lunes, julio 31, 2006

La iniciación de los conscriptos (o la patriótica hospitalidad homosexual)

Siempre ha sido costumbre para las locas aventureras cruzar territorios minados, desafiando la «pureza» de la masculinidad militar, hacer guardia afuera de los regimientos esperando a los pelados que hacen el servicio para invitarlos a una cerveza, un completo y comprarles una cajetilla de Viceroy para luego llevarlos a alguna pieza de mala muerte donde el recluta paga estas atenciones con sus servicios erectos. Es así, y por décadas estas ocultas complicidades forman parte de la iniciación patriótico sexual de muchos adolescentes, que rapados al cero, son enviados a ciudades distantes de su hogar, lugares extraños y lejanos como Punta Arenas, Antofagasta, Talcahuano, Iquique o Arica, donde sus días de permiso, son tardes vagabundas dando vueltas en la Plaza de Armas, fumándose el único paquete de cigarros comprado con los pocos pesos que les da el ejército. Buscando entre los parroquianos una mirada amiga que los invite a sus casas a tomar una aguada taza de té.

Los chicos de la milicia, obligados a permanecer largo tiempo en estos remotos paisajes, aventuran su tedioso deambular en la mirada seductora de algún marica que delicadamente les sigue los pasos, que los mira a la pasada con un parpadeo de amapolas calientes, contagiándoles un misterioso acuerdo poético carnal que los engancha cuando la loca se acerca con un cigarro en la boca y le pregunta a uno: «¿Tienes fuego? ¿Tú no eres de acá? ¿Cómo te llamas?» Y la verdad, a tantos kilómetros lejos de su hogar, de sus amigos machitos peloteros de la cuadra, de sus pololas del colegio, el pendejo ni lo piensa y se deja envolver por esa única forma de cariño mariposón que encuentra en este exilio militar. Así, cada vez que los domingos tiene día de permiso, ya no va a girar aburrido por los jardines de la plaza, ahora tiene otro hogar, otra casa que lo recibe con café con leche y tostadas en la once, y después de ver televisión echado a pata suelta en una cama, luego de haberse fumado una aguja de macoña colombiana que le tenía de regalo su loca, para que esos humos celestes le amortigüen los moretones del entrenamiento con su nirvana vegetal. Aún lo espera una botella de pisco para calentar la fiebre aeróbica de la noche. Pero no siempre el chico tiene que pagar la hospitalidad «hogar, dulce hogar», boqueando entre las sábanas colipatas. A veces, los pilla el amanecer solamente conversando, contándole al marica sus fracasos en el colegio, las humillaciones que tuvo que pasar de junior, mozo o barrendero en esas pegas para liceanos repitentes, que después de tanta decepción, lo único que les queda es el servicio militar. «Porque mi viejo no podía seguir manteniéndome, ¿cachái? Y todos los días me sacaba en cara la ropa y la cagá de comida que me daban en la casa. Por eso me inscribí para el servicio, y me mandaron al norte. Y yo quería que me mandaran lo más lejos de mi casa. Lo más lejos, para olvidarme de la pasta base, de los locos de la esquina, de mi polola y de mi mamá, que es lo único que no puedo olvidar.» Y allí, la melancolía 45 grados del pisco lo hace sollozar. En esa cama ajena, con olor a sexo y alcohol, es en el único nido que se permite quebrarse, y llorar, llorar amargamente como un mocoso, mientras la marica le pasa un pañuelo, lo consuela, y levanta su ánimo, diciéndole que no se ponga así, que ya todo va a pasar, que pronto va a regresar a su casa, que mañana será otro día. Y después de acurrucarlo en sus brazos, lo relaja con un masaje oriental, desenchufa la tele, apaga la luz, y lo deja dormir solo y bien arropado como una madre cariñosa que se guarda en el alma sus deseos incestuosos.

Así, estas iniciaciones que viven los chicos del regimiento son favores compartidos, pactos de urgido sexo sodomita a cambio de la tibieza hogareña que aplaca la relegación obligada de la educación militar. Es posible que al pasar ese tiempo, cuando los aprendices de soldados regresan a sus casas con la licencia en la mano, nunca más recuerden la casita rosada donde las tristes tardes de la milicia se endulzaron de cariño prohibido, sexo verde y psicológica confesión. Quizás, estos secretos entre conscriptos se llevarán para siempre tapiados por la represiva virilidad castrense, o también formarán parte de una bitácora paralela que guarda el ejército, como servicios a la patria entregados clandestinamente por la hospitalidad homosexual.

7 Comments:

Blogger Margot said...

Te prometo que estoy segura que los he leído todos... pero tengo la esperanza de encontrar uno nuevo.
De todas maneras, me repito el plato cada vez que se me antoja y me gusta igual.
:)

4:12 p. m.  
Blogger Margot said...

Hey! No encuentro lo de la Pasita Fernández... :(
¿Ponlo cuando tengas tiempo, si?
Graciassss
:)

4:57 p. m.  
Blogger Matías said...

Amiga, por ahora las que voy subiendo son las crónicas de sus libros. Si te fijas en la columna derecha verás que ya están subidos La esquina es mi corazon, Loco afán y De perlas y cicatrices. Las últimas que estoy subiendo son de Zanjón de la Aguada y supogno que cuando termine con seguirés con Adiós, mariquita linda.
¿La crónica de la Pasita Fernández dónde estás? Si querés, pasamela y la subo. Saludos.

9:50 a. m.  
Blogger Margot said...

Uf... mala memoria la mía.. creo que está en Adios Mariquita Linda... pero recuerdo haberlo leído primero en partes en el Clinic.
Pero lo busco y vuelvo a contarte, ¿si?
:)

12:45 p. m.  
Blogger Matías said...

La del restaurante chino está en Adiós, mariquita linda. Tal vez la de Pasita Fernández también está ahí.

2:58 p. m.  
Blogger Margot said...

Pues, la Pasa es una de las "actrices" principales de la tragedia del asalto.
Es excelente.
También hay otro que relata una noche romanticona con un ¿payaso?... con alguien de circo... y a cierta hora, la involucrada se ve obligada a huir pero han robado sus zapatos.
Y ella misma no encuentra mejor solución que robar los zapatos al payaso y huír por las calles de Santiago calzada en esas barbaridades!!
Yo no sé si Lemebel tomará su inspiración en hechos reales, pero como sea... es excelente.
Saludos!!
:)

12:49 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Hace dos años que escribiste este blog.Estaba en busca de informacion sobre P.Lemebel y me he encontrado con esto.
No sé porque escribo a nadie y a nada.

Lo único, este blog deberia haber prevalecido.
Gracias por la información , me servirá.

1:54 p. m.  

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