lunes, marzo 27, 2006

El exilio fru-frú (o "había una fonda en Montparnasse")

Tal vez, el regreso del exilio en los albores de la democracia, trajo de vuelta una nueva casta social que difundió por el mundo su calidad de huérfanos expulsados a culatazos de su tierra, asilados en otros suelos por el sensible alero de la solidaridad extranjera. Quizás el exilio chileno que salió del país con lo puesto una amarga mañana, tuvo privilegiados de acuerdo al status político o cultural que poseían entonces, cuando algunos pudieron elegir embajada y destino según el paisaje europeo que rondaba sus sueños. A diferencia de otros anónimos patipelados que los tiraron donde cayeran; México, Argentina, Cuba o la lejana Escandinavia, donde eran cucarachas de carbón en el cielo albino de los vikingos.

Para otros, en cambio, que tenían amigos y familiares en la Europa taquilla, no les fue difícil integrarse al exilio intelectual que visitaba museos en Florencia, estudiaba en la Sorbonne y se hacían los franchutes hablando esa gárgara de idioma, mientras se abanicaban con un diario chileno en un boulevard, lamentando los días negros que pasábamos los compatriotas en Chile con la mierda milica hasta el cuello y las balas limpiándonos el poto.

Muchos exiliados de elite, se hicieron artistas o escritores en esas tertulias de la nostalgia patria. Muchos pensaron que la distancia y la inspiración eran sinónimos animados con vino rosé y poemas de Benedetti. Y al terminar la pesadilla, algunos regresaron con cierto aire internacional, con cierto orgullo de conocer mundo, conversando entre ellos, recordando las super pastas que preparaban los Inti en la Mia-Italia, o los costillares fru-frú de la Charo en París. Regresaron llenos de humos vistiendo temos de lino blanco y fumando en pipa, invadiendo el panorama artístico de la resistencia, que según ellos, era un apagón cultural donde no había pasado nada.

Muchos que lloramos con los acordes de "Cuando me acuerdo de mi país", nunca creímos que el exilio iba a regresar convertido en una clase política que reitera costumbres colonizadoras aprendidas en el viejo mundo, tal vez un poco para adaptarse, y otro poco debido al arribismo cultural que llevaron siempre.

El retorno de esa generación que vio por televisión intercontinental los humos de las protestas, fue un The End cinematográfico en cine arte, un adiós en un puente del Sena, un último trago de tango embriagado de partida en los Champs Eliseés. Una vuelta siniestra al pobre aeropuerto de Pudahuel, que por más que lo modernicen, sigue siendo un ridículo mall plantado en los tierrales de la periferia. "Casi una cabina telefónica, una estación de juguete comparado con Oslo, Zurich o Fiumicino. Casi me dan ganas de devolverme cuando veo al Chile verdadero, tan feo y pobre. Ni parecido a la tierra añorada por mis viejos allá en Copenhague. Qué le encontrarán a esta porquería para querer venirse, digo yo".

Así, el exilio no sólo fue una separación obligada de costumbres y paisajes, también activó en muchos jóvenes nacidos en las sábanas europeas, un cierto rechazo al descubrir en el retorno su sencilla procedencia. Y aunque tengan cara de paisano con las mechas tiesas, es difícil que se crean chilenos habiendo pasado media vida acunados por las garantías del viejo mundo. En ellos algo de esa sofisticación apátrida es comprensible, pero no en sus padres que se trajeron hasta la receta de sopa francesa para animar sus veladas al ciboulette con música de la Piaf, Becaud o Prevert. Ciertamente esta clase del snobismo-return, fue la primera que al caer el muro y tambalear las utopías de izquierda se cambió el overol rojo para ponerse minifalda renovada. Los primeros en adoptar los ritos de la neo burguesía cultural que engalana la política. Al igual que esos aristócratas educados en Europa a comienzos de siglo, los Red-Ligth hacen insoportable cualquier reunión, hablando entre ellos, gangoseando en francés la nostalgia del "¿Te acuerdas Katy de ese Café en Montparnasse? Me acuerdo Maca de esa noche con Silvio, los Quila y la Isabel. Fue total". Así, los "Te acuerdas. Me acuerdo. Cómo me voy a olvidar", frivolizan en espumas de champán la película huacha del exilio chileno. Más bien, colorean de turismo el desarraigo involuntario de tantos otros que la lejanía enfermó de regreso, los mató de regreso en la impotencia abismal que sintieron al caer el telón enlutado de sus ojos distantes. Tantos más, famosos o no, doblemente exiliados por el suicidio, la enfermedad mortal o la depresión sin fondo de preguntar a diario: "¿te llegó carta? Lo supe. Ya me lo contaron". Otra parte del exilio, que se vivió la expulsión organizando peñas, amasando empanadas hasta la madrugada o juntando platas solidarias para apoyar la resistencia del terruño combatiente, son los retornados del silencio, los que rara vez evocan la expatriada melancolía del andar lejos, los que nunca se acostumbraron, los insomnes del noche a noche esperando el permiso de ingreso. Los que volvieron sin aspavientos y aprendieron a sobrevivirse con esa grieta incurable en el corazón.

Actualmente la izquierda dorada forma un clan de ex alumnos del exilio, que se pavonean de sus logros sociales y económicos en los eventos de la cursilería democrática. Tal vez, siempre quisieron pertenecer a ese mundo jet set que muestra los dientes en las revistas de moda. Quizás la ideología roja los privó de esos plumereos burgueses que miraron desde lejos con secreta admiración. En fin, el término del siglo desbarató el naipe ético de la Whisquierda, que ve agonizar el milenio con mucho hielo en el alma y un marrón glacé en la nariz para repeler el tufo mortuorio del pasado.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Has construido, con tu caricatura del exiliado 'intelectual', una arma mas para que la derecha siga con su plan de destruccion de la memoria colectiva de los exiliados. Porque lamentablemente, lo que resalta en tu analisis, no es la labor de los que trabajaron incansablemente por la democracia en Chile (sin ser reconocidos - y sin querer reconocimiento) y que sin embargo vivian en pobreza absoluta (un par de muebles y ya). Tu ataque a esta supuesta nueva (e inconciente) burguesia realmente es una distraccion al problema real y central: Pinochet (y su historiador principal Vial) creo una historia nueva - una ficcion con respecto al golpe de estado y sus raices, dandole al mismo tiempo una falsa historia al exiliado. Claro, para reinar hay que dividir. Y tus comentarios sirven para recrear mas falsedades en la mente popular y tienen ecos dignos de 'La Segunda' o 'LA cuarta'. Sabes tu el dolor que siente un Chileno joven que vuelve a Chile y se encuentra rechazado por su propia gente? Acaso no es suficiente todo el racismo y prejuicio sufrido en los paises de los blancos? Sentirse odiado y deshumanizado por el pais de tu refugio y principalmete por el tuyo? Ese es un exilio eterno. Tus palabras, cual sea sus motivo, son por lo menos irresponsables.

7:02 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Creo que es otra mirada hacia quienes participaron trabajando arduamente y de los que no se habla, porque viven la politica, no de ella, fueron los que levantaron a aquellos que pusieron la cara bonita, los que estan detras de ese dedo que apuntaba a Pinocho, los que necesariamente quedan postergados en la oscuridad.

8:36 p. m.  
Blogger Sergio Medina Viveros said...

Excelente articulo, conoce bien el tema, se nota su gran cultura, aunque se atarda mucho más en una elite que en el comun de los exiliados, a los que le dedica sólo algunos parrafos finales y sin embargo somos la gran mayoría.

1:23 a. m.  

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