con lesbianismo. Ahora casi no importa, ya que las dos causas están igualmente estigmatizadas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El amor sexuado entre mujeres es más reprimido en estos sistemas donde a veces lo gay hace de florero en la fiesta eufórica neoliberal, pero en fin, de aquellas amazonas de la Colectiva Ayuquelén casi no tengo noticias, solamente alguna viajera lesbiana me dice que divisó la cabellera flotante de la Su "yirando" sin prisa en algún mercado de Tailandia, o posando con una copa en la mano junto a la sirena de Copenhague; por ahí, por allá, irá libre la hermosa Su, donde su corazón divagante anide lésbico en el ala de otra mujer.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479571857856248?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479571857856248/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479571857856248' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479571857856248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479571857856248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/las-amazonas-de-la-colectiva-lsbica.html' title='Las Amazonas de la Colectiva Lésbica Feminista Ayuquelén'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479560475837698</id><published>2006-05-02T11:01:00.000-03:00</published><updated>2006-05-02T10:59:10.766-03:00</updated><title type='text'>La muerte de Condorito (o "recuerdos de Pelotillehue")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Archivado en el álbum de las caricaturas que intentaron describir con dibujo y letra al conocido rotito chileno, hermanado con el Perejil, el Verdejo, y tantos monos tirillentos pintados por la mano cruel que despedaza la pobreza, Condorito vivió sus años de gloria en las décadas del sesenta-setenta, cuando la revista de tiras cómicas era el pasatiempo de los pasajeros de micros, que acortaban el viaje leyendo el Condorito de pascua, el número especial que año a año vendía miles de ejemplares, con tapa a color y páginas coloreadas de naranjo y negro, donde el pájaro-pobre, el hombre-pájaro, o el cóndor-queltehue, exponía su triste vida de incansable cesante, eterno vago picaflor enamorado de la Yayita, la tetuda Yayita, la curvilínea Yayita con cuerpo de corazón, su amor negado por la diferencia social.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por aquellos años, Chile se reconocía en la eterna mala pata de este personaje, siempre errándole a la suerte, de por vida condenado a la rancha meada por el perro Washington, la mediagua que compartía con el sobrino Coné, un cóndor niño sin procedencia, que retrataba moralmente a Condorito como tío soltero igual al Pato Donald. Porque, al parecer, la familia de Condorito venía del campo, ya que usaba ojotas y el pantalón arremangado como peón. Entonces se podría deducir que Condorito era un allegado a la capital, uno de tantos afuerinos que, por esos años, dejaron el sur para conformar la clase obrera; el proletariado de las primeras poblaciones y, más adelante, la clase media o el medio pelo chileno. Pero Condorito nunca arribó en su emergencia de pájaro piojo. Menos su tropa de amigotes güenos para el trago, como el cumpa Don Chuma, siempre salvando a Condorito con un billete de maestro chasquilla, o el Comegatos, su yunta cara de mapuche felino, inseparable de Garganta de Lata, prócer de la garrafa, cuando los pobres se reventaban de cirrosis con la nariz de rojo farol.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En verdad, por aquel entonces, no había mucho que elegir en la entretención lectora del folletín urbano, y Condorito llenaba ese vacío, entre los Super Héroes de las revistas extranjeras y el folclórico cómic nacional, donde la mano de Pepo, el autor dibujante, explotaba la errancia depresiva del sector popular, señalizando la vida gris del barrio chusco donde el argentino Che Copete era el odiado rival de Condorito, un dandy triunfador que enamoraba a la Yayita con su tollo porteño. Casualmente esta revista era muy conocida en Argentina, Perú y otros países vecinos, que creían reconocer a los chilenos a través de este pájaro atorrante y sus aventuras en una ciudad-pueblo rayada por todos lados con el graffiti de "Muera el roto Quezada". Nunca nadie supo quién era el roto Quezada, pero quedó en la memoria social como un personaje populista odiado por la burguesía.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Condorito fue el relator de otro país, desaparecido bajo las latas del tercer mundo. Un Chile sencillo y provinciano que reía del chiste blanco rematado por el ¡Plop! que paraba las patas con el conocido "Exijo una explicación". Condorito fue la caricatura del pililo buscavidas, la representación entumida de la gloriosa ave-símbolo del escudo patrio, el gran cóndor amo de las alturas. Tal vez por eso, su desnutrida parodia tocó fin al llegar la yuppiemanía de los ochenta. Las águilas doradas del mercado que le abrieron la puerta al neoliberalismo. Para entonces, el humilde Condorito ya no representaba una buena imagen para estos Nuevos Tiempos, y aunque trataron de traspasar la historieta a la televisión, la caja luminosa le quedó grande al depresivo queltehue. Algo en la voz resultaba falso, ya que la tira cómica jamás tuvo audio. Tampoco han resultado las gestiones empresariales que intentan reponer un Condorito con zapatillas de marca y pinta newyorker. Nada de esto ha resucitado el cadáver del querido pajarillo que murió de muerte comercial, y fue enterrado con su jaula de fonolas en el lomaje azul de Pelotillehue.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479560475837698?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479560475837698/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479560475837698' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479560475837698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479560475837698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/la-muerte-de-condorito-o-recuerdos-de.html' title='La muerte de Condorito (o &quot;recuerdos de Pelotillehue&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479547821271759</id><published>2006-05-01T19:20:00.000-03:00</published><updated>2006-05-01T19:27:15.516-03:00</updated><title type='text'>La historia de Margarito</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Tendría que arremangarme los años para recordar a Margarito, tan frágil como una golondrina crespa en la escuela pública de mi infancia. La escuelita Ochagavía, «nuestro norte luz y guía», voceaba el himno de la mañana escolar, ya borroso por los tierrales secos en la zona sur de Santiago, en esas nubes de polvo donde los niños machos pichangueaban el recreo; los hombrecitos proletarios, jugando juegos de hombres, brusquedades de hombres, palmetazos de hombres. Tan diminutos y ya ejercían las ventaja del machismo burlón, humillando a Margarito, riéndose de él porque no participaba del violento rito de la infancia obrera. Porque se mantenía distante mirando de lejos al cabrerío revoltoso revolcándose en el suelo, mancornados a puñetazos en la competencia matona de esa enana virilidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y parecía que Margarito, vaporoso, despreciaba profundamente la prepotencia de sus compañeros, esa única forma bruta de comunicarse que practican los hombres. Por eso se aislaba de los grupos en la soledad mocosa de anidarse un rincón lejos del patio. Margarito nunca reía en la bandada jilguera que animaba la mañana. Margarito no era feliz, como todos los niños a esa edad cuando el mundo es una pelota de barro azul. Margarito tenía los ojos grandes, siempre anegados a punto de llorar, al borde lagrimero de su penita; por cualquier cosa, por el chiste más insignificante soltaba la muda catarata de su llanto. Margarito era así, un pajarillo sentimental que regaba la tierra seca de mi escuela pobre. Margarito era el hazmerreír de la clase, el juego preferido de los cabros grandes que le gritaban «Margarito maricón puso un huevo en el cajón». No lo dejaban en paz con la letanía cruel de ese coro que no paraba hasta hacerlo llorar. Hasta que sus ojazos nerviosos se vidriaban con el amargo suero que hería sus mejillas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Margarito era así, un pétalo fino y lluvioso en medio de la borrasca pioja del piñén estudiantil. A esa edad, cuando la niñez asume la perversión como un entretenido juego torturando al más débil, al más diferente del colegio, que escapaba al modelo masculino impuesto por padres y profesores. Y ese era el caso de Margarito, nombrado así, burlado así, por los pailones del curso que, groseros, imitaban su caminar de pichón amanerado, sus pasitos coligües cuando tenía que salir a la pizarra transpirando, como pisando huevos en su extraño desplazamiento de cigüeña cachorra rumbo a la patriarcal educación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Lo recuerdo tan solo, en ese tristísimo exilio de princesita traspapelada en un cuento equivocado. Lo veo así, al borde de la crisis esa mañana del sesenta cuando Caritas-Chile regaló un montón de ropa norteamericana para la escuelita Ochagavía. Eran fardos gigantes de pantalones, poleras, zapatos, camisas y casacas que los curas habían seleccionado para los niños varones. Tiras usadas que el imperio repartía a Sudamérica para tranquilizar su conciencia. Trapos multicolores, que los chiquillos se probaban entre risas y tirones. Y en medio de esa alegre selección, apareció un vestido, un largo y floreado camisón que los cabros sacaron calladamente del bulto. Lo extrajeron mirándose con maldadosa complicidad. Margarito, como siempre, flotaba más allá del bullicio en la balsa expatriada de su lejano navegar. Por eso no se percató cuando lo rodearon sujetándolo entre todos, y a la fuerza le metieron el vestido por la cabeza, vistiéndolo bruscamente con esa prenda de mujer. Creo que nunca olvidaré esa escena de Margarito con los ojos empañados, envuelto en la percala floral de su triste primavera. Lo veo a pesar de los años, interrogando al mundo que se cerraba para él en una ronda de carcajadas. Lo sigo viendo acurrucado, como una palomita llorona mirando las bocas burlescas de los niños, desfiguradas por el océano inconsolable de su amargo lagrimal.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Han pasado los años, llorosos, terribles, malvados, y jamás se me forró ese cuadro, como tampoco la chispa agradecida que brilló en sus pupilas cuando, compartiendo las burlas, me acerqué para ayudarlo a quitarse el vestido. Nunca más vi a Margarito desde ese final de curso, tampoco supe que pasó con él desde esa violenta infancia que compartimos los niños raros, como una preparatoria frente al mundo para asumir la adolescencia y luego la adultez en el caracoleante escupitajo de los días que vinieron coronados de crueldad. Es posible que su pasar de alondra empapada haya naufragado en esa travesía de intolerancia, donde el trote brusco del más fuerte, estampó en sus suelas el celofán estropeado de un ala colibrí.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479547821271759?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479547821271759/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479547821271759' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479547821271759'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479547821271759'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/05/la-historia-de-margarito.html' title='La historia de Margarito'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479533233351792</id><published>2006-04-30T18:33:00.000-03:00</published><updated>2006-04-30T18:42:57.286-03:00</updated><title type='text'>"Solos en la madrugada" (o "el pequeño delincuente que soñaba ser feliz")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De encontrarse en oscuridad de telarañas con un chico por ahí. De saber que éramos dos extraños en una ciudad donde todos somos extraños, a esa hora, cuando cae el telón enlutado de la medianoche santiaguina. Y cada calle, cada rincón, cada esquina, cada sombra, nos parece un animal enroscado acechando. Porque esta urbe se ha vuelto tan peluda, tan peligrosa, que hasta la respiración de las calles tiene ecos de asalto y filos de navaja. Sobre todo en fin de semana de invierno, caminando en el cemento mojado donde los pasos resuenan a fugas aceleradas porque alguien viene, alguien te sigue, alguien se acerca con un deseo malandra y negras intenciones. Y al pedir un cigarro, uno sabe que la llama del fósforo va a iluminar un cuchillo. Uno sabe que nunca debió detenerse. Pero estaba tan cerca, a sólo unos pasos, y al decirle que fumo Life, para que supiera rni estado económico, igual me dice que bueno aspirando mi tabaco ordinario, igual me busca conversa y de pronto se interrumpe. De pronto se queda en silencio escuchándome y mirando fijo. Y yo, tartamudo, lo cuenteo hablándole sin pausa para distraerlo, pensando que viene el atraco, el golpe, el puntazo en la ingle, la sangre. Y como en hemorragia de palabras, no dejo de hablar mirando de perfil por dónde arranco. Pero el chico, que es apenas un jovenzuelo de ojos mosquitos, me detiene, me chanta con un: yo te conozco, yo sé que te conozco. Tú hablai en la radio. ¿No es cierto? Bueno sí, le digo respirando hondo ya más calmado. ¿Teníai miedo?, me pregunta. Un poco, me atreví a contestar. A esta hora es muy tarde y uno no sabe. No te equivocaste, dijo soltando la risa púber que iluminó de perlas el pánico de ese momento. Yo te iba a colgar, loco, agregó sonriendo. Mostrándome una hoja de acero que me congeló el alma colipata. Te iba a hacer de cogote, pero cuando te oí hablar me acordé de la radio, taché que era la misma voz que oíamos en Canadá. Pero la Radio Tierra es onda corta y no se escucha tan lejos. ¿Estuviste afuera? No, ni cagando, yo te digo en cana, en la cárcel, en la peni, tres años y salí hace poco. Me acuerdo que a las ocho, cuando dan tu programa, adentro jugábamos a las cartas, porque no hay na' que hacer. ¿Cachái? La única entretención a esa hora era quedarnos callados pa' escuchar tus historias. Habían algunas re buenas y otras no tanto porque te ibai al chancho, como esa del fútbol o la de Don Francisco. Ahí nos daba bronca y apagábamos la radio y nos quedábamos dormidos. Pero al otro día, no faltaba el loco que se acordaba y ahí estábamos de nuevo escuchando esa canción. ¿«Invítame a pecar», se llama? La única vez que no pudimos escuchar, fue cuando un loco agarró a patas la radio porque estaba hablando el ministro de justicia, y pasamos como un mes con la radio mala, hasta que la mandamos a arreglar al taller de electricidad. A veces alguien estaba preparando comida y hacía sonar las ollas y lo hacíamos callar para oír bien, porque tu radio se escucha pa' la goma. Otras veces se. escuchaba clarita, pero los otros presos andaban amargados pateando la perra porque les habían negado el indulto, porque no tenían visitas, porque el abogado les pedía más plata, o porque los gendarmes güeviaban tanto. Ahí, antes que estallara la mocha, yo agarraba la radio cassete y la ponía bien bajito debajo de las frazadas pa' escucharte.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ibamos caminando por la calle húmeda, estilada de estrellas, libres en la noche pelleja del Santiago lunar. No había pasado más de una hora desde ese aterrado encuentro, y ya éramos cómplices de tan-ios secretos suyos, de tanta vida aporreada por sus cortos años chamuscados en delincuencia y fatalidad. Y qué otra cosa voy a hacer, me dijo triste. ¿Cómo voy a trabajar con mis papeles sucios? En todas partes piden antecedentes, y si me encuentran los pacos les tengo que mostrar los brazos. Mira. Y se levantó la manga de la camisa y pude ver la escalera cicatrizada de tajos que subían desde sus muñecas. Uno se los hace para que no te lleven preso y te manden a la enfermería. Pero cuando los pacos te ven las marcas, te mandan al tiro pa' dentro. No hay caso, no puedo salir de esto. Es mi condena. Pero se pueden borrar con aceite humano o rosa mosqueta, le dije como en secreto. No resulta, igual vuelven a aparecer las cicatrices, por eso en verano no uso manga corta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Era tan joven, pero una llaga de amargura trizaba su boca de niño punga, su sonrisa morena de labios torcidos por la hiel del arrollo, su media risa menguada en el aluminio escarlata de la luna en acecho que acompañaba nuestros pasos al filo del amanecer. Te fue mal esta noche, le murmuré aterciopelado para sacarle una alegría. No importa, te conocí a ti, y te voy a dejar a tu casa para que no te pase nada. Ya estamos llegando, suspiré, así que déjame aquí no más, le alcancé a decir antes de estrechar su mano y verlo caminar hacia la esquina donde giró la cabeza para verme por última vez, antes de doblar, antes que la madrugada fría se lo tragara en el fichaje iluminado de esta ciudad, también cárcel, igual de injusta y sin salida para este pájaro prófugo que dulcificó mi noche con el zarpazo del amor.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479533233351792?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479533233351792/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479533233351792' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479533233351792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479533233351792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/solos-en-la-madrugada-o-el-pequeo.html' title='&quot;Solos en la madrugada&quot; (o &quot;el pequeño delincuente que soñaba ser feliz&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114479518082635752</id><published>2006-04-29T17:00:00.000-03:00</published><updated>2006-04-29T17:09:16.606-03:00</updated><title type='text'>La loca del carrito (o "el trazo casual de un peregrino frenesí")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De verlo continuamente cruzar la ciudad con su indumentaria de travesti doméstico, con su figura lunfarda, de mendiga, vieja bruja, señora tirilluda que detiene el tránsito con su espejismo teatral para la sorpresa de la gente. La loca del carrito no tiene destino en su paseo lunático que arrastra por las calles sin ver a nadie, sin percatarse de las risas burlescas que deshilachan aún más su falda de franela a cuadros, el trapo poblador que, sin pretensión, le cubre sus huesudas rodillas de pajarraco artrítico, rumbeando la tarde a bordo de su poética trasgresión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De su pasado no hay rastro, en la estela locati que dejan sus zapatones de hombre chancleteando la vereda lunar que alborota desafiante. Apenas recoger, sin seguridad, el testimonio que narró de él un periodista para un documental de la tele a la hora de las noticias. "Antes era un talentoso estudiante de arquitectura, pero al morir su madre quedó así". Y eso fue lo único que se supo de él, televisado a la fuerza, esquivando el ojo de la cámara con un desdén de garza principesca, evitando así el sapeo camarógrafo de esos programas acusetes sobre los locos que aún andan sueltos en la urbe.