jueves, noviembre 16, 2006

Mi amiga Gladys («El amor a la libertad es imparable»)

Desde qué lugar se podrá perfilar el peregrinaje de esta mujer, sobrevivida a las brasas históricas que aún humean el ocaso del pasado siglo. El tránsito biográfico de Gladys Marín por esta geografía, a veces toma el rumbo de una lágrima turbia que, en su porfiado rodar, fue marcando de lacre utopía el largo esqueleto del flaco Chile. Tal vez son varios los pasajes en la vida de ella que puedan activar su presencia en esta crónica, a modo de chispazos, de violentos y obligados traslados, de reclusiones, golpizas e instantáneas nómadas que, a pesar de su brusco acontecer, no marchitaron su enamorado ardor por la justicia y el desamparo de clase.

Quizás hay algo de frescor en la inagotable porfía de su discurso que reflota el sueño proletario en estos días de negociada transición. Algo de ella la perdura en el recorte primavero de aquella estudiante de provincia, que emigró a la capital para entrar a la Escuela Normal de Profesores, cuando todavía el mistraliano afán de la vocación pedagógica enamoraba niñas simples, muchachas sencillas deseosas de entregarse al simbolismo parturiento de la educación popular. Desde antes, las gloriosas feministas interceptaban el poder falocéntrico con sus discursos emancipatorios y panfletos militantes. Años jodidos para tantas mujeres que torcieron su destino doméstico, y en el desafío de la participación política liberaron su voz. Tiempos álgidos para una izquierda prófuga, fichada y abortada tantas veces por la exclusión. Días de borrasca para estas causas, siempre envueltas en la tensa demanda que encauzaba su tránsito de justicia social. «Su imparable amor a la libertad», siempre obstaculizado por los escollos conservadores y la rémora burguesa. Y ésa fue la atmósfera que enrieló el corazón de Gladys por la senda de un azaroso comunismo. El perseguido Partido Comunista de Chile, en el que tampoco era tan fácil para una mujer sumarse con dignidad a la biblia varonil de los próceres y al verbo del enérgico catecismo militante. Marchas, movilizaciones y plazas repletas de bravo pueblo eran el empuje de un multitudinario clamor. Y en esa apuesta, Gladys Marín se jugó la vida en verso y lucha, sangre y esperanza, represión y reacción armada; pulsiones populares bajo el cielo oprimido que alboraba el ilusorio tinte de un «rojo amanecer».

De todo aquello, quedaron restos de fogatas y fantasmales ecos que todavía resuenan en las manifestaciones callejeras del descontento. Sin embargo, en esos gritos, en esas consignas amortiguadas por el apaleo de la repre democrática, es en el único lugar donde la dignidad de la memoria anida inagotable. En esas explosiones de desacato, mujeres, estudiantes, jóvenes y obreros suman el sagrado derecho a la desobediencia, al desenfado con un gobierno que traicionó la adhesión popular que en el plebiscito le dio su apoyo. Aquellas movilizaciones que encabezó la izquierda en los ochenta, fueron el motor social que más tarde produjeron el cambio. El atentado a Pinochet nos hizo creer que el tirano no era invulnerable. Y fueron muchos lo que celebraron el desafío, por desgracia hoy esas figuras políticas, entonces de izquierda, en el traslado de estación se renovaron el pelaje. Los mismos que en el acomodo parlamentario se deshacen del ayer como si cambiaran de terno. Por cierto, tanta metamorfosis caradura no los sostiene, no sustenta sus discursos hermanados con el guante golpista. Cada gesto, cada visaje de coquetería con el amarre blindado de esta democracia, los caricaturiza, los desinfla fofos en la blanda papada de la negociada reconciliación.

Estas líneas adhieren cariñosamente a Gladys por cicatrices de género, por marcas de clandestinidad y exilio combatiente. Por ser una de las numerosas mujeres que capitalizaron ética en el rasmillado túnel de la dictadura y su fascistoide acontecer. Estas letras minoritarias se complicitan con ella en el develaje frontal del crimen impune y el mal aliento del tufo derechista que minimiza la tragedia. Pero acaso, bastaría con una sola imagen biográfica de Gladys. Tal vez visualizar su retrato de juventud, perseguida después del golpe, teniendo como telón de fondo la acuarela memorial del amado amante desaparecido, extraviado, perdido para siempre en la última imagen de ver pasar caminando la muda figura de Jorge frente a la embajada que a Gladys le había dado asilo. Y esa enorme distancia, ese abismo de vereda a vereda, esa zanja de apenas veinte metros, imposible de llenar por el tacto impalpable del abrazo imaginado, del abrazo pendiente, soñado mil veces en la noche inconclusa de la abrupta separación.

Tal vez bastaría con el aire de esa espera para concluir este texto, o para alargarlo hecho bandera de oxígeno, pañuelo de tantas causas de derechos humanos que esperan justicia y castigo a los culpables. El pasado y el futuro son presente en el río arterial de los pueblos, como un caudal subterráneo que corre sin freno, carcomiendo los andamios de la pirámide neoliberal. Pero más que aguas desbocadas que perpetúan una sola dirección, son voces, arrullos, gritos, discursos, como el de Gladys, que en su polifonía oprimida esperan llegar al mar.

7 Comments:

Blogger Alonso said...

Gran texto...
la letra ensangrentada de lemebel es genial..
ojala puedas visitar mi blog...

gran aporte al mundo literario..
felicitaciones....

12:15 p. m.  
Blogger Kristian said...

La verdad que es admirable la fuerza, la entrega, el compromiso y la consecuencia de Gladys. Pero ante todo la habría preferido buena madre y cuidando y educando a sus hijos.
Quien no es buena con su sociedad primera (la familia), es imposible que lo sea con el resto de la soceidad.

2:20 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

el texto me erizó por completo.
qué rico sentir eso cuando ya pocos lo pueden lograr

aguante lemebel !!

11:49 a. m.  
Blogger johnbetter said...

no me cansare de decirtelo precioso señor del chile canibal, aqui desde barranquilla colombia, better tu amigo, gracias por los piropos a mis textos, te quiero

4:03 p. m.  
Blogger loukamenguante said...

Viva la Gladys valiente, por todo y antetodo por "torcerle el destino a la vida" que suponen para las mujeres, lavar y criar...

me gustó el texto, todo el blog.

5:56 p. m.  
Anonymous amaranta ursula said...

muy lindo el texto..
vi tu documental hace poco y me encantó la carta que le escribiste ala gladys, decía que era inedita. sabes donde la puedo encontrar??
cariños

te dejo mi mail por si acaso, amaranta.espinoza@gmail.com

10:33 p. m.  
Blogger Ailes du Papillon said...

Gran mujer realmente. Recién reviso tu blog y ya me encanta.
Saludos!
Aguante Lemebel.

6:31 p. m.  

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