lunes, noviembre 21, 2005

Homoeróticas urbanas (o apuntes prófugos de un pétalo coliflor)

De escrituras urbanas y grafías corpóreas que en su agitado desplazamiento discurren su manuscrito. La ciudad testifica estos recorridos en el apunte peatonal que altera las rutas con la pulsión dionisíaca del desvío. La ciudad redobla su imaginario civil en el culebreo alocado que hurga en los rincones el deseo proscrito. La ciudad estática se duplica móvil en la voltereta cola del rito paseante que al homosexual aventurero convoca. La calle sudaca y sus relumbros arribistas de neón neoyorquino se hermana en la fiebre homoerótica que en su zigzagueo voluptuoso te plantea el destino de su continuo güeviar. La maricada gitanea la vereda y deviene gesto, deviene beso, deviene ave, aletear de pestaña, ojeada nerviosa por el causeo de cuerpos masculinos, expuestos, marmoleados por la rigidez del sexo en la mezclilla que contiene sus presas. La ciudad, si no existe, la inventa el bambolear homosexuado que en el flirteo del amor erecto amapola su vicio. El plano de la city puede ser su página, su bitácora ardiente que en el callejear acezante se hace texto, testimonio documental, apunte iletrado que el tráfago consume. Más bien lo plagia, y lo despide, en el disparate coliza de ir quebrando mundos como huevos, en el plateado asfalto del entumido anochecer.

Acaso, tal despliegue de energía no se place sólo en el amancebado culeo del pretérito encuentro. La flama busquilla de la marica relampaguea siempre en presente y equivoca su captura en el espejo cambiante de su sombra. La ciudad se lo perdona, la ciudad se lo permite, la ciudad la resbala en el taconeo suelto que pifia la identidad con la errancia de su crónica rosa. Una escritura vivencial del cuerpo deseante, que en su oleaje temperado palpa, roza y esquiva los gestos sedentarios en los ríos de la urbe que no van a ningún mar. Un carreteo violáceo del patinaje, la mirada, el vitrineo o el cambiarse de local en cada vuelta de esquina, y este despiste, esta mariguancia teatrera, es el viso tornasol que dificulta su fichaje, su cosmética prófuga siempre dispuesta a traicionar el empadronamiento oficial que pestañea al compás de los semáforos dirigiendo el control ciudad-ano.

La vida en la city moderna traiciona el avatar sorpresivo del instante con las sendas planificadas por su calendarizado tedio. Para la loca, el mañana es un cuento demasiado literario que la sumerge en un bostezo aburrido. El minuto futuro que hace correr al oficinista para ver el noticiario, es un aguachento después que ella sabe, conoce su olor reiterado que la detiene a pensarse, a darse cuenta de lo que es, a sentar la cabeza como le decía su padre. Una depre que estanca su intensidad movediza y la fija al territorio de la ideología sujetándola a la cínica civilidad, como un insecto pegado a un papel matamoscas. Quizás, la ideología tenga que ver con la búsqueda de la piedra filosofal, la joya auténtica, o ese fulgor de lucidez por el que los hombres venden hasta la madre. Pero a estas alturas del siglo, «los diamantes ya no son eternos» y el príncipe no era tan valiente, era pura pantalla su lucha utópica con el dragón de la injusticia, era puro bluf su cuento defendiendo al débil, y al final terminó enredado en las sábanas del «gigante egoísta». Al final, la princesa tuvo que apechugar con las causas perdidas. Y de perdida en perdida, siguió machacando sola la ruindad burguesa que enmugrece las calles. Huérfana de norte y sueños sureños, la loca desprecia la brújula. Su destino engalana el deseo y lo hierve acalorado en las púas del eriazo. La marica, allí cree que lo encuentra y lo mama, lo atraca y lo deja partir apenas archivado en su abanico manoteado de abrazos.

El despiste arrebata su huella del mapa vigilante, la desaparece el rápido volaje del «casi ni me acuerdo» que repite apurada. El mismo casi recién de esa escena olvidada en el chupeteo glande llenándole la boca. Esa boca loca del placer lenguado que sorbe pero no traga. Esa boca nómade que garabatea las vocales de un sexo urbano con la baba de la beba sodomita. Así, de falo en falo, la acrobacia de la loca salta de trapecio en trapecio. Apenas cebado un hombre, lo suelta para repetirse incansable: «No al amor, sí al casi ni me acuerdo.» La memoria maricola es tan frágil en el cristal de su copa vacía, su vaga historia salpica la ciudad y se evapora en la lujuria cancionera de su pentagrama transeúnte.


3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

tremendo Pedro un escrito realmente fino tu taconeo suena transparente por Lima

2:02 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Por que tanto culebreo?

9:28 p. m.  
Blogger Checkmate Hackers said...

Hola!

Solo quiero compartir mi experiencia contigo. Yo estaba en gran deuda de ser que perdí la mayoría de mis activos debido a la incidencia de incendios que se produjo en mi taller de 2 meses en este año y apenas podía satisfacer mis necesidades. Yo estaba casi a unos 9 meses de deuda. No pude pagar mis cuentas hasta que vi un comentario sobre alguien hablando de cómo consiguió la unión occidental MTCN de $ 20,000.

Visité el correo electrónico que proporcionó y habló con ellos y luego hizo un pedido de $ 5000 después de pensar en ello durante 2 días para el juicio y para mi mayor sorpresa que tengo el MTCN y lo recogió con éxito. Cuando vi que realmente funcionaba, seguí adelante para hacer otro pedido por $ 20000 y lo conseguí también.

Mis luchas financieras han terminado, pude pagar mi deuda y he sido capaz de proveer para mi familia y vivir una vida cómoda. Para más información si está interesado, envíelos por correo electrónico a; Checkmatehackers@gmail.com

1:32 p. m.  

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