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por ahí, por calle Lira, Carmen o Portugal, cerca del antaño glorioso barrio travesti de San Camilo, su silueta desguañangada descalabra la lógica peatonal del apurado mediodía. Más bien, es un reflejo donde la mirada ciudadana se desconoce con rubor, en el desorden de su peregrina bufonada sexual. La loca del carrito conduce su bote de supermercado coleccionando mugres que Santiago desecha en su flamante modernidad. Por ahí agarra una muñeca manca y la arropa con ternura subiéndola a su barca rodante. Por acá se enamora de un trapo desflecado que lo rescata para cubrirse la cabeza. Y así, con el trapito anudado en su barbilla sin afeitar, como una abuela sureña o una extraña Madre de Plaza de Mayo, desaparece en el fragor del tráfico, dejan do su alucinado delirio como una estampa irreal que se esfuma en el traqueteo neura del centro.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Todos lo han visto, de alguna manera la ciudad se ha acostumbrado a ser testigo de su paso orillando el pleamar de su destino menguante. Acaso traficando autónomo su caricatura libertaria que amalgama oposiciones de género, lucha de clases, estéticas bastardas del filosofar vivencial que muda los harapos de un neo Edipo en el arrastre del duelo materno con su parturiente trapear.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Todos vemos a diario su tranco sin prisa, hurgueteando en la basura revistas o libros viejos que luego comercia en la vereda de un Supermercado, explicando con clara lucidez la lectura de su contenido. Allí, vendiendo retazos literarios y fotocopias de textos suyos, es un elocuente sujeto cultural que contradice la imagen trastornada de su evadida contemplación. Alguien le compra, con algún estudiante dialoga, algún tonto se mofa incómodo de su apariencia gitana y vagabunda. Pero ella no lo ve tras el vidrio de su ausente cotidiano. No engancha su altivo tornasol de locura con la estupidez del machismo ambiental. Y cuando la noche santiaguina relumbra cobriza en los guiñapos de la tarde, la loca del carrito recoge su mudanza de libros parchados, y sin ningún apuro, como si ordenara un valioso jardín de perlas, diademas y cachureos, se marcha acunada por el rechinar de las ruedas, se confunde con una sombra más que despide el arrebol mohoso de los edificios espejos, cuando cruza la calle Portugal entre los bocinazos y el "deténgase" amarillo del semáforo. Se desliza justo por ese color intermedio entre el "PARE/SIGA". Como si eligiera de alfombra ese relumbro que pinta de oro su equipaje marginal, cuando se va navegando en el asfalto y deja como un chispazo la lírica errante de su alocado frenesí.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114479518082635752?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114479518082635752/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114479518082635752' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479518082635752'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114479518082635752'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/la-loca-del-carrito-o-el-trazo-casual.html' title='La loca del carrito (o &quot;el trazo casual de un peregrino frenesí&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463761686927317</id><published>2006-04-28T09:17:00.000-03:00</published><updated>2006-04-28T09:15:48.626-03:00</updated><title type='text'>La inundación</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Cuando llueve todo se moja, dice un refrán, pero aún más los pobres que ven anegarse el metro cuadrado de sus viviendas con los chorros hediondos de la inundación. Y es que el invierno, la estación más desnuda del año, revela las carencias y pesares de un país que creyó haber superado la fonola tercermundista, un país narciso que se mira la nariz en los espejos de los edificios, un país que se piensa modelo de triunfo, y al menor desastre, al menor descuido, la indomable naturaleza manda guarda abajo el encatrado del éxito. El andamio económico que se vende como promoción de las glorias enclenques de la justicia social.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, sólo basta un aguacero para develar la frágil cáscara de las viviendas populares que se levantan como maquetas de utilería para propagandear la erradicación de la miseria. Sólo basta la llegada del invierno para demacrar la alegría de los pobladores que, después de tantos trámites y subsidios habitacionales, por fin les salió la casa propia. Digo casa, pero la verdad son cajas de cartón que al más simple chubasco se revienen con el agua y las pozas, y todo empieza de nuevo, otra vez de regreso al callamperío marginal, otra vez correr las camas y salvar lo poco valioso que se ha logrado comprar a crédito después de tantos años de esfuerzo. Otra vez poner las ollas y la bacinica para que reciban el insoportable tic-tac de las goteras. Otra vez, con el agua a las rodillas, sacar la mierda en baldes del alcantarillado que cada invierno se tapa, que cada lluvia se rebalsa de mugres y toda la población se convierte en una Venecia a la chilena donde nadan los zapatos, las teteras y las gallinas en el chocolate espeso del lodazal.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Cada invierno, son casi los mismos lugares que reciben la agresión violenta del desamparo municipal. Son los mismos canales: la Punta, las Perdices, el Carmen o las Mercedes, que se revientan en cataratas de palos, pizarreños y gangochos que arrastra la corriente sucia, la corriente turbia que no respeta ni a los cabros chicos, los inocentes niños entumidos que con los mocos del resfrío blanqueando sus ñatas, se amontonan en los albergues temporales que, por lástima y culpa social, les proporciona la municipalidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero toda esa película trágica del crudo invierno chileno, sirve para que la televisión se atreva a mostrar la cara oculta de la orfandad periférica tal como es. Tal como la viven los más necesitados, que por única vez al año aparecen en las pantallas como una radiografía cruel del pueblo, mostrada a todo color en el blanco y negro de la política. Por única vez al año acaparan la atención periodística, por única vez son estrellas de la teleserie testimonial que programan los noticieros. Por esta vez, se desenmascara la mentira sonriente de los discursos parlamentarios, la euforia bocona de la equidad en el gasto del presupuesto. Por única vez, al jaguar victorioso se le moja la cola, y todos podemos ver su reverso de quiltro empapado, de pájaro moquiento y agripado, como las guaguas de la inundación, que tan chicas, tan débiles, ya aprenden su primera lección de clase, su primera escuela de faltas, tiritando húmedas en los pañales.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463761686927317?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463761686927317/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463761686927317' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463761686927317'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463761686927317'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/la-inundacin.html' title='La inundación'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463752721466198</id><published>2006-04-27T10:22:00.000-03:00</published><updated>2006-04-27T10:21:19.206-03:00</updated><title type='text'>El Paseo Ahumada (o "la marea humana de un caudaloso vitrinear")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y si no fuera el calor, y si fuera otra cosa que nos anda asorochando a las tres de la tarde, con la cabeza abombada tratando de tirar unas ideas para hilar esta crónica, unas reflexiones novedosas sobre la urbe y esa fiebre pegajosa que hace del verano en la ciudad un horno irrespirable. Sobre todo si hay que pasar por el centro, bajarse justo en la estación Universidad de Chile del Metro. Treparse en esas escaleras de metal, donde sube y baja la marea apurada de gente que se mira de reojo cuando se cruzan cara a cara. Pero esa mirada no alcanza a ser un gesto de comunicación, apenas visualizar pañuelos que secan la frente y limpian maquillajes descorridos por la gota grasa del sudor, un ascensor de carne mojada en el trotar sofocante de la masa que evapora sus trámites y compras en la aglomeración del Paseo Ahumada. La calle restregón y pugna por salir del atolladero de cuerpos que se atajan, que se chocan, que se amasan calientes en el traqueteo nervioso del paseo público.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, esta arteria mercantil del centro de Santiago es el espacio peatonal estrujado por el vaivén de los sobacos que gotean miles de olores, cientos de transpiraciones de distintas marcas, de diferentes aromas que en el apretón se mezclan, que en el cumbión callejero hacen una hediondez común, una tregua de calor y cansancio para soportar mutuamente, tanto los hedores a cebolla de la plebe, como el tufo floral de los economistas que corren del banco a la financiera con las tarjetas de crédito en la mano. Los contados pitucos del Master Card, del Visa Card, del Life Card que se aventuran en la cuncuna plural del sobajeo humano.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y si a esto le llaman pacto social, paz ciudadana o pichanga entre clases, seguramente por la concertación variada de status económicos que forman el tumulto en la estrechez del paseo público. Como si fuera lo mismo subir al centro desde Pudahuel o bajar desde Santa María de Manquehue. Con este calor y con tanto perraje suelto. "Hay que tener estómago Macarena para resistir el impacto. Te lo digo. Te insisto linda que si puedes evitarlo tanto mejor". Tanto peor si la cuica de traje Brancoli y cartera Gucci tiene que caminar por el Paseo Ahumada aterrada, evitando los apretones del populacho. Como si no escuchara los piropos de los rotos que venden mote con huesillos. Como si no viera a ¡a señora pobla que casca al cabro chico porque no se queda tranquilo colgado de su mano. Y cómo el niño se va a quedar tranquilo, si esa avalancha de zapatos lo asusta en su pequeña atalaya infantil. Cómo se va quedar tranquilo, si a su lado otro cabro le saca pica chupando un helado con su langüeteo gozoso. Y el niño sabe que la mamá le dirá que no tiene plata para un barquillo, cuando la mira hacia arriba con sus ojitos resecos de pena. El peque sabe que le dirá que no moleste, que nunca más lo traerá al Paseo Ahumada si sigue portándose así, que se espere y cuando lleguen a la casa le va a comprar un cubo de hielo que vende la vecina. Y el niño tiene que conformarse con mirar de lejos esos colores verde menta, morado mora, rosa frutilla o amarillo bocado que ofrecen las heladerías. Muy adentro, en su enano corazón, él ya sabe que pertenece a esa muchedumbre conformista que mira las vitrinas tocándose las monedas para el Metro. El conoce la palabra confórmate y no la comprende, pero trata de entenderla cuando va de la mano con su mamá por el Paseo Ahumada, mirando la fanfarria chillona de las vitrinas, chupándose con los ojos ese resplandor publicitario, hipnotizado por las carreras de los comerciantes ambulantes arrancando de los pacos, recogiendo las mercaderías desparramadas por el suelo en el apuro; con niños chicos, como él, que ayudan a recoger las peinetas chinas, los calcetines de a tres en mil, las chucherías de Taiwán que ruedan por el piso. Todo esto lo ve el niño con ojos de fiesta, justo cuando la mamá le da un tirón para que siga caminando y se pierda con ella en la multitud apurada. Cuando ya ha pasado el calor y comienzan a prenderse las luces de neón y una leve ventisca refresca el agotamiento de los vendedores que miran el reloj para cerrar las tiendas al caer la noche. Al variar el público del Paseo Ahumada que se deja caer en los asientos esperando los shows callejeros; los humoristas, cantantes y oradores evangélicos que ocupan la calle con su teatro de paso, con su circo limosna que alegra la ciudad, cuando se relaja el tráfico de un agitado día y Santiago finge que duerme para que aflore la noche despelucada del escote putinga y su lunfardo resplandor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463752721466198?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463752721466198/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463752721466198' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463752721466198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463752721466198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/el-paseo-ahumada-o-la-marea-humana-de.html' title='El Paseo Ahumada (o &quot;la marea humana de un caudaloso vitrinear&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463737952614250</id><published>2006-04-26T13:33:00.000-03:00</published><updated>2006-04-26T13:30:41.353-03:00</updated><title type='text'>Noche de toma en la Universidad de Chile (o "me gustan los estudiantes")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y si a uno lo invitan a sumarse a la toma de la U., la catedral del saber, donde tantos piojos no pudieron entrar por falta de money, y tuvieron que mirar desde la vereda del frente la vida universitaria, la vida joven echada a pata suelta en los jardines académicos. Sobre todo en la Facultad de Humanidades, la inútil casa del pensamiento, dicen los que quieren transformar la educación en un negocio rentable, una productora de técnicos y economistas que sigan las huellas del jaguar. "Gente decente, de pelo corto y sin complicaciones existenciales como necesita este país. No como esa patota de universitarios inclinados a las letras, las ideas o el arte". Los mismos que han provocado este sismo grado ocho en la casa de Bello, la manga revoltosa que dio el espolonazo para que renuncie el rector, el mismo que fue elegido el noventa y se repitió el plato el noventa y cuatro, y si los cabros no hubieran atinado con esta paralización, capaz que perpetúe su mandato el noventa y ocho. Por eso, y para moverle el piso a esta momia y su camarilla conservadora, acepté la invitación. Que si me llaman voy, me dije, a pasar una noche con los chicos del cambio, a leer mis letras sucias y a cantar con ellos las mismas canciones de la rebeldía, con o sin causa, da lo mismo, pura pasión, puro deseo, y eso es lo único que queda cuando las ideologías están al servicio del poder de turno. Total, la razón en estos sistemas es comprable, transable y la tiene quien argumenta mejores razones pragmáticas. Por eso estuve con ellos y con La Batucana animando e1 paro, salpicando con versos y crónicas la noche pendeja que se hizo corta copuchando y tomando sopa. Riendo y coqueteando con los pendex bellos que compartían la seducción del canto a través del guitarreo, los pendejos y pendejas que defendían fieros las rejas de entrada, pidiendo documentos por si se colaba un sapo, tomándose este Resto de independencia tan en serio, que a las cuatro de la mañana renovaban la guardia y los turnos bostezando, muertos de cansados por la vigilia de la resistencia. Con tanto empeño, que se daban tiempo para ponerse melancólicos, con las canciones de Silvio, con los himnos y amores de estudiantes detrás de alguna barricada. "Tú te acuerdas, tú escuchaste de esa histórica marcha para que se fuera Federici". Y entonces, a puro paro, a puro café y alguna garrafa de vino navegado que pasó clandestina por la complicidad de los chicos de guardia, tiritando en la portería. Chicos, que les cuesta ser guardias, y a escondidas se tomaron su copete esa noche para mantener poéticamente los ojos abiertos y las patas calientes con el vino navegado. Y ay que noche, qué síntoma de soñar despiertos la ilusión marina de un abordaje en sus ojos cansados, trasnochados de utopía dulce. Qué noche memorable viví con los chicos de la U., cantando sus slogans de Universidad libre, Universidad para todos, Universidad para el que sufre, total en el pedir no hay engaño. Y si se trata de soñar, qué importa, soñemos lo imposible. El resto, fue esperar que la cordillera recortara su lomo en el clarear de la amanecida, a esa hora, cuando el frío escarcha la mirada de los estudiantes en paro, los bellos estudiantes que le dan una lección de dignidad a este país, en la trinchera de su exaltado desacato.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463737952614250?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463737952614250/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463737952614250' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463737952614250'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463737952614250'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/noche-de-toma-en-la-universidad-de.html' title='Noche de toma en la Universidad de Chile (o &quot;me gustan los estudiantes&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463745534481030</id><published>2006-04-25T10:28:00.000-03:00</published><updated>2006-04-25T10:26:51.810-03:00</updated><title type='text'>Un letrero Soviet en el techo del bloque</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Así, fuera poco vivir colgado de una jaula de cemento, donde el choclón de vecinos forman una familia, una salsa de gente que vive al tres y al cuatro intercambiando sus penas y esperanzas en las copuchas de pasillo. Sobre todo cuando citan a reunión porque una gran empresa ofrece poner un cartel en el techo del bloque. Tan grande como los luminosos de Manhattan, tan espectacular como esas marquesinas de neón que hay en el centro. Con tanta luz para iluminar los rincones, y así los patos malos no puedan seguir cogoteando gente. Un super aviso que va a ser la envidia de toda la pobla, porque las señoritas que pasaron encuestando casa por casa para que los vecinos dieran autorización, prometieron las mil y una con tal de instalar el letrero en el techo. Dijeron que si todos estaban de acuerdo, la empresa se comprometía a iluminar los pasillos, a arreglar el techo para el invierno, a hacer un jardín con juegos infantiles para los cabros chicos, a poner protección en las ventanas para los ladrones, a pagar un tanto mensual a cada casa por concepto de publicidad, y a colocar todos los vidrios que faltan. Aseguraron que iban a emperifollar la facha del edificio y lo iban a mantener tan limpio y bonito como uno de esos condominios donde viven los ricos en el barrio alto. Que se iba a organizar un comité de ornato y aseo que botara todos los cachureos que las viejas amontonan en el balcón, que además no se iba a permitir que colgaran los calzones en las barandas porque daba muy mala impresión, que iban a botar todos los tarros, ollas, bacinicas y teteras donde las viejas cultivan plantas pobres, esos cardenales y suspiros, esos mantos de Eva, esas plantas espinudas que sobreviven pese al meado de los volados, las chinitas y las matas de ruda y toda esa ordinariez de jardín rasca iba a desaparecer, lo mismo que los perros pulguientos y los gatos asesinos de palomas, todo iba a cambiar gracias a la generosidad de la marca que iban a instalar en la cabeza del bloque.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Entonces, surgieron las primeras malas caras, las miradas recelo sas de las viejas porque les iban a cambiar sus costumbres, sus mañosas costumbres de amarrar con alambre la destartalada miseria, su porfía de no arreglar el techo y poner una cacerola en la gotera del invierno, su devoción sagrada por los cardenales que florecen como carne de perro, su amor por los quiltros sin raza, fieles hasta la muerte. Y por último, la gota que rebalsó el vaso fue la noticia que se iba a pintar el bloque de un solo color. ¿Y de qué color? Todas preguntaron a coro. Bueno, dijo la niña de la empresa, tiene que ser rojo para que combine con la publicidad del anuncio. Entonces quedó la zorra, en un dos por tres la pacífica reunión se convirtió en una batahola. ¿Y por qué rojo?, dijo la mujer de un paco, va a parecer guarida de comunistas. ¿Y qué tiene en contra de los comunistas? Harto sufrieron con los milicos mientras usted le pegaba en la nuca a su marido que andaba apaleando gente. Quiere que pinten el bloque verde para que parezca retén, ahí sí que se vería bonito. Y por qué no rosado, o celeste, o plomito para que no se note la mugre, porque la gente aquí es tan cochina. Usted será cochina señora que tira la mugre al primer piso. Y usted que se hace la lesa con la venta de mariguana que tiene su hijo. No te metái con mi hijo vieja cabrona que tenis a tu hija trabajando en un topless. Esa sí que no te la voy a aguantar vieja maraca. Y se agarraron del pelo revolcándose ante los crispados ojos de las señoritas promotoras que salieron arrancando entre el revoltijo de papeles y carpetas que volaban sobre las mujeres malcornadas en el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Muy poco duró la esperanza de cambiarle al bloque su destartalado pelaje, porque las señoritas no volvieron nunca más a insistir con su propuesta publicitaria. Y meses más tarde, el gran afiche de los Jeans Soviet apareció en el techo de otro bloque, donde la gente es más ordenada y decente. Ahí casi todos son empleados públicos y tienen sus autitos que los lavan como guaguas los días sábado, dijo la mujer del paco entre la pica y la resignación. Además usted vecina decía la verdad, con tanta reja parece comisaría.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, cada casa del bloque la pintó cada vecino del color que quisiera, pedazos de naranja, partes de amarillo, murallas calipso, en fin, un mosaico de vidas que relucen su diferencia. Una forma de contener la modernidad uniformadora de la ciudad light, la ciudad aburrida, toda igual con su hábito de espejos y limpieza. La ciudad hipócrita, como un Miamicito lleno de carteles y neones que ocultan con su resplandor la miseria que se amohosa en los bordes.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463745534481030?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463745534481030/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463745534481030' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463745534481030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463745534481030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/un-letrero-soviet-en-el-techo-del.html' title='Un letrero Soviet en el techo del bloque'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463733330017285</id><published>2006-04-24T11:00:00.000-03:00</published><updated>2006-04-24T23:14:36.186-03:00</updated><title type='text'>Flores de sangre para mamá (o "la rebeldía llagada de un tatuaje")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y no hace mucho que esta costumbre era un vicio mal visto de marinos, piratas o de algún preso que se dibujaba una sirena en el antebrazo para entretener su soledad, meneándole la colita al apretar y soltar el puño. No hace tanto que a los cabros les dio por intervenirse el cutis con toda la gama que ofrece el arte del grabado en la piel. Tal vez, la idea vino de los rockeros duros y toda su fauna de murciélagos, vampiros, puñales y flores satánicas que adornan la alegoría de ese neogótico, de ese punga-punkie y su metalero disloque. Lo cierto es que prendió como una mecha de tinta entre los adolescentes, que lucen sus bellos cuerpos con las caricaturas del heavy-rock.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Aunque también las Artes Marciales y sus aletazos de ballet Jiu-Jit-Su, Shoto-Kan, o Kárate-Kid, colaboraron metiéndole gráfica oriental a este arte que cada vez se hace más refinado y exquisito. Así, de los pobres tatuajes que en un comienzo parecían garabatos de kindergarten, calcomanías de micro, copias de Micky Mouse, anclas, corazones o letreros cursis que ofrecían "Flores para mi madre"; ahora se han transformado en finas estampas y delicados dibujos con volumen, con sombra y a todo color que ofrece la artesanía del tatuaje. Ahora no hay peligro de sida con sus agujas recambiables y maquinitas importadas que van picando la piel con su aguijón esterilizado. Tampoco es tan doloroso, porque la anestesia adormece el rasguño que pinta un lagarto enroscado en la pierna, un dragón volando en un hombro, o un escarabajo caminando por la espalda. El único drama es que esta decoración dura casi para siempre. Es decir, hay que comprometerse con el mono como un enamorado. Porque si cambia la moda, borrárselo es tan caro como doloroso. Aun así, hay algo de juramento en este maquillaje tribal de los pendejos. Algo de pacto con el símbolo que eligen espera durar toda una vida, ya sea el signo de la paz, una calavera, un nombre bordado de espinas, una A de anarquía o los escudos del fútbol. No importa que los viejos se horroricen con estas modas primitivas, como los hoyos de los aros en las orejas, en las cejas, en la guata. No importa que los reten o que les den un par de charchazos; total ellos así ejercen la propiedad autónoma de sus cuerpos. Así se rebautizan, marcándose con el dolor de la aguja que va abriendo la piel al ardor de la tinta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Algo de iniciación para la vida se asume al soportar la llaga de esta línea que tajea. Es como poseer una forma o un mensaje que se elige para siempre, que se toca y se acaricia y se encariña con la costra que cuando cae, deja ver el músculo dibujado con algo propio. La precisión del trazado dependerá del precio del tatuaje, entre más grande y complejo será más caro, tanto o más que un par de zapatillas o un compact de Los Ramones. Los colores también dependen del money y del aguante que tenga el pendex en el desollado del pellejo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Sin duda que también estas señas harán más detectable la prófuga identidad juvenil, pero la variedad compite con la identificación. Existen tantos tatuados, y en partes tan diferentes del cuerpo, que se necesitaría otro registro civil para ficharlos. En tanto cada dibujo puede alterarse y no corresponder a una señal única como la huella dactilar. Cada dibujo es del cuerpo que lo posee, como también del gran cuerpo juvenil de la ciudad que siempre está cambiando de piel de acuerdo a las modas y pasiones que los desbocan, al deseo irrefrenable de verse diferentes, de sentirse únicos en el oleaje metropolitano que, cuando pasan los veinte años, pierde sus risas, y más temprano que tarde, cuando se titulan de honorables empleados, ocultan sus marcas rebeldes y sus flores de sangre negra bajo el puño almidonado del yugo laboral.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463733330017285?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463733330017285/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463733330017285' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463733330017285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463733330017285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/flores-de-sangre-para-mam-o-la-rebelda.html' title='Flores de sangre para mamá (o &quot;la rebeldía llagada de un tatuaje&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463723387863546</id><published>2006-04-21T10:32:00.000-03:00</published><updated>2006-04-21T10:31:09.466-03:00</updated><title type='text'>El garage Matucana Nueve (o "la felpa humana de un hangar")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y era que se vagaba por la noche santiaguina mediando los ochenta, en largos carretes de la revuelta resistente. La manga callejera, media artista, media artesa, poetas de gomina punkie, intelectuales de izquierda ñuñoína y pobladores desalambrados en su vértigo de cuentear cajas de vino tinto en las plazas, en los actos políticos, en las peñas, en los recitales, en fin, donde se proyectara el rito ansioso de fumarse con rabia un cambio al presente. Y si no ocurría, por lo menos había que imaginarlo en la farra nochera que hilaba zapatillas, sandalias y bototos under camino a Matucana. En Estación Central, a media cuadra de Alameda, el Garage cuna del margen vanguardia, a reventarse de pelados metaleros y chascones floripondios, todos allí, hermanados por el subterráneo alternativo donde se ideaba el Chile en democracia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por entonces el comic, los peinados raros y la patota pirata que soltaba sus humores creativos en ese solar del placer utópico, la barraca que acogía a las tres mil mujeres en tres días de feminismo, izquierda y rabias sin calzón. Por allí pasó casi toda la subversiva movilización antidictadura, animada por el Jordy, la Rosa Lloret y la familia amigota de pintores, poetas, teatreros y soñadores que reventaban de eléctrica música los viernes de Matucana. Siempre con cucas de pacos en la puerta, por reclamos, por la bulla, por las peleas, por los botellazos, por todo el tráfico de ideologías destapadas y resentimientos bailables, tomables, fumables que acontecían en ese galpón periférico. El corazón duro de aquel Santiago crispado por el rechinar de la protesta. El espacio taller para pintar lienzos y carteles usados en las concentraciones. Frases y poéticas del panfleto escrito en los ecos de aquella catedral piñufla, siempre enfiestada por las tocatas, las reuniones y las acciones de arte que narraban su desespero.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y era que allí, la noche ochentera quería durar para siempre en el dionisíaco adelanto de la democracia que se vacilaba, en la ansiedad pendeja sobajeándose y brindando el cuerpo en la felpa humana del hangar. La variada multitud de chicos y no tan chicos que transaban el espacio común con la manda de la ropa negra. New waves pálidos y ojerosos imponiendo el look gótico sacado de la ropa americana, chicas rebeldes, minifalderas pop, que encueraban las noches en el humo azul de los pitos. Conjunción de estilos, sombreros retro y gafas de gata con brillitos, en el zumbante reggae que recién llegaba, amortiguando el heavy rock con su calipso calentón. Entonces se bailaba, entonces el cuerpo asumia el desafío de la pista donde el choclón político de mitines y cantatas convocaba a la joven izquierda, la bella izquierda desarrapada y voluptuosa en su güeviar noche a noche hasta el clareo vinagre del amanecer.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y fueron tantas veces, tantas tardes, noches y mañanas que el galpón insalubre adoptó en sus andamios de buque-piojo al desacato urbano. Que los ensayos de perejiles rockeros que no tenían lugar, que el teatro pánico donde volaban por los aires los actores que terminaban en la posta quebrados y patulecos con el porrazo. Que la visita de Christopher Reeves, Superman, que vino a solidarizar con los degollados. Y allí conocimos al hombre de acero, de cerquita, con su alto porte gringo y sus ojillos celestes emocionados en el discurso. Todo eso pasó bajo la techumbre cimbreada del galpón, pasó como destello glorioso del esperado destape amasado en los ochenta y que nunca vio futuro. Porque llegada la democracia, la rémora conservadora del cambio desalojó la fiebre del lugar, inauguró otros espectáculos de vanguardia neutralizados por el comercio, banalizados por el mercado del margen, sobajeados por la venta clasista del under censurable. Pero aquella pasión errante, quedó apresada en el teatro vacío de aquel Garage, que retornó a su práctica de bodega, donde no quedan rastros de sus grafittis obscenos y el lugar ya no es una "boca de tráfico" para el sencillo barrio de venta de tuercas y repuestos de autos. Tampoco hoy nadie se queja del estruendo acústico de los motores que acallaron para siempre la balada vibrante de otra época.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463723387863546?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463723387863546/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463723387863546' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463723387863546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463723387863546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/el-garage-matucana-nueve-o-la-felpa.html' title='El garage Matucana Nueve (o &quot;la felpa humana de un hangar&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463714896323846</id><published>2006-04-20T19:19:00.000-03:00</published><updated>2006-04-20T19:25:15.190-03:00</updated><title type='text'>Los Prisioneros (o "el grito apagado de los ochenta")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De levantarme una mañana y encontrar el barrio tapizado con las caras de laucha de Los Prisioneros, "la voz de los ochenta", multiplicada en el poster comercial que delata la derrota de una década, la perdida rebelión, y tantos, tantos sueños que había en sus cabecitas negras, ahora peinadas con el gel maraco del repulsivo mercado. Así, fueran Hugo, Paco y Luis, los tres sobrinos vivarachos del Pato Donald, que hicieron creer a toda una generación de jóvenes, que el mañana democrático era un sol de promesas que pintaría de amarillo la basura de sus cunetas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero no fue así, porque los aires cambiaron para muchos, pero no para los chicos pobla que siguieron la huella delictual de sus veredas cesantes, sus veredas amargas de mascar el polvo y la angustia suicida de la pasta base. Tal vez, Los Prisioneros nunca fueron tan marginales, tan patos malos, apenas tres pálidos liceanos que guitarreaban sus broncas en la esquina del medio pelo, cerca de la Gran Avenida, en San Miguel. Quizás, tampoco tuvieron que ser tan dark, tan punkies, tan heavy metal, para componer la canción más hermosa del rock nacional: "El baile de los que sobran". Acaso esa mordida timidez de flacos sin bulla, de cabros pajeros florecidos de espinillas, que se juntan en la tarde a rocanrolear una cerveza. A lo mejor esa misma achunchada vergüenza de ser clase media, fue el argumento que los lanzó a la fama musicalizando sus anónimos sueños, sus humildes rabias frente al aparato represor que, por esos años, apaleaba al tierno corazón de los mariguaneros de barricada.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez entonces, la emoción del patear piedras, tirar piedras, comer piedras, tenía que ver con esa impotencia de los chicos que perdieron sus verdes años combatiendo la dictadura. Quizás por eso, Los Prisioneros cayeron parados en los actos políticos, agotados por la depresión del Canto Nuevo, el testimonio charanguero y el llanto de la quena. Por eso prendieron como bencina en las multitudes que coreaban el "Pinocho, escucha, ándate a la chucha". Ellos hicieron bailar la protesta con las cuatro notas de su poético pop, su sencillo pop, su irónico pop, y la lírica resentida de sus letras burlándose de los que no se llamaban ni González ni Tapia. "Por qué no se van del país", si no les gusta, aullaban los bellos perejiles del rock territorial, sudaca y cantinflero. Con tres zapatillas rascas, tres polentas negras, tres blujines carreteados, y la voz del Jorge González tirando mierda con ventilador a los milicos, a los hippies conformistas, y a cuanto pirulo burgués, fanático de la cultura extranjera que se atravesaba por sus canciones.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero no pasó mucho tiempo que esa balada rebelde se hizo gusto fetiche del underground pituco, que por esos años paraba las patas en algún local clandestino de Santiago. La acomodada vanguardia juvenil, que adoptó a los nenes atorrantes de San Miguel domesticando las mechas tiesas de su porfía rockera. González fue el primero que cayó en la seducción de esas niñas violentas con pelo verde que, llegando de Madrid, traían de contrabando la movida española. Jorge fue el primero que se dejó embrujar por el estilo cult, los tragos finos, y todo el circo taquilla de ese lejano destape. Fue el único que creyó los piropos de roto talentoso que le decían sus nuevos amigos. Acaso su acalorada fiebre por el cambio fue sólo la excusa para volar del barrio rasca. Tal vez, el vocalista líder de Los Prisioneros se juró Lennon con sus entrevistas puntudas, sus camisas sicodélicas y los lentes de contacto azules que usó para el video clip que hizo junto a Miguel Tapia, el más apagado de los integrantes, el único que siguió fiel a su lado cuando Claudio Narea renunció al grupo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es posible que Claudio, quizás el prisionero más idealista, regresara al barrio asqueado de tanta farándula. Porque más allá de los motivos personales de aquella separación, más allá de la pelea que tuvo con Jorge, algún pacto de esquina se había roto. Y Claudio, tan bellamente aindiado, se viró de aquellas falsas luces. Precisamente cuando la banda era top, él volvió a la cuadra y vio el ascenso de sus antiguos yuntas ganando plata a manos llenas, moviendo a la Quinta Vergara al compás de sus viejas rebeldías. Claudio los vio por televisión emocionado, y apretó los ojos de su prisionera pena para no llorar, sabiendo que la vida tenía muchas vueltas, convenciéndose que él estaba bien en la suya tocando con Los Profetas y Frenéticos, que era consecuente organizando el sindicato de rockeros en La Cisterna, donde iban los locos pungas a rasguear sus reventones. Que el Jorge González, creído y solista en la película del clip televisivo, algún día se iba a cansar de correr a poto pelado cantándole a la felicidad de los ricos. El Claudio esperó paciente, caminando por la Gran Avenida, que al Jorge le dieran vértigo las luces de Manhattan, donde se fue a triunfar cuando olvidó los tarros pateados de su adolescencia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, de verlos esta mañana en el afiche que promociona la reedición de sus temas, prefiero no pensar en su reencuentro. Prefiero creer que en algún patio de esta comuna, aún tres flacos poetizan la ira operática de su bulla. En tanto, sigo caminando por la ve: la sucia de San Miguel, pensando en encontrarme al Claudito a la vuelta de la esquina, cuando me cierra un ojo en el cartel y me invita a bailar apretado "El baile de los que sobran".&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463714896323846?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463714896323846/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463714896323846' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463714896323846'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463714896323846'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/los-prisioneros-o-el-grito-apagado-de.html' title='Los Prisioneros (o &quot;el grito apagado de los ochenta&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463704230764198</id><published>2006-04-20T11:15:00.000-03:00</published><updated>2006-04-20T11:13:36.070-03:00</updated><title type='text'>La República Libre de Ñuñoa (o "parece que nos dejó el taxi, Lennon")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Desde allí, caminando por sus calles de baldosas quebradas y rejas mohosas, se puede mirar la ciudad de Santiago con cierto orgullo. Como quien ve el país desde un balcón roñoso, tal vez lo único que les va quedando a esas enormes casonas de inmigrantes que se instalaron cerca del Barrio Alto, pero que nunca fueron Barrio Alto. Apenas la periferia de Providencia, donde sus calles cuicas decaen en un mediopelo de boliches y paqueterías afraneladas de polvo, sobreviviendo sólo por la tradición añeja que las mantiene en pie.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde Ñuñoa, el habitante puede creerse afortunado de corretear en bicicleta por sus anchas avenidas sombreadas de árboles, y ostentar cierta libertad de provincia, cierta pituquez de pueblo chico, donde no hace falta casi nada: ni las plazas, ni la municipalidad, ni el estadio, ni las universidades, ni tampoco esos colegios clasistas con nombre de santo inglés, donde los hijos de Ñuñoa aprendieron las vocales con acento extranjero. Esos Colleges, Academys, School, donde estudiaron juntos, hicieron la cimarra juntos, se pajearon juntos, y se fumaron sus primeros pitos escuchando a Silvio Rodríguez, y luego y pronto y después, terminaron allegados a la casa familiar, hippientos y solterones bostezando los cuarenta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Sin duda, la comuna de calle Irarrázaval vio pasar la historia bajo la sombra campestre de sus jardines. Allí se aposentó todo el arribismo de la pequeña burguesía, opacado por la nobleza de sus comunas vecinas. A sólo unas cuadras, la misma vereda de Pedro de Valdivia cambia de pelaje, la misma empleada doméstica mira con desprecio a la india de al lado, el mismo perro pirulo pasa con la cola bien parada sin mirar al de enfrente, la misma hija de funcionario público se junta con sus amigas "jai" en el Paseo Las Palmas de Provi, y no en la cercana Plaza Ñuñoa donde hacen nata los picantes de la cultura alternativa. Los hippies, punkies y vanguardistas izquierdosos, privilegiados de la educacion experimental del Manuel de Salas. Un Liceo público donde se incubaron los proyectos liberacionistas del sesenta, el laboratorio ideológico de una década, el semillero progresista de la clase media acomodada que iba a cambiar el mundo. Los chicos bonitos que bajaban a la periferia de Santiago a comprar mariguana y enseñar la doctrina social de Cristo a los piojosos, a los atorrantes, que en la parroquia de la pobla aprendían sus canciones de protesta y los miraban como dioses disfrazados de artesas, compartiendo las patadas de los pacos y el humo de las lagrimógenas. Hermanados por el: "Compañero presente, ahora y siempre".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De Ñuñoa salían los estudiantes voluntarios con sus pañuelitos hindúes al cuello a repartir frazadas en las inundaciones. Los chiquillos de buen corazón conmovidos por la miseria del margen. Ñuñoa dio a luz una patota de cabros buenos, pasados por la juventud católica y el álbum familiar donde aparecen desteñidos en la foto de primera comunión, cuando aún creían que Sudamérica era cosa de ángeles porfiados.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Fueron los mismos muchachos que cantaron Let it be, y luego se hicieron rebeldes, mariguaneros, patoteros, rockeros, socialistas, comunistas, mapucistas, miristas o frentistas. Los mismos que alguna vez, en la búsqueda desesperada del yo interno, tomaron la senda esotérica y militaron en Silo, el Grupo Arica, la Gran Fraternidad Universal o la Comunidad de Krishna, Rajness o Saint Germain. Pero no les duró la paciencia de esperar en pose de loto a que cambiara el cielo horizontal del Acuario místico "La era estaba pariendo un corazón", y había que aprenderse el Capital de memoria, estudiar arte, sociología, antropología, literatura, filosofía y cuanta carrera humanista que los titulara rápidamente de alumbrados profetas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;"Eran días de arcoiris" para aquellos jóvenes intelectuales que pusieron mente, corazón y sangre en el pulso finisecular de una aguada derrota. Son los mismos soñadores-idealistas que ahora se reúnen en Las Lanzas de Plaza Ñuñoa a recordar viejos tiempos. Allí se les puede encontrar hoy, sin el pañuelito hindú reemplazado por la corbata de funcionario ministerial. Cómodamente instalados en el nido burgués que tanto odiaron cuando cantaban "Hay que dejar la casa y el sillón" Allí se les ve cada tarde al regreso de la oficina, como si no hubiera pasado el tiempo, como niños grandes y guatones que se pueden reír sin prisa, balanceando el whisky en la mano izquierda, arrepentidos de los extremismos y tratando de olvidar. Más bien, intentando no deprimirse con esa canción que rasguea el cantor culebreando de mesa en mesa, el guitarrero cantor que conoce de memoria el repertorio de Silvio, Violeta, Víctor, Atahualpa, y también "Valparaíso mi amor" que saca aplausos y más trago y más monedas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Allí se les puede ver ahora, en algún recital de Los Tres por La Batuta, animados por algún gramo que jalan en la tarjeta de crédito. Pero aun así, nostálgicamente tristes, irremediablemente consumidos por la sobrevivencia del medio lustre nacional. Inolvidablemente repetidos en el himno de La República Libre de Ñuñoa. Cuando se van tambaleando por la vereda comunal de regreso al insectario y ahorcados por el ayer.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463704230764198?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463704230764198/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463704230764198' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463704230764198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463704230764198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/la-repblica-libre-de-uoa-o-parece-que.html' title='La República Libre de Ñuñoa (o &quot;parece que nos dejó el taxi, Lennon&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463691564166370</id><published>2006-04-19T23:17:00.000-03:00</published><updated>2006-04-19T23:23:08.490-03:00</updated><title type='text'>Dean Reed (o "del rock a la odisea marxista")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De la misma época que Paul Anka, Chuby Checker, Neil Sedaka y toda esa manga de afectados señoritos que hoy hacen el show-rock de la tercera edad, el gringo Dean Reed era un baladista famoso conquistando muñecas adolescentes con su repertorio emotivo que enlazaba a las parejas de fines de los cincuenta. Aquella generación de lirios y margaritas, pololos de media tarde, palomos de motoneta, adictos al chicle, la Coca Cola y el Yo-Yó. Empaquetados rebeldes, coléricos de esquina, que soñaban cambiar el mundo con el tocadiscos en el corazón.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Dean Reed, o Din Rin, como le decían acá en Chile, había logrado pegar con varios éxitos mundiales, como: No Te Tengo, Anabelle, La Novia y otros discos que aún suenan incansables en programas del recuerdo. Su historia pudo llegar hasta allí, y el resto habría sido fácil viviendo de las ganancias de aquella mermelada nostalgia; pero el flaco Dean, vio llegar los sesenta y la revuelta estudiantil y social le giró el disco de su ingenuo cantar. Vietnam, Cuba, Nicaragua, Puerto Rico y tantos excesos del capitalismo, le provocaron el asco que lo lanzó a una militancia política enrojecida por la bronca social. Entonces Angela Davis, entonces Bob Dylan, entonces Joan Báez y muchos otros artistas norteamericanos formaron un frente crítico ante los atropellos de Nixon en su afán colonizador y prepotente. Pero Dean, en esa hippie y conocida historia, nunca fue protagonista, nunca superstar de la revolution, apenas un gringo revoltoso que viajaba por el mundo denunciando derechos humanos pisoteados por el más fuerte.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por entonces Chile vivía su experiencia de socialismo en democracia, y Dean no podía estar ajeno a tal experimento, por eso vino a solidarizar con Allende y la Unidad Popular. Y frente a la Embajada norteamericana del Parque Forestal, realizó su cuestionada acción política lavando la bandera de Estados Unidos en protesta por Vietnam Asi lo recuerdo esa primera vez que lo vi siendo yo liceano. Lo veo nuevamente con el trapo yanqui mojado entre las manos frente a la prensa extranjera. Recuerdo vagamente los gritos, las consignas, los discursos, las canciones por Vietnam, Laos y Camboya. Recuerdo su porte gringo entre las cabezas negras de los estudiantes de izquierda. Y hasta ahí no más me llega la memoria, porque vino el golpe y Dean Reed, exiliado por el gobierno norteamericano, se asomaba a veces por la radio con su vieja balada de teenagers.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Después, ya en los ochenta, cuando la resistencia al régimen militar se camuflaba en grupos de arte que pasaban de contrabando el panfleto político, cuando se organizó el Coordinador Cultural, con actores, poetas y pintores de la Apech, la Sech, Sidarte y cuanta agrupación de artistas que participaba en aquellas tomas de la calle disfrazadas de acciones de arte, ahí, en la Sociedad de Escritores lo volví a encontrar, como un Sting un poco más cansado, pero igual de solidario, igual de soñador, colorado por el vino caliente que se tomaba brindando por la libertad en esas peñas de la patria enferma. Le pedimos que cantara y él no se hizo de rogar, tomando la guitarra y entonando aquellas viejas notas de rock and roll de su también lejana juventud.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nunca más supimos de Dean Reed, viajando por el mundo; de Cuba a la Unión Soviética, y de África a Nicaragua, llevando por el mundo la cinta lacre de la revolución. Y entre tanto cambio de posturas y caídas de muros, entre tanto ocaso ideológico y surgimiento de las nuevas democracias conservadoras; entre tanto empacho neoliberal y abulias de mercado, un día nos llegó la sorpresiva noticia de su muerte. Todavía estaba joven el Dean Reed de tanta batalla por la justicia, y esta crónica, enredada con la música sentimental de su evocación, sólo pretende negarse al olvido de su alentadora sonrisa. Tal vez rescatarlo del cancionero ajado que empaqueta su recuerdo, reponer al personaje que transó un cómodo futuro de estrella por el abrazo sin fronteras a los oprimidos de silenciada voz.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463691564166370?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463691564166370/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463691564166370' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463691564166370'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463691564166370'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/dean-reed-o-del-rock-la-odisea.html' title='Dean Reed (o &quot;del rock a la odisea marxista&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114463677774807558</id><published>2006-04-19T21:29:00.000-03:00</published><updated>2006-04-19T09:28:09.543-03:00</updated><title type='text'>El río Mapocho (o "el Sena de Santiago, pero con sauces")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;En verano parece una inocente hebra de barro que cruza la capital, un flujo de nieves enturbiadas por el chocolate amargo que en invierno se desborda, desconociendo límites, como una culebra desbocada que arrasa en su turbulencia las casas de ricos y pobres levantadas en sus orillas. Porque este río, símbolo de Santiago, se descuelga desde la cordillera hasta el mar, cortando el flaco mapa de Chile en dos mitades, y en su recorrido nervioso, atraviesa todas las clases sociales que conforman la urbe. Desde las alturas de El Arrayán, donde los hippies con plata instalaron su tribu ecológica y mariguanera, sus casitas de playa, con piscina y amplia terraza para mirar el río en pose de yoga o meditación trascendental. La comunidad naturalista, donde las señoras hippies con guaguas rubias a poto pelado, hacen quesos de soya y recetas macrobióticas escuchando música New Age. Tan inspiradas por la precordillera de lomas y quebradas, y el rumor del Mapocho que se lleva en la corriente sus olores dulces de sándalo, incienso y pachulí hasta mezclarlos, más abajo, con la caca negra de los pobres.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;A lo mejor, este Mapocho que se dice río, es sólo un caudal mugriento que no tiene que ver con la idea de remanso verde y aguas cristalinas, como aparece en las fotos del Welcome Santiago. Es lo contrario de las imágenes turísticas que tienen los ríos en Europa. Por eso contrasta con las mansiones y palacetes modernos del Barrio Alto. Más bien, afea el Barrio Alto con su torrente ordinario. Y aunque los alcaldes de estas comunas fi-fi lo decoren con murallones de piedras y enredaderas y parquecitos con estatuas y macetas de jazmines, el roto Mapocho sigue viéndose moreno, entierrado y muy indio en sus porfiadas desconocidas. Sigue corriendo pendiente abajo, Santiago abajo, sin mirar el lujo firulí que bordea el lodo de esas playas con estacionamiento privado. Sigue desbarrancándose amurrado, dando tumbos en los tajamares coloniales que en el setenta y tres vieron pasar cadáveres sonámbulos y rajados por un yatagán.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Mas abajo el Mapocho no se detiene frente al Forestal que pinta de verde su ruta como si la memoria de su paso se llevara en las hojas que caen los besos y las promesas de amor que se juran las parejas mirando el sol poniente. El Mapocho no sabe de amor ni de romanticismo en su carrera loca y sedienta por llegar al mar. Por eso no ve a los enamorados mirándose a los ojos en esa escenografía parisina que le pusieron los milicos en el sector céntrico Esas barandillas cursis y puentes rococó que quisieron travestir al roto Mapocho como un Sena de Santiago pero con sauces.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Siempre hay algo de verguenza ruando un turista pregunta por el Mapocho y los santiaguinos lo muestran diciendo que más arriba viene clarito clarito pero la mugre de la ciudad, los desagües y mierdales colectivos de las alcantarillas lo dejan asi como una arteria fecal donde los motones son truchas para las gaviotas despistadas que picotean hambrientas Las nubes de gaviotas que emigran corriente arriba, por la contaminación de las playas y, a la altura de la Estación Mapocho, transforman el río en un puerto sin mar Y pareciera que desde allí este río ya no tiene que poner caras de Támesis o Danubio azul para complacer a la ciudad remozada. Al oeste de Santiago, el Mapocho se explaya a sus anchas besando la basta deshilachada de la periferia. Como si se encontrara a sus anchas en ese paisaje de callampas latas y gangochos, y cariñoso suaviza su andar armonizando su piel turbia con este otro Santiago basural y boca abajo, con este otro Santiago, oculto por el afán moderno de tapar el subdesarrollo con escenografías pintorescas. Como si el desguañangado Mapocho se encontrara por fin entre los suyos, transformando la violencia de su corriente en un arrullo de té con leche para el sueño proleta. Como si bruscamente se pusiera tierno, aplacando su marea resentida en un oleaje dorado por la penumbra de la tarde que sin retorno, se lo lleva al mar.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114463677774807558?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114463677774807558/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114463677774807558' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463677774807558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114463677774807558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/el-ro-mapocho-o-el-sena-de-santiago.html' title='El río Mapocho (o &quot;el Sena de Santiago, pero con sauces&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341662945599265</id><published>2006-04-17T15:26:00.000-03:00</published><updated>2006-04-17T15:22:28.673-03:00</updated><title type='text'>El informe Rettig (o "recado de amor al oído insobornable de la memoria")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y fueron tantas patadas, tanto amor descerrajado por la violencia de los allanamientos. Tantas veces nos preguntaron por ellos, una y otra vez, como si nos devolvieran la pregunta, como haciéndose los lesos, como haciendo risa, como si no supieran el sitio exacto donde los hicieron desaparecer. Donde juraron por el honor sucio de la patria que nunca revelarían el secreto. Nunca dirían en qué lugar de la pampa, en qué pliegue de la cordillera, en qué oleaje verde extraviaron sus pálidos huesos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso, a la larga, después de tanto traquetear la pena por los tribunales militares, ministerios de justicia, oficinas y ventanillas de juzgados, donde nos decían: otra vez estas viejas con su cuento de los detenidos desaparecidos, donde nos hacían esperar horas tramitando la misma respuesta, el mismo: señora, olvídese, señora, abúrrase, que no hay ninguna novedad. Deben estar fuera del país, se arrancaron con otros terroristas. Pregunte en investigaciones, en los consulados, en las embajadas, porque aquí es inútil.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Que pase el siguiente.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso, para que la ola turbia de la depresión no nos hiciera desertar, tuvimos que aprender a sobrevivir llevando de la mano a nuestros Juanes, Marías, Anselmos, Cármenes, Luchos y Rosas. Tuvimos que cogerlos de sus manos crispadas y apechugar con su frágil carga, caminando el presente por el salar amargo de su búsqueda. No podíamos dejarlos descalzos, con ese frío, a toda intemperie bajo la lluvia tiritando. No podíamos dejarlos solos, tan muertos en esa tierra de nadie, en ese piedral baldío, destrozados bajo la tierra de esa ninguna parte. No podíamos dejarlos detenidos, amarrados, bajo el planchón de ese cielo metálico. En ese silencio, en esa hora, en ese minuto infinito con las balas quemando. Con sus bellas bocas abiertas en una pregunta sorda, en una pregunta clavada en el verdugo que apunta. No podíamos dejar esos ojos queridos tan huertanos. Quizas aterrados bajo la oscuridad de la venda. Tal vez temblorosos, como niños encandilados que entran por primera vez a un cine, y en la oscuridad tropiezan, y en el minuto final buscan una mano en el vacío para sujetarse. No pudimos dejarlos allí tan muertos, tan borrados, tan quemados como una foto que se evapora al sol Como un retrato que se hace eterno lavado por la lluvia de su despedida.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tuvimos que rearmar noche a noche sus rostros, sus bromas, sus gestos, sus tics nerviosos, sus enojos, sus risas. Nos obligamos a soñarlos porfiadamente, a recordar una y otra vez su manera de caminar, su especial forma de golpear la puerta o de sentarse cansados cuando llegaban de la calle, el trabajo, la universidad o el liceo. Nos obligamos a soñarlos, como quien dibuja el rostro amado en el aire de un paisaje invisible. Como quien regresa a la niñez y se esfuerza por rearmar continuamente un rompecabezas, un puzzle facial desbaratado en la última pieza por el golpetazo de la balacera.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y aun así, a pesar del viento frío que entra sin permiso por la puerta de par en par abierta, nos gusta dormirnos acunados por la tibieza terciopela de su recuerdo. Nos gusta saber que cada noche los exhumaremos de ese pantano sin dirección, ni número, ni sur, ni nombre. No podría ser de otra manera, no podríamos vivir sin tocar en cada sueño la seda escarchada de sus cejas. No podríamos nunca mirar de frente si dejamos evaporar el perfume sangrado de su aliento.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso es que aprendimos a sobrevivir bailando la triste cueca de Chile con nuestros muertos. Los llevamos a todas partes como un cálido sol de sombra en el corazón. Con nosotros viven y van plateando lunares nuestras canas rebeldes. Ellos son invitados de honor en nuestra mesa, y con nosotros ríen y con nosotros cantan y bailan y comen y ven tele. Y también apuntan a los culpables cuando aparecen en la pantalla hablando de amnistía y reconciliación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nuestros muertos están cada día más vivos, cada día más jóvenes, cada día más frescos, como si rejuvenecieran siempre en un eco subterráneo que los canta, en una canción de amor que los renace, en un temblor de abrazos y sudor de manos, donde no se seca la humedad Porfiada de su recuerdo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341662945599265?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341662945599265/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341662945599265' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341662945599265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341662945599265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/el-informe-rettig-o-recado-de-amor-al.html' title='El informe Rettig (o &quot;recado de amor al oído insobornable de la memoria&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341647688984686</id><published>2006-04-16T23:20:00.000-03:00</published><updated>2006-04-16T23:27:00.793-03:00</updated><title type='text'>La Payita (o «la puerta se cerró detrás de ti»)</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Para muchos que se tragaron la versión caricaturizada de la Unidad Popular, la imagen de Miria Contreras sigue siendo el boceto pintoresco de la secretaria cómplice y amante secreta que acompaña la figura de Salvador Allende. Y este frivolo estereotipo que armaron los militares, sigue corriendo en los salones políticos y sociales donde la lengua lagarta de la derecha escupe la historia con su saliva venenosa.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Poco se sabe realmente de esta mujer que optó por el anonimato frente a la chismografía y al desprestigio público. Poco se sabe qué es de ella en la actualidad, y es preferible respetar su silencio, acatar su fobia a las entrevistas, su desconfianza frente al periodismo, mórbido y tendencioso. Quizás uno de los pocos protagonistas de esta gesta, que guardó para sí la confidencia del histórico final. Del triste final, hecho tragedia por la mansalva golpista. Tal vez, ella es la única persona que estuvo más cerca del presidente en el filo de ese momento, en la premura apretada de esos minutos que se cortaron en el estruendo de la última decisión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Acaso, para Miria, el trauma de esa fecha le arrebató para siempre la risa fresca que embanderaba su rostro en la campaña, junto a Salvador. La Paya, alegre, siempre optimista animando los mítines, gritando consignas, escuchando atenta la voz del futuro presidente con un pétalo de ternura en sus ojazos emocionados, en su mirar de palomas exaltadas por aquella presencia arrebatadora de Salvador, su amigo de tantas luchas junto al pueblo. El Chicho, su vecino en la calle Guardia Vieja donde ambos vivían junto a sus familias todos esos años de candidatura y derrota Todos esos años ayudando, esperando que los pobres acarrearan su propio candidato En esa calle sin salida de la comuna de Providencia de entonces, donde las dos casas eran un revoltijo de secretarías políticas y afiches y lienzos y agotadoras reuniones hasta la madrugada Hasta que la luz tísica anunciaba el día, enrojeciendo los ojos irritados tras los lentes de Salvador, y entonces Miria lo dejaba beberse el último trago de café para acompañarlo hasta su casa. Y allí, en esa calle, bajo la claridad tuberculosa del alba, aún quedaba una última mirada separando las dos casas. Aún tenían tiempo para reforzar la pasión socialista que anudaba cardenales rojos ante el presagio del amanecer. Pero a Salvador nunca le gustaron las despedidas, por eso le propuso a Miria unir las dos casas con una puerta interior. Así todo será más fácil, las reuniones, las cartas, las noticias de última hora, las visitas de amigos comunes. Así también nos evitamos los adioses en la vereda y los comentarios de los vecinos, decía ella con sus ojos claros mirando en derredor. Eso es lo que menos importa compañera, recuerde que el amor y la revolución van de la mano en el mismo verso. Lo que realmente me preocupa, es que la lucha y las empanadas no se enfríen de una casa a otra, le contestaba Allende con su risa libre que chispeaba encantador los albores del cambio.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así las dos casas quedaron unidas por aquella puerta interior que vio desfilar personajes, informes, y el futuro patrio de aquella historia humeante en las bandejas de empanadas y vino tinto, que enfiestaban esa izquierda soñadora de la Unidad Popular, pujando cortar el siglo con su asalariado ardor. Y Miria Contreras no pudo permanecer indiferente en la utópica vorágine que regaba de pétalos el sueño de los oprimidos. Y lo apostó todo a esa causa popular que tocó el cielo en el setenta, ese cuatro de septiembre, bendita fecha en que Salvador fue elegido presidente. Y ahí, recién comenzó la batalla, la lucha de perejiles quijotes frente al molino capitalista del imperio. Y aun así, a pesar de la continua agresión del fascismo interno y externo, la Payita como asesora de la presidencia, lo aconsejaba y escuchaba por horas su proyecto, tomando notas y programando reuniones y compromisos del compañero presidente, que de ropa sport, recibía embajadores, ministros, sindicatos o centros de madres en el elegante balón Rojo del palacio. Sin mediar el cansancio, ella iba y venía por La Moneda de entonces, atascada de papeles y prensa que comentaba con Salvador, que discutía con Salvador, diciéndole a veces que no fuera tan confiado, que no creyera en la fidelidad militar, porque tras la visera castrense de los generales, una sombra oscura vendaba su lealtad. Pero él nunca le hizo caso, y le devolvía una sonrisa apaciguadora a su sospechosa preocupación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Todo terminó el once bajo la tormenta de plomo que reventó en llamas el Palacio de La Moneda. Todo acabó esa mañana de septiembre con un llamado telefónico a primera hora del presidente. Le decía que la Armada se había sublevado en Valparaíso, que probablemente se sumaría el Ejército y la Fuerza Aérea, que había un ultimátum, que no podía hablar más, que a su lado estaban sus hijas, sus amigos y colaboradores más cercanos; pero Miria, a pesar del tono seguro, intuyó por la inflexión de la voz, que Salvador se sentía solo, que por primera vez oía esa voz desesperanzada en el eco sin multitudes de una plaza vacía, que la necesitaba más que a nadie en esos difíciles momentos, y debía llamar a su hijo para que la llevara en su auto urgente a La Moneda, acelerando, pasando con luz roja, mostrando credenciales en el apuro dimatizado de una extraña Alameda desierta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El resto ya es relato conocido, narrado en primera persona por la transmisión radial de las últimas palabras del presidente. Y tal vez, en este documento sonoro, multiplicado por la onda corta de Radio Magallanes, los tres años de la Unidad Popular empapan la crónica de la historia con la intensidad dramática de quien escribe su adiós definitivo en el aire cimbreado del atropello constitucional. Quizás es ésta la carta de amor más hermosa que el mandatario pudo improvisar como susurro indeleble que para siempre tiznará nuestra memoria. Un discurso estremecedor, naufragando en los espolonazos golpistas que remecían esa hora, en ese momento de carreras desesperadas cruzando los pasillos irrespirables de humo y polvo por la bazuca retumbando. Ahí en el instante que la guardia y las mujeres abandonaban el palacio por orden de Allende, Miria, confusa en la neura del desalojo, no obedeció la orden y se entregó a la corazonada impulsiva de un enamorado retroceder. Y en esos escasos momentos, cuando Allende reunía a sus fieles amigos para abandonar el lugar en una columna donde Miria iría primero con una bandera blanca, nuevamente la corazonada le hizo girar la cabeza para decirle algo, mirar sus sienes canosas, tirarle un beso, un hasta siempre, no sé, darle una sonrisa que perfumara el aire hediondo a pólvora de esa inútil primavera. Y allí, parada en el corredor, a través de la puerta entreabierta del Salón Rojo, alcanzó a cruzar su atención con un urgente ojeo de ternura, un pañuelo de mirada en el perfil vaporoso de su cara descompuesta, plegándose tras la puerta que se cerraba como la página final de la «vía chilena al socialismo» y su malogrado querer. Y allí quedó como el huérfano más solo de la nación, abrazando su juguete metrallero mientras escuchaba derrumbarse la fiesta de aquella ilusión.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Lo demás raya en el impreciso alboroto de salvar el pellejo, confundir su rostro entre las parvularias y enfermeras que subían a una ambulancia ante la pronta amenaza del bombardeo. Salir de allí, en el relámpago rojo del vehículo que pasó aullando los controles militares. Luego bajarse por allá, anónima, esconderse, «perder el rostro» en la clandestinidad de los días que vinieron, cuando comenzó la siniestra cacería, las listas que publicaba El Mercurio, donde Miria Contreras, alias La Payita, era uno de los personajes de la Unidad Popular más buscados por los caza-recompensas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es probable que si Miria no hubiera escapado a la garra criminal de la dictadura en esos momentos, hubiera sufrido el mismo destino de su hijo, masacrado el once y desaparecido hasta la fecha. También es posible que las historias escandalosas que hizo correr la dictadura con ella en Tomás Moro, se grabaron en la mente de muchos incautos como la película porno de la U.P. que los militares aseguraron mostrar en horario de trasnoche por Canal 7. Pero esto nunca ocurrió, porque aquellas filmaciones y videos sólo existieron en la mente afiebrada de la mentira milica. Desde ese armado desprestigio, la subjetividad colectiva chilena construyó el personaje de «La Payita», asociado a la farra sin límites con que la hipócrita burguesía calumnió a Salvador Allende, nada más que por tener en Tomás Moro unas botellas de whisky, unos pollos y algunos dólares que la prensa oficial de entonces multiplicó al infinito.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Esta crónica, imaginaria en el rescate confidencial de quienes conocieron a la Payita y estuvieron cerca de aquellos sucesos, sólo pretende enlazar intensidades y pulsiones humanas que entretejieron la biografía política Probablemente el ímpetu escritural, desborde romanceado al caudal épico de aquellas presencias en el acontecer traumático del aborto histórico Mas bien estos improbables pespuntes memoriales puedan delinear tímidamente el perfil de Mina Contreras en el exiliado claroscuro de su publica Lejanía. Ella, como quien se arropa privadamente en sus recuerdos, se dejó envolver por el mito, quiso que esa gasa fuera evaporando lentamente su protagonismo junto al mandatario. Y la distancia la puso en segundo, tercer o cuarto lugar, esfumándola, borroneando a propósito su nombre, su crédito, su rostro ausente en el álbum moral que empaña con leve bruma la tragedia de la UP. Así, en el segundo plano de la historia, telonea tramitado de rojo opaco el nombre de la Payita, como la marca del rouge que, en el pañuelo desvaído, deja la huella del rosa amante en el lacre pálido de una costra carmesí.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341647688984686?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341647688984686/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341647688984686' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341647688984686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341647688984686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/la-payita-o-la-puerta-se-cerr-detrs-de.html' title='La Payita (o «la puerta se cerró detrás de ti»)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341627340516593</id><published>2006-04-16T23:19:00.000-03:00</published><updated>2006-04-16T23:25:18.323-03:00</updated><title type='text'>Ronald Wood ("A ese bello lirio despeinado")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Quizás, sería posible rescatar a Ronald Wood entre tanto joven acribillado en aquel tiempo de las protestas. Tal vez, sería posible encontrar su mirada color miel, entre tantas cuencas vacías de estudiantes muertos que alguna vez soñaron con el futuro esplendor de esta impune democracia. Al pensarlo, su recuerdo de niño grande me golpea el pecho, y veo pasar las nubes tratando de recortar su perfil en esos algodones que deshilacha el viento. Al evocarlo, me cuesta imaginar su risa podrida bajo la tierra. Al soñarlo, en el enorme cielo salado de su ausencia, me cuesta creer que ya nunca más volverá a alegrarme la mañana el remolino juguetón de sus gestos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Porque sería lindo volver a encontrar al Ronald en aquella comuna de Maipú donde yo le hacía clases de artes plásticas en la medialuna yodada de los setenta. Y él no estaba ni ahí con el arte, güeviando toda la hora, derramando la tempera, manchando con rabia la hoja de block, molestando a los más ordenados. Mientras yo trataba de enseñar el arte prehistórico, mostrando diapositivas. Mientras yo le daba con el arte egipcio, mostrando láminas de pirámides y tumbas faraónicas. Y el Ronald, insoportablemente hiperkinético, aburrido con mi cháchara educativa, lateado, estirando las piernas de adolescente crecido de pronto. Porque era el más alto, el pailón molestoso que no cabía en esos pequeños bancos escolares. El payaso del curso, que me hacía la clase un suplicio, rayándose la cara, riéndose de mi discurso sobre la historia del arte. Hasta que llegué al arte romano, al arte militar del imperio. Entonces, por primera vez, lo vi atento, mirando con asco las esculturas de esos generales, los bustos de esos emperadores, y los bloques de ejércitos tiranos. Por primera vez se quedó inmóvil escuchando, y yo aproveché esa instancia de atención para meter el discurso político, riesgoso en esos años cuando era pecado hablar de contingencia en la educación. Y el Ronald tan atento, participando, ayudándome en esa compartida subversión a través de la ingenua asignatura de las artes plásticas. Y luego, al terminar la clase, cuando todo el curso salió en tropel a recreo, al levantar la vista del libro de asistencia, el único que permanecía sentado en la sala era Ronald en silencio. ¿Y usted qué hace aquí? ¿Que no escuchó la campana del recreo? Y él sin decirme nada, me miró con esos enormes ojos castaños, estirándome la mitad de su manzana escolar, como un corazón partido que sellaba nuestra secreta complicidad. &lt;p align="justify"&gt;Desde aquel día, ese bello despeinado, no se perdía palabra de mi oratoria antimilitar. Oiga profe, me decía para callado, hay que hacer algo pa que se acabe la dictadura. Algo estamos haciendo Rony, no se acelere. Mientras tanto, usted tiene que estudiar, dar el ejemplo, y no andar quebrando los vidrios de la inspectoría, ni menos hacerle muecas a la directora. ¿Me entiende? Y allí, en medio del patio pajareado de niños, lo dejaba pensando, rascándose la cabeza rubia que brillaba como una flama limona esas lejanas mañanas de cristal, a fines del setenta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Poco tiempo me duró esa estrategia de concientizar por medio de la historia del arte. Por ahí algo se supo, alguien escuchó, y sin mediar explicación tuve que abandonar las clases en esa comuna. Nunca más vi a Ronald Wood, jamás supe que pasó con él en los crispados años que vinieron. Nunca me enteré si también lo habían expulsado de ese colegio, al igual que a mí.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Solamente el 20 de Mayo de 1986, me llegó la noticia de su asesinato en medio de una manifestación estudiantil en el Puente Loreto. Ese día, recién me enteré por la prensa que Ronald estudiaba para auditor en el Instituto Profesional de Santiago, que tenía apenas 19 años esa tarde cuando una maldita bala milica había apagado la hoguera fresca de su apasionada juventud. Ahí también supe que había agonizado tres días con su bella cabeza hecha pedazos por el plomo dictatorial.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Aun así, por muchos años creí reconocer su risa en las bandadas de estudiantes que alborotaban el parque, las plazas, el río y la tarde primaveral. Creo que hasta hoy no me convenzo de su fatal desaparición, y lo sigo viendo florecido en el ayer de su espinilluda pubertad. Tal vez nunca logre borrar la sombra de culpa que me nubla el recuerdo de sus grandes ojos pardos, aquellos lejanos días de escuela pública cuando me regaló en su mano generosa, la manzana partida de su rojo corazón.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341627340516593?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341627340516593/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341627340516593' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341627340516593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341627340516593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/ronald-wood-ese-bello-lirio-despeinado.html' title='Ronald Wood (&quot;A ese bello lirio despeinado&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341615258200082</id><published>2006-04-14T16:37:00.000-03:00</published><updated>2006-04-14T17:07:08.236-03:00</updated><title type='text'>Corpus Christi (o "la noche de los alacranes")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, como espectáculo noticioso en la pasada dictadura, el suceso Corpus Christi, también llamado Operación Albania por la C.N.I, fue uno de los más repugnantes hechos que conmocionaron al país con su doble standard noticioso. Por una parte el periodismo cómplice de El Mercurio y Canal Trece, donde aparecía el reportero estrella junto a los cadáveres aún tibios, dando a entender que ese era el saldo de enfrentamientos entre la subversión armada y los aparatos de seguridad que protegían al país del extremismo. Por otro lado, el relato clandestino, en el chorreo achocolatado de la masacre, la parapléjica contorsión de los doce cuerpos, sorprendidos a mansalva, quemados de improviso por el crepitar de las ráfagas ardiendo la piel, en la toma por asalto del batallón que entró en las casas como una llamarada tumbando la puerta, quebrando las ventanas, en tropel de perros rabiosos, en jauría de hienas babeantes, en manada de coyotes ciegos por la orden de matar, descuartizar a balazos cualquier sombra, cualquier figura de hombre, niño o mujer herida, buscando a tientas la puerta trasera. Allí, cegada por el alfilerazo de pólvora en la sien, la niña aprendiz de guerrillera, parecía danzar clavada una y otra vez por el ardor caliente de la metraca. Más allá, el joven idealista, no alcanzó a beber de la taza en su mano, y cayó sobre la mesa hemorragiado de sangre y café que almidonaron su camisa blanca. Aún más blanca, en el ramalazo de crisantemos lacres que brotaron de su pecho.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Hiel y sangre condimentaron la sopa amarga de aquella noche. El gusto opaco del horror avinagró la cena en las casas de los doce acribillados. La madre de la colegiala llorando no creyó, el hermano del poblador dijo que había salido temprano sin decir nada, el padre del universitario no quiso hacer declaraciones, los vecinos comentaban en voz baja la horrible calamidad. Y todos los que entonces nadábamos a contracorriente en la lucha, sentimos nuevamente la rabia y luego la estocada del miedo, un miedo sin fondo, un miedo estomacal de presentir la sombra de los bototos bajo la puerta. Si eran capaces de aquello. Si habían planificado fríamente esa noche de lobos y cuchillos. Si cercaron los lugares, alertando a los vecinos que no se asomaran. Si a algunos los raptaron antes y después los hicieron aparecer fríos y desguañangados. Y a otros los esperaron tan excitados detrás de los postes aguardando. Acaso se repartieron las víctimas al verlas llegar, y a la orden de asalto no dudaron en bañarse sin piedad en esa borrachera espeluznante.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y luego, después de rematar a los sobrevivientes con un tiro de gracia, se relajaron en ese silencio alfombrado de cadáveres, echándose a reír, palmoteándose las espaldas, felicitándose mutuamente por el éxito de la operación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás, después de aquello, el centenar de hombres chilenos, miembros de las Fuerzas Armadas y la C.N.I., un poco cansados volvieron a sus hogares, saludaron a su mujer y besaron a sus niños, y se sentaron a comer viendo las noticias. Si pudieron comer relajadamente y fueron capaces de eructar mirando la fila de bultos crispados desfilando en la pantalla. Si esa noche durmieron profundamente y sin pastillas, e incluso fornicaron con su mujer y en el minuto de acabar volvieron a matar eyaculando helado sobre los cuerpos yertos. Si esa noche de alacranes alguno de ellos engendró un hijo que en la actualidad ronda los once años. Si el chico va de la mano de ese ex C.N.I. cerca de la calle Pedro Donoso, Varas Mena o Villa Frei, y no sabe por qué su padre evita pasar por esas esquinas. Si hoy, nuevamente abierto el caso Operación Albania, alguno de ellos fue llamado a declarar, y antes de salir siente temor de mirar los ojos ciervos de ese niño preguntando. Si tiene temor, si por fin siente miedo. Que sea eso el comienzo del juicio en la inocencia interrogante como castigo interminable.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;em&gt;En memoria de Ignacio Valenzuela P, Patricio Acosta C, Julio Guerra O.,&lt;br /&gt;Iván Henríquez G., Patricia Quiroz N., José Valenzuela L, Ricardo Rivera&lt;br /&gt;S., Elizabeth Escobar M., Manuel Valencia C, Ester Cabrera H., Ricardo Silva S., Wilson Henríquez G.&lt;br /&gt;Santiago, 15-16 de Junio 1987&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341615258200082?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341615258200082/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341615258200082' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341615258200082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341615258200082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/corpus-christi-o-la-noche-de-los.html' title='Corpus Christi (o &quot;la noche de los alacranes&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341593316358508</id><published>2006-04-12T22:35:00.000-03:00</published><updated>2006-04-12T10:33:43.036-03:00</updated><title type='text'>Karin Eitel (o "la cosmética de la tortura, por Canal 7 y para todo espectador")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;El rostro de una mujer en una fotografía tiene a veces una atmósfera vaporosa que poetiza el hallazgo de su presencia retenida e inmóvil en el papel. En cambio, el rostro de una mujer filmado por la televisión supone un movimiento neurótico, una temblorosa imagen inquieta por el pestañeo epiléptico que retoca continuamente la cosmética de su aparición en pantalla. Y tal vez, esa sensación de estar frente a un rostro electrificado, pudiera ser el argumento para recordar a Karin Eitel, para ver de nuevo, con el mismo escalofrío, su cara tiritando en la pantalla de Canal 7, en el noticiario familiar para todo espectador. Su rostro joven, erizado en el vidrio luminoso del video. Su rostro elegido como escarmiento, absolutamente dopado por las drogas que le inyectó la C.N.I. para que leyera públicamente la carta de su arrepentimiento. Un mentiroso papel, escrito por ellos, donde Karin renegaba de su pasado en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Confusamente ebria por los barbitúricos, ella iba desmintiendo las flagelaciones y atropellos en las cárceles secretas de la dictadura. Esos cuarteles del horror en las calles Londres o Borgoño. Esas casas de techos altos donde el eco de los gritos reemplazaba la visión tapiada por la venda. Casas antiguas en barrios tradicionales, repartidas por un Santiago destemplado por el ladrido-metraca de la noche susto, la noche golpe, la noche crimen, la noche metálica de arar el miedo en esas calles espinudas de los ochenta.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La aparición de la Karin en Canal Nacional, aquella tarde, tenía la intención de negar las denuncias sobre la violación a los derechos humanos en el Chile dictatorial, por eso se montó la escena patética de su confesión televisada. Por eso Karin iba leyendo, y en su voz narcotizada, contaba una película falsa que todo el país conocía de memoria. En su tono tranquilo, impuesto por los matones que estaban detrás de las cámaras, se traslucía la golpiza, el puño ciego, el lanzazo en la ingle, la caída y el rasmillón de la cara tapado con polvos Angel Face. En esa voz ajena al personaje televisado, subía un coro de nuncas y jamases picaneados por las agujas de la corriente, el aguijón eléctrico crispándole los ojos, dejándoselos tan abiertos como una muñeca tiesa hilvanada de jeringas. Como una muñeca sin voluntad, obligada a permanecer con los ojos fijos, maquillados de puta. (Como con rabia le tiraron el azul y negro en los párpados). Sus ojos recién abiertos al afuera, después de tantos días presa en la sombra, después de esa larga noche con los ojos descerrajados, abiertos para adivinar el golpe a mansalva. Los ojos tremendamente desorbitados a esa nada, a esa franela, a ese trapo de la venda como cortinaje de luto también abierto a la selva negra de la vejación. Y después de tanta oscuridad y búsqueda y denuncia, los ojos de la Karin sin expresión, abiertos de par en par para la televisión chilena, para la familia chilena tomando el té a esa hora del noticiario.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás, son pocos los que tienen en la memoria esta imagen de la crueldad de alto rating en el pasado reciente. Somos escasos los que desde ese día aprendimos a ver la televisión chilena con los ojos cerrados, como si escucháramos incansables la declaración de Karin arrepintiéndose a latigazos de su roja militancia, de su copihua y estropeada militancia que temblaba coagulada en el rouge de su boca, en el garabato de payaso que le pusieron por boca, en la costra de corazón dibujada en sus labios por el maquillaje del miedo. Su boca torcida por el nunca, pero ese nunca, anestesiado, agotado por las veces que debió repetirlo antes de filmar, ese nunca obligado por el culatazo bajo la manga y fuera de cámara, ese nunca desfalleciente por el vahído sin fondo de los voltios, ese nunca apoyado por el vaso de agua que le dieron para que permaneciera en pie, ese nunca mordido hasta salar la lengua con el gusto opaco de la sangre, ese nunca repartido al país en la imagen compuesta, pintarrajeada y vestida de niña buena para negar la rabia, para falsear de cosmética las ojeras violáceas y los hematomas ganados en el callejón oscuro de la inolvidable C.N.I.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tal vez, recordar a Karin en el calendario televisado de los ochenta, permita visualizar ahora su vida rasmillada por estos sucesos, saber que fue la única estudiante de la Universidad Católica que no pudo reintegrarse a su carrera de traductora. Como si el castigo se repitiera eterno, en una película sin fin para las víctimas del escarnio tricolor. Es posible que las pocas noticias que tengo de Karin, más el video de Lotty Rosenfeld, la única artista que tomó el caso para denunciarlo en su trabajo, no me permitan la serena objetividad para narrar este suceso, es más, el reconciliado sopor de estos días, altera mi pluma y sigo viendo a Karin temblando en el agua de la pantalla, sumergida cada vez más abajo de la historia, cada vez más nublada por el olvido, moviendo lentamente su boca en el nunca arrepentido calvario de su guerrillera flor.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341593316358508?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341593316358508/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341593316358508' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341593316358508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341593316358508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/karin-eitel-o-la-cosmtica-de-la.html' title='Karin Eitel (o &quot;la cosmética de la tortura, por Canal 7 y para todo espectador&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341576927203080</id><published>2006-04-11T09:35:00.000-03:00</published><updated>2006-04-11T09:34:38.276-03:00</updated><title type='text'>Carmen Gloria Quintana (o "una página quemada en la feria del libro")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Como quien pasea la tarde por la Feria del Libro, me la encuentro hojeando poesía y mirando portadas, confrontando su cara tatuada a fuego, con las "boquitas de caramelo y los cutis de seda" de las niñas top que chispean las tapas de best sellers y revistas. Carmen Gloria Quintana, la cara en llamas de la dictadura, parece hoy una magnolia estropeada en los ojos que la reconocen bajo el mapa de injertos. Los ojos impertinentes que se dan vuelta a mirar su figura de joven mamá, paseando a su niño entre la gente.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero son muy pocos los que recuerdan el rostro impreso en las fotos de los diarios. Son contados los que descubren su cara, como si encontraran un pétalo chamuscado entre las hojas de un libro. Son escasos los que pueden leer en esa faz agredida una página de la novela de Chile. Porque la historia de Carmen Gloria nada tiene que ver con la literatura light que llena los escaparates. Y si alguien escribiera su historia, difícilmente podría escapar al testimonio sentimental que remarca sus rasgos en el boceto incinerado de la escritura. Quizás, decir algo de ella pasa inevitablemente por narrar su historia, que pudo ser común a la de muchas jóvenes que vivieron los densos humos de las protestas en las poblaciones, por allá en los ochenta. De no ser por esa noche, cuando Chile era un eco total de caceroleos y gritos. Y había que cortar esa calle con una barricada. Y estaban Rodrigo Rojas de Negri y ella con el bidón de bencina, en esa esquina del terror cuando llegó la patrulla. Cuando los tiraron al suelo violentamente, riéndose, mojándolos con el inflamable, amenazando con prenderles fuego. Y al rociarlos todavía no creían. Y al prender el fósforo aún dudaban que la crueldad fascista los convertiría en mecheros bonzo para el escarmiento opositor. Y luego el chispazo. Y ahí mismo la ropa ardiendo, la piel ardiendo, desollada como brasa. Y todo el horror del mundo crepitando en sus cuerpos jóvenes, en sus hermosos cuerpos carbonizados, iluminados como antor chas en el apagón de la noche de protesta. Sus cuerpos, marionetas en llamas brincando al compás de las carcajadas. Sus cuerpos al rojo vivo, metaforizados al límite como estrellas de una izquierda flagrante. Y más allá del dolor, más allá del infierno, la inconciencia. Más allá de esa danza macabra un vacío de tumba, una zanja donde fueron abandonados creyéndolos muertos. Porque solamente muertos podían argumentar su accidente, un derrame de bencina que prendió sus ropas. Y vino el amanecer, sólo para Carmen Gloria, porque Rodrigo, el bello Rodrigo, quizás más débil, tal vez más niño, no pudo saltar la hoguera y siguió ardiendo más abajo de la tierra.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Después vinieron sus funerales envuelto en la mortaja cardenal de las banderas, y luego el juicio y los culpables. Y más pronto el perdón judicial y el olvido que dejó libres esas risas pirómanas, quizás confundidas hoy con el bullicio de la Feria del Libro. Por eso Carmen Gloria va entre la gente sin dejar entrar la piedad al sentirse observada. Algo en ella le abre paso cabeza en alto, erguida, como si fuera una bofetada al presente. Así mismo, cara a cara de Juan Pablo II, mantuvo ese gesto diciéndole al Papa esto me hicieron los militares. Pero el pontífice se hizo el gringo y pasó de largo frente al sudario chileno, tirando puñados de bendiciones a diestra y siniestra.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ahora Carmen Gloria estudia sicología, se casó y tuvo un hijo. Al parecer su vida siguió un cauce similar al de muchas jóvenes de ese tiempo. A no ser por su maquillaje perpetuo que lo lleva con cierto orgullo. Como si quien ostenta el rostro así fuera una factura del costo 'democrático. Y esa página de historia no tiene precio para el mercado librero, que vende un rostro de loza, sin pasado, para el consumo neoliberal.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, mucho después que Carmen Gloria ha sido tragada por la multitud, sigo viendo su cara como quien ve una estrella que se ha extinguido, y sólo el recuerdo la hace titilar en mi corazón homosexual que se me escapa del pecho, y lo dejo ir, como una luciérnaga enamorada tras el brillo de sus pasos.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341576927203080?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341576927203080/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341576927203080' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341576927203080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341576927203080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/carmen-gloria-quintana-o-una-pgina.html' title='Carmen Gloria Quintana (o &quot;una página quemada en la feria del libro&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341566726626498</id><published>2006-04-10T11:55:00.000-03:00</published><updated>2006-04-10T11:54:43.180-03:00</updated><title type='text'>"Los cinco minutos te hacen florecer"</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;La mañana del doce de septiembre alumbraba degolladamente parda, en ese Santiago despertando de un mal sueño, una pesadilla sonámbula por el ladrido de la balacera de la noche anterior. Por la Panamericana los camiones blindados pasaban hacia el centro disparando, disolviendo los grupos de vecinos que comentaban en las esquinas la novedad del golpe. El aire primaveral espesaba en coágulos de zinc sobre el techo de los bloques, sobre los niños jugando a los bandidos, disparándole con sus manitos a los helicópteros que remecían el cielo alborotado de palomas. En las escaleras y pasillos, el revuelo de viejas, que entonces no eran tan viejas, más bien mujeres jóvenes, de media edad, tendiendo ropas en las barandas, frescas aún en las cretonas floreadas de sus faldas crespas. Mujeres pobladoras, dueñas de casa que no entendían aún lo que estaba pasando, pero se veían tensas en sus ademanes copuchentos de apuntar con la boca y clavar los ojos en la aglomeración de vecinos que se veía a la distancia, que no era tanta distancia, apenas media cuadra de población que lindaba en el baldío de la Panamericana Sur y Departamental. Allí, justo donde hoy se levanta una bomba de bencina y una joven Villa para empleados públicos, entonces hediondeaba a perro podrido la mañana del basural llamado El Hoyo, una cantera profunda donde sacaban ripio y arena, el botadero en que los camiones municipales descargaban la podredumbre de la ciudad. En esa pequeña cordillera de mugres, los niños de los bloques jugábamos al ski en los cerros de basura, nos deslizábamos en una palangana por las laderas peligrosas de fonolas humeantes. Allí en los acantilados de escoria urbana, buscábamos pequeños tesoros, peinetas de esmeraldas sin dientes, papeles dorados de Ambrosoli, el pedazo de Revista Ritmo bajo un espinazo de quiltro, una botella de magnesia azul churreteada de caca viva, un pedazo de disco 45, semienterrado, espejeando la muda música del basural que hervía de moscas, gusanos y guarenes esa mañana de septiembre en 1973.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde el tercer piso de los bloques, se podían ver los tres cadáveres en el rastrojo de los desperdicios, se veían todavía encarrujados por el último estertor, aún tibios en la carne azulosa, perlada de garúa con la gasa húmeda del amanecer. Eran tres hombres salpicados de yodo, lo que vi esa mañana desde mi infancia, asomado entre las piernas de la gente, mis vecinos comentando que tal vez eran delincuentes ajusticiados por el Estado de Sitio, como informaba la televisión. Decían esto apuntando a uno de los hombres un poco mayor que usaba bisoñé, y en el golpetazo de la balacera se le había corrido, y mostraba su cráneo abierto, como un manojo de rubíes coagulados por el sol.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para mí, algo de esa sospecha no correspondía, no encajaba el adjetivo delictual en esos cuerpos de 45 a 60 años, de caballeros sencillos en su ropa triste, ultrajada por las bayonetas. Tal vez, abuelos, tíos, padres, mecánicos, electricistas, panaderos, jardineros, obreros sindicales, detenidos en la fábrica, y rematados allí en el basural frente a mi casa, lejos de sus familiares esperándolos con el credo en la boca, toda esa eterna noche en vigilia de siglos, para no verlos nunca más.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Han pasado veinticinco años desde aquella mañana, y aún el mismo escalofrío estremece la evocación de esas bocas torcidas, llenas de moscas, de esos pies sin zapatos, con los calcetines zurcidos, rotos, por donde asomaban sus dedos fríos, hinchados, tumefactos. La imagen vuelve a repetirse a través del tiempo, me acompaña desde entonces como «perro que no me deja ni se calla». A la larga se me ha hecho familiar recordar el tacto visual de la felpa helada de su mortaja basurera. Casi podría decir que desde aquel fétido eriazo de mi niñez, sus manos crispadas me saludan con el puño en alto, bajo la luna de negro nácar donde porfiadamente brota su amargo florecer.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341566726626498?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341566726626498/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341566726626498' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341566726626498'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341566726626498'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/los-cinco-minutos-te-hacen-florecer.html' title='&quot;Los cinco minutos te hacen florecer&quot;'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341558201889495</id><published>2006-04-09T20:34:00.000-03:00</published><updated>2006-04-09T20:39:42.230-03:00</updated><title type='text'>Claudia Victoria Poblete Hlaczik (o "un pequeño botín de guerra")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Al caer en mis manos el libro Mujeres Chilenas Detenidas Desaparecidas, publicado en Santiago el 8 de marzo de 1986, el Día Internacional de la Mujer; después de recorrer con impotencia las caras nubladas de 56 obreras, profesoras, estudiantes, modistas, dueñas de casa, sociólogas, secretarias o empleadas domésticas que abanican con sus rostros el triste hojeo de estas páginas; me detengo sin querer en el último caso que documenta esta bitácora. El retrato párvulo de Claudia Victoria, la niña más joven que cierra aquella ronda de la muerte.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al mirar su foto y leer su edad de ocho meses al momento de la detención, pienso que es tan pequeña para llamarla Detenida Desaparecida. Creo que a esa edad nadie tiene un rostro fijo, nadie posee un rostro recordable, porque en esos primeros meses, la vida no ha cicatrizado los rasgos personales que definen la máscara civil. A esa edad, todas las guaguas se parecen, todas hacen pucheros y se ríen sin vergüenza frente a una cámara fotográfica. Ninguna sabe entonces que su carita de manzana, mostrando las encías despobladas, es la última visión que se tendrá de ellas, el único documento en blanco y negro donde aparece y desaparece la nena, tan diminuta, tan graciosa y chiquitita, como para cargar en su frágil cuerpo la banda fúnebre que encinta el álbum familiar de América Latina.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desde dónde acaso se puede invocar una vida tan corta, la más desaparecida en su diminuto capullo rasgado a tirones la noche del 28 de Noviembre de 1978, en Buenos Aires. La ciudad donde vivía con su mamá argentina y su padre chileno, la pareja que intentaba anidarle un futuro feliz en esa capital callada por la dictadura porteña. Desde qué sueño infantil recuperarla, sobresaltada, bruscamente despierta por los bototos pateando la puerta. Los enormes zapatos que entraron en su mundo pitufo, pisando los juguetes que le tenían sus papis en aquella pascua. Los zapatos de tanque milico, los pesados zapatones de gigante malo quebrándole su cascabel, marchando sin piedad sobre el estruendo de mamaderas, platos rotos, osos, muñecas y libros de cuentos deshojados, revoloteando en el vendaval estremecido por el brutal allanamiento. Esa noche que vio por última vez su espacio cálido, desde donde la arrancaron sin permiso, en el infarto nocturno de oír los ecos de su madre apagándose por el túnel de algodón donde la desaparecieron.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al detenerme en la foto de Claudia Victoria, la pienso doblemente desaparecida en la multitud de guaguas que tienen la misma mueca juguetona para el diaporama del recuerdo. Y tal vez, si está viva, quizás adoptada por alguna familia militar que no podía tener hijos, se hace más oscura su desaparición, ahora como hija de veinte años criada en el bando contrario que le giró bruscamente su vida. Se hace imposible recuperarla para decirle la verdad, contarle un viejo cuento que se inició en Santiago de Chile, en el barrio de La Cisterna, cuando José Poblete, lisiado de las dos piernas, emigró a la Argentina para rehabilitarse. Y allí conoció a Gertrudis Hlaczik con quien formó un hogar y tuvieron una niña que crecía cada día más linda, mientras él estudiaba sociología y se movía entre los pasajeros de los trenes en su silla de ruedas vendiendo cosas. Ambos participaban en un grupo de cristianos por la liberación. Ambos fueron detenidos con la beba y hasta el día de hoy no se conoce su paradero. Después las abuelas de la niña, dejaron los zapatos en la calle, buscando, preguntando por ellos en Campo de Marte, el Olimpo y Puente Doce. Y siempre les dijeron lo mismo: no se sabe. No aparecen. A joder a otro lado viejas. Por ahí algo supieron de los chicos a través de unos detenidos que los vieron en el Olimpo, aún con vida. Pero de la nena nadie tenía información, se había esfumado en el aire empañado de aquella noche de terror. Ni siquiera el cardenal Gracelli, el sucio monseñor alcahuete de las botas argentinas, supo dar razón en el desaparecimiento de Claudia Victoria, y despidió a las abuelas con una hipócrita bendición en su elegante despacho de la Nunciatura. Por eso la abuela chilena de la niña, se integró a las Abuelas de Plaza de Mayo; solamente ella, porque la abuela argentina sucumbió en la inútil espera. Se suicidó en Buenos Aires, justo a los tres años de ocurrido el hecho.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y de Claudia Victoria, la diminuta criatura impresa en la foto, nunca más se supo, y su amplia sonrisa dibujada en el papel, es la misma cicatriz que une a los dos países. La misma costra cordillera que hermana en la ausencia y el dolor.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341558201889495?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341558201889495/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341558201889495' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341558201889495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341558201889495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/claudia-victoria-poblete-hlaczik-o-un.html' title='Claudia Victoria Poblete Hlaczik (o &quot;un pequeño botín de guerra&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341546664854650</id><published>2006-04-08T15:49:00.000-03:00</published><updated>2006-04-08T15:55:00.096-03:00</updated><title type='text'>Del Carmen Bella Flor (o "el radiante fulgor de la santidad")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Año a año, el rito carreteado de las procesiones congrega la misma turba de fieles que, desde temprano, espera el paso glamoroso de la Virgen del Carmen. La Patrona de Chile, la bella aparición que corona el largo desfile de colegios, bandas de scout, seminaristas de ojos lacios por el celibato, bomberos en traje de gala, monjas sufrientes y toda la alegoría religiosa que cruza el centro de Santiago en el ondear de los pañuelos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al compás de pitos y redobles de tambores, aleluyas y marimbas de orfeón; la arqueología aristócrata desfila cargando rosarios, estandartes, pendones dorados y heráldicas de alcurnia. Señores grises del Opus Dei y damas enjutas, torcidas por el servicio social y la caridad conservadora. Las mismas señoras de verde, amarillo y rosado; todas teñidas de rubio ceniza, todas de collar de perlas cultivadas, todas respingonas oliendo a polvos Angel Face. Casi todas con su empleada mapuche caminando dos pasos más atrás, arrastrándola a la fuerza para evangelizarle las mechas tiesas. A ver si la india cabizbaja, se conmueve con el radiante fulgor de la santidad. A ver si la convence la virgen en persona. La reina del ejército, que le salvó la vida al general Pinochet en el atentado extremista. La inmaculada que se apareció a los soldados patriotas en plena batalla, por allá en la Independencia. Tan divina de café y amarillo cuando no había tele a color. La madre del Carmelo, la más elegante, la más regia y española de ojos celestes que mira sobre el hombro a toda esa patota de vírgenes ordinarias; vírgenes de población, vírgenes de gruta, vírgenes de animita, cholas de ollín y desteñidas por la intemperie. Vírgenes huasas de Andacollo, Pelequén, Las Rosas, Las Vizcachas, Peña Blanca. Vírgenes que salen como callampas a pedir del populacho. Fíjate tú. Lo único que falta es una virgen de la marihuana para los volados. No te digo. Tanta virgen de medio pelo, aparecida de última hora. Como esa Tirana del norte, sin apellido, con pregando a tanto roto, a tanto punga, que con la excusa de la manda, se lo pasan tres días borrachos, comiendo a destajo, drogados y felices bailando esas danzas paganas a toda pampa, los herejes.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, para Chile, la madre de Cristo tiene variadas representaciones de todas las categorías; siendo la Señora del Carmen la patrona oficial que cuenta con un séquito de camareras. Algo así como un fans-club de señoras pitucas encargadas del ajuar sagrado. Ser camarera de la virgen casi asegura un bungalow celestial, sólo por mantener los terciopelos limpios, desempolvar los rizos de la peluca, ponerle naftalina a los pañales del niño, y una vez al año, desfilar con el escapulario en el pecho, que las distinguen como siervas de la imagen que se tambalea en los andamios floridos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Escoltada por cadetes de la Escuela Militar, la imagen religiosa recorre la ciudad bajo una nevada de pétalos. Antes que ella, ya han pasado otros altares móviles, como el Angel de Chile que arranca aplausos ataviado con el pabellón nacional, la coraza guerrera y su minifalda recatada. Reflejado en los cristales del Citibank, el arcángel se convierte en el Titán Neoliberal que salvó la economía de la herejía marxista. Se parece a Ultramán, repiten los niños encandilados por sus ojos de vidrio, que miran turnios alguna mosca en el altísimo. Más atrás, meneándose tiesa, la Sagrada Familia reparte la postal doméstica, el tríptico conservador que panfletea la derecha en democracia. A su paso de yeso colorido, la familia chilena se reconcilia con la prédica de los altoparlantes, los Ave Marías y todo el jolgorio de la fe, que rumbea con los acólitos al vaivén fragante de los incensarios. Las estatuas milagrosas opacan a los maniquíes de las vitrinas, la piedad contrasta con la policía conteniendo a la multitud, y los saludos de los cardenales miden popularidad en los aplausos del rating callejero. También el alcalde, en tenida sport, reparte cruces a los comerciantes ambulantes que mandó desalojar de ciudad gótica; sólo faltan Gatúbela y El Guasón.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al final, grita la gente, viene la Virgen del Carmen envuelta en un fogonazo de flores amarillas. Tan linda ella, como un cisne blanco. Tan super star, como una miss extranjera que visita Chile, que no pisa el suelo porque sólo viene de paso.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341546664854650?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341546664854650/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341546664854650' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341546664854650'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341546664854650'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/del-carmen-bella-flor-o-el-radiante.html' title='Del Carmen Bella Flor (o &quot;el radiante fulgor de la santidad&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341537796849708</id><published>2006-04-07T14:00:00.000-03:00</published><updated>2006-04-07T13:59:22.626-03:00</updated><title type='text'>Geraldine Chaplin (o "¿sabes linda si Zhivago atiende sida?")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Acaso, porque la historia escrita fue reemplazada por el cine, y para muchos la revolución rusa se hizo imagen retocada, tergiversada y glamorosa en la película Doctor Zhivago, el personaje de la novela de Pasternak que interpretó el guapo Ornar Sharif, el actor egipcio que le puso erótica al medicucho de Moscú. El doctorcito Zhivago, relativamente comprometido, tibiamente bolche y martirizadamente burgués, enfrentado a dos mundos, entre dos amores opuestos; la calentona Lara, su amante, que protagonizó Julie Christie, y la fiel esposa Tonya, que hizo Geraldine Chaplin, la hija del bufo. Tal vez, el personaje más frágil de aquel tormentoso triángulo en la Rusia de Lenin.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De los tres, sólo conocí a Geraldine cuando vino acompañando a su marido chileno a presentar un libro en la Editorial Lom, el año 94. Digo que la conocí, porque en ese mar de fotógrafos y señoras que deseaban tocar un pedacito de Hollywood, la Geraldine se veía tranquila, sonriente, ocupada en complacer amablemente todas las solicitudes de las mujeres que le tomaban sus huesudas manos. Tal vez fue este detalle, lo que me hizo preguntarle: Geraldine. ¿Sabes si el Doctor Zhivago atiende sida? Entonces ella hizo un paréntesis en los autógrafos, y me clavó sus ojos inteligentes y vivos en las sombrías cuencas. Se quedó un momento pensando y, con sonrisa de doble filo, me contestó: tendrías que preguntarle a él. Así, la Chaplin, por un instante, revivió a la hermosa Tonya del film, arrebolada de plumas blancas en la noche glacial de Moscú. Quiero decir, simuladamente ruborizada, porque me confesó que nunca pasó frío en la filmación de Zhivago. Todo era mentira, puro montaje, como la nieve sintética que caía en ese pueblo español donde rodaron la película con cuarenta grados a la sombra.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Algo de Tonya, Geraldine lleva para siempre. Y quizás, esa levedad de aristócrata compungida por la revuelta histórica, fue el chispa zo que encadenó a Patricio Castilla, cineasta chileno, al regazo de la Chaplin. Ocurrió durante la filmación de La viuda de Montiel, que hacía Miguel Littin en España. Entonces la estrella estaba casada con Carlos Saura, el director español que le ponía los cuernos al igual que Zhivago. Tal vez por eso, después de horas de trabajo, cuando el equipo de filmación y los actores se fueron a comer a una picada cercana, y entre el arroz a la Valenciana y el vino tinto que salpicaba las mesas, corrían los pedidos de calamares y castañuelas al pil pil, y más vino y más exquisiteces que subieron la cuenta a una suma imposible de pagar con el dinero que todos llevaban encima. Ahí un chileno patudo propuso rematar algo de la Geraldine, entre los numerosos turistas que miraban a la estrella. ¿Pero qué?, dijo ella, si no ando con nada de valor. Todo lo suyo es de oro mijita, de la cabeza a los zapatos, le contestó el chileno. Y así, entre los aplausos, la Geraldine se sacó los zapatos y se remataron a un gringo que se fue embriagado con el olor a pata de la diva. Hasta ahí todo estaba bien, se pagó la cuenta y se pidió más vino para brindar por la generosidad de la actriz, que medio cufifa, entonaba las canciones del Chile herido que cantaban los compatriotas. Al momento de irse, se presentó el problema de trasladar a la Geraldine al hotel sin que se estropearan sus delicados pies. Y ahí saltó el Pato Castilla, ofreciéndole cargarla en sus brazos como una paloma ebria que se dejó llevar a sus aposentos. Nunca más volvieron a separarse, además porque tenían causas comunes, proyectos de mundo que utópicamente hilvanaban izquierdas pujando un extraviado y lacre amanecer. Tal vez, lo único que ella compartió con su padre, el Gran Charles Chaplin, con quien siempre tuvo una difícil relación.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En fin, de la película Doctor Zhivago me quedó la tristeza de Tonya, su mal querido amor por Yuri, la oscura melancolía de sus ojos que nos dejó Geraldine al terminar la presentación del libro en la editorial Lom ese invierno del 94, cuando se fue, con su abrigo negro, nevado de pelusas, como extraído de la ropa americana, confundida entre las mujeres sencillas que se la llevaron, entumida de frío, como una pluma de nieve bajo la tupida lluvia de Santiago.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341537796849708?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341537796849708/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341537796849708' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341537796849708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341537796849708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/geraldine-chaplin-o-sabes-linda-si.html' title='Geraldine Chaplin (o &quot;¿sabes linda si Zhivago atiende sida?&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341528910400477</id><published>2006-04-06T10:05:00.000-03:00</published><updated>2006-04-06T10:04:44.413-03:00</updated><title type='text'>El Bim Bam Bum (o "cascadas de marabú en la calle Huérfanos")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Y por entonces el Paseo Huérfanos era una calle más del centro de Santiago, una arteria comercial llena de cines donde la gente se amontonaba en la estrecha vereda del Teatro Opera, para conseguir a gritos una entrada a la función nocturna del Bim Bam Bum; la compañía teatral de revistas eróticas que hacía desfilar bosques de piernas, enfundadas en medias Labán por las bambalinas roñosas del escenario. Y eran varios los teatros que presentaban un Brodway hilachudo para la ilusión de glamour que trasnochaba la velada bohemia finalizando los sesenta. Existía el Humoresque en Avenida Matta y el Picaresque en Recoleta, copias más picantonas y menos refinadas donde evacuaba la calentura el choclón obrero, la platea hombruna y delirante con la vibración de la celulitis en el vedeteo pilucho de las tablas: Allí los puntos corridos y las cicatrices de apéndice, maquilladas con Brix-Cake, completaban el deterioro del edificio, eran parte del guión-humor donde la carne, el sexo fallado y su fatalidad eran la risotada del comentario, el reír de sí, colectivizando el pellejerío bufonesco que ironizaba el subde-sarrollo en su erizado güeviar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Eran varios los teatros de revistas, pero ninguno como el Bim Bam Bum y su esplendor lamé dorado y cortinajes de felpa que se abrían al estruendo de la orquesta. Por ahí había más presupuesto, más money para diluviar la noche de estrellas importadas, vedettes del Teatro Maipo de Buenos Aires que iluminaban la cartelera con el ampolleteo de sus nombres, mes a mes, la novedad expectante escribía en la marquesina las letras de: Nélida Lobato, luciendo su espectacular tocado de marabú que había usado en el Lido de París. Susana Giménez, y su gran porte de bomba argentina que dejaba a los transeúntes tartamudos cuando ella salía del teatro. Moria Casán, y el temblor caliente de su tetada generosa, ahí, casi al alcance de la mano de los jubilados transpirando frío con el zangoloteo voluptuoso del tapapecho porteño, de la carne porteña, por cierto más despampanante que la geografía local. «Pero son tan pesadas y grandotas», se quejaban los bailarines colihüillos que debían levantarlas en el aire. «Hay que ser Hércules para subirse al hombro a esa Susana Giménez que pesa como una vaca», comentaban en el camarín, pintándose como puertas las locas flacuchentas acompañantes coreográficas de las diosas. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero no siempre la primera vedette era importada, por acá se emplumaba el traste la linda Pitica Ubilla, la primera vedette nacional que arrancaba gritos, vivas y aplausos con su hermoso cuerpo de Venus latina. Ella nunca fue tan exuberante como sus compañeras bonaerenses, pero se pavoneaba de igual a igual desplegando la seducción familiar, herencia materna de todas las Ubilla que subieron a las tablas. El famoso Clan Ubilla de tías, sobrinas y nietas, afroditas locales del vedetismo que se trasmitieron por el cordón umbilical el equilibrio mambero de los tacos. Desde chicas, jugando con plumeros, aprendieron a descender con estilo la escalera iluminada del Bim Bam Bum, donde todas alguna vez llegaron, pero fue Pitica quien se consagró reina en las noches rumberas del Opera. El nombre se lo puso en homenaje a Lucho Gatica, a quien le decían Pitico y se molestó por el abuso de confianza. Aun así, esta diva se ganó los aplausos del público que repletaba la sala. De todas las comunas, de todos los barrios, la gente venía a reírse con los sketch de Manolo González, Iris del Valle (La Pelá), Carlos Helo, Mino Valdés, y tantos personajes que pasaron por el teatro de calle Huérfanos. Como la larga lista de cantantes y actrices universitarias que cumplieron el sueño azul de empilucharse y lucir el canastillo de plumas en la cabeza. Así llegó Fresia Soto, la morocha cantante nuevaolera de acrílicos ojos calipso, y cantó su «Corazón de melón» arrebolada de boas rosas. Después le tocó el turno a Peggy Cordero, la actriz heroína del Cine Amor, la belleza de ojos dormidos verde mar, que encandiló a todo el país con su escultura curvilínea en las portadas de los diarios. Luego vinieron las bailarinas de ballet, Rosita Salaverry y Magaly Rivano, quienes fueron duramente criticadas por frivolizar la danza clásica en el cabaret de las chicas ligeras de ropa. Pero entre más se escandalizaba el medio cultural de entonces porque las niñas universitarias del teatro y la danza mostraban el cuero en bikinis de lentejuelas, más numeroso era el público que llenaba la penumbra estelar en las noches del Opera.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;También en la escandalera de esos años que hervían de cambios sociales, juveniles y sexuales, se anunció a todo bombo la visita de Coccinelli al Bim Bam Bum, el primer homosexual francés que se cambió el sexo en París. Y el tumulto a la entrada del Opera era un empujar de santiaguinos curiosos que deseaban ver este milagro de la cirugía. Y todos quedaron mudos cuando Coccinelli bajó del auto en un relámpago de flashes. Era más bella de lo imaginado, con su pelo aluminio, sus grandes ojos verdes, y el par de mamas como rosados melones que desembolsó en el escenario para el estupor del público. «Todo es falso, puro relleno», murmuraban los bailarines colisas sapeando envidiosos tras las cortinas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Llegados los setenta, el golpe militar seguido del toque de queda, desanimó las noches putifarras en la catedral del vedetismo. Las funciones de las diez se adelantaron a las siete, y era raro asistir al espectáculo tan temprano. Además la censura política del régimen afectó el doble filo del humor, y poco a poco fue desapareciendo la costumbre popular del teatro revisteril. El Bim Bam Bum fue el último en cerrar su cortinaje de brillos, cuando una empresa inmobiliaria compró la propiedad que ocupaba el teatro Opera en la calle Huérfanos para convertirla en galería comercial. Sólo dejaron para el recuerdo, la pretenciosa fachada de columnas y el arco de ingreso, como una cáscara hueca que adorna nostálgica el plástico vidriero del Santiago actual. Sólo eso quedó de aquella fiesta, y por cierto alguna vieja vedette que, en su casa, acaricia las plumas lloronas de ese extinguido resplandor.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341528910400477?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341528910400477/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341528910400477' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341528910400477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341528910400477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/el-bim-bam-bum-o-cascadas-de-marab-en.html' title='El Bim Bam Bum (o &quot;cascadas de marabú en la calle Huérfanos&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341518130757288</id><published>2006-04-05T14:11:00.000-03:00</published><updated>2006-04-05T14:31:08.876-03:00</updated><title type='text'>Las sirenas del café (o "el sueño top model de la Jacqueline")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De andar desprevenido dando vueltas por el centro de Santiago, mirando vitrinas y ofertas y más vitrinas con maniquíes tiesos que encumbran la moda veraniega, la moda de temporada o las últimas liquidaciones antes del invierno. De caer en esa hipnosis de la calle céntrica donde se colorea el consumo de las pilchas que lucen las muñecas plásticas de los escaparates. Esos cuerpos androides de risa acrílica y peluca sintética. De mirar a la pasada la vitrina de un café, donde los mismos maniquíes se mueven, se pasean detrás de un mesón mostrando un bosque de largas piernas enfundadas en finas medias y cortísimas minifaldas. Todas bellísimas con sus pelos brillantes y maquillaje de set televisivo. Todas atentas sirviendo cafecitos, complaciendo el voyerismo de los oficinistas que, a la hora de colación, babean mirando este acuario de sirenas en día claro. La tropa de clientes que tienen los Cafés para Varones en el corazón de la capital. Tal vez, una nueva forma de prostitución donde el ojo masculino se recrea recorriendo los cuerpos de estas diosas admirables. Las chicas del café, las aeromozas de la fiebre express, las azafatas de la calentura al pasar, modeladas por las propinas y el mísero sueldo que las expone con sus presas al aire del vitrineo urbano.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Sería fácil condenar este consumo del cuerpo femenino, diciendo que es un refinado puterío de remate público. Sería obvio apuntar con la uña sucia de la moral este negocio erótico de los "Nuevos Tiempos". Pero las únicas perjudicadas serían las chicas que llegaron a este oficio con sueños de gloria. Las nenas de pobla que ilusionaron ser modelos top, actrices de teleserie, misses de primavera para lucir la ropa de los maniquíes que vieron tantas veces cuando acompañaban a su mamá al centro. Más bien ellas, las hermosas jóvenes proletas; la Solange, la Sonia, la Paola, la Patty, la Miriam, o la Jacque, siempre quisieron ser maniquíes, sentirse admiradas por otros ojos diferentes a la patota de la esquina. Y la meta siempre fue salir del barrio, triunfar, ser otras, estudiar cosmética, maquillaje y modelaje. Desfilar en esas academias rascas que ofrecen Hollywood en tres meses, por cómodas cuotas mensuales. Pero al terminar el rápido curso, después de aprender a pintarse, a caminar como cigüeña y a fabricarse ese alero de chasquilla. Después del pobre desfile de modas que se organiza para la graduación. Luego de sacarse fotos con los papás mostrando el diploma, lo único que queda de ese ilusionado glamour, es el diploma y la foto colgada en un marquito. Lo único que recuerda ese sueño de princesa, es la foto a color, donde la Jacque se veía tan linda esa noche, sonriendo ingenuamente para la posteridad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero luego, al pasar los meses, al llegar el agotamiento de entregar fotos y fotos y currículos en las agencias publicitarias, al ser humilladas en citas y reuniones con gerentes de marketing que tenían otras intenciones, las bellas Cinderellas guardan el diploma con las cartas de recomendaciones y certificados de liceo. Y sólo queda la foto de graduación en el marquito, mirándolas cuando salen por la puerta con el diario buscapegas bajo el brazo. Porque de pensar su inevitable futuro allí en la pobla; casadas, gordas, llenas de guaguas, maltratadas por el marido, chasconas y grasientas en el oficio doméstico del matrimonio obrero, se deciden por el aviso del periódico que ofrece trabajo a señoritas de buena presencia en el Café para Varones. Y allí, detrás del mesón, a medio vestir con el taparrabo que usan de uniforme, pintándose las uñas y retocándose continuamente el maquillaje; siguen soñándose modelos top cuando caminan tras la barra para servir el cafecito. Siguen modelando para el ojo masculino que las desnuda a distancia. Mientras se arreglan los visos dorados de la tintura barata que les corona el pelo, las chicas del café siguen posando, como sirenas cautivas, en el acuario erótico del comercio peatonal.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17473886-114341518130757288?l=lemebel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lemebel.blogspot.com/feeds/114341518130757288/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=17473886&amp;postID=114341518130757288' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341518130757288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/17473886/posts/default/114341518130757288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lemebel.blogspot.com/2006/04/las-sirenas-del-caf-o-el-sueo-top.html' title='Las sirenas del café (o &quot;el sueño top model de la Jacqueline&quot;)'/><author><name>Matías</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00093923576194490631</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-17473886.post-114341509761973112</id><published>2006-04-04T10:28:00.000-03:00</published><updated>2006-04-04T10:32:37.506-03:00</updated><title type='text'>Martita Primera (o "esos grandes botones de la moda presidencial")</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;De cerca la Primera Dama es simpática, larguirucha y risueña como esas niñas de las monjas que deben sofisticar su sencilla apariencia para merecer ser acompañantes de la banda presidencial. De cerca, ella no puede disimular su aburrimiento en los actos oficiales donde permanece intacta para la foto, mostrando los dientes como una muñeca feliz, contestando la misma pregunta de la casa, las niñitas, la mujer y la familia ideal. A sólo unos pasos, custodiada por los nerviosos guardaespaldas, se le nota la obligada pose diplomática aguantando esos fruncidos tacoaltos que le hinchan los pies cuando chancletea de inauguración en inauguración, del cóctel al orfanato, del aeropuerto a La Moneda, con el tiempo justo para retocarse el maquillaje y los minutos contados para cambiarse esos horribles vestidos, todos iguales, todos cortados por la misma tijera de la moda presidencial.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al parecer, su alto cargo la somete a la empaquetada ropa del rito protocolar. Como si la sobriedad del terno masculino se repitiera en esos trajes dos piezas que uniforman a las mujeres como azafatas de pullman. Como si ese formato varonil fuera un modelo para vestir a las miles de secretarias, vendedoras, cajeras, telefonistas o animadoras de televisión que pasan invierno y verano con el mismo trajecito. Todas iguales, con distintos colores, pero todas terneadas con esas hombreras que apoyan la femenina eficiencia de la democracia laboral.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Martita no es fea, pero quien la aconseja en el vestuario no es su mejor amiga. Quien le dice que le copie a la Hillary Clinton ese molde de Primera Dama neoliberal, se equivoca con ella. El modisto que le muestra esas revistas del ocio burgués, donde aparece la extinta Lady Di luciendo esa ropa sin gracia, solamente reproduce en ella su fantasía arribista, le acartona su soltura de muchacha poco pretenciosa. La coloca igual que la Evelyn o la Cristi y todas esas parlamentarias que asumen el terno femenino como uniforme de los Nuevos Tiempos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Quizás, la facha de las figuras políticas, lo mismo que el peinado, la pose o los gestos, tiene algún efecto en el rating electoral. Así, las damas de derecha promocionan el atuendo de economista ejecutiva, sin escote ni tajos aputados que muestren las piernas, sobriamente gris, asegurándole votos al recato tradicional. También las ecológicas, alternativas o progresistas, prefieren las amplias faldas floreadas y telas hindúes que recuerdan los años sesenta. Pero nunca tan hippies, casualmente elegantes con su ropa suelta de señoras liberadas. En estos tiempos, la apariencia significa adhesión o rechazo para el anónimo televidente que ve desfilar los discursos adornados de trapos. Por eso la Primera Dama se ve rara con esos enormes cuellos de baberos que le almidonan su fresca sonrisa. Se nota tan incómoda con esos enormes botones de payaso que la aprietan como salchicha.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Martita no es fea, tiene cierta dulzura en los ojos, cierta alegría de chiquilla que contrasta con la cara gruñona del Presidente, siempre parco, siempre enojado, tironeándola para que mantenga la compostura, para que no se ría tanto con los chistes de ese diplomático. Ni siquiera cuando lo acompaña al estadio y ella tiene que medir su euforia cuando meten un gol. Ni allí puede relajarse. "Por la imagen, por el qué dirán Martita, contrólate", le repite Eduardo en su oído, deprimiendo su alegre frescura de niña traviesa.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Martita no es fea y a veces, cuando atina con el vestuario, se ve bonita. Como esa vez que visitó a los reyes de España y contradiciendo el protocolo, se puso una capa blanca, tan espectacular, que dejó a la reina Sofía como una señora de pobla. Además, iba tan entusiasmada con su atuendo de Eva Perón, que le dijeron se pusiera en su lugar, 